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El estilo pícaro y netamente lunfardo que mezcla el guiño humorístico en las situaciones más densas que luego asomarían en sus futuros tangos empezaba a surgir con más fuerza. Fue el primer golpe grande de Discépolo, que hasta tuvo un efecto retroactivo: el suceso de este tango hizo que Tita Merello reviva el vapuleado “Que Vachache” haciendo un éxito de él. Seguiría otro clásico que hasta trascendió las fronteras del tango, “Yira… Yira” está cargado de imágenes que quedaron inmediatamente grabadas en la retina porteña dando pie a frases que serían ineludibles clichés porteños. Sólo basta recordar:
Cuando manyés que a tu lado
se prueban la ropa
que vas a dejar…
Te acordarás de este otario
que un día, cansado,
se puso a ladrar.
Habiendo ya encontrado la dirección justa para su talento, Discepolín fue artero. Sus líneas denunciaban y distendían, ofuscaban y enternecían, callaban lo justo y gritaban el resto. Y aunque creamos que sólo compuso himnos tangueros, es justo mencionar también otras composiciones como “Sueño de Juventud”, “Sin Palabras”, “Chorra” (otro clásico) y “Justo el 31” que, si bien no corrieron la misma suerte que los otros, fueron de suma importancia. Tal es así que casi todo su catálogo fue grabado por Carlos Gardel, hasta su partida en 1935.
Justamente de ese periodo es, para muchos, la pièce de résistance de la obra de Discépolo: “Cambalache”, tango compadrito desde la música hasta la letra, refleja la sociedad argentina de su momento. Resulta ser también profético y visionario enumerando todos los males del cambalache argentino que vendría en el siglo XX:
Es lo mismo el que labura
noche y día como un buey,
que el que vive de los otros,
que el que mata, que el que cura
o está fuera de la ley…
Pero no sólo Discepolín se dedicó a retratar falencias sociales o a avizorar catástrofes. De su lado más romántico y lírico, haciendo una formidable dupla con Mariano Mores, nos regaló “Uno” y “Cafetín de Buenos Aires”. Este último, que supieron interpretar Julio Sosa y Roberto Goyeneche pinta paisajes antológicos como:
En tu mezcla milagrosa
de sabihondos y suicidas,
yo aprendí filosofía… dados… timba…
y la poesía cruel
de no pensar más en mí.
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