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163 / febrero 2010

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DR HÉCTOR CARLOS MOGUILESKY
“La unificación de las obras sociales es muy beneficiosa”

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EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Vigésimo Primero
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HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO NACIONAL / Capítulo Décimooctavo
Manzi, poeta y militante

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La primera mujer encargada de elemento

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La Presidenta entregó viviendas a suboficiales de las Fuerzas Armadas
HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO NACIONAL / Capítulo Décimooctavo
Manzi, poeta y militante
por Lauro S. Noro

Fue uno de los grandes poetas del cantar de Buenos Aires. Autor de letras memorables de tangos y milongas, como Sur y la Milonga del 900. Fue activo integrante de FORJA, grupo yrigoyenista ortodoxo que sostuvo las banderas históricas nacionales, populares y antiimperialistas junto con Jauretche y Scalabrini Ortiz. Con Perón atisbó la continuidad de la obra del líder radical.
 

Admiraba a Hipólito Yrigoyen. Fue su seguidor como militante en el radicalismo. Sin embargo, en 1947 se acercó al peronismo. Esto motivó que lo echaran del partido. El 16 de diciembre de ese año pronunció un discurso en horario central y por Radio Belgrano, donde expresó que “Perón es el reconductor de la obra inconclusa de Yrigoyen. Mientras siga siendo así, nosotros continuaremos creyéndole, seremos solidarios con la causa de su revolución que es esencialmente nuestra propia causa. Nosotros no somos ni oficialistas ni opositores: somos revolucionarios”. Se llamaba Homero Nicolás Manzione Prestera. Había nacido en Añatuya, Santiago del Estero, el 1º de noviembre de 1907. Sexto hijo de Luis Manzione, un modesto hacendado dedicado al cultivo de algodón y maíz, y de Angela Prestera; se crió en la provincia hasta los nueve años, cuando fue trasladado por su madre a Buenos Aires, en tanto el padre trabajaba en aquella localidad.

RETRATO de Homero Manzi y la fachada de la esquina de San Juan y Boedo que lo homenajea

La familia regresaba de vacaciones a su ciudad natal. De su infancia y adolescencia en el barrio de Pompeya y Boedo, conoció la cultura del arrabal porteño, hecha en sus calles y cafés. El Colegio Luppi, de Centenera y Esquiú, lo tuvo como pupilo, donde fue un destacado estudiante.

Aparece el poeta
En Buenos Aires trabó amistad con Pedro Maffia, Julián Centeya y Cátulo Castillo. Bajo la influencia de éste último y sobre todo la de su padre José González Castillo, escritor, director y dramaturgo anarquista de cierto renombre, se dedicó a la literatura y al teatro. Sus primeros versos nacieron cuando participaba en una murga de carnaval. Así cantaba: “Con el cuento de la guerra/ se nos llevan todo el grano/ y nosotros, los criollos,/ con la paja se contentamos”. A los 15 pergeñó sus primeras letras sin mucho éxito. Pero un año después alcanzó notoriedad con Viejo Ciego, con música de Castillo y Sebastián Piana, estrenado por Roberto Fugazot y que lo presentó en un concurso de la revista El Alma que Canta. En una de sus biografías, Anibal Ford dice sobre esa letra: “El lenguaje mismo que utiliza es insólito en el tango. No sólo elude el lunfardo. Maneja un vocabulario culto, literario: lazarillo, añejos, rocín, parroquiano, portal, bardos”.
En 1922 escribió la primera de sus obras, ¿Por qué no me besás?, grabada por Ignacio Corsini. Tras una breve incursión en el periodismo, hasta 1930 trabajó como profesor de literatura y castellano en los colegios nacionales Mariano Moreno y Domingo Faustino Sarmiento. Estaba afiliado a la Unión Cívica Radical y por su apoyo al derrocado presidente Yrigoyen y a la Reforma Universitaria, el gobierno de facto lo encarceló por un tiempo y lo expulsó de ambas cátedras. Entonces el arte lo ocupó por completo. Organizó una compañía de danza con la que salió de gira por el interior del país, Chile y Perú. Junto con Sebastián Piana, revalorizó el género de la milonga con Milonga del 900 (1932), Milonga sentimental, grabada por Carlos Gardel y escribió Malena, uno de sus tangos más famosos.

