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Malvinas
05/12/08
Carta a quienes no regresaron

San Luis, 07 de Enero de 2007

“Me encantaría morir. . .
. . ., habiendo conocido Malvinas”.

¿Por qué escrito a modo de deseo, y no de meta a cumplir, si me hubiera gustado escribir: “Antes de morir, conozco Malvinas”?
Pero esta manera, lo torna como algo que debo hacer si o si, sabiendo que es algo medio imposible o no tan fácil de lograr.
¿Por qué? Porque no soy veterano, ni familiar de Ellos, aquellos héroes que dejaron su vida. Su vida propiamente dicha, su vida física por alguna secuela - mutilación o su vida psíquica y sentimental, por la escasa y estúpida memoria de los argentinos. Y no solo de esta gesta, sino de toda nuestra historia; pero como ésta es contemporánea, pega y llega más hondo. Nos tocó de cerca, quizás por ello la considero dentro de mis causas de respeto y le doy el carácter de SUBLIME.
¿Por qué SUBLIME? Por la sencilla razón que el respeto que he sentido por Ellos (caídos y veteranos), es muy grande, como queriendo representar a toda mi Argentina.


Desde lo más profundo de mi corazón argentino, siento la necesidad que esa memoria, que debemos tener todos, deje de lado ideologías politiqueras y tendenciosas. Dejando recordar si estuvo mal o bien, el por qué de la gesta, las fallas, los que ordenaban incoherencias, los cuadros que nos merecen pertenecer a una fuerza armada, y si recordar a Ellos, los que volvieron, los que quedaron y los que nunca se encontraron.
La historia, es imposible de cambiar, no se tuerce. Lo que si me encantaría lograr es una mayor memoria, y repito: un Sublime respeto por Ellos.
¿Por qué a casi 25 años, se me ocurre todo esto, si mi sueño de llegar a Malvinas es más antiguo?
Porque de grande busqué interiorizarme sobre el tema, a través de libros, Internet, pero nunca intercambiando palabras con Ellos. Por respeto, por cuidarlos, por siempre creer que hacerlos volver mentalmente, puede ser doloroso, aunque en su momento sintieron orgullo de pisar la turba malvinera, honrar la Celeste y Blanca, ya sea disparando un fusil, un obús, el arma que fuera, diciendo amén (así sea) al juramento de aquel 20 de Junio, como tropa o como cuadro.
Porque solo el que juró defender con lealtad y patriotismo . . . , sabe lo que siente; si hasta el más “atorrante”, se le pianta un lagrimón de emoción, amor y pasión en ese momento.
Pasión, le debo sumar al Respeto Sublime, que le tengo a Ellos, por recordarlos, por sentirlos hasta como mi propio hermano y por qué no un padre que dio su vida por sus hijas. Si el General Dn. José de San Martín, es el Padre de la Patria, cada uno de Ellos es el padre de aquellas islas, engendradas con su mujer: la propia Nación Argentina.

Muchos tuvieron miedo o sintieron, creo que son dos cosas distintas. ¿Quién no siente miedo en un enfrentamiento bélico?
Creo que desde el Soldado, hasta el Jefe más antiguo, sintió miedo; sentimiento natural del hombre, unos más otros menos pero todo hombre en alguna circunstancia de la vida, siente miedo.
Acaso no sentimos miedo al disputar un partido, enfrentar un desafío, al rendir un examen, al debutar sexualmente, a casarnos, a presenciar el parto de un hijo, a volar, cómo no lo vamos a sentir en una guerra.
Hubo hambre, hubo frío, hubo “pie de trinchera”, hubo fallas en la logística, hubo que enfrentarse a una potencia de la OTAN. Si, es cierto. Pero Ellos no volvieron, y no debemos permitir, que todo lo otro nos nuble al alma, para no recordarlos y si debemos aferrarnos a esa pasión del Sublime Respeto, para mantenerlos vivos en nuestra memoria y nuestro corazón. . .

. . . Paré para acomodar mi mate amargo. Ese mate que me acompañaba mientras volcaba en letras este sentimiento de Sublime Respeto.
Mate que me acompañó siempre: reuniones de amigos, charlas con mis viejos y hermanos, momentos agradables con mis camaradas de Colimba y en las guardias, allá por el '85 en la CAINGMON 6 (Bariloche), largas horas de estudio en Tandil, para lograr mi anhelado título de veterinario, viajes, idas al campo a trabajar; mientras viva: mi “fiel compañero”.
Mate que sueño ensillar y compartir en suelo malvinense, sentado frente a esa multitud de “crucesitas blancas” , recibiendo de cada una de ellas un guiño de satisfacción y yo sintiendo que saldo esa deuda de Sublime Respeto, sentimiento, memoria y amor, mío y de todo el pueblo argentino para con Ellos.
¿Por qué? Porque nací en un hogar donde papá Raúl y mamá Antonieta, me inculcaron el don del respeto, del amor, de la honestidad.
Así crecí y maduré, . . . Hasta que a los 18 años (1.984), me sortearon .
Si me “salvaba” , empezaba mis estudios para llegar a ser lo que anhelaba desde mis siete años: Veterinario y salir a laburar al campo.
Si me “tocaba” . . . ¡Me tocó! Y así fue que el 05 de marzo de 1.985, a las 20300, llegué a destino: Avenida Ezequiel Bustillos, Km. 9,5 “Guarnición Militar Bariloche”, CAINGMON6, donde compartíamos terreno con la Escuela Militar de Montaña, donde su jefe si mal no recuerdo era el Cnl. Schinelli Garay y el nuestro, y a éste si lo recuerdo por lo buen jefe que fue My. Ing. Carlos Alberto Rinaudo, 2° Jefe Capitán Murga, y les seguían: un Tte. 1° que no recuerdo si era Zavalla o Zeballos, Tte. Di Césare, Tte. Enrique Andrés Di Patti, quien merecería una foja aparte en esta historia y el Subteniente Biberides, además de todo el cuadro de Suboficiales que eran un montón, de los cuales tengo muy gratos recuerdos también.
Ahí trasladé, a la Celeste y Blanca, ese don del respeto, del amor y la honestidad, inculcado por mis padres. Con esto quiero resumir lo que sentí aquel 20 de Junio de 1.985, cuando desde lo más profundo de mi alma y corazón cristiano y argentino grité: ¡¡¡ SI JURO!!!

Me instruí, me comí las “manijas”, habidas y por haber, no aprendí a robar; pero una de las cosas que me marcaron fue sentir orgullo de ser soldado, en ese momento de la Patria y después y para siempre un soldado de la Vida.
Fue una etapa de mi vida inolvidable. Padecí distancia, frío, pero el tener la posibilidad de ayudarle a camaradas, que por su condición social y/o económica, no tenían estudios, a hacer los deberes y brindarles confianza y seguridad en lo que desconocían, me hizo crecer más humanamente, que lo crecido hasta aquel momento.
Con humildad lo cuento, pero por uno de ellos, casi dono mi baja, la 2°, sabiendo que perdía otro año más de estudio, pero por “Lucerito”, lo hubiera hecho.
Siento orgullo de ser ARGENTINO, a pesar de . . . (sería interminable y no es motivo de esto) . . . Siento orgullo de haber sido soldado, por ello siento ese Sublime Respeto, por Ellos que también fueron soldados y tuvieron que defender a la Patria.
Por todo lo que narré, por ese Sublime Respeto que siento, es ese inmenso anhelo de: “Me encantaría morir, habiendo conocido Malvinas”. Pisar la turba que ellos pisaron, sentir el frío malvinero, la humedad de aquellos pagos donde mis hermanos dejaron todo. Sentir el orgullo que Ellos sintieron, y de paso cebarles, imaginariamente, unos “amargos” para compartir, demostrarles y hacerles llegar mi Sublime Respeto.
Siento que desde la tapa del libro “Malvinas, 20 años – 20 Héroes”, el Sargento 1° Mario Antonio Cisnero, el legendario “Perro”, con su mirada penetrante y ladrido de mando, me ordena:
¡¡Ya basta ciudadano!! Déjese de palabras y continúe. De verdad tengo la sensación que me está mirando y ordenando ello, pero siento la necesidad de despedirme:
A todos Ellos, a los caídos un gran deseo que Dios los tenga a su derecha; y a los que volvieron, un fuerte y caluroso abrazo, que les de la calidez que el frío malvinero no les dejó sentir y hoy los cobije de la frialdad de nuestra memoria.

Fernando Pablo Grippaldi
DNI 18.180.346

 
 
Una historia de vida:
dos
camaradas unidos más allá del deber


26/11/08

Los hombres y sus circunstancias
Hacia 1981, en la Compañía de Policía Militar 141, ahora disuelta y con su cuartel compartido con varias unidades de la ex Brigada Aerotransportada IV, camino a La Calera, Córdoba, revistaban dos hombres cuyas vidas y destinos se verían curiosamente entrelazados. Ambos eran paracaidistas y comandos y aunque se destacaban nítidamente por la forma en que se consagraban en cuerpo y alma al servicio en un elemento de un cierto modo, secundario, tenían su corazón en las unidades especiales de paracaidistas que formaban parte de esa particular Brigada. Su forma de entrenarse, su espíritu de cuerpo y la orgullosa forma en que ostentaban sus rojas boinas y cuchillos de paracaidistas, sólo eran una parte de lo que extrañaban de ese modo especial de asumir la Milicia, integrando Fuerzas de Adiestramiento Especial. Ellos lo habían experimentado y ahora, lejos de ese ámbito, añoraban el sentido particular de pertenencia y espíritu de cuerpo que tienen las unidades de este tipo. Continuación

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La increíble vida de un cura que estuvo
en Malvinas.


