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/ noviembre 2009 |













HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO NACIONAL / Capítulo
Décimosexto
Fatigati, culto a la lealtad |






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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLÍTICO NACIONAL / Capítulo
Décimosexto
Fatigati, culto a la lealtad |
por Lauro S. Noro
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| “Quédense
tranquilos, estoy preso no por robar sino por principios”,
decía el General Ernesto Genaro Fatigati, luego
de la revolución que derrocó al General
Juan Domingo Perón. Hasta ese momento, había
sido uno |
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los más acérrimos defensores del gobierno constitucional.
Un rasgo que puso de manifiesto en muchas oportunidades, especialmente
durante el golpe de 1951, en los acontecimientos del 16 de junio
de 1955 y en los que llevarían a la caída del
líder justicialista. |
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Un hecho fortuito
los había relacionado por primera vez. Loco por los
deportes, el joven Ernesto Fatigati era teniente y jefe de
sección de la 1ra Compañía del Regimiento
4 de Infantería, en Campo de Mayo. En una oportunidad
estaba de civil mirando una vidriera de un negocio de ventas
de artículos deportivos, cuando se puso a su lado un
oficial de uniforme con las mismas intenciones. Él,
de menor rango, se dio a conocer. Era el Mayor Perón.
A los pocos minutos y luego de contemplar el escaparate, vio
que éste se había dado vuelta para mirar una
obra en construcción, mientras le comentaba: ‘Mire
a ese obrero allá arriba en el andamio…Si se
cae y muere o queda inválido, ¿qué será
de él y de su familia?’, fue un comentario que
lo impactó y recordó siempre. Algo sabía
de él. Había escuchado su nombre en los fogones
cuarteleros muy comunes en esos tiempos. Sobre todo, en un
torneo interfuerzas de boxeo que ganó un oficial y
al que todos conocían por su técnica boxística.
Era tan bueno, decían los entendidos, que era uno de
los pocos que había aguantado tres rounds al Capitán
Perón, destacado como excelente pugilista.
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| EL PROPIO General Perón coloca
al Coronel Fatigati la medalla por su acción de
1951. |
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El perfil de un jefe
El 7 de septiembre de 1907 el barrio del Abasto vio nacer
a Fatigati. Más tarde, sus padres se mudaron a Villa
Crespo (llamado Monte Dinero en ese momento) y a El Palomar.
Tenía un hermano y dos hermanas. De chico le gustaban
las bandas militares. Tanto fue así que en agosto de
1924 la vocación lo llevó a ingresar como cadete
en el Colegio Militar de la Nación, que funcionaba
en el actual Liceo General San Martín. Dos años
más tarde, a los 19 y listo para cursar el tercer año,
un hecho desgraciado lo marcó. Durante un ejercicio
perdió casi toda la mano derecha a causa de la explosión
de una granada. Le quedó despedazada sin el pulgar
y con tres dedos cortados por la mitad. Cuando todos pensaban
que su carrera había terminado, superó la previsible
baja por la entereza que mostró durante el suceso y
en su recuperación. Hasta mereció una citación
en el orden del día del instituto. Su primer destino
fue el Regimiento de Infantería 6, en Mercedes, Buenos
Aires.
Con sus subordinados mantuvo una relación distintiva.
“Cuando era subteniente se llevaba a su casa a dos o
tres soldados que no tenían familia y estaban solos
cumpliendo con el servicio militar, para pasar el franco del
fin de semana. También los invitaba al cine. Mi abuela
les daba de comer y cuando fue director de la Escuela de Infantería
se sentaba en cualquier mesa del comedor de tropa para saber
si el rancho estaba bien”, dice su hijo Ernesto. “Hasta
legó una obra social para oficiales, suboficiales y
soldados para tener acceso a vestimenta y comida”, agrega.
Hacía gala de una melodiosa voz. Cantaba tangos y óperas.
Sus contemporáneos recuerdan que no hablaba a los gritos.
Era
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| famoso porque
se dirigía a los 1.500 cadetes del Colegio Militar
sin micrófono. Lo apodaban Ojo de águila por
la capacidad de distinguir en la lejanía a un cadete
mal parado o con su uniforme en deficientes condiciones. Alto,
delgado, experto tirador, fue campeón del Ejército,
en 1934 y cosechó numerosas copas en toda clase de
torneos. Disparaba con la mano izquierda o cuando se trataba
de tiro con pistola, con el muñón del anular
derecho. En la Asociación Tiro al Segno ostentaba el
récord de colocar 295 centros sobre 300 en silueta
olímpica.
Horas difíciles
Desde el primer momento, Fatigati congenió con las
ideas de Perón. Sin embargo, fue denunciado dos veces
por antiperonista. Una, por no permitir identificaciones partidarias
y el retrato de civil del líder justicialista dentro
del cuartel. Además, impuso un doble de castigo para
los subordinados que se mostraran en ese ámbito obsecuentes
con el gobierno. Y en la segunda oportunidad, por su consideración
con los detenidos del 16 de junio de 1955. En ese momento
y antes de reprimir a los rebeldes había reunido a
sus hombres de la Primera División Motorizada y les
dio a elegir. “Nosotros salimos a defender al gobierno
constitucional del General Perón y aquellos oficiales
que no estén de acuerdo por sus ideas me comprometo
en no hacerlos pasibles de ninguna sanción, pero se
quedan en el cuartel”. Todos lo acompañaron.
Y aquí el origen de la otra acusación. Entre
los marinos presos estaba el propio ministro de Marina, Contralmirante
Aníbal Olivieri, con quien lo unía una afectiva
relación de años. Entonces, empezó a
correr la voz de que iba a haber fusilamientos. Por boca de
Perón, Fatigati sabía que eso no era cierto.
Le dijo a Olivieri: “usted está incomunicado,
pero hable con su familia desde mi despacho y déle
la tranquilidad de que no los habrá”.
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En la aciaga
mañana del bombardeo a Plaza de Mayo, había
movilizado a la unidad bajo su mando y cercado a los marinos
rebeldes de la Escuela de Mecánica de la Armada. Tenía
una obsesión, no quería que pasara lo mismo
que el 4 de junio de 1943 cuando se produjo una situación
similar y hubo un cruel enfrentamiento con muchos muertos.
Buscó convencer a su director, el Capitán de
Navío Adolfo Cordeu, de que estaba rodeado y que depusiera
las armas para evitar un inútil derramamiento de sangre.
Lo consiguió. Luego marchó hacia el ministerio
de Marina por el lado de Retiro, para reducir a sus ocupantes.
Tres meses más tarde, como jefe de la 1ra División
de Ejército, le aseguraba a Perón que en 24
horas podía eliminar el foco subversivo de Córdoba.
No lo autorizó porque no pensaba en la magnitud de
lo que se venía. Hasta el propio General Eduardo Lonardi
sabía del poderío de esa unidad que incluía
a Palermo y Ciudadela y por eso había iniciado las
acciones en aquella provincia. Lo demás es materia
sabida.
Exilio y regreso
Con el golpe pidió el retiro voluntario. Por supuesto,
le fue concedido, pero quedó detenido. Primero en el
barco Granderos y luego en la unidad de Magdalena. La idea
era sacárselo de encima. Los jefes militares, a muchos
de los cuales conocía muy bien, insistieron en que
debía irse del país. Y como no aceptó,
le ordenaron que podría quedarse siempre y cuando se
fuera a más de 500 kilómetros de su último
destino en la Capital. “Agarró un compás
y dijo: ‘¡Nos vamos a Necochea!’ y allá
fuimos”, recuerda su mujer, Hilda Celia, con quien tuvo
dos hijos, Ernesto y Ana María. |

El
camuflaje no sirvió
En 1956, durante el alzamiento del General Benjamín
Menéndez, unos desconocidos fueron a buscar al
Coronel Fatigati, Director de la Escuela de Infantería,
hasta la puerta de su casa en El Palomar. De dos autos
bajaron con armas largas, lo encañonaron y lo llevaron
preso a Campo de Mayo. Un oficial de apellido Varela lo
vigilaba con una pistola calibre 45 apoyada en su estómago
(años más tarde, cuando era funcionario
del Banco Interamericano de Desarrollo, se presentaron
dos militares retirados a pedirle audiencia y mirando
a uno de ellos le dijo: “Yo a usted lo conozco”
y muerto de risa le recordó aquel episodio). Lo
pusieron en presencia de Menéndez. Le explicó
lo que pasaba y le preguntó si adhería o
no a la revolución. Ante su negativa, quedó
detenido. Lo confinaron en un colectivo con otros oficiales
en su misma situación. En un descuido y de madrugada,
se escapó por una de sus ventanillas. Cruzó
un campo y detrás de donde estaba, vio una luz
de un taller mecánico en la que estaba trabajando
una persona. Había un jeep. Se lo pidió
prestado y también un overol, se enchastró
la cara con grasa para pasar desapercibido por los controles
y se fue a la Escuela de Infantería para saber
si estaban con la revolución o eran fieles al gobierno.
Cuando llegó, el guardia le hizo la venia y lo
reconoció enseguida (no le sirvió de mucho
el camuflaje) y el entonces segundo jefe, Coronel Brizuela,
lo estaba esperando para salir a reprimir el golpe de
Estado. No sabían dónde estaba. Salieron
y lograron sofocar la sedición. Eso le valió
la condecoración Orden al Mérito Militar
en grado de Gran Oficial. |

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Al enterarse
del levantamiento de 1956, Fatigati se escapó por los
techos de su casa de la ciudad balnearia. Llegó a Buenos
Aires, luego de manejar toda la noche, para ver al General Juan
José Valle, uno de los líderes del movimiento
y convencerlo de que no saliera porque la contrarrevolución
estaba entregada. “El General Valle le dijo que no podía,
porque pensaba que no había defendido como correspondía
al gobierno de Perón y se había comprometido ante
su familia. No logró convencerlo”, cuenta su esposa.
Luego del frustrado levantamiento y los fusilamientos que se
sucedieron, agrega un dato relevante: “Cuando mi marido
fue a hablar con el General Osorio Arana le dijo: ‘Linda
forma de administrar justicia, yo no hice nada y estoy preso’.
A lo que éste le contestó: ‘Quédese
tranquilo, Fatigati, por suerte usted estaba adentro porque
si no, estaría en la lista para ser fusilado’”.
Además la señora recuerda que, “era un caballerazo,
muy moderado en sus expresiones. Cuando hacía las cuentas
de mi casa siempre me decía: ‘Negra, no te quejes
porque hay gente que tiene mucho menos’. Era muy humano”.
En 1973, con el retorno de Perón, Fatigati asumió
como interventor en Yacimientos Petrolíferos Fiscales
(YPF), cargo en el que duró muy poco tiempo por diferencias
con el entonces Ministro de Economía José Ber
Gelbard; también fue gobernador de Santiago del Estero;
vicepresidente segundo del Banco Nacional de Desarrollo (Banade);
vicepresidente de la Cruzada de Solidaridad; presidente del
tribunal de disciplina del Partido Justicialista y de la Comisión
Nacional Permanente de Homenaje al Teniente General Perón.
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