Un artículo publicado en el sitio web de la Fuerza Aérea (www.faa.mil.ar), explica que se contó con el aval de la Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña y Trekking y con la colaboración de andinistas, portadores y guías de alta montaña, que cooperaron llevando por momentos la cruz hacia la cumbre.
"Quisimos llamarla ‘Cruz del Bicentenario’ para festejar los 200 años de la Patria a nuestra manera", explicó el suboficial ayudante Daniel Estévez, uno de los integrantes de la expedición y experto guía de montaña.
Durante el recorrido, se introdujeron cartas, fotos y artículos personales en el interior de este símbolo cristiano. "Había mucha gente que no iba a llegar hasta la cumbre, pero esta fue su manera de hacerlo", indicó el suboficial Daniel Estévez.
Por su parte el mayor Marcelo Sánchez comentó: "Hacia la cumbre todos nos recibieron con agrado y colaboraron desinteresadamente. Durante el ascenso nos fuimos pasando la cruz entre los miembros del equipo y con los extranjeros y personas que nos siguieron. Para nosotros, eso refleja el espíritu de participación que le dio soporte a este hito histórico".
La Cruz del Bicentenario
Fue ensamblada y construida íntegramente en los talleres del Grupo Técnico de la IV Brigada Aérea, situada en El Plumerillo, Mendoza. Para ello, se realizó una aleación de metales de restos de aviones IA 24 Calquín.
En su interior se depositaron partes del histórico A4-C que combatió en el Conflicto del Atlántico Sur; monedas de uso actual, emblemas del Escuadrón Lama, tierra de las Islas Malvinas y una carta del arzobispo de Mendoza, monseñor José María Arancibia (además de todo lo introducido por la gente en la marcha hacia la cumbre).
El proyecto tuvo como premisa convertir a la cruz, que ahora descansa en la cima del Aconcagua, en una cápsula del tiempo, donde las próximas generaciones puedan abrir su interior dentro de 100 años.
Su peso ronda los seis kilos y tiene 90 centímetros de alto por 70 de ancho. Posee una plaqueta recordatoria que reza el lema de la Fuerza Aérea Argentina: "Más alto, más rápido, más lejos”.
Lo particular de esta cruz es que se le hizo una base de cemento para evitar que los temporales del Aconcagua la desplacen. Y, aunque su anclaje es sumamente dificultoso, según los expedicionarios la tarea se hizo más fácil gracias al apoyo recibido.+
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