04/11/08

El padre Vicente Martínez Torrens, fue uno de los primeros en llegar a las islas. Hubo ocasiones en las que ofició misa en medio de los bombardeos. Hoy brinda ayuda y contención a veteranos de guerra y familiares.

Muchas voces han contado cómo fue el horror que se vivió en la guerra de Malvinas. La muerte, la sangre, el frío, el hambre y la necesidad de matar para seguir viviendo. Vicente cuenta la misma historia, pero desde otro lado. Él no portaba un arma, se defendía con una cruz y una Biblia. Vicente Martínez Torrens, cura salesiano, fue uno de los pocos sacerdotes que acompañó a los soldados argentinos en ese infierno. Vivió 74 días sobre la turba de las islas en un hecho que se transformó en una bisagra para el resto de su existencia.
Actualmente se desempeña en el Archivo Histórico Salesiano en Bahía Blanca pero sabe que su misión es atender los efectos de la posguerra, y de auxiliar en la espiritualidad a los veteranos de guerra sus familiares. Fue el primer capellán en llegar y el último en abandonar las islas, sin caer prisionero de los ingleses.
El sacerdote lamenta el proceso de desmalvinización que ocurrió en Argentina, despotricando entre otras manifestaciones, contra la película "Los chicos de la guerra" porque no cuenta toda la verdad y afirma que la idea original era sacar a los ingleses de la isla, plantar la bandera argentina y negociar en la ONU, sin llegar a la guerra.
También señala que "no todo era mentira por las simples ganas de mentir. Era parte de una guerra psicológica". En otro párrafo duda de las bajas admitidas oficialmente por el enemigo. "Revisé todos los diarios del mundo y en ningún lado aparece el regreso de los gurkhas nepaleses que atravesaron corriendo 36.000 minas antipersonales que rodeaban Puerto Argentino". El padre Vicente tiene una ficha personal de cada uno de los 649 argentinos muertos durante el conflicto (323 fallecidos en el ataque al Belgrano) y un completo diario de guerra que escribió en Malvinas donde se atiborran los terribles recuerdos vividos y sufridos por la tropa argentina. Este cura se movía con total libertad, ya sea en la Gran Malvina como en la Soledad y estuvo a metros del encuentro clave que sostuvieron Jeremy Moore y Benjamín Menéndez para darle fin a la guerra.
Testigo.

"En Bahía Agradable fui testigo de que manera desaparecían las fragatas y destructores ingleses y yo me pregunto qué nación le infligió tanto daño a Inglaterra. Es justo también decirlo que no nos pasaron por encima", relata. Agrega: "Si ellos son los ganadores tendrían que mostrar lo bien que le fue y el poco costo que pagaron por esa conquista pero la señora Margaret Thatcher, en uso de sus funciones, impuso un secreto de guerra de no revelar absolutamente nada por 90 años, hasta el 2072". "Respeto y les creo a los soldados que dieron testimonio sobre las carencias que pasaron en el frente porque yo mismo me encontré con dos muertos por desnutrición y fatiga. Existió y fueron casos puntuales, pero no fue la generalidad de los 11.000 soldados. Una compañía la pasó muy mal, eran los que estaban en Puerto Yapeyú (Howart) porque ellos quedaron localizados frente a la playa de desembarco de los ingleses. Entonces no se los podía reabastecer, se trató de llegar con toda la picardías criollas pero no se pudo. Se mandó al "Isla de los Estados" y lo hundieron, se mandó al "Carcarañá" y lo hundieron, otro barco pudo escapar pero no pudieron reabastecerlos".

Cuenta que estos soldados se estaban alimentando con 1.200 calorías diarias para racionalizar los alimentos cuando por la tensión y el frío necesitaban 3.000 calorías. "Respeto todas las visiones porque les creo, pero es muy parcial. Al soldado se lo metió en un pozo de zorro setenta días y no pudo ver la guerra en su conjunto. Hay que respetarla y aceptarla. Por mi oficio, y el haber sido capellán único durante mucho tiempo, pude recorrer la isla Soledad desde el cabo San Felipe hasta Monte Kent, desde Moody Brook hasta Puerto Enriqueta. Tenía un helicóptero con un piloto a disposición y pasamos varias veces el canal San Carlos" cuenta.

La rendición y la posguerra

El padre Vicente tuvo una activa participación tras el cese del fuego. No cayó prisionero y ayudó a los heridos hasta que lo detectaron. Con un remolcador se largó con destino a Comodoro Rivadavia sin caer en manos inglesas. También fue artífice para que la bandera nacional de guerra del RI 4 no fuera tomada por los militares ingleses. "Cuando una bandera se pierde en guerra, no se repone, se reconquista. Eso lo aprendí después. Los británicos están sin bandera en uno de sus regimientos porque la perdieron en las invasiones inglesas y esa bandera está en la iglesia de Santo Domingo. Por eso ellos querían nuestra bandera, porque es histórica y para canjearla por la otra".