 

 

Militancia y compromiso
Desde muy joven, allá por los años ‘20, siendo estudiante de Derecho, militó activamente en el yrigoyenismo. En momentos de tensa confrontación interna con los alvearistas que gobernaban el país, visitó al “Peludo” Yrigoyen. “Ese día mi asombrada adolescencia realizó la síntesis de su pensamiento nacional, pero no nacionalista; y universal, pero no universalista”, expresaría luego de la entrevista. Esa convicción lo llevó en 1935, junto con Arturo Jauretche, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz a fundar FORJA (Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina), un movimiento que apuntaba al retorno de los principios federalistas de la Constitución, hispanoamericanista y antiimperialista. Desde esa tribuna, Manzi criticó la política de Marcelo T. de Alvear durante la llamada Década Infame, por su sumisión a los intereses del capital internacional. Y resaltó los efectos perniciosos de la introducción de capitales extranjeros para con el interior. “Santiago del Estero no es una provincia pobre, sino una provincia empobrecida”, decía al respecto.
Encabezaron la lucha por una economía y una cultura nacional. “Lo que ha salvado a este país es la actitud del cocoliche -el gaita, el tano y el turco- que en lugar de proponerse un arquetipo traído desde allá, se propuso un arquetipo nuestro, el gaucho o el compadrito, sublimándonos así en él y en sus hijos, la idea del país”, afirmaba. Hasta sus últimos días bregó por crear esa industria cultural de capitales y sentido argentino. “Nos dicen que hay una cosa

intocable entre los distintos eslabones de la economía: el gran capital, especialmente cuando se trata de accionistas extranjeros, y por eso es necesario crear la mentalidad opuesta, la mentalidad nacional, que frente a ese argumento diga sencillamente esto: ‘¡que se vayan a la puta que los parió esos accionistas!’”.

Nace Homero Manzi
Luego de ser expulsado de los claustros y puesto preso durante un tiempo, en 1931 se casó con Casilda Iñíguez con quien tuvo a su hijo Homero Luis, apodado Acho en homenaje a su amigo Horacio Howard. En ese tiempo editó una guía para el automóvil mientras conspiraba contra el gobierno de facto. Participó en el frustrado golpe del Teniente Coronel Cattáneo y se solidarizó en 1932 con el levantamiento de Corrientes y Santa Fe. Jauretche recordaba que preparaban bombas caseras en la casa de Manzi, una suerte de comité clandestino, guardando la pólvora en las macetas del patio.
Sin embargo, la cárcel y las persecuciones que sufrió lo hicieron redoblar sus producciones artísticas, poéticas, radiofónicas, dramatúrgicas y periodísticas. Así nació Homero Manzi. El rebelde y antimperialista Homero Manzione, discriminado por el radicalismo, silenciado como escritor, señalado como maldito, “se nos fue al mundo de la noche”, sentenciaba Jauretche. “El poeta que tenía adentro le jugó una mala pasada al sistema. No pudieron con él”, agregó. Luchó siempre por la consolidación de una cultura nacional de raigambre latinoamericana. “El folklore argentino es un tesoro desparramado por los campos, despreciado por las clases cultas del litoral, pero acunado con amoroso acento por las gentes humildes de la campaña”. Y concluía: “Añatuya es un lugar/ que jamás podré olvidar,/ porque al fin/ es Aña mía”.

 

También musicalizó algunas películas y produjo varios guiones, entre ellos el de Nobleza gaucha, de Sebastián Naón -la película muda de más éxito de la historia del cine argentino-, Escuela de campeones, Todo un hombre, con Francisco Petrone, Donde mueren las palabras, Rosa de América, Su mejor alumno y Pampa bárbara. En colaboración con Ulyses Petit de Murat, adaptó para el celuloide la novela La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones, que dirigió Lucas Demare en 1942. Ese año fundó la Artistas Argentinos Asociados al lado de Petrone, Demare, Sebastián Chiola y el productor García Smith.

