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Nació y murió en agosto. Y para
homenajearlo, se instauró el 10 como el Día
de la Isla de los Estados, ese pedazo austral de tierra argentina
que exploró, defendió y socorrió a decenas
de náufragos.
La hazaña de un hombre de la Patagonia
Patriota ferviente y marino extraordinario, Luis
Piedra Buena fue recibido por los presidentes Mitre, Sarmiento
y Avellaneda y llegó a ser distinguido por la reina
de Inglaterra, el káiser de Alemania y el presidente
de los Estados Unidos.
Promotor incansable de la Patagonia austral y siempre llamó
la atención de las autoridades argentinas con respecto
a la necesidad de poblarla. Pero no pudo ser testigo del proceso
de ocupación de Santa Cruz, que se inició dos
años después de su muerte. Como hombre de familia,
sufrió el alejamiento de su hogar en cada uno de sus
viajes hasta la hora de su muerte: las 20.45 del 10 de agosto
de 1883.
El inicio de su incansable tarea como defensor de los derechos
argentinos en la Patagonia austral podría situarse
alrededor de 1859, cuando fundó un establecimiento
comercial para el trueque de mercaderías con los indios
tehuelches, en la isla Pavón (próxima a la desembocadura
del río Santa Cruz), y habilitó además
un puesto de apoyo en puerto Cook (isla de los Estados). Su
asentamiento era el único lugar civilizado al sur de
Carmen de Patagones. Allí izó la bandera argentina
y defendió la soberanía nacional al sur del
Santa Cruz.
Su presencia constituyó uno de los más poderosos
argumentos esgrimidos por Argentina en la definición
del trazado de la frontera con Chile. (En 1881, tras 22 años
de su permanencia en la Patagonia austral, Argentina y Chile
firmaron un tratado de límites).
Aquí, se socorre a los náufragos
En 1862, en uno de sus tantos viajes, llegó
hasta el Cabo de Hornos y dejó grabado en un peñasco:
"Aquí termina el dominio de la República
Argentina. En la Isla de los Estados (puerto Cook) se socorre
a los náufragos. 1863. Capitán L. Piedra Buena”.
En 1864 fue nombrado Capitán Honorario de la Marina
Nacional y en 1868, cuando el gobierno otorgó las primeras
concesiones de tierra en el sur, le fueron entregadas en propiedad
a Piedra Buena la isla Pavón y la isla de los Estados,
en reconocimiento a sus méritos marítimos, tanto
humanitarios como de reafirmación de la soberanía
argentina sobre las tierras australes.
Como salvador de náufragos, intervino en siete salvamentos
oficiales y muchos otros no registrados. Socorrió a
más de doscientos infortunados navegantes desde que
llegó por primera vez a la isla de los Estados, en
agosto de 1847, con sólo 14 años de edad.
Sus navegaciones por mares tempestuosos con pequeñas
naves como el “Luisito”, de sólo 11 metros
de eslora, son verdaderas hazañas.
Una anécdota heroica
El 10 de marzo de 1873 su gran embarcación, el “Espora”,
estaba fondeado frente al lugar que Piedra Buena llamaba bahía
de las Nutrias cuando un fuerte temporal le hizo perder las
anclas. Intentó varar el barco en la playa pero dio
contra las rocas y se hundió. Piedra Buena y sus ocho
hombres lograron llegar a la costa y durante los siguientes
tres días intentaron rescatar, sin éxito, lo
que quedó del barco.
Entonces, Piedra Buena decidió construir uno nuevo
con los restos del naufragio y las maderas que encontraron
en la isla. Contaba con elementos muy precarios: una sierra
grande, otra chica y un par de hachas de mango corto. Debieron
además abastecerse de alimentos y construir un refugio
que los reparara de las inclemencias del clima.
El 16 de marzo se tendió la quilla de lo que sería
una nueva embarcación más pequeña. Del
“Espora” utilizaron el timón, el mástil,
las bombas, las velas, la cabuyería y muchas de las
maderas. Y a falta de brea o alquitrán para calafatear
las junturas entre la tablazón del casco y la cubierta,
emplearon grasa de pingüino.
El 18 de marzo, el “Luisito” (así bautizado
en recuerdo del hijo del capitán) zarpó hacia
Punta Arenas, adonde llegó nueve días después.
Por hazañas como ésta, el presidente Julio Argentino
Roca le otorgó, en 1878, el grado de teniente coronel
de la Marina.