"No pudieron conseguirla porque alguien me la pasó y yo la pude sacar hacia el continente, pero no me pidan que revele el modo en que lo hice. En tanto los sables de los oficiales fueron envueltos en plástico y escondidos en lugares marcados, para recuperarlos en algún momento".
Tras la rendición, el padre Vicente no se entregó y se mantuvo oculto ayudando a los heridos. De noche los llevaba en un remolcador al Rompehielos ARA "Irízar" que estaba a 40 minutos de navegación. El buque había sido transformado como hospital y estaba reconocido por la Cruz Roja. El capellán estuvo hasta el 19 de junio realizando esa tarea. Cuando lo detectaron, terminó de subir a los heridos y se fue con el remolcador a Comodoro Rivadavia.

Durante muchos días Vicente fue el único sacerdote para contener a miles de soldados en medio del infierno de la guerra.


Luego de 26 años, la misión continúa


A más de dos décadas de la guerra, la misión del sacerdote continúa porque está en contacto permanente con los ex combatientes. A donde va, pregunta enseguida por los veteranos de guerra y mantiene contacto. Lo mismo con familiares y amigos, que buscan más información. El cura expresa que se han encontrado con historias terribles de soldados que han padecido y siguen padeciendo la indiferencia de la mayoría de los argentinos. También lamenta la gran cantidad de suicidios que actualmente se acerca a los cuatrocientos. Recuerda el caso de una madre a quien le habían comentado que su hijo aún estaba vivo, que había sido herido en un combate y que había perdido la memoria. "Incluso le comentaron que estaba vagando por las islas. La mujer vendió todo, hizo hasta lo imposible para ir a la isla a buscarlo. Hasta viajó al Reino Unido para pedir permiso. Yo la encontré y le expliqué que su hijo ya estaba con Dios, porque había fallecido en el ataque del 1 de mayo a la 4.30 de madrugada a 15 metros de la torre de control del aeropuerto. Yo mismo lo había enterrado".

Llegó a dar ocho misas en un día

Monseñor Medina, por entonces, Obispo Castrense, visitó en cierta ocasión las islas. El padre Vicente, aprovechó para decirle: “Monseñor, usted sabe que el código de derecho canónico permite rezar hasta tres misas diarias; pues bien, yo estoy realizando ocho. ¿Qué pena canónica me puede caber?” y él le dijo: “situación de guerra, hijo, así que dale nomás”. Luego, le dijo: “mira, acá con el Capellán Mayor del Ejército hemos decidido nombrarte Capellán de las Islas Malvinas” y él le contestó que solamente era un voluntario más y que se quedaba hasta que resultara necesario, porque no era capellán castrense. Luego, agregó: mire, declino el nombramiento y provea usted. A ello le contestó monseñor Medina: “bueno, que te hace falta”; ante esto, le agregó el padre Vicente, que en virtud de estar tan ocupado, le enviara más gente. A los dos días le mandó doce “curitas” que fue distribuyendo, tratando de que cada unidad, por lo menos, en su sector los ubicaran en lugares estratégicos” mencionó Torrens. En Malvinas el Padre Vicente tuvo mucho trabajo. Durante muchos días fue el único sacerdote para atender en la fe a miles de soldados. Tenía una agenda con día y hora de los lugares a visitar. Asegura que nunca les falló a pesar de los bombardeos y las continuas alerta rojo. Una vez ocupada la isla, en la cabecera del aeropuerto se enterró un rosario y se puso la pista bajo la protección de la Virgen. "Los ingleses le tiraron 1.200 toneladas de bombas y ninguna le dio hasta el fin de la guerra, que estuvo operable. El último avión salió de esa pista el 13 de junio a las 20 horas". De su diario personal extrae unas anotaciones realizadas el 8 de mayo por un hecho que ocurrió en la misa de la Virgen de Luján. "El soldado radiooperador recibió la información de que venían dos aviones Sea Harrier por el oeste. Correspondía alerta rojo y desbandarnos. Pero el jefe dijo que estábamos en misa y procesión, y no nos iban a detener. Yo no podía dejar mal parado al jefe, porque ese era un acto de fe. Los Sea Harrier no aparecieron nunca". Otro hecho que lo marcó, ocurrió durante una misa. "En momentos de la consagración, cuando elevó la hostia, vio que venía un Sea Harrier ubicándose para bombardeo. Se arrodilló y les ordenó a todos lo que tenía al frente, ¡rodilla a tierra! Cuando estaban en esa posición, la bomba cayó detrás del último hombre, sin herir a nadie". Agrega: "Hay dos explicaciones; una de fe y es que seguíamos teniendo protección de la Virgen. En tanto la explicación técnica era que esas bombas de 500 kilos hacen un cráter de 12 metros por 4 de profundidad. Al estallar lo hacen en forma de cono, y por lo tanto la onda expansiva salió en forma de V, sin afectar a los que estábamos muy cerca".

Tantas vivencias fuertes, lo motivaron a publicar sus memorias. De manera modesta, explica que no se trata más que de la recopilación de una suerte de “diario de guerra”, al que ha llamado “Dios en las trincheras”. Viene a ser una crónica y tiene un expreso objetivo. Al cumplirse los 25 años de la gesta, le pidió el Centro de Veteranos de Bahía Blanca que lo editara. Siendo Salesiano, pertenece a la misma Congregación, que estuviera en 1888 en Malvinas, y fundara una casa con colegio y parroquia.
Acerca de la bandera del RI Mec 4 dice que la bandera que recuperó, trayéndola al continente, fue realmente una riesgosa aventura. Debía buscar heridos y transportarlos al Irízar y con ellos volver al continente. En total alcanzó a llevar 450 en esa misión encomendada. En ese transporte, llevó la bandera que se había prometido que jamás quedaría como trofeo de guerra para los británicos. Recuerda el día que la llevó a Monte Caseros. El viaje fue desde Comodoro Rivadavia, con escalas en Aeroparque, Paso de los Libres, y llegada a Monte Caseros. Hací­a un calor impresionante. Pero mucho no le importaba, porque con la gracia de Dios la misión estaba cumplida, entregando la bandera cerrando una etapa notable de su vida. Por eso, emocionado, dice que “Monte Caseros es el cofre de su Bandera”.

Fuentes: Editorial Río Negro SA, subido a Internet en 2005

 
 
HÉROES DE MALVINAS
Veteranos de guerra, del regimiento de infanteria 4 visitaron su antiguo cuartel en monte caseros, corrientes
Homenaje a nuestros combatientes.


10/07/08

Como es tradición cada año, el Regimiento 4, es la única unidad del país que reúne desde 1983, a personal de Oficiales, Suboficiales en actividad y retiro como también Soldados Conscriptos Veteranos de Guerra, para rendir homenaje a los caídos en el campo de combate.
Anualmente, el segundo sábado de junio se realiza la reunión de los Veteranos de Guerra del Regimiento de Infantería 4, en el actual asiento de Paz del Regimiento de Infantería Mecanizado 4 con asiento de paz en Monte Caseros (Corrientes), participando de la ceremonia militar, de recordación y homenaje a los integrantes la Unidad caídos en la gesta de MALVINAS.
La ceremonia conmemorativa dio inicio en la plaza de armas “HEROES DE MALVINAS” del Regimiento de Infantería Mecanizado 4, el 14 de junio a las 11:00 hs, siendo presidida por el Jefe del Centro de Adiestramiento Operacional Coronel “VGM” ROBERTO OSCAR REYES, el Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 4 Teniente Coronel JUAN CARLOS MAROSSERO, y el Intendente de la Ciudad Ingeniero EDUARDO CORNALO, como así también por el ex Jefe del Regimiento de Infantería 4 General (R) DIEGO ALEJANDRO SORIA, participando de la misma una delegación de la ciudad de Salta a cargo de Señora TERESITA ESPINDOLA, fundadora de “Fortín Martina Silva de Gurruchaga”, Miembro del “Instituto Guemeciano”, “Senda Gloriosa de la Patria ” y Asociación “Lola Mora”, el Señor JUAN ENRIQUE GUANUCO, Coordinador Grl de Comisión Provincial de Veteranos de Guerra de Salta, las Señoras Madres de dos Soldados fallecidos en el conflicto Señora AGUILERA, Señora VALLEJOS.

Palabras alusivas a cargo del Tcnl “VGM” Héctor Ricardo Toran.


Entrega de ofrenda floral del Grl Diego Alejandro Soria, la Sra Aguilera, Sra Vallejos, Suboficial Mayor “VGM” Walter Sosa.

Agrupación de danza de la ciudad “ÑANDERETA PORAITE” (Nuestra tierra linda).


La conmemoración consistió en una formación frente al Monumento a los Caídos en Malvinas, con la participación de efectivos del Regimiento de Infantería Mecanizado 4 “Cnl MANUEL FRAGA” y del Centro de Adiestramiento Operacional “DUQUE DE CAXÍAS”, juntos con las fracciones de Oficiales, Suboficiales en actividad y retirados, como así también Soldados Conscriptos Veteranos de Guerra, con su Bandera de Guerra recuperada durante el conflicto, Himno Nacional Argentino, Palabras del Teniente Coronel “VGM” HECTOR RICARDO TORAN, ofrenda floral al pie del monumento a cargo del General DIEGO ALEJANDRO SORIA, la Señora AGUILERA, Señora VALLEJOS, Suboficial Mayor “VGM” WALTER ANTONIO SOSA.
Posteriormente se produjo la entrega de una Bandera de Salta, por parte de la Señora TERESITA ESPINDOLA oriunda de la ciudad de Salta, al señor Jefe del Regimiento de Infantería Mecanizado 4, para que acompañe a la Bandera que participó en la Guerra en el museo de la Unidad
Luego se produjeron salvas en honor a los 22 caídos en la gesta de Malvinas, posterior desfile y rendición de honores al monumento de los caídos en combate.
Finalizada la ceremonia, se invitó a todos los presentes a presenciar un baile folclórico tradicional realizado por la agrupación de danza de la ciudad “ÑANDERETA PORAITE” (Nuestra tierra linda) y posterior almuerzo en el comedor de la unidad, donde los Veteranos intercambiaron sus experiencias con los actuales Soldados del Regimiento.

 
 
HÉROES DE MALVINAS
Veteranos de guerra hicieron tronar los
obuses después de 26 años

Pertenecen al Grupo de Artillería 3 con asiento en Paso
de Los Libres.


03/07/08

El pasado 27 de junio, a 26 años de la guerra de Malvinas, un grupo de soldados, suboficiales y oficiales veteranos de guerra revivieron en el Campo de Instrucción General “Aválos”, imágenes imborrables que grabaron a fuego sus vidas.
En un marco de camaradería y con las anécdotas como protagonistas de cada dialogo, un grupo de veteranos de diferentes jerarquías aceptó la invitación de concurrir al terreno a participar de un tiro de artillería organizado por la unidad veterana de guerra. Tres Baterías fueron desplegadas en el terreno y cumplieron misiones de fuego como parte de la capacitación operacional de la unidad.
Pese a las condiciones meteorológicas adversas y a la dificultad para acceder a las posiciones, los veteranos, acompañados por sus familias, participaron de la actividad con entusiasmo y gran emoción. Dispuestos a revivir aquellas gloriosas jornadas de la artillería en Malvinas, los veteranos se colocaron el casco y dispararon los obuses como hace 26 años.
En el caso particular de los ex soldados veteranos, fue el primer regreso a una posición de fuego desde el retorno a continente después de la guerra. Esta actitud denota un gran espíritu de integración y sentido de pertenencia con el Ejército de hoy, teniendo en cuenta que gran parte de los integrantes del servicio de piezas, no habían nacido aún, cuando estos veteranos se impregnaban con el olor a pólvora en nuestras irredentas islas. Además de una plena identificación con la causa, constituyéndose en herederos y depositarios del honor y gloria que cubrió a los dos muertos en combate que tuvo esta unidad.



Por su parte, los actuales integrantes del glorioso GA3, asumieron el compromiso de ser anfitriones es estos valientes soldados que ofrendaron su vida en defensa de nuestra soberanía. Embargados por una profunda emoción, desde su jefe, el Teniente coronel Marcelo Calvo, hasta el último de los integrantes del GA3, demostraron un gran entusiasmo y seriedad profesional para exhibir sus destrezas artilleras y exponer los avances tecnológicos del arma, como el sistema de tiro Patria y los desarrollos en materia de topografía.
Luego de ejecutar un tiro cada uno durante el cumplimiento de las misiones de fuego, recorrieron las posiciones, se fotografiaron con los integrantes de las piezas y con sus familias y visitaron las instalaciones de los Centros de Dirección del Tiro y Puesto Comando.
La visita finalizó con un almuerzo de camaradería, para luego emprender el regreso a Paso de los Libres y la ciudad de Posadas.

 
 
HÉROES DE MALVINAS
Córdoba: Emotivo aniversario de Bautismo de fuego.
Se trata del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 en aquella heroica gesta.


16/06/08

El pasado 6 de junio se llevó a cabo en la ciudad de Córdoba asiento de la IV Brigada Paracaidista, la conmemoración del 26° aniversario de Bautismo de fuego del Grupo de Artillería Aerotransportado 4 (Actual Grupo de Artillería Paracaidista 4) en el Conflicto del Atlántico Sur. Cabe destacar que esta unidad fue la única en el ámbito de la Brigada que participó en forma orgánica del conflicto entre el 23 de abril y el 14 de junio de 1982. Esta unidad sufrió tres bajas durante la guerra y combatió con valor, apoyando con sus fuegos hasta agotar la munición de sus obuses. Actitud ésta, que le valió el reconocimiento del propio enemigo y el agradecimiento eterno de toda la Nación.

