| El
viento que llega de la Antártida parece soplar
eternamente sobre las tumbas del cementerio de Darwin,
ubicado en una desolada loma a 80 kilómetros
del aeropuerto y a pocos kilómetros de los caseríos
de Darwin y Pradera del Ganso. La escasa vegetación
contrasta con el mar esmeralda que se agita tras el
cementerio. Allí yacen, custodiando ese fragmento
de Patria y por toda la eternidad nuestros gloriosos
caídos en el conflicto de 1982 en el Atlántico
Sur. Y hasta allí llegaron sus familiares para
inaugurar el cenotafio.
Ciento siete deudos descendieron en Puerto Argentino
de un Airbus 340 de LAN que había despegado desde
Río Gallegos. La Presidenta de la Nación,
Doctora Cristina Fernández de Kirchner despidió
personalmente a cada uno de los viajeros en el continente
(luego, en un segundo contingente, viajaron 183 familiares
más). Estos viajes fueron consecuencia de un
mega operativo logístico-diplomático negociado
por la Cancillería argentina, montado por los
Cascos Blancos, coordinado por la Comisión de
Familiares de los Caídos y financiado por el
Gobierno Nacional.
Emoción, respeto
y lágrimas
Por un camino de serpenteante ripio llegaron media docena
de ómnibus y Lands Rovers transportando a los
familiares. El sacerdote argentino Sebastián
Combin, de la Parroquia Stella Maris y su par católico
de las islas. |