Un modelo en escala 3D
Dos oficiales de la Armada destinados en Puerto Belgrano,
desarrollaron una maqueta digital en tres dimensiones del
cúter “Luisito”, la famosa embarcación
que relatáramos arriba. El jefe de Operaciones del
Comando de Operaciones Navales, capitán de navío
Osvaldo Emilio Martinetti y el jefe de Programas de la Armada,
capitán de navío Jorge Mario Cerqueiro, trabajaron
durante meses y lograron desarrollar la figura en la que se
recreó el cúter, tanto en su parte exterior
(casco, velas, mástiles) como en su interior.
“De casualidad vi que el capitán Cerqueiro estaba
haciendo una maqueta. Era un casco de madera y me dijo que
era del ‘Luisito’. Tenía, me confesó,
las intenciones de realizarlo a escala real en algún
momento”, contó Martinetti.
“Como soy un aficionado a modelar en computadora, le
pregunte cómo lo había desarrollado y me dijo
que tenía parte del casco en un modelo computarizado.
Así proyectamos hacerlo completamente en tres dimensiones
en computadora. Trabajamos juntos, buscando información
y tratando de completar los huecos de conocimiento respecto
de cómo era la nave”, agregó. De esa forma
fueron adquiriendo más experiencia en el uso del software
3d Studio, un estándar para programas de animación
y modelado digital. El casco había sido desarrollado
con Autocad y el resto con 3d Studio en un trabajo que demandó
más de dos meses.
“Esto no lo hago como parte de mis tareas del destino,
sino en tiempo extra. El año pasado, como jefe del
Servicio de Análisis Operativo, Armas y Guerra Electrónica
(SIAG) empleamos la misma tecnología para hacer el
simulador de navegación que funciona en la Escuela
de Técnicas y Tácticas Navales (ESTT); ahí
sí como parte de mi trabajo”, dijo el jefe de
operaciones del Comando de Operaciones Navales.
El principal desafío que tuvieron los realizadores
surgió a partir de la poca información que se
tiene sobre la embarcación que recrearon. Existen muy
pocos datos sobre el “Luisito”, sólo sus
dimensiones y que era un cúter, por lo que usar la
imaginación y pensar en perspectiva fueron muy importantes.
“Para entenderlo mejor uno tiene que pensar cómo
hizo Piedra Buena para armar este barco con los restos de
otro en la Isla de los Estados, con un par de hombres que
lo ayudaron en un término de 50 días. Hay algunas
otras ideas de cómo pudo haber sido el 'Luisito', a
partir de pinturas e imágenes, pero lo hicimos rústico
y utilizando nuestra imaginación”, finalizó.
Maquetas
El “Luisito”, armado artesanalmente
por el Cnl Ing (R) D Alejandro Gazpio -
Réplica operativa del “Luisito”, en escala
1:1
El trabajo fue realizado, por el mismo Piedra Buena y uno
o dos tripulantes, los demás estaban enfermos o simplemente
no colaboraban, lo que agiganta mas esta hazaña, no
sólo por su esfuerzo sino también por el hecho
de no basarse en ningún plano. En algo más de
2 meses de trabajo, construyó el cúter Luisito,
en medio de los temporales y vientos del sur.
Botado y alistado el cúter, zarpó de Punta
Arenas, donde llegó en 11 días de navegación
en el mes de mayo. Luego de una permanencia de varios meses,
con el invierno del sur, zarpó de la isla de los Estados,
y en esa navegación, en el mes de agosto, salvó
a los náufragos del bergantín inglés
Eagle, seis personas que se encontraban en una roca medio
muertos de hambre y frío. Condujo a los náufragos
salvados a Punta Arenas y volvió a efectuar un salvataje,
esta vez a los del buque alemán Dr. Hansen, a quienes
llevó nuevamente a Punta Arenas. Piedra Buena así
continuó recorriendo la costa sur con el Luisito.
En 1875 debió dirigirse Buenos Aires, donde el diputado
Dr. Félix Frías requería de sus conocimientos
del sur, para aplicarlos en los problemas de límites
con Chile. A fin de procurarse el dinero necesario para el
viaje, resolvió vender al Luisito, venta que se concretó
a principios de 1876.
Datos del buque
Eslora: 10,66 m
Puntal: 1,52 m
Calado medio: 1,40 m
Desplazamiento: 14 t
Cubierta corrida, con una escotilla a proa y un tambucho a
popa.
Un palo, con vela trapezoidal, foque y trinquetilla.
Timón a caña.
Cintón alrededor del casco .
Fuente:
Videos y material autorizado por Capitán de Navío
Zenón Bolino, Director Gaceta Marinera.
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