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/ diciembre 2009 |















MARATÓN DE TRANSPLANTADOS
Cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor la gloria
BERNARDO DE IRIGOYEN – MISIONES
Mujeres de la frontera |






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MARATÓN
DE TRANSPLANTADOS
Cuanto mayor sea el esfuerzo, mayor la gloria |
por Cecilia Figueira Tibiletti |
Veinticinco
atletas, un médico, un entrenador auxiliar y
tres acompañantes representaron a nuestro país
en los XVII Juegos Olímpicos para Trasplantados
2009, trasladándose a la ciudad de Gold Coast
a 850 kilómetros de la capital australiana desde
el 22 al 30 de agosto pasados.
El Coronel Ricardo Arce volvió a participar en
estos juegos, consiguió una medalla de Plata
en ténis dobles y junto al equipo de Beach Voley,
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conformado
además, por Diego Valenzuela, de Tres Arroyos, Sebastián
Ávila, de Jujuy, y Rosana Mateos, de Mendoza, lograron
obtener la medalla de bronce al derrotar en el partido semifinal
al equipo de Estados Unidos. Cris Thomas, Presidente de la
Word Trasplant Games, remarcó que nuestro país,
en especial el Ejército Argentino a través de
su representante, posee el único antecedente mundial
en el que una persona trasplantada llegó a más
de 6.400 metros de altura durante un ascenso al monte Aconcagua.
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En total, veinticinco
medallas fueron recogidas por nuestros atletas, 6 doradas, 4
plateadas y 15 de bronce. Juan José Juárez, estableció
un nuevo récord mundial en las pruebas de 800, 1.500
y 5.000 metros llanos, ganando tres medallas doradas. En la
tabla general, la Argentina consiguió el puesto 14 dentro
de las 48 delegaciones que se presentaron en esta edición
de los juegos.
Se debe destacar la hidalguía de Alberto Domínguez,
quien obtuvo una de las medallas de bronce en los 400 metros
llanos en la categoría Súper Veteranos,(más
de 60 años). Este hombre trasplantado demostró
ser un claro ejemplo de que en la vida nunca hay que bajar los
brazos.
La finalidad de estos juegos es, en esencia, fomentar la donación
de órganos y hacer tomar conciencia de la importancia
que tienen los trasplantes, lo que permite mostrar al mundo,
a través del deporte, que una persona con estas características
puede realizar una vida normal y efectuar las mismas actividades
y disciplinas que se desarrollan en los otros Juegos Olímpicos.
Dentro de este contexto, en el desarrollo de tres Juegos Mundiales,
nuestro país demostró estar a la altura de aquellos
países de mayor experiencia en trasplantes.  |
BERNARDO
DE IRIGOYEN – MISIONES
Mujeres de la frontera |
por Armando S. Fernández
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Son
cinco los efectivos femeninos que integran la dotación
de la Compañía de Cazadores de Monte 18
con asiento de paz en Bernardo de Irigoyen, Misiones.
SOLDADOS entrevistó a dos de ellas, la Cabo Mecánica
Óptica Manuela Leonor Domínguez, nacida
en San Javier, Misiones, 24 años, casada, un
hijo, y a la Cabo Oficinista Miriam Rosana Sosa, natural
de Ituzaingó, Corrientes, 28 años, soltera.
Las otras son la Sargento Oficinista Ángela María
Slavik y las Soldados Voluntarios Ángela Mariela
Espíndola y Griselda Pintos.
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(Sosa) -“Yo
trabajaba en casa de un oficial del Ejército y veía
sus fotos y diplomas en su casa y fue él quien me hizo
ver las posibilidades que ofrecía la institución.
Aquí estoy, entonces”.
(Domínguez) -“Por consejo de un suboficial, elegí
la profesión de mecánica óptica de aparatos
de precisión. Reparamos instrumentos de medición,
goniómetros, visores, miras, etc”.
(Sosa) -“Estamos capacitadas para hacer muchas cosas
que realizan los camaradas varones, pero no todas y me refiero
a las que exigen excesivo despliegue físico”.
(Domínguez) -“El papel de la mujer soldado, que
es madre, es delicado. Debe entenderse que cuando, por motivos
operacionales, la madre falta de casa por una semana, el niño
pequeño no lo entiende. Por ello es fundamental tener
un buen esposo, un buen compañero. Aquí los
jefes comprenden la situación y nos tratan con mucha
consideración. Yo tenía 15 años y personal
del Ejército pasó por la escuela donde cursaba
y ahí me enteré de que, con mi edad, podía
ingresar a la institución. Ingresé en la Escuela
de Suboficiales General Lemos en 2001 y cuando egresé
ya era la Escuela de Suboficiales Sargento Cabral. Pertenezco
a la primera promoción de la nueva escuela. Me parece
un sueño recordar que mi abuelo trabajaba en el casino
de suboficiales de San Javier cuando yo tenía 5 años
y me llevaba a su labor. De chiquita me acostumbré
a ver uniformes y desfiles. Estoy segura de que a tan temprana
edad nació mi vocación”.  |
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