Abrir resolución JEMGE en PDF


La ceremonia fue presidida por el Jefe del Ejército, Teniente General Roberto Fernando BENDINI, acompañado por el Comandante del Cuerpo de Ejército III, General de Brigada Gustavo Gabriel SCHURLEIN, el Comandante del Comando de Operaciones Terrestres (COTER), General de Brigada Eduardo Alfredo LUGANI, el Comandante de la Brigada de Paracaidista IV, Coronel “VGM” Fernando Isidro ALONSO JARDEL y en representación del Gobernador de la provincia el señor Carlos Alberto CASERIO, Ministro de Gobierno de la provincia de Córdoba.

En la oportunidad, estaban presentes autoridades provinciales, municipales, de la Fuerza Aérea Argentina, de la Delegación Naval de Córdoba, de Gendarmería Nacional, Policía Federal y de la Provincia de Córdoba, militares en actividad y en retiro, integrantes de la “Comisión de Homenaje Permanente al Grupo de Artillería Aerotransportado 4” junto a sus familiares, delegaciones escolares y numeroso público en general. Asimismo, se dieron cita Unidades de la Guarnición Ejército Córdoba que dependen de la IV Brigada Paracaidista, Formaciones del Comando de Cuerpo, Liceo Militar General Paz y Hospital Militar Regional Córdoba.
Dando inicio a los actos, se entonaron las estrofas del himno nacional, se colocaron ofrendas florales en homenaje a los soldados muertos en combate, se entregaron medallas recordatorias y reconocimientos a personal veterano de guerra y se escucharon palabras alusivas del jefe de la unidad. Finalmente la ceremonia concluyó con el desfile de las unidades participantes y el lanzamiento del Equipo Militar de Paracaidismo portando el estandarte de la unidad y la bandera nacional.
Como hecho destacado cabe mencionar que se dio lectura a la resolución del JEMGE por la cual se declara a esta ceremonia como “Acto oficial del Ejército Argentino”, que ha de desarrollarse anualmente en los cuarteles de la unidad el viernes más próximo al 11 de junio, por ser esa la fecha en que la unidad fue empleada masivamente durante la guerra.

 
 
Emotivo homenaje de la Promoción 109 del Colegio Militar a los Veteranos de Malvinas.

15/05/08

El pasado 3 de mayo en el Colegio Militar de la Nación, la Promoción 109 “Bicentenario del Natalicio del General José de San Martín” tributó un homenaje a los Veteranos de Guerra de Malvinas, pertenecientes a esa promoción, inaugurando un Monumento en Homenaje a los Héroes Nacionales de la Promoción: Teniente Primero de Infantería (Post Mortem) Marcos Antonio Fassio (B Av Comb 601), Teniente Primero de Infantería (Post Mortem) Roberto Nestor Estevez (RI 25), Teniente Primero de Artillería (Post Mortem) Alejandro Dachary (GADA 601), Teniente Primero de Infantería (Post Mortem) Luis Carlos Martella (RI 4) y Teniente Primero de Ingenieros (Post Mortem) Julio César Auvieux (B Ing Const 601).

La obra artística fue construida por el escultor Andrés Mirwald, habiendo sido su inspiración que “elevados y centralizados por el escudo que representa su promoción, los tenientes primeros post mortem, desde su etérea área, ven pasar los jóvenes cadetes, que como ellos, eligieron servir a la patria, a ultranza de sus propias vidas”, incluyendo en su obra la sentencia “HONRARAS TUS MÁRTIRES”.


En la ceremonia se entregó una medalla “En reconocimiento al valor y sacrificio” en nombre de los integrantes de la Promoción 109, a los familiares de los caídos en cumplimiento del deber militar y a los Veteranos de Guerra de Malvinas.
Durante el acto hizo uso de la palabra del presidente de la promoción, entre sus párrafos, dijo:

Hace instante, inauguramos el monumento en honor a los héroes de Malvinas, desde frío y mudo muro nos observan nuestros compañeros, camaradas y amigos, pero tan presente como si nos quisieran expresar todo lo que sintieron y vivieron desde el mismo instante de aquel inolvidable 2 de abril de 1982”
“La perspectiva que solamente dan la madurez y el tiempo, nos permite sorprendernos ante el recuerdo de quienes, siendo tan jóvenes como nosotros, lo éramos entonces, acometieron semejante acto de entrega, heroísmo y desinterés personal, como supone ofrecer la propia vida en defensa de la patria”.
“Dieron lo más grande que puede dar un hombre que es su propia vida, por lo que un 20 de junio juraron ante nuestra enseña patria”.

 
 
Perros veteranos de guerra

05/05/08

Vogel
La Infantería de Marina de la Armada Argentina cuenta con el honor de haber destacado perros de guerra en la Gesta de Malvinas de 1982, contándose con numerosas actuaciones heroicas por parte de estos "soldados". De la dotación de perros de guerra de la ARA Veteranos de Malvinas, el que superó a todos en longevidad, fue Vogel, un ovejero alemán nacido en la Base Naval de Puerto Belgrano e hijo de Tell y Nixie, también nacidos en la BNPB. Luego de la Gesta de Malvinas presidió todas las ceremonias de la Unidad luciendo en su capa la condecoración de Veterano de Guerra de Malvinas, y al fallecer el 1 de diciembre de 1991, fue enterrado en la BNPB mirando hacia las Islas Malvinas y con un monumento en honor a los perros Veteranos de Guerra.

La mirada de Vogel


Xuavia

La perra Xuavia estaba preñada cuando partió a la Gesta de Malvinas, siendo su Guía el Soldado C/62 Carlos Silva del Batallón Seguridad ARA Agrupación Perros de Guerra. En la noche del 13 al 14 de junio, luego de soportar un intenso bombardeo británico sobre las posiciones argentinas, Xuavia regresaba junto a las tropas patriotas a Puerto Argentino pero repentinamente se separó y corrió hacia la negrura de la noche. Varias horas después fue encontrada dándole calor con su cuerpo a un soldado argentino herido, el que fue llevado prontamente hacia el hospital por los camilleros y enfermeros del Ejército. De no haber sido por Xuavia ese soldado habría muerto congelado y desangrado. Luego del conflicto Xuavia regresó a su base naval y dio a luz a nueve cachorros con parto normal. El padre fue Duque.

Tom
El camión me esperaba afuera, junto a mis soldados y los equipos. Tomé un gran manojo de camperas y me dirigí a la carrera, pero se me cruzó un perro de la base que habíamos criado desde cachorro y me hizo caer. Me levanté maldiciendo, tomé otra vez las camperas y retomé mi camino, pero a los pocos metros otra vez el perro me hizo caer. De la bronca, lo tomé y le dije "Estás jodiendo, entonces venís con nosotros a Malvinas" y lo subí al camión. Al ver el perro, el soldado Cepeda me preguntó asombrado "¿Y eso mi Cabo Primero? ¿Como se llama el perro?" Entre risas le contesté "Desde hoy se llama Tom, porque vamos al Teatro de Operaciones Malvinas". Al poco tiempo se transformó en el ser más mimado y querido entre todos, pero debíamos ocultarlo de los superiores, por eso en las inspecciones siempre estaba dentro de algún bolso, campera o saco de donde sólo salía su hocico para respirar. Luego de unos días de espera en Santa Cruz partimos en un Hércules hacia las Islas Malvinas transportando a nuestro personal, dos cañones SOFMA, un UNIMOG y desde luego a Tom, que para esa altura ya era otro soldado movilizado del Grupo de Artillería 101. En Malvinas Tom se comportó como un bravo artillero. Cuando tirábamos con la máxima cadencia de fuego hacia los británicos, él se paraba delante del cañón como el mejor de los combatientes; siempre ladraba y jugaba con aquel que estaba bajoneado en los momentos de calma para darle ánimo; cuando había "alerta roja de bombardeo naval" era el primero en salir del refugio para buscar a los más alejados y el último en entrar a cubrirse; y muchas veces su instinto canino presintió los bombardeos aéreos antes que se gritara la alarma, lo cual manifestaba con ladridos que ya conocíamos. Compartía con nosotros la comida y los soldados le fabricaron un abrigo con los gorros de lana y bufandas. El 11 de junio, a las 11:15 hs, un avión inglés se lanzó frenéticamente sobre nuestra posición bombardeando nuestro cañón y haciéndolo estallar, nosotros corrimos a cubrirnos y Tom, como siempre, parado sobre una roca ladraba dando la señal de alerta. El avión efectuó otra pasada, esta vez ametrallando con furia nuestra tropa que repelía el ataque con fusiles, en esta oportunidad varios fueron heridos (yo entre ellos), y Tom, que corría avisándoles a los más distantes fue alcanzado por las esquirlas. El humo y el olor a pólvora cubrieron el lugar. Como pudimos, heridos, buscamos a Tom y lo encontramos tendido sobre una piedra inmóvil, con sus grandes ojos negros mirándonos y despidiéndose lentamente de sus camaradas. Allí quedó para siempre nuestro cañón y el mejor testigo de esta Gesta, nuestro querido Tom. Allá en la fría turba malvinera él es otro bastión argentino, que junto a los héroes que dieron su vida por la Patria, significan soberanía y un especial estilo de vida. Cuando volví al continente, en honor a él, todos los perros que tuve se llamaron Tom y mientras yo viva así lo haré. Tom en Malvinas fue mi mejor amigo. ¡Y yo... jamás olvido a mis amigos!

Colaboración de Oscar J. Planell Zanone y Oscar A. Turone – Patricios de Vuelta de Obligado. Relato del Cbo 1º VGM Omar Liborio del GA 101, Ejército Argentino.

152 / febrero 2009
 
 
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