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161 / noviembre 2009

CEA 2009
Ciclo XXVIII en la Argentina

HOSPITAL MILITAR CENTRAL
Ceremonia por el 130º aniversario

FUSEA
Inversiones para Sanidad Militar

FORMOSA
Acto evocativo del ataque al Regimiento de Infantería 29

CEMENTERIO DE DARWIN, ISLAS MALVINAS
Nuestros eternos centinelas

ESCUELA DE LAS ARMAS
Fuerza de Paz Combinada “Cruz del Sur”

CAMPO GENERAL AVALOS- CORRIENTES
Cómo se forjan conductores de hombres para la batalla

BRIGADA DE MONTAÑA VI
Ejercicio “Bajada del Limay 2009”

MINISTERIO DE DEFENSA
La Ministra Garré subrayó el rol significativo de la producción en el área de su cartera

OPERACIÓN FLUVIAL-RIBEREÑA
Ejercicio “Margot” 1

COMANDO DE REMONTA Y VETERINARIA
Forestar es tener esperanza en el futuro de la Patria

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Décimonoveno
Entre mulas y caballos

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLÍTICO NACIONAL / Capítulo Décimosexto
Fatigati, culto a la lealtad

ENTREVISTA A JUAN CARLOS PALLAROLS
El arte en sus manos

MONTE CASEROS, CORRIENTES
Puertas Abiertas en el Centro de Adiestramiento Operacional

SINPRODE
“Un desafío hacia el Bicentenario”

2DA SECCION
CHIPRE

Maratón

ESCUELA SUPERIOR DE GUERRA
La historia es apasionante


ÁNGEL CAPPA, DIRECTOR TÉCNICO DE HURACÁN
De galera y bastón

» 2DA SECCION   ÁNGEL CAPPA, DIRECTOR TÉCNICO DE HURACÁN
De galera y bastón
por Lauro Noro

Con una simple receta cautivó al hincha vernáculo. Esa, la del “tiki-tiki” que propuso Ángel Cappa (63) como entrenador de Huracán. Llenó los ojos de los amantes del buen fútbol, de la pelota bien tratada, el juego asociado y la movilidad. En una charla con SOLDADOS repasó aspectos de su vida y de esa filosofía de la que hace gala. También contó sus
pasos por la militancia política en un grupo peronista, las razones de su exilio del país y cómo cambió su vida al conocer a César Menotti y Jorge Valdano.
 

Angel Cappa se autodefine como un tipo de barrio “que leyó un par de libros, nada más y que con el fútbol trató de aprender cosas”. Desde 1976 está afincado en España, donde se casó en segundas nupcias con una española y con la que tuvo una hija, hoy abogada, y un hijo, sociólogo. Por ahora, ambos padres viven en la Argentina. “Estoy donde hay trabajo”, reconoce. En ese caminar dirigió, entre otros, a los juveniles de la selección castellana; a la selección argentina con César Luis Menotti en el Mundial de 1982 y al Barcelona con el que ganaron una Copa del Rey, otra de la Liga y una Supercopa. Estuvo dos veces en Bánfield y llegó a Huracán. Pasó por Peñarol de Montevideo y en 1991, de vuelta en la Madre Patria, con Jorge Valdano dirigió al Tenerife y al Real Madrid donde jugaban cracks como Raúl, Hierro, Laudrup, Redondo, Luis Enrique y Zamorano. Más tarde y ya solo, recaló en Las Palmas y en 1998 tomó la dirección técnica de Racing, que salió subcampeón del Apertura de ese año. Al año siguiente fue al Atlante de México y de allí, otra vez al Tenerife. En 2002 sacó campeón a Universitario de Deportes, en Perú, y posteriormente, en el Mamelodi Sundowns de Sudáfrica, con el que conquistó la Charity Cup y el tercer lugar en la liga local. En octubre de 2008 se puso nuevamente el buzo de DT en Huracán con los resultados conocidos.

