Quienes Somos Correo de Lectores Biblioteca Soldados Contáctenos
 
Registro de la Propiedad Intelectual Nro 700.598
Publicado por Fundación Soldados
» Misceláneas
» Institucionales
» El Ejercito en Acción
» Cuestión de Género
» El refugio

» Humor
» Malvinas
» Modelismo
» Militaria
» Historia Militar
Números Anteriores Suscríbase

162 / diciembre 2009

CUERPO DE EJÉRCITO II
Solidaridad con nuestros hermanos del litoral

DIA DE LA ARTILLERIA EN CAMPO DE MAYO
¡Firmes al pie del cañón!

SAN PEDRO, PROVINCIA DE BUENOS AIRES
Día de la Soberanía Nacional
COMANDO DE INGENIEROS
Manteniendo viva la memoria de Obligado

DESPEDIDA DE CONTINGENTES ANTÁRTICOS
Un compromiso Trascendente

DIRECCIÓN GENERAL DE INTELIGENCIA
Evolución permanente

INTELIGENCIA DE COMBATE – DIDEP
Nuevos radares Rastreador

MANUAL DE CAECOPAZ
Primero la familia

EDIFICIO LIBERTADOR
Abrió sus puertas la Biblioteca
MUSEO HISTÓRICO DEL EJÉRCITO
Aniversario del Servicio de Bandas Militares

REGATA DEL BICENTENARIO
Hermandad latinoamericana en el mar

HISTORIA NAVAL
Operaciones conjuntas en la civilización de la Patagonia

SECRETARÍA GENERAL DEL EJÉRCITO
Despedida a oficiales brasileños

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Vigésimo
El padre de Remonta

PARANÁ - ENTRE RÍOS
Buscar el emprendimiento propio

BUENOS AIRES – CULTURAL
La Noche de los Museos 2009

TODO TERRENO
ANIVERSARIO DE LA ESCUELA SUPERIOR TÉCNICA

79ºaños formando ingenieros militares
FM 87.5 LA PRIMERA DEL DIAL
De corazón llegó al Chaco
Maratón Caba
CINE DEBATE
Jornadas sobre prevención de Violencia Intrafamiliar

MARATÓN DE TRANSPLANTADOS
Cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor la gloria
BERNARDO DE IRIGOYEN – MISIONES
Mujeres de la frontera

EN EL RECUERDO
Memoria y honor a aquellos que murieron defendiendo la democracia

2DA SECCION
COMPAÑÍA DE CAZADORES DE MONTE 18 – MISIONES

El merecido homenaje a un héroe de Malvinas Teniente Primero Roberto Estévez

ESCUELA DE LAS ARMAS
Encuentro de rugby


DEPARTAMENTO DE SANIDAD
Trabajando para prevenir


SANTIAGO «TATI PHELAN»
Puma al frente


CALENDARIO 2010
click para ampliar
EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Vigésimo
El padre de Remonta
por Lauro S. Noro

Como corolario de la nota publicada en nuestra edición anterior sobre la acción del Comando de Remonta y Veterinaria, SOLDADOS entrevistó al Coronel de Caballería (R) Edwin Day, responsable y factotum de la cría y fomento de equinos y équidos en el Ejército durante 30 años. Los caballos y la mulas no tienen secretos para él. Su fama trascendió las fronteras del país. Es el inventor de la marca Remonta Argentina para identificarlos en los concursos hípicos.
 
Es salteño, su tonada es bien notoria. Tiene 85 años, mide un metro ochenta y cinco y está casado desde hace 60 con la misma mujer, con la que tuvo cinco hijos (tres varones y dos mujeres). Edwin Day viene de familia de militares y varios de sus hermanos y primos también lo son. Afirma con orgullo que se crió arriba de los caballos. Su padre tenía vocación por ellos y fundó el Salta Polo Club en 1926. “Yo era jinete de campo, domaba potros, manejaba el lazo y así nació mi gran afición por los caballos”. En ese ínterin, en plena adolescencia, entró en el Colegio Militar. Con total seguridad afirma que “toda la producción caballar argentina es obra del Ejército. Una cosa que hizo muy bien y pudo haber sido muchísimo mejor”. Cuando llegó a la Dirección de Remonta era el primer comandante con trayectoria hípica. Un cargo distinguido; primero destinado

para generales de división, luego de brigada y por último, de coroneles. Day venía de estar 13 años en la Escuela Militar de Equitación, con cursos en Chile y de haber sido miembro del equipo de salto en los Juegos Olímpicos de Japón, en 1964. Conocía el metier.

¿Qué hizo al asumir?
Me dije, ‘esto lo cambio’. En ese momento, Remonta tenía tres haras: el de Lavalle, de puros de carrera; Pringles, de mestizos para acción militar y Urquiza, para burros y mulas. Criaban caballos pero sin tener en cuenta cuestiones técnicas, como todo lo concerniente a su origen y todo ese tipo de cosas. Los civiles conocían sobre equinos, pero los militares eran simples burócratas.

¿En qué consistió su trabajo?
En primer lugar, Remonta producía puros de carrera que no ganaban ninguna competencia. Y por eso los vendían muy baratos, en cuotas y a pagar con premios. Los compraban los hipódromos del interior y no los pagaban. Los abogados que tenían que reclamar eran de la auditoría del Comando en Jefe y no sabían nada sobre estas cuestiones, y los haras privados contaban con abogados de primera. Siempre perdían los juicios.

