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Historia Militar
“Soldados de otras Guerras”
Por Sergio Toyos

Siguiendo una línea de investigación histórica autoimpuesta hace varios años, tendiente a echar luz sobre los extranjeros que se incorporaron en diversas épocas a nuestro Ejército y a los argentinos que prestaron o prestan servicios en otros ejércitos, he ido recolectando un sinfín de relatos, anécdotas y casos. Todos ellos encierran historias ocultas y otras en las que quienes las relatan, lo hacen solamente de aquello que desean evocar. Nada más comprensible para un soldado que el reconocer la reserva de aquello que resulta doloroso recordar y evocar aquello que encierra momentos gratos y vibrantes.
A más de 60 años de haber finalizado la segunda contienda mundial, los últimos sobrevivientes se encuentran en la franja de los ochenta a noventa años. Muchos han sido objeto, particularmente al cumplirse el aniversario antedicho, de entrevistas, reportajes y homenajes. Otros, olvidados por el pasaje del tiempo o incluso, deseando expresamente olvidar momentos duros de la vida, han guardado respetuosos y respetables silencios y hasta se han ocultado discretamente de la búsqueda del investigador.

La guerra, terrible fenómeno sociológico, único inherente en forma exclusiva a la especie humana, puede ser enfocada con múltiples visiones. Desde la clásica figura dibujada por Nicolás Maquiavelo en “El Príncipe” , donde expresa dentro de un andamiaje justificado filosóficamente que “el fin justifica los medios”, hasta la escolástica expresión de Karl Von Clausewitz, cuando en su gran obra “De la Guerra ” , estableció una comparación entre la guerra y la política, señalando que: “La guerra no es otra cosa que una prolongación de la política”, no deja de ser aquella “ultima ratio” , expresada por los antiguos romanos, empleada para imponer un orden, obtener una conquista, someter a un pueblo, rescatar a otro, obtener una independencia, librarse de un yugo, y un sinfín de expresiones, objetivos, configuraciones y justificaciones más, entre las que sobresalen nítidamente en nuestros días las de si es justa o injusta.
Su estallido, evolución y desenlace, siempre ha implicado la presencia de un instrumento militar para llevarla a cabo y un sinfín de códigos, elementos de juicio, normas, y reglas… Conjuntos de preceptos que darían un nombre singular al mayor acto de violencia que existe, que para ser desarrollada sobre la base de parámetros culturales comprensibles, han ido a lo largo del tiempo, conformando una disciplina con complejas características que contemplan en su preparación y desarrollo, un verdadero arte. Sun Tzu, autor del más antiguo tratado militar chino, escribe el “El arte de la guerra” en torno al año 500 a .C., describiendo las formas en que debe manejarse el armamento, junto con sus sistemas de mando, comunicación, disciplina, distinciones de rango, y fundamentalmente, una larga serie de consejos explicativos de la forma en que debe desarrollarse este arte, aspectos que conforman las bases más antiguas de la inteligencia, la logística, la táctica, y la estrategia.

La guerra moderna, ha ido variando de múltiples maneras tanto en lo que hace al concepto del por qué de su origen, cuanto a las formas de su desarrollo. De esta manera, a lo largo solamente del siglo XX y lo que estamos viviendo del incipiente XXI, hemos pasado de los conceptos de nación en armas, guerras de masas, guerras de trincheras, guerras relámpago, guerras de movimiento, guerras revolucionarias, a las guerras de carácter religioso, los conflictos de media o baja intensidad, etc., para pasar a contemplar las actualmente generalizadas guerras asimétricas en desarrollo.
En todas ellas, el hombre, ha sido el protagonista primero y último de todas las acciones militares, más allá de la evolución de la maquinaria de destrucción que ha operado en función de la esencia de la batalla, que es en definitiva, derrotar o doblegar el poder de combate del enemigo al que enfrenta. Incorporado en forma compulsiva y masiva, a través de sistemas de conscripción, llevado a la guerra a través de mecanismos forzados, o integrando ejércitos de tropas voluntarias y profesionales, ha ido cediendo paso a un concepto de la actitud de “servir”, muy diferente al que podemos observar en siglos pasados. Así, podemos ver a lo largo de toda la historia, ejércitos de esclavos, ejércitos forzados, ejércitos de vasallos, ejércitos de convictos y penados, ejércitos de conscriptos, ejércitos de voluntarios y profesionales y hasta ejércitos de mercenarios. Esta última concepción, ha encerrado siempre, a la luz de diversas interpretaciones lingüísticas y culturales, un significado despectivo, difícil de digerir por muchos civiles y militares.

Para iluminar un poco este concepto, podríamos afirmar, que en efecto, ha habido y hay, realmente bandas y hasta modernamente “empresas”, que reclutaban soldados veteranos para que conformando “cuerpos de élite”, les fueran confiadas misiones de alto riesgo, de alta especificidad o fuera del carácter específicamente relacionado con las operaciones militares. Una vida aventurera, temeraria y el permanente riesgo de la muerte en combate a cambio de una paga jugosa.
También, se encuentran aquellos que se han enrolado en las Legiones Extranjeras, tanto la española como la más antigua, la francesa, para borrar en el anonimato huellas turbias del pasado, ahogar frustraciones de todo tipo o simplemente, buscar en sus filas, la plenitud de la exigencia extrema, el riesgo permanente, y aprender las técnicas de combate más avanzadas. Hoy, el sentido romántico de estas fuerzas ha quedado relegado a una tradición y a una historia particular y celosamente guardada en el espíritu de estos cuerpos, pasando a convertirse en las vanguardias de alistamiento inmediato con que modernamente se encuentran concebidos, organizados, equipados e instruidos, dentro de las fuerzas armadas de esos países. Entre los extranjeros que conforman sus filas, más allá de la nostalgia por los colores de cada bandera nacional, surge un concepto diferente, el de pertenencia al cuerpo y el del servicio incondicional a la Legión y a los camaradas, tal como lo expresa su lema: “Legio, Patria Nostra”.

Pero del mismo modo, en la larga historia de los ejércitos también han existido cuerpos integrados por voluntarios que, movidos por valores particulares, concurrían y concurren a alistarse bajo otras banderas para brindar sus servicios. Entre estos tenemos a aquellos que siendo hijos de extranjeros, cuando el país de sus padres entra en guerra, y teniendo por lo general ellos mismos, la nacionalidad heredada de sus padres, concurren voluntariamente a defender su madre patria.
La historia contemporánea es extensamente nutrida de ejemplos de este tipo, conociéndose multitud de casos de jóvenes voluntarios que prestamente concurrieron a servir bajo las banderas originarias de sus padres. Nuestro país, integrada su población por una enorme cantidad de hijos de inmigrantes europeos, vio partir a estos jóvenes para alistarse en unos y otros bandos. Los vio caer y los volvió a ver regresando, heridos, mutilados o simplemente incólumes, luego de combatir en los más variados frentes. Huelgan los casos.
Iniciamos con esta introducción, la ambientación y puesta en situación de una serie de casos reales, que bajo el título de “Soldados de otras Guerras”, iremos entregando al lector…

 

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