El barrio y la pelota
Nació en Villa Mitre, Bahía Blanca, el 6 de septiembre de 1946. “Uno no se dio cuenta, pero creció al lado de un potrero y con una pelota. No es que yo elegí el fútbol, creo que me eligió a mí como a todos los demás pibes. Era una cosa natural. Nos pasábamos el día jugando. Los partidos no terminaban nunca porque mientras unos iban a comer, otros volvían y el juego seguía”. Era su vida. El papá era descendiente de sicilianos (a veces saca a relucir en la cancha ese carácter meridional para discutir algún fallo) y peluquero, y su mamá, de españoles. “Él siempre me exigía buenas notas en el colegio. Siempre las tuve. Aunque después, en la adolescencia, abandoné el secundario por un tiempo, luego volví, me recibí y de grande entré en la universidad”, recuerda. Barría el negocio, lo ayudaba en otras tareas y de paso, no perdía detalle de las discusiones sobre fútbol. Hincha de Villa Mitre, jugó como mediocampista y marcador central en el club de sus amores, en Olimpo e integró el seleccionado de la Liga del Sur. Según los entendidos, se destacaba como buen jugador. Le tocó la colimba y después de seis meses, salió en la primera baja. “La hice en un regimiento de Bahía Blanca que estaba encargado de la distribución de ropa. No me gustaba, tampoco la autoridad impuesta, pero como jugaba al fútbol tenía ciertos privilegios”.
Ya en la universidad, cursó estudios de Filosofía y Psicopedagogía. “Lo hice para conocer la realidad que se vivía en aquellos momentos”, asegura. Sin embargo, escuchando a su abuela comenzó a darse cuenta y a tener conciencia de las injusticias. “Ella vino desde España y trabajó en el campo donde su marido era peón y nos relataba las penurias que pasó. Tenía que trabajar hasta el momento de parir y cuando empezaban las contracciones dejaba de hacerlo. Me lo decía con total naturalidad, como si fuera su destino. Por eso quise conocer cómo eran las cosas”. A poco de recibido, dictó clases en un colegio secundario de Pringles, cerca de Bahía.

 

El exilio
A los 28 años dejó el fútbol. Una lesión en los ligamentos internos de la rodilla lo alejó de las canchas. La docencia apareció como un modo de vida. También la militancia política en un grupo peronista de base. “Era sobre todo ideológica, pero en aquel momento, algo gravísimo. Hasta pensar lo era. Hacíamos revistas, folletos, boletines, siempre desde el punto de vista de la cultura. Todo muy peligroso”. Un hecho marcó su destino. En 1976 y ya instalada la dictadura militar habían hecho unos panfletos en favor de la justicia y la libertad. “Llevaba mi Citroen 3CV lleno de esos volantes y me pararon en un control militar donde te revisaban y si encontraban algo te metían preso. Un tipo me conoció por el fútbol y me dejó pasar sin revisarme. Ahí me dije que debía irme porque dos oportunidades no me iban a dar”. Así fue. Eligió

España por el idioma. En ese momento estaba separado y ya tenía un hijo. Se había casado muy joven. “Me fui a ver qué hacía con 200 dólares en el bolsillo porque no había jugado ni en River ni en Boca (se ríe) y para subsistir empecé a trabajar de cualquier cosa”.
Vendió libros o por lo menos lo intentó y escribió para otros. “Había muerto Franco y con el destape se vendía cualquier idiotez que tuviera que ver con el sexo. Como había tanta demanda te llamaba un tipo y te decía: “andá a la biblioteca y hacé un resumen de tal o cual cosa sobre el tema”. No sabía ni para quién era. Lo entregaba y te daban el dinero. Había veinte como yo y con cada capítulo hacían un librito que vendían en los kioscos”.

Nace el técnico
El dilema era que debía hacer algo para progresar. “Lo mío era y es el fútbol y entonces, me inscribí para hacer el curso de entrenador. Estudié durante tres años. Entre mis compañeros estaban el arquero Iribar, del Sol y Grosso. Por supuesto, el título no le garantizaba nada. En ese momento no lo conocía nadie. En 1980 o 1981 se enteró que
Menotti necesitaba a alguien que “espiara” a equipos contrarios y a jugadores argentinos. “No lo conocía. Y por medio de un amigo me conecté con él. Le venía muy bien tenerme porque yo no era conocido y podía ir a todos lados y hacer mi trabajo sin que nadie se enterase. Así nos relacionamos”. No deja de hablar de él. “Me hizo entender este juego y me dio las llaves y los conceptos de lo que significa el oficio de entrenador. A su lado aprendí lo esencial del fútbol”.
Más tarde, apareció Valdano. Después de jugar hacía colaboraciones periodísticas y quería probarse como entrenador. “Como no tenía experiencia y yo sí y él tenía nombre y yo no, hicimos un matrimonio de conveniencia y entonces entre 'tu puedo y mi quiero', trabajamos juntos. Y nos fue bien”. No sólo clasificaron al Tenerife para la Copa UEFA sino que salieron campeones con el Real Madrid. “Mal no nos fue”, confiesa con humildad.
Entre todas sus experiencias futboleras destaca la de Sudáfrica. La juzga como extraordinaria. “Primero, porque quería conocer el fútbol africano desde adentro y segundo, se trataba de un país muy interesante desde la cultura y las cuestiones sociales”. El idioma no fue impedimento para comunicarse. “Aunque sabía cuatro palabras, me las rebusqué (sonríe). Al principio, tenía un intérprete para dar la charla técnica. Un día faltó y tuve que hacerlo por mi cuenta. Y ganamos. Les dije: 'lo hicieron porque no me entendieron nada' (sonríe otra vez). El equipo fue campeón de un torneo local y clasificó para la Copa de África”.

El hoy
Flaco, un metro 84, grueso bigote, mirada penetrante y buenos modales, se confiesa amante de la música popular, del tango y la samba brasileña. Admirador de Pugliese, Goyeneche, María Betania, Vinicius de Moraes y de Ernesto Grillo, aquel 10 que brilló en la década del ´50 en Independiente, la selección argentina y más tarde en Boca, escribió varios libros, entre ellos ¿Y el fútbol dónde está? Como conductor de hombres es claro en sus conceptos. ¿Se puede ser amigo de los jugadores?, es la pregunta del millón. “No, amigo no, siempre hay una distancia. Yo no puedo ser amigo de mi hijo. Lo que sí, puedo acompañarlo y que encuentre en el entrenador alguien en quien apoyarse, que le transmita cosas; lo mismo que el hijo necesita al padre como una referencia clara”.

¿Y eso excede lo futbolístico?
Sí, porque es una tarea de conducción. Creo que el jugador tiene que encontrar a una autoridad, pero entendiendo la palabra no desde el punto de vista autoritario sino a la cual se respeta. Como en el barrio. Nosotros no respetábamos al más fuerte sino al que mejor jugaba. El fútbol nos enseñó a respetar la autoridad del que sabe y no del que la impone, ni del que es más fuerte.

Eso suena a rara avis porque hoy el entrenador se ha convertido en hincha.
Eso no es bueno. Tiene que tener calma como todo conductor. Es un líder impuesto y a partir de ahí debe ganarse esa condición de muchas maneras. La cuestión es que el jugador tenga una referencia.

Con este análisis, ¿cómo te manejás con los jugadores?
Con dos premisas que para mí son fundamentales: el respeto y el afecto. Exijo el primero, y el segundo me lo tengo que ganar.

¿Qué les decís a chicos que están atraídos por la fama, la televisión, las mujeres, etcétera?
Trato de hablarles, de educarlos. En general busco encaminarlos pero lucho contra un poder muy grande como son los medios de comunicación. Había pibes que prendían la televisión y estaban en todos los programas. ¿De dónde sacaban el tiempo?, me preguntaba. Es un tema que influye mucho en ellos. Les quitan la realidad de debajo de los pies. Los hacen caminar por las nubes. Es algo irreal que vos seas más importante que otro porque jugás bien al fútbol.

¿Cómo se da esa relación con ellos?
Con toda naturalidad. Me cuesta relacionarme con gente de mi edad. Es decir, con aquellos que han perdido los sueños, las ilusiones, la alegría. Sigo teniendo el mismo entusiasmo, las mismas ilusiones que tenía a los 24; incluso a veces, hasta la misma inocencia. Por eso no me cuesta nada relacionarme con ellos. Tengo mucha paciencia, los escucho, comparto cosas con ellos. Creo que el respeto lo puede todo.

¿Cuál es tu sueño, ahora?
Que Huracán juegue bien y salga campeón.

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