En esta nota nos cuenta de su amor por la especialidad, los desafíos para vencer los prejuicios entre sus compañeros y cómo combina su profesión con la maternidad.
¿Cómo y cuándo surgió tu pasión por los autos? ¿Quién te incentivó a seguir este camino?
Desde chica siempre me gustaron los vehículos. Al ser la hija mayor de 2 hermanos todos mis amigos eran varones y, por ende, compartíamos los gustos por los autos, el fútbol y la mecánica.
¿Qué tipo de vehículo/s conducís en el Regimiento?
En la unidad conduzco todo tipo de vehículos, pero al estar destinada en el parque de vehículos pesados normalmente manejo MB 1518, 1114 y 1113.
¿Cuáles son las actividades normales de un día de trabajo?
Siempre hay formación por la mañana. La misión de la especialidad es hacer las tareas de mantenimiento de rutina de todos los vehículos, así que cuando se inicia el trabajo dedico las primeras horas a controlar la documentación y luego al mantenimiento. Esto varía dependiendo de las comisiones que estén programadas para el día.
Para poder ejercer la especialidad, ¿es necesario un entrenamiento físico superior o diferente al que tradicionalmente tienen los hombres?
No, cualquier mujer está en capacidad de desempeñarse como conductora de estos vehículos. Solamente tiene que proponérselo y demostrar que está a la par de cualquier hombre en el momento que se presente una dificultad para poder subsanarla.
¿Cómo es la relación son los compañeros varones? ¿Sentís que ellos se incomodan ante tu presencia?
Al principio se dificulta porque el sólo hecho de ser mujer hace que todo cueste el doble. Solamente hay que demostrar lo que se sabe para ganarse el respeto de los compañeros y que te consideren uno más de ellos. Los primeros tiempos sí quizás se incomodaban, porque al haber poco personal femenino en esta especialidad cuesta un poco adaptarse.
¿Cómo solucionás las situaciones donde se requiere una fuerza considerable para hacer un trabajo?
Hay circunstancias en las que a veces es mejor maña que fuerza, solamente hay que buscarle la vuelta. Todo tiene una solución, por más fuerza que se necesite.
¿Cómo equilibrás el trabajo con la vida de madre?
Es complicado porque el cuartel demanda mucho tiempo, entre comisiones, salidas al campo y demás cuestiones se va la mayor parte del día, pero después del horario de actividades se trata de equiparar la ausencia del día. Siempre hay tiempo para los hijos por más cansado que uno llegue del trabajo.
¿Cuál fue el vehículo que más te costó conducir?
El vehículo que más me costó fue un MB 1518 con un acoplado remolque y un Sk de 105 mm arriba. Tuve que conducirlo en un trasporte de tanques para un ejercicio donde el viento y la lluvia de la Patagonia no nos daban tregua.
¿Y el que más te gustó? ¿Por qué?
Justamente fue el mismo vehículo, el MB 1518. Era de mi encargado de parque y lo mezquinaba a morir. Cuando a él lo cambiaron de escuadrón, el cargo pasó a ser mío, y al ver el cuidado y el estado impecable en que estaba me hizo entender el cariño con el que lo trataba.
¿Qué mensaje podrías dejarle a las mujeres que hoy están decidiendo su futuro profesional acerca de esta especialidad?
El mensaje que les puedo dejar es que, si yo pude, todas pueden. Yo fui la primera suboficial femenina y conductora del Rc Tan 11, con sólo 19 años de edad y en una unidad donde el 99 % del personal era masculino. No voy a decir que fue fácil, pero mi deseo de superación y mis ansias por demostrar lo que sabía, fueron más fuertes y me llevaron a aprender todo lo que hoy sé y a ganarme el respeto y confianza de mis compañeros, mis jefes y mis subalternos.
Bajo el manto de San Cristóbal de Licia
Todas las armas, servicios y especialidades tienen su santo patrono. El de los Conductores es San Cristóbal, que significa "el que carga o portador de Cristo".
Fue un mártir de Asia menor a quien ya se rendía culto en el Siglo V. Su nombre griego, «el portador de Cristo», es enigmático, y se empareja con una de las leyendas más bellas y significativas de toda la tradición cristiana. Nos lo pintan como un hombre muy apuesto de estatura colosal, con gran fuerza física, y tan orgulloso que no se conformaba con servir a amos que no fueran dignos de él.
Cristóbal sirvió primero a un rey, aparente Señor de la tierra, a quién vio temblar cuando le mencionaron al demonio.
Cristóbal entonces decidió ponerse al servicio del diablo, verdadero príncipe de este mundo, y buscó a un brujo que se lo presentara. Pero en el camino el brujo pasó junto a una Cruz y, temblando, la evitó. Cristóbal le preguntó entonces si él le temía a las cruces. El brujo contestó que no, que le temía a quién había muerto en la Cruz : Jesucristo. Cristóbal le pregunto entonces si el demonio temía también a Cristo, y el brujo le contestó que el diablo tiembla a la sola mención de una Cruz donde murió el tal Jesucristo.
¿Quién podrá ser ese raro personaje tan poderoso aún después de morir? Cristóbal se lanza entonces a los caminos en su busca y terminó por apostarse junto al vado de un río por donde pasaban incontables viajeros a los que él lleva hasta la otra orilla a cambio de unas monedas. A todos preguntaba por el hombre muerto en la cruz que aterroriza al Diablo, pero nadie sabía contestarle. Hasta que un día cruza la corriente cargado con un insignificante niño a quien no se molesta en preguntar. A mitad del río, su peso se hace insoportable y sólo a costa de enormes esfuerzos consigue llegar a la orilla. Cristóbal llevaba en hombros más que el universo entero: llevaba al mismo Dios que lo creó y redimió. Por fin había encontrado a Aquél a quien buscaba.
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