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/ septiembre 2009 |









HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Décimocuarto
Cipriano Reyes, un luchador |







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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Décimocuarto
Cipriano Reyes, un luchador |
por Lauro S. Noro |
| Dirigente
sindical de la industria de la carne y político
argentino, Cipriano Reyes fundó el Partido Laborista.
Desempeñó un influyente papel en el nacimiento
del peronismo y en la movilización obrera del 17
de octubre de 1945. Dueño de una azarosa existencia,
comprometida y signada por luchas sindicales, atentados,
torturas, años de prisión y el cruel olvido,
nunca resignó sus banderas de lucha. |
“Yo
hice el 17 de Octubre”, repetía Cipriano
Reyes una y otra vez hasta el día de su muerte,
a los 96 años, en 2001. Un humilde hogar en la
localidad de Lincoln, provincia de Buenos Aires, lo había
visto nacer el 7 de agosto de 1906. Hijo de un artista
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| circo uruguayo,
su mamá le enseñó a leer, el valor de la
historia y la poesía. Pocos después, con su familia
se trasladaron a Buenos Aires. Con apenas 12 años tuvo
que empezar trabajar. En la fábrica de vidrios La Asunción,
en Parque de los Patricios, soportó a patrones “negreros”
como los llamaba y a dar los primeros pasos en el campo gremial.
Los sucesos de la Semana Trágica de 1919 causaron un
fuerte impacto en aquel adolescente. De la mano de sus “maestros”
anarquistas se fue formando el futuro líder sindical.
En 1921, ya en Zárate con sus padres y sus siete hermanos,
entró en el frigorífico Armour rodeado por gremialistas
comunistas, anarquistas y socialistas. “Yo me sentía
muy unido afectivamente a ellos, pero no compartía su
ideología”, confesaría.
Lucha por el poder
En 1942 se instaló en Berisso para
ingresar en el frigorífico Anglo. Como fundador de
un sindicato independiente peleó durante tres años
por una serie de reivindicaciones que derivaron en importantes
victorias obreras. Una semilla que daría impensados
frutos. Sin embargo, nada le fue fácil. A tiros enfrentó
al gremio comunista de los frigoríficos en manos de
José Peter y a los rompehuelgas de la patronal y a
la respuesta policial. Siempre había cuestionado la
falta de ideas de los partidarios pro-soviéticos sobre
la realidad del trabajo y la cultura en la Argentina.
En aquella ciudad y en Ensenada se convirtió en líder
de miles de operarios de la poderosa Federación Obrera
de la Industria de la Carne (FOIC). Los paros estaban a la
orden del día y los conflictos prolongados y ásperos
incluyeron tiroteos de los “cosacos” (la policía
montada) sobre las casas de zinc de los barrios y permanentes
detenciones. La lucha dio frutos: aumento de salarios, salubridad
en el trabajo, descanso, cese de despidos, reconocimiento
de horas extras, frenos a la prepotencia patronal, que no
sabía de embarazos ni enfermedades, organización
y fuerza para los reclamos, ampliada con vínculos con
polos obreros en Avellaneda y Lanús.
Según sus rivales, Cipriano era un jefe de bandas violentas
y un luchador infatigable para sus colegