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/ octubre 2009 |











HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Decimoquinto
La Revolución del '43 |




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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Decimoquinto
La Revolución del '43 |
por Lauro S. Noro |
| Hace
66 años se produjo el hecho que llevó a
una profunda transformación de la sociedad argentina.
Desde el fin de la Década Infame hasta la llegada
al poder del General Juan Perón, el surgimiento
del peronismo y las reivindicaciones sociales de los trabajadores.
El rol de las jóvenes camadas de militares de esa
época. |
| En aquella
madrugada del 4 de junio y desde Campo de Mayo, una fuerza
militar de 8.000 soldados encabezada por los Generales
Arturo Rawson y Elbio Anaya, los Coroneles Emilio Ramírez
y Fortunato Giovannoni y el Teniente Coronel Tomás
A. Ducó (luego conocido presidente del Club Huracán),
puso en marcha la “Revolución del ‘43”.
Luego de enfrentar a las tropas leales al gobierno del
presidente Ramón Castillo, con un saldo de 30 muertos
y 100 heridos, la columna rebelde tomó la Casa
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| GENERAL Rawson y el General Ramírez
en Plaza de Mayo |
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| Rosada. Poco
después del mediodía, asumió el General
Arturo Rawson como primer magistrado. Había fenecido
la llamada “Década infame”. Un período
de gobiernos autoritarios, fraudulentos y corruptos que germinó
con el primer golpe de Estado en la Argentina, el 6 de septiembre
de 1930, que derrocó al gobierno democrático
de Hipólito Yrigoyen.
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| En la Guarnición Campo de Mayo
se alza el monumento y la placa que recuerda los sucesos
de 1943. |
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Los hechos
Las elecciones para elegir a un nuevo presidente
estaban al caer. Se intuía un nuevo fraude electoral.
Como gran candidato, las miradas apuntaban al empresario azucarero
Robustiano Patrón Costas, hombre fuerte de Salta. Con
él quedaría asegurada la continuidad y profundización
de ese régimen conservador. Sin embargo, la influencia
de la Segunda Guerra Mundial en pleno desarrollo iba a cambiar
los planes. La población argentina estaba dividida
entre aliadófilos y neutralistas, mientras que los
germanófilos eran minoritarios. Desde el gobierno del
presidente radical Roberto Ortiz (1938-1942) y del conservador
Ramón Castillo (1942-1943) la neutralidad había
signado sus políticas exteriores. Pero se conocía
que el candidato oficial Patrón Costas le declararía
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| la guerra
al Eje (Berlín- Roma-Tokio). Esta certeza tuvo un enorme
peso en las Fuerzas Armadas, sobre todo en el Ejército,
donde era mayoritaria la posición de mantener la neutralidad.
Y si bien las Fuerzas Armadas habían sido uno de los
pilares que sostuvieron a los sucesivos gobiernos en esa década,
la relación con el poder fue sufriendo un marcado deterioro
en los últimos años. Los cambios generacionales
en sus mandos y el proceso de industrialización ligado
con los militares y la defensa nacional aparecieron como factores
desencadenantes.
Castillo ya había enfrentado varias conspiraciones
cívico-militares cívico y fallidos golpes de
estado. Por eso, la asonada de junio se advertía como
una más. Pero, la fortaleció el pedido de renuncia
que el presidente le exigió un día antes, a
su ministro de Guerra, General Pedro Pablo Ramírez.
El 26 de mayo éste se había reunido con un grupo
de dirigentes de la Unión Cívica Radical que
le ofrecieron la candidatura a presidente en las elecciones
que se avecinaban, encabezando a la Unión Democrática.
Se trataba de una alianza que los unionistas del radicalismo
buscaban concretar con el Partido Socialista y el Partido
Demócrata Progresista con apoyo del comunismo.
El 3 de junio, en Campo de Mayo, se decidió el golpe
en una reunión dirigida por los Generales Rawson y
Ramírez. Es curioso destacar que en ella no participaron
ni el General Edelmiro Farrell ni el Coronel Juan Perón,
pero la influencia del Grupo de Oficiales Unidos (G.O.U.)
ya se había hecho notar (ver recuadros).
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Nace un líder
La gestión Rawson duró apenas tres días.
Tuvo que renunciar cuando los líderes militares rechazaron
los nombres de quienes integrarían su gabinete. Entre
ellos figuraban tres amigos ligados con el régimen
depuesto. El 7 de junio juró Ramírez. Su primer
gabinete estuvo integrado por militares, salvo por Jorge Santamarina,
ministro de Hacienda. El coronel Juan Perón quedó
a cargo de la secretaría del ministerio de Ejército
bajo el mando del General Farrell. Es recién a partir
de entonces que su figura comienza a tomar relevancia pública,
de la mano del ingreso de los sindicatos al primer plano de
la vida política nacional.
Frente a los sindicatos el gobierno asumió una actitud
similar a los de sus antecesores, como la
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Los
cuatro coroneles
Los coroneles Miguel A. Montes, Enrique P. González,
Juan Perón y Emilio Ramírez (hijo del General
Ramírez), llamados “los cuatro coroneles”
y a los que se sumó más tarde Eduardo Ávalos,
formaban el núcleo del comando del GOU. Los acompañaban
los tenientes coroneles Urbano de la Vega, Domingo Mercante,
Oscar A. Uriondo, Julio Lagos (uno de los jefes de la
Revolución Libertadora), Severo Eizaguirre, Tomás
A. Ducó, Arturo Saavedra, Aristóbulo Mittelbach,
Bernardo Menéndez, Agustín de la Vega y
Bernardo Guillanteguey; los mayores Heráclito Ferrazano,
Fernando González y Héctor Ladvocat y el
capitán Francisco Filippi (yerno del General Ramírez). |

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escasa importancia
política e institucional, incumplimiento de las leyes
laborales, simpatía pro patronal y represiones frente
a protestas y huelgas. Pronto resultó evidente que el
gobierno estaba integrado por influyentes sectores antisindicales.
Con esos inconvenientes, un grupo sindical encabezado por el
socialista y secretario general de la Confederación General
de Empleados de Comercio, Angel Borlenghi, estableció
relaciones con un sector del gobierno militar más inclinado
a aceptar los reclamos sindicales. El Coronel Domingo Mercante,
hijo de un dirigente sindical ferroviario y miembro del GOU,
fue elegido como puente entre ambos sectores de poder. Para
ese quehacer convocó a su amigo Juan Perón.
El 27 de noviembre de 1943, con el apoyo del General Farrell
y a pedido de los sindicalistas, encabezados por la gestión
de Mercante, se creó la Secretaría de Trabajo
y Previsión y el Coronel Perón asumió como
su responsable. Lo que siguió, es historia conocida.
La caída de Ramírez, el gobierno de Farrel, el
encarcelamiento de Perón, el 17 de octubre y el nacimiento
del peronismo.  |

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El
GOU
El Grupo de Oficiales Unidos (GOU), creado el 10 de marzo
de 1943 y disuelto el 23 de febrero de 1944, cumplió
un rol decisivo en la gestación de los hechos del
4 de junio, según la mayoría de los historiadores.
Sin embargo, algunos la han puesto en duda. Robert Potash,
por ejemplo, afirma que su dirección “no
controlaba directamente los recursos militares necesarios
para realizar una revolución... El movimiento militar
no fue resultado por un plan elaborado cuidadosamente
por el GOU, o siquiera por cualquier otro grupo de oficiales...
Más bien fue una rápida improvisación
cuyos participantes apenas concertaron acuerdos en relación
con objetivos específicos”.
Pero entre aquellos, hay consenso de que se trató
de un grupo reducido de oficiales, con un peso importante
de los de menor graduación, sobre todo coroneles
y tenientes coroneles. El GOU carecía de una ideología
precisa, pero todos sus integrantes compartían
una visión nacionalista, anticomunista, neutralista
frente a la guerra y sumamente preocupada por terminar
con los actos abiertos de corrupción de los gobiernos
conservadores.
La presencia del GOU expresaba el avance de los oficiales
jóvenes del Ejército, muchos de ellos provenientes
de sectores medios y bajos sin influencia, que encontraron
un momento histórico para dar un paso al frente.
El Ejército, al morir el General Agustín
P. Justo, quien lo había controlado por casi dos
décadas, se había caracterizado por la ausencia
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de un definido liderazgo definido.
Era un conjunto de grupos de ideologías imprecisas
y relativamente autónomos, que estaban desarrollando
relaciones con los viejos y nuevos factores de poder y
que irían asumiendo posiciones definidas a medida
que el proceso fuera desenvolviéndose. En la joven
generación militar, el G.O.U fue más que
una sigla y comenzaba a montar otro escenario, el de la
profunda transformación argentina.
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