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/ julio 2010 |




















Árbitro y militar |


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por Gastón Rivada
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No sólo
tiene vocación militar, sino que además
y desde siempre lleva el fútbol en las venas. El
Suboficial Mayor Oscar Quinteros es árbitro nacional
miembro del Sindicato de Árbitros Deportivos de
la República Argentina (SADRA) y actualmente forma
parte de la Asociación Árbitros de Fútbol
Unidos de Rosario (AFUR). Oriundo de la ciudad de Paraná,
Entre Ríos, tiene 48 años, dos hijos con
los que vive en Rosario, aunque durante la semana trabaja
en el Colegio Militar de la Nación. SOLDADOS dialogó
con él de su gran pasión: el arbitraje.
¿Cuándo y por qué quisiste
estudiar para ser árbitro?
En 1992, cuando un camarada me invitó a presenciar
clases en el Colegio de Árbitros de Junín.
Me decidí pese a que nunca me gustó esa
función, pero de a poco le fui “agarrando
el gustito” y después de un tiempo realicé
el curso provincial. A partir de ese momento comencé
con el arbitraje. Primero fui juez de línea, luego
referí de juveniles y después llegué
a primera, donde estoy actualmente arbitrando. |
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| EL SUBOFICIAL Mayor Quinteros antes
de dirigir un partido por la Liga de Junín |
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¿Cuál fue tu primer partido? ¿Cómo
te sentiste?
El debut, hace 18 años como línea de primera,
fue en el encuentro que disputaron River Plate y el Club Atlético
Buenos Aires al Pacífico, de la Liga de Junín.
Con el nerviosismo lógico del debut, hice algunas “macanas”.
Después, a lo largo de mi carrera fui viajando a otros
lugares, dependiendo siempre del destino militar y la cercanía
con la localidad en donde se jugaba la liga local.
¿Qué ligas dirigiste?
La mayoría son ligas santafesinas: la de Venado Tuerto,
Casilda, Villa Constitución, Rosario, Chañar Ladeado.
En Buenos Aires, las ligas de General Villegas y General Arenales,
entre otras.
¿Pudiste llevar bien y a la vez las dos carreras?
Sí, cuando me inicié en el arbitraje solicité
una autorización a través de la Dirección
de Personal y ellos me la brindaron, pero con la condición
de no descuidar mi función dentro del Ejército.
Es decir, entrenaba y el día de los partidos, mientras
no estuviera de guardia, podía ir a dirigir. Igualmente
siempre me manejé muy bien con los tiempos, la misma
jefatura cuando yo avisaba que había un partido importante
me cambiaban las guardias sin problemas.
¿Cuáles son tus ejemplos a seguir dentro del arbitraje?
A mí me gustó mucho Javier Castrilli,
pero siempre trato de copiarle algunas formas a Horacio Elizondo,
aunque mi maestro es el Sargento Daniel Giménez. Una
vez le hice de cuarto áritro en Chañar Ladeado,
al referí argentino Ángel Sánchez en el
Mundial de 2002.
¿Cómo creés que va a ser el arbitraje en
el Mundial?
Participo todos los viernes en charlas que se dan en
el Colegio de Árbitros de Rosario y las líneas
que están bajando son las de proteger mucho a los jugadores
más habilidosos.
¿Cómo te describís como árbitro?
No soy de sacar muchas tarjetas, prefiero hablar y
aconsejar al jugador. Pero eso no significa que le dé
explicaciones de porqué considero que fue o no posición
adelantada o penalizo. Creo que al jugador hay que hablarle
despacito, pero si veo que no entienden o no les importa, saco
las tarjetas sin ningún tipo de problema. Una vez en
un partido muy picante me tocó sacar 13 amarillas y ninguna
roja, cuando siempre te dicen que a partir de la quinta amarilla
tiene que venir la expulsión. Esa vez parecía
que los jugadores se turnaban para pegar y nunca pude sacar
la roja.  |
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