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El refugio
 
Lecturas semana del 28 de marzo al 31 de marzo

LUNES
MARTES

MIÉRCOLES

JUEVES

VIERNES

SÁBADO

DOMINGO
 

Lunes 28 de marzo
Liturgia de las Horas:
 Propio del Salterio
Color: Blanco

Santoral: Beato Enrique Susso - San Juan de Capistrano  

Primera Lectura: II Reyes 5, 1-15a

"Muchos leprosos había en Israel, pero ninguno fue curado, sino Naamán, el sirio"
En aquellos días, Naamán, general del ejército de Siria, gozaba de la estima y del favor de su rey, pues el Señor había dado la victoria a Siria por medio de él. Pero este gran guerrero era leproso. 

Sucedió que una banda de sirios, en una de sus correrías, se llevó de Israel a una jovencita, que fue destinada al servicio de la mujer de Naamán. Ella dijo a su señora: 
«Ojalá mi mi señor fuera donde está el profeta que hay en Samaria; él lo curaría de la lepra». 

Naamán se lo fue a decir al rey: 
«Esto y esto me ha dicho la muchacha israelita». 

El rey de Siria respondió: 
«Bien. Ponte en camino, yo te daré una carta para el rey de Israel». 
Naamán partió llevando consigo diez barras de plata, seis mil monedas de oro y diez vestidos, y entregó al rey de Israel la carta que decía: 

«Cuando recibas esta carta, verás que te envío a mi siervo Naamán para que lo cures de la lepra».

Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras exclamando: 
«¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar la vida o la muerte, que éste me manda un hombre leproso para que lo sane? Es evidente que lo que busca es un pretexto para hacerme la guerra».

Cuando Eliseo, el hombre de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus vestiduras, envió a decirle: 

«¿Por qué has hecho eso? Que venga a mí, y sabrá que hay un profeta en Israel». 
Llegó Naamán con sus caballos y su carroza, y se detuvo ante la puerta de la casa de Eliseo. Este le mandó decir con un mensajero: 

«Anda, báñate siete veces en el Jordán, y tu carne quedará limpia». 
Naamán se alejó enojado diciendo:

«Pensaba que saldría a mi recibirme, que invocaría el nombre del Señor, su Dios, me tocaría y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Farfar, no son muchos mejores que todas las aguas de Israel? ¿No podría yo bañarme en ellos y quedar limpio?» 

Y se fue indignado, pero sus criados y le dijeron: 
«Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria. ¿no lo habrías hecho? Pues, ¡cuánto más habiéndote dicho: “Báñate y quedarás limpio”!»

Entonces Naamán bajó al Jordán, se bañó siete veces, como había dicho el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva a donde estaba el hombre de Dios y, de pie ante él, dijo:

«Reconozco que no hay otro Dios en toda la tierra, fuera del Dios de Israel».

Salmo Responsorial: 41                                                                                           
"Estoy sediento del Dios que da la vida."
Como busca el venado corrientes de agua, así, Dios mío, te busca todo mi ser.
R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Tengo sed de Dios, del Dios vivo, ¿cuándo entraré a ver el rostro de Dios?
R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Envíame tu luz y tu verdad, que ellas me guíen, y me lleven a tu santo monte, hasta tu morada.
R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Y me acercaré al altar de Dios, al Dios de mi alegría, y te daré gracias con el arpa, Dios, Dios mío.
R. Estoy sediento del Dios que da la vida.

Evangelio: Lucas 4, 24-30                                                                                        
"Como Elías y Eliseo, Jesús no ha sido enviado sólo a los judíos"

En aquel tiempo Jesús llegó a Nazareth, entró en la sinagoga y dijo al pueblo:
«La verdad es que ningún profeta es apreciado en su tierra. Les aseguro que muchas viudas había en Israel en tiempo de Elías, cuando se cerró el cielo por tres años y seis meses, y hubo gran hambre en todo el país; sin embargo, a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una viuda de Sarepta, en la región de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempos del profeta Eliseo, pero ninguno de ellos fue curado, sino únicamente Namán el sirio».

Al oír esto, todos los que estaban en la sinagoga se enfurecieron; se levantaron, lo echaron fuera de la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de la montaña sobre el cual estaba edificada su ciudad, con ánimo de despeñarlo. Pero él, abriéndose paso entre ellos, se fue.

