Coronel,
Veterano de Guerra de Malvinas, Héctor Gustavo Pugliese.
En este artículo sobre la “Gesta de Malvinas”
deseo hacer un profundo homenaje a nuestros 323 héroes
soldados que cumplieron con su juramento de fidelidad a la
bandera y dieron lo más maravilloso que se puede entregar
a la Patria, la vida misma. También halagar a los 770
tripulantes que regresaron con modestia y honor, y permanecen
como testigos permanentes de lo ocurrido.
Es por ello que debemos tener respeto hacia nuestros “Héroes
de Malvinas”, que con insuficientes medios y en permanentemente
inferioridad, combatieron con valentía, siendo vivos
paradigmas para las generaciones presentes y futuras.
Nuestro respeto a los rosarinos presentes en el combate trágico
y hundimiento de nuestro querido crucero: Alvarez Oscar Manuel,
Cicotti Jorge Enrique, Esturel Daniel Osvaldo, Gregori Juan
Luis, Lobo Roberto Segundo, Maragliano Saverio José,
y al papá de una amiga Suboficial 2do (PM)Ricardo Torrez.
El Crucero era un barco antiguo del año 1939, construido
en astilleros de los EE UU como crucero liviano de la clase
Brooklyn, bautizado Phoenix, y veterano de Pearl Harbor, Batán,
Corregidor y buque insignia del General MacArthur en las batallas
del Pacifico de la 2da guerra Mundial. La República
Argentina lo compró en el año 1951, durante
la presidencia del General Perón, recibiendo el nombre
de 17 de Octubre; fue actualizado y modernizado en sus sistemas
y en el año 1956 rebautizado con el nombre de ARA General
Belgrano.
La nave desplazaba 13.500 Tm y tenía más de
180 m de largo, armado con artillería de tubo, superior
a la de los buques de la flota británica, hubiera sido
una base de fuego excepcional en Puerto Argentino. Sus cañones
de 6 y 5 pulgadas con 23 km de alcance habrían impedido
el permanente fuego naval enemigo.
En el año 1982 era comandado por el Capitán
de Navío Héctor Bonzo y formaba parte del Grupo
de Tareas 79.3, junto a los destructores, también antiguos,
armados con misiles Exocet, ARA Piedrabuena y ARA Bouchard
y el buque tanque de YPF Puerto Rosales.
La misión del grupo 79.3 de nuestra Armada era en términos
generales, según el capítulo XVIII de la Historia
Marítima Argentina, penetrar en la zona de exclusión,
determinada por Gran Bretaña, a partir del lro de mayo
a las 22.00 hs a efectos de materializar una amenaza y comprobar
medios de reacción, permaneciendo el mínimo
tiempo necesario en el área y adoptando las medidas
antisubmarinas posibles. Ejercería, entonces, fuera
de la zona de exclusión, vigilancia sobre los accesos
al Teatro de Operaciones desde el sur y a la vez actuaría
como disuasión para el Marco Regional, Chile.
El comandante enemigo, Almirante Woodward, dice en el capítulo
8, "Las campanas del infierno", de su libro, "Los
Cien Días", que estaba preocupado, por no saber
la ubicación del portaaviones Argentino ARA 25 de Mayo,
pese a que lo buscaban los submarinos nucleares Spartan y
Superb y también intranquilo, por la ubicación
a 200 millas al sur de su posición del grupo del Belgrano,
contactado por el otro sumergible atómico, el Conqueror,
el viernes 30 de abril.
A las 16.00 hs del lro de mayo el comandante de la flota,
Contralmirante Allara decide atacar a la flota enemiga que
se encontraba aferrada hostigando a Puerto Argentino, pero
al no haber viento en el área del portaaviones Argentino,
sus cazas A-4Q, no podían despegar.
A las 23.50 hs el enemigo se retira a una zona de reunión
en alta mar, a las 00.50 del 2 de mayo, el grupo del 25 de
Mayo, tomó contacto con aviones británicos de
reconocimiento. Ante ambas situaciones, a las 01.20 hs el
alto mando ordena a la flota replegarse a aguas poco profundas
para evitar los peligrosos submarinos enemigos. El Belgrano,
a las 05.10 hs, sin entrar a la zona de guerra regresa al
continente con rumbo oeste sudoeste.
Las reglas de empeñamiento impuestas por el enemigo
decían que solo se combatiría en la Zona de
Exclusión de 100 millas alrededor de Malvinas por ellos
determinada. Pero por razones que no se conocen se cambian
las reglas de juego y por el secreto de 90 años decretado
luego por el gobierno británico tampoco ahora es posible
saberlo. Aprecio que cuando algo se guarda tan secreto es
porque no son claras las causas de los hechos. Y aunque en
las conflagraciones lo primero que se pierde es la verdad,
lo mismo se condena la perfidia, el deshonor, la falta de
ética y el no cumplimiento de las leyes de la guerra.