Entre los grandes del tango
En la década del ‘40, la etapa de oro del tango, sus letras alcanzaron plenitud y profundidad poética. Se codeó con sus mejores exponentes: Discépolo, Expósito, Castillo, Cadícamo y Contursi, entre otros. Con Aníbal Troilo compuso el vals Romance de barrio y los tangos Barrio de tango, Sur, Che bandoneón y Discepolín. Decía que había elegido “hacer letras para los hombres” y no “ser un hombre de letras”. John William Cooke dijo de él


Loas para Yrigoyen

Un 12 de octubre de 1916 en un acto patriótico y de la mano de su mamá, vio pasar a Hipólito Yrigoyen. “Mis ojos de niño de ocho años lo vieron, de pie sobre su coche, emergiendo del fondo de la multitud como si saliera, a la manera del sol, de la línea del horizonte, avanzar por sobre las cabezas del pueblo y escuchar el griterío enronquecido de amor. Sin un gesto, como si esas voces hubieran resonado eternamente en su soledad para perderse de mí, dejándome en la retina, impresos los trazos indelebles, su aparición, su gesto y su figura. Mi candidez de niño lo vio tan grande como nunca más logró verlo mi inteligencia de hombre”, escribió años después.
Y en 1935 dijo: “era el jefe porque era el mejor. Era el mejor porque era el más íntegro. Y era el más íntegro porque acunaba en el fondo de su noble conciencia un pensamiento superior de argentinidad y un impulso insobornable de justicia social”.

que “cantó en el tango la poesía de la clase humilde” y que “entre él y el país que tanto amó queda tendido el puente de sus poemas que han de batallar con el tiempo su prevención y su olvido”. n 12 de octubre de 1916 en un acto patriótico y de la mano de su mamá, vio pasar a Hipólito Yrigoyen. “Mis ojos de niño de ocho años lo vieron, de pie sobre su coche, emergiendo del fondo de la multitud como si saliera, a la manera del sol, de la línea del horizonte, avanzar por sobre las cabezas del pueblo y escuchar el griterío enronquecido de amor. Sin un gesto, como si esas voces hubieran resonado eternamente en su soledad para perderse de mí, dejándome en la retina, impresos los trazos indelebles, su aparición, su gesto y su figura. Mi candidez de niño lo vio tan grande como nunca más logró verlo mi inteligencia de hombre”, escribió años después.
Y en 1935 dijo: “era el jefe porque era el mejor. Era el mejor porque era el más íntegro. Y era el más íntegro porque acunaba en el fondo de su noble conciencia un pensamiento superior de argentinidad y un impulso insobornable de justicia social”
En 1946 colaboró con el radicalismo de la provincia de Buenos Aires, aunque su corazón siguió al lado del viejo yrigoyenismo. Un año después se entrevistó con Perón y luego pronunció aquel famoso discurso. Dos años más tarde fue electo presidente de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC) y dirigió Pobre mi madre querida, sobre guión propio. En 1950 repitió El último payador. Para ese entonces ya estaba gravemente enfermo. Siguió escribiendo y colaborando sobre todo con Aníbal Troilo, para quien creó la letra de Sur. Poco antes de su muerte compuso dos milongas dedicadas a Perón y Evita para Hugo del Carril. Tampoco dejó su afición por los “burros”. Una anécdota tragicómica cuenta que atrasó su última operación porque tenía el dato de una carrera en San Isidro. Antes de que el cáncer terminase abatiéndolo el 3 de mayo de 1951, a los 44 años, escribió Definiciones para esperar mi muerte: “Sé que hay recuerdos que querrán abandonarme/ Sólo cuando mi cuerpo hinche un hormiguero sobre la tierra./ Sé que hay lágrimas largamente preparadas para mi ausencia./ Sé que mi nombre resonará en oídos queridos/ Con la perfección de una imagen./ Y también sé que a veces dejará de ser un nombre/ Y será sólo un par de palabras sin sentido”.

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