Martes 29 de marzo
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Morado

Santoral: Santos Jonas y Baraquicio, Mártires

Primera Lectura: Daniel 3, 25.34-43         
"Acepta, Señor, nuestro corazón adolorido y nuestro espíritu humillado"
En aquel tiempo, Azarías oró al Señor así: 

«Señor Dios nuestro, por tu nombre, te lo pedimos: no nos abandones para siempre, no rompas tu alianza, no nos retires tu amor. Por Abrahán, tu amigo, por Isaac, tu siervo, por Jacob, tu consagrado, a quienes prometiste descendencia numerosa como las estrellas del cielo, como las arenas de la playa del mar.

A causa de nuestros pecados, Señor, somos hoy el más insignificante de todos los pueblos y estamos humillados en toda la tierra. No tenemos príncipes, ni jefes, ni profetas; estamos sin holocaustos, sin sacrificios, sin poder hacerte ofrendas, ni quemar incienso en tu honor; no tenemos un lugar dónde ofrecerte los primeros frutos y poder así alcanzar tu favor. 

Pero tenemos un corazón contrito y humillado; acéptalo como si fuera un holocausto de carneros y toros, de millares de los mejores corderos. Que éste sea hoy nuestro sacrificio ante ti, y que te sirvamos fielmente, pues no quedarán defraudados quienes confían en ti.

Ahora queremos seguirte con todo el corazón, queremos serte fieles y buscar tu rostro. No nos defraudes, Señor; trátanos conforme a tu ternura, según la grandeza de tu amor. Sálvanos con tu fuerza prodigiosa y muestra la gloria de tu nombre».

Salmo Responsorial: 24
"Señor, recuerda tu misericordia."
Muéstrame, Señor, tus caminos, muéstrame tus sendas. Guíame en tu verdad, enséñame, pues tú eres el Dios que me salva.

R. Señor, recuerda tu misericordia.

Acuérdate, Señor, que tu ternura y tu amor son eternos; acuérdate de mí por tu amor, por tu bondad, Señor.
R. Señor, recuerda tu misericordia.

El Señor es bueno y recto; señala el camino a los pecadores, guía por la senda del bien a los humildes, les enseña su camino.
R. Señor, recuerda tu misericordia.

Evangelio: Mateo 18, 21-35
"Si no perdonan de corazón a su hermano, tampoco el Padre celestial los perdonará a ustedes"

En aquel tiempo, acercándose Pedro a Jesús le preguntó:
«Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano cuando me ofende? ¿Siete veces?»

Jesús le respondió:
«No te digo siete veces, sino setenta veces siete».

Y les propuso esta parábola:
«El Reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar cuentas con sus empleados. Al comenzar a ajustarlas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que lo vendieran a él, a su mujer y a sus hijos, para pagar la deuda. El empleado se echó a sus pies suplicando:

“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré todo”.
El rey tuvo compasión de aquel empleado, lo dejó libre y le perdonó la deuda. Nada más salir, aquel empleado encontró a un compañero que le debía cien denarios; lo agarró y le apretaba el cuello, diciendo:

“Págame lo que me debes”.
El compañero se echó a sus pies, suplicándole:
“Ten paciencia conmigo y te lo pagaré”.
Pero él no quiso, sino que fue y lo metió en la cárcel hasta que le pagara la deuda.
Al verlo sus compañeros se disgustaron mucho y fueron a contar a su rey todo lo ocurrido. Entonces el rey lo llamó y le dijo:

«Siervo miserable. Yo te perdoné toda aquella deuda porque me lo suplicaste. ¿No debías haberte compadecido de tu compañero como yo me compadecí de ti?”
Entonces el rey, muy enojado, lo entregó para que lo castigaran hasta que pagara toda la deuda.
Lo mismo hará con ustedes mi Padre celestial si no se perdonan de corazón unos a otros».


Miércoles 30 de marzo
Liturgia de las Horas:
 3ra. Semana del Salterio
Color: Morado

Santoral: San Zosimo, Obispo de Siracusa

Primera Lectura: Deuteronomio 4, 1.5-9
"Guarden mis mandamientos y pónganlos en práctica"

En aquellos días, habló Moisés al pueblo diciendo: 
«Y ahora, Israel, escucha las leyes y los preceptos que les enseño a practicar, para que vivan y entren a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, Dios de sus antepasados.

Miren, les he enseñado leyes y preceptos como el Señor mi Dios me mandó, para que los pongan en práctica en la tierra a la que van a entrar para tomar posesión de ella. Observénlos y pónganlos en práctica; eso los hará sabios y sensatos ante los demás pueblos, que al oír todas estas leyes dirán: “Esta gran nación es ciertamente un pueblo sabio y sensato”. En efecto, ¿qué nación hay tan grande que tenga dioses tan cercanos a ella, como lo está el Señor nuestro Dios siempre que lo invocamos? Y ¿qué nación hay tan grande que tenga leyes y preceptos tan justos como esta ley que yo les promulgo hoy?

