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2DA SECCION |
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SANTIAGO «TATI
PHELAN» |
por Lucía Tornero |
| Heredero
de Marcelo Loffreda, Tati dio un paso adelante y se embarcó
en la ardua tarea de entrenar al seleccionado argentino de rugby.
En una charla con SOLDADOS, el ex jugador de los Pumas habló
sobre el desafío full-time de dirigir un equipo con jugadores
dispersos por todo el mundo y de las recompensas espirituales
que alberga este deporte. |
Cómo
fue la transición de jugador a entrenador?
-Me retiré en el año 2003. El primer año
descansé, iba sólo a mirar los partidos
del club. Al año siguiente empecé a entrenar
una división juvenil del CASI y ese mismo año
me invitan a entrenar al segundo equipo de los Pumas.
Después del último mundial, al retirarse
Marcelo Loffreda, surge la posibilidad de tomar este
desafío de entrenar al seleccionado. Al principio,
con mucha intriga, pero hoy estoy muy conforme por cómo
se está trabajando, por el grupo
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de entrenadores
y de staff que tenemos. Los resultados al principio no fueron
los mejores, pero es una etapa de transición, de recambio,
en la que estamos probando jugadores, armando el nuevo equipo.
En lo personal, me siento muy bien, muy contento porque estoy
haciendo lo que me gusta y disfrutando de haber dejado de jugar
y tener la posibilidad de continuar de esta manera.
¿Cómo se hace para coordinar un equipo en donde
hay jugadores en el país y en el exterior?
Es muy difícil. Una de las tareas más
complicadas de este proceso es la disponibilidad de los jugadores.
La competencia en la Argentina es muy escasa, los jugadores
se van a distintos países, otros clubes con diferentes
formas de jugar al rugby, y uno los tiene que juntar una semana
antes para prepararlos para un partido de gran nivel. Creo que
ésa es la dificultad mayor que tiene el equipo argentino,
que posee la suerte de disponer de jugadores que se están
desarrollando en Europa y están en un alto nivel de rugby,
pero que no tiene la disponibilidad de poder juntarlos, entrenarlos,
hacer concentraciones, como tienen otros países. La cantidad
de partidos son muy pocos por año y por eso se hace muy
difícil darle continuidad al equipo, a los jugadores,
hacer recambio, probar otra gente. Pero es la realidad de nuestro
rugby, no hay que usarlo como excusa, es lo que tenemos y hay
que acostumbrarse a eso. A su vez, creo que el mérito
es mayor porque con pocos recursos, con poco tiempo de trabajo,
logramos bastante. |
| TATI Phelan, junto al entrenador del
seleccionado inglés, Martin Johnson, en el partido
jugado en noviembre |
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¿Suma al equipo que haya jugadores en el exterior,
jugadores más jóvenes y otros más experimentados?
Los buenos equipos, en general, son los que están equipados
con dos valores: la juventud y la voz de la experiencia. Es
decir, con los que tienen muchas ganas de crecer y dar sus primeros
pasos internacionales y con jugadores con más experiencia,
con mucha madurez. Entonces, el equilibrio hace que un equipo
esté completo en todas sus dimensiones. Y es bueno que
los más antiguos transmitan los valores de lo que es
representar al seleccionado argentino y que los jóvenes
se sacrifiquen para llegar y mantenerse dentro del equipo. Hay
dos generaciones distintas, pero a la hora de convivir no hay
ningún tipo de problema. Cuando se tienen que tomar decisiones
en el campo es importante que haya tipos con experiencia y otros
con ganas de triunfar. |
¿Qué condiciones debe reunir un buen jugador
de rugby?
Primero, hay que ser buena persona. Hay que cumplir con un montón
de valores que van más allá de jugar bien técnicamente
al rugby. Ser respetuoso, entrenarse, tener compromiso, responsabilidad.
No quita que técnicamente se puedan tener muchas condiciones.
Hay algunos aspectos que igual son muy importantes: la constancia,
el sacrificio, no darse por vencido, superar las adversidades.
Esforzarse y llegar al objetivo que uno se plantea. Y fundamentalmente,
disfrutar y divertirse.
¿Cómo recordás tu niñez
en relación al rugby?
Ahí generé muchos vínculos duraderos. Después
de tantos años, hoy mis verdaderos amigos son los que
empezaron a jugar conmigo cuando éramos chicos. Hoy todos
han dejado de jugar pero creo que la amistad y el vínculo
que se ha creado en el deporte son muy fuertes. Queda de por
vida.
¿Cómo es el apoyo de tu familia?
No les queda otra (dice entre risas). Julieta, mi mujer, me
conoció a los 20 años, en plena etapa de rugby
jugando en los Pumitas. Estaba acostumbrada a los viajes, entrenamientos,
estar fuera de casa. Estoy súper agradecido a ella y
a mis hijos por bancarme en esta oportunidad de entrenar al
seleccionado. Uno cuando se mete de lleno en algo necesita un
cable a tierra, y creo que la familia es eso y es lo más
importante. Es fundamental que te apoyen en lo que hacés
para hacerlo bien. Creo que una cosa sin la otra no funcionaría.
Tengo cuatro hijos y trato de que el tiempo que estoy sea de
calidad, para compensar los momentos en que me ausento. Se llaman
Matías (9), Felipe (7), Tomás (5) y Lola (2).
Los tres más grandes ya juegan al rugby, pero trato de
no meterme, me quedo en un costado mirándolos. No quiero
influenciarlos. Que cada uno haga su propia historia.
¿Creés que el rugby tiene detrás
una filosofía?
Totalmente. Todas las personas de rugby te van a decir que hay
algo muy importante, que es la educación y la enseñanza
que te deja este juego; eso va más allá. Cuando
uno va creciendo y viviendo dentro del rugby, independientemente
de que estemos en los Pumas y en alta competencia, los valores
del juego no se modifican.
¿Qué siente el Puma cuando canta el himno
en un partido?
Para nosotros es como un sentir patriótico, es muy especial
ese momento. El rugby es un deporte en conjunto y de contacto.
Gracias a que un compañero empujó y tackleó,
uno puede hacer un try. En ese momento del himno uno íntimamente
recuerda a toda la gente que colaboró con uno, que lo
entrenó, que lo formó, se acuerda del equipo,
de lo que tiene que dejar. Ahí demostramos ese abrazo
y toda esa emoción que uno siente por representar a su
país y a la camiseta, que para uno implica hacerlo por
su familia, sus amigos. Hay muchas cosas envueltas dentro de
lo que es representar a la Argentina. Por eso se los ve a los
Pumas muy entusiasmados al cantar el himno, por la entrega que
harán en el partido, por la emoción, por lo que
significa. En el rugby el equipo debe estar por encima de las
individualidades.
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