¿Cómo luchó contra todo eso?
Fue tremendo. Cambié y organicé los haras de otra forma para criar caballos de salto y de polo. Me había ‘bancado’ un montón de años en la Escuela Militar de Equitación donde nos daban unos matungos. En tandas de 20 caballos, salía uno que servía. Ahí produje el gran cambio. Y Remonta, que era ignorada como criador de caballos deportivos, pasó a ser el mejor de la Argentina y de América. Fue cuando los brasileños me buscaron y se engancharon en lo mismo. Hasta desde Alemania me llevaron como jurado a la exposición más importante de su país.

¿Dónde estuvo el secreto de ese cambio?
Apliqué lo que se hacía en Europa, especialmente en Alemania e Inglaterra. Los peores caballos quedaban para los trabajos del campo y los mejores eran comprados por las remontas de los ejércitos. En consecuencia, el deporte hípico estaba en manos de los militares. Ése fue el gran cambio. Además, visitaba los haras y supervisaba todo. La cuestión estuvo en las yeguas que compré, o sea, las puras y mestizas de carrera que podían servir para ser caballos deportivos. Arranqué con unas 500 y seis padrillos.

¿En cuanto tiempo lo produjo?
Armé todo en 1972, el año en que fui comandante de Remonta. Y cuando me iba y vi que todo se desbarrancaba y quedaba todo tirado, me metí otra vez en el organismo. Fue en 1976 y me quedé hasta 2007. Me quisieron echar varias veces y no pudieron. Como trabajaba gratis no había el pretexto de siempre de que ‘no tengo plata para pagarle’. Además de conocer sobre el tema, no tenía dependencia con nadie. Era yo el que hacía la ‘gauchada’. Ahí pasé más de 30 años hasta que quedó todo armado y consolidado.

¿Qué más hizo?
Todas las manadas eran de acá y hasta establecí qué padrillo debía servir a tal o cual yegua. Después, la cuestión de la comida fue fundamental. Como dicen los ingleses: ‘el caballo se desarrolla de acuerdo con lo que come’. Cuando empecé no existían praderas artificiales. Me enteré de que había un japonés, Alfredo Utsumi, dedicado a ellas. Lo hice contratar y formamos un equipo. En los haras él manejaba el campo y yo los caballos. Establecimos pasturas de verano y de invierno que aguantan el frío, como una ensalada de pastos, cebada y avena.

Y con la crianza propiamente dicha, ¿qué hizo?
Antes, los criaban en Remonta y a los tres años los echaban en el corral. Eran animales salvajes que se peleaban entre ellos y se destruía la mitad. Un desastre. Quise imponer un método llamado de crianza por impregnación, pero no lo conseguí.

¿En qué consistía?
El conocimiento del caballo es por el olor. Con ese sistema y cuando nace el potrillo, la yegua todavía está en el piso y aparece el hombre. Entra a acariciarlo, a tocarlo por todos lados, a meterle los dedos en los ollares, en las orejas, en las verijas. Un procedimiento que dura más o menos una hora. Al día siguiente, repite lo mismo. Entonces, la presencia del hombre para el pequeño animal es la mismo que la de la madre. Así se hace más sencilla su crianza. Y es fácil domarlo porque ya es manso. En los haras sí lo hacen y no se les arruina ninguno.

Complemento exitoso

El plan de Day apuntó a varios cursos de acción: la cruza de caballos y yeguas europeas; o sea, criar caballos europeos en la Argentina; con puros de carrera y como un complemento, criar caballos de salto con yeguas mestizas de carrera argentinas, que produjo a la yegua de polo. “Éste era el relleno y el mejor resultado se dio con esta última opción”.

¿Y para el salto?
Crucé yeguas mestizas de carrera con caballos alemanes, que eran toscos y pesados y se dieron unos animales bárbaros. Ellos estaban buscando un caballo más ágil y más liviano. A mí, en la primera cruza se me dio. Cuando vieron ese caballo, que era el que ellos buscaban desde hacía años, y yo lo había logrado de un saque, me consideraron el genio de los caballos y me invitaron a varias exposiciones en su país.

¿Qué pasa con la mula?
Es un animal que se adapta muy bien al suelo. En la alta montaña es irreemplazable. Tiene una estabilidad extraordinaria y sensibilidad para percibir cosas extrañas. Por ejemplo, estar a los bufidos porque anda un puma cerca. Lo que no es fácil es aparear a un burro con una yegua para obtenerla. Hay que criarlo para que la sirva.

¿Cómo logró que sus registros sanguíneos sean casi perfectos?
Fue una paciente tarea con varias razas. Desde antes, esto estuvo bien elaborado. Los mejores burros los tenían los franceses y los españoles.
En su casa de Punta Chica los recuerdos van y vienen. Se confiesa similar a un francotirador en lo suyo: “No tengo preparación profesional, pero sí una experiencia extraordinaria. En Remonta manejé casi 3.000 caballos y una memoria visual impresionante para reconocerlos. Veo un caballo y no me lo olvido más, incluso me pasa con las mulas”, afirma con la despedida.

  © 2009 Soldados Digital webdesign » lasNancis