Pero presta atención y no te olvides de lo que has visto con tus ojos; recuérdalo mientras vivas y cuéntaselo a tus hijos y a tus nietos».

Salmo Responsorial: 147
"Demos gloria a nuestro Dios."

Glorifica al Señor, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión. Que él refuerza los cerrojos de tus puertas y bendice a tus hijos en medio de ti.
R. Demos gloria a nuestro Dios.

El envía a la tierra sus órdenes, veloz va corriendo su mensaje; hace caer la nieve como lana y esparce la escarcha como ceniza.
R. Demos gloria a nuestro Dios.

Manifiesta su palabra a Jacob, sus leyes y decretos a Israel. Con ningún pueblo actuó así, ni les dio a conocer sus decretos.
R. Demos gloria a nuestro Dios.

Evangelio: Mateo 5, 17-19
"El que cumpla y enseñe mis mandamientos, será grande en el Reino de los cielos"

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: 

«No crean que he venido a abolir la ley o los profetas; no he venido a abolir, sino a dar plenitud. Les aseguro que antes pasarán el cielo y la tierra, que deje de cumplirse hasta la más pequeña letra de la ley.

Por lo tanto, el que descuide uno de estos preceptos menos importantes y enseñe a hacer lo mismo a los demás, será el menos importante en el Reino de los cielos. Pero el que los cumpla y enseñe, será grande en el Reino de los cielos».



Jueves 31 de marzo
Liturgia de las Horas: 3ra. Semana del Salterio
Color: Morado

Santoral: San Benjamín, Mártir

Primera Lectura: Jeremías 7, 23-28
"Este es el pueblo que no escuchó la voz del Señor, su Dios"

Esto dice el Señor: 

«Esta fue la orden que di a mi pueblo: Si obedecen mi voz, yo seré su Dios y ustedes serán mi pueblo; sigan fielmente el camino que yo les he mandado para que sean felices.

Pero ellos no escucharon ni hicieron caso; siguieron las inclinaciones de su corazón endurecido; me dieron la espalda y no la cara. 

Desde el día en que sus antepasados salieron de Egipto hasta hoy les envié a mis siervos, los profetas. Pero no me obedecieron ni me hicieron caso, sino que endurecieron su corazón y fueron peores que sus antepasados. Cuando les comuniques todo esto, no te escucharán; cuando los llames, no te responderán. Entonces les dirás: Esta es la nación que no escucha la voz del Señor su Dios y no aprende la lección. La verdad ha desaparecido de su boca».

Salmo Responsorial: 94
"Señor, que no seamos sordos a tu voz."

Vengan, cantemos alegres al Señor, aclamemos a la Roca que nos salva. Entremos en su presencia dándole gracias, aclamándolo con cantos.
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Entremos, postrémonos para adorarlo, arrodillémonos ante el Señor, que nos ha hecho. Porque él es nuestro Dios y nosotros su pueblo, ovejas que él apacienta. ¡Ojalá escuchen hoy su voz!
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

«No endurezcan su corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto: cuando me tentaron sus antepasados y me pusieron a prueba, a pesar de haber visto mis obras».
R. Señor, que no seamos sordos a tu voz.

Evangelio: Lucas 11, 14-23
"El que no está conmigo, está contra mí"

En aquel tiempo, Jesús estaba expulsando un demonio que era mudo. Cuando salió el demonio, habló el mudo y la gente quedó maravillada. Pero algunos dijeron: 

«Expulsa a los demonios con el poder de Satanás, el príncipe de los demonios». 

Otros, para ponerlo a prueba, le pedían una señal milagrosa. Pero Jesús, que conocía sus malas intenciones, les dijo: 

«Todo reino dividido por luchas internas va a la ruina y se derrumba casa por casa. Si también Satanás está dividido contra sí mismo, ¿cómo mantendrá su reino? Ustedes dicen que yo expulso los demonios con el poder de Satanás. Ahora bien, si yo expulso los demonios con el poder de Satanás, sus hijos, ¿con qué poder los expulsan? Por eso ellos mismos serán sus jueces. Pero si yo expulso los demonios con el poder de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a ustedes.

Cuando un hombre fuerte y bien armado custodia su palacio, sus bienes están seguros. Pero si viene otro más fuerte que él y lo vence, le quita las armas en que confiaba y reparte el botín.

El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama».




 

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