Dice el Comodoro Moro, “se creía que los británicos
no quebrantarían las reglas del juego, ni que renegarían
de las virtudes de la caballerosidad y el fair play que supuestamente
son atributos axiomáticos de una sociedad anglosajona
de antigua y noble estirpe. Ello era correcto, al menos hasta
el 2 de mayo al mediodía".
El Almirante Woodward le ordena al submarino hundir al crucero,
pero como los sumergibles nucleares por rara situación
dependían de Londres, (Northwood), a las 04.45 hs,
solicita autorización para cambiar las reglas y atacar
fuera del área de exclusión. A las 13.30 el
Capitán Christopher Wreford Brown del Conqueror recibe
la orden de Londres de atacar. Decisión tomada por
el gabinete de guerra presidido por la primer ministro Margaret
Thatcher (Secreto a voces). El Capitán del sumergible
duda y se hace repetir la orden, lo que ocurre a las 14.30
hs.
El Capitán Wreford Brown a las 15.30 hs aprecia estar
bastante cerca (3.000 m) e inicia la maniobra de aproximación
final para lanzar los torpedos. La nave nuclear llevaba dos
tipos de torpedos, los viejos Mark 8 de la segunda guerra
mundial, con bastante precisión, confiabilidad y suficiente
carga explosiva para penetrar el crucero, pero sin guiado
y los filo guiados Tigerfish de mayor alcance pero menos confiables.
Decide emplear los Mark 8 y desde 1.380 m, a las 15.57 hs
dispara sus tres torpedos.
El venerable Crucero continúa navegando hacia el continente,
sin detectar la presencia del cazador, y en la posición
55 grados 24´ S, 61 grados 32´W, recibe el primer
impacto a babor en la popa, siete segundos después
el segundo a babor en la proa. Queda sin propulsión
ni energía eléctrica y con el timón trabado.
Las explosiones producen incendio en las maquinas, graves
daños y una rápida inundación que culmina
con la perdida de la proa y el posterior hundimiento a las
17.05 hs.
"Un buen día. Al fin en contacto con el enemigo",
escribió el capitán Christopher Wreford-Brown
en su libro de bitácora de navegación o "log",
como se lo conoce internacionalmente en el código marítimo,
cuando vio a distancia de tiro la figura del "Belgrano"
en su radar, en las aguas del Atlántico Sur, el 2 de
mayo de 1982. Lo habían divisado después de
11 horas de buscarlo porque lo consideraban una seria amenaza
para la fuerza de tareas británica. El gobierno británico
decidió cambiar las reglas de empeñamiento (rules
of engagement) para permitir al comandante Wreford-Brown disparar
sobre el crucero fuera de la zona de exclusión. Los
trágicos instantes finales están escritos en
tensas frases cortas.
18.51: Fijar velocidad 11 nudos. En espera tubos 1, 2, 6.
Abrir cabezas 1, 2, 6.
18.53: Colocación final.
18.54: Mirar alrededor. Nada más a la vista. Belgrano
no sabe de mi presencia. En vez de esperar hasta que el target
sea G13, cuando el ángulo de giro del disparo sea 0
Yo voy a disparar.
18.56: y 3 cuartos. Chequear posición de fuego. FUEGO.
Orden de disparar 6, 1,2
18.57: Cerrar cabezas de 6, 1 y 2. Se escucharon tres explosiones.
El comandante acababa de disparar tres viejos torpedos Mark
8, y dos se incrustaron en el "Belgrano". "Una
bola naranja de fuego se ve en el centro del objetivo, en
la misma línea del segundo mástil, después
que la primera explosión se escuchó", describió.
El Capitán Bonzo ante la crítica y confusa situación,
mando abandonar el buque y la tripulación ordenadamente
y en poco tiempo ejecuto la decisión, abordando los
botes inflables. El Capitán de Navío Héctor
E. Bonzo, a las16.45 hs abandona la nave.
Woodward dice "Amontonados en los botes salvavidas, casi
novecientos hombres de la tripulación, algunos de los
cuales no sobrevivirían a aquella helada noche, cantaron
el Himno Nacional, mientras el barco se hundía. Siempre
me sorprenden las emociones que las Malvinas pueden producir
en el pecho de un Argentino".
El hundimiento del honorable Belgrano, aumento y amplió
el conflicto y concluyo con las tratativas de paz iniciadas
por el Presidente del Perú Belaunde Terry. El secreto
impuesto por los británicos no nos permitirán
conocer las verdaderas causas del hundimiento, pero todo parece
presumir que se ejecutó para evitar un acuerdo y así
continuar con las operaciones militares.
Después de la victoria, Margaret Thatcher es reelecta,
el partido conservador se mantiene en el poder y la "Royal
Navy" evita la disminución de sus fuerzas (antes
del conflicto estaban vendidos a La India y Nueva Zelanda
los dos portaaviones británicos). Las encuestas electorales
en el mes de marzo daban ganadores a los laboristas.
Los 323 héroes sepultados en el helado mar austral,
esperan la respuesta. La perfidia estuvo presente. La verdad
ausente.
¡Viva la Patria! 
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