A partir del contacto que María Isabel fue adquiriendo con los contingentes, elaboró un pequeño folleto para que tuvieran como guía sobre cómo preparar a la familia. El tema fue evolucionando y se impuso, cobrando cada vez mayor importancia. “Yo me di cuenta que parte del stress de la misión tenía que ver con la familia. La misión común impone seis meses de ausencia en donde la dinámica del grupo familiar cambia porque hay alguien importante que se ausenta. Este período es suficiente para que se produzcan modificaciones considerables dentro del ámbito familiar, que la gente crezca, que aprenda nuevas formas de manejarse, desarrollen nuevos criterios, todo para adaptarse al cambio. Cuando la persona desplegada vuelve también hay una reacomodación porque todos cambiaron”, explica Muzio. “Es una especie de shock, un stress de reajuste que no es ni malo ni bueno, es inherente a la situación que se vive. Todo esto lo fui aprendiendo en contacto con ellos. Aquí no hay conjetura, no queda sólo en el ámbito de la hipótesis, sino que lo veo constante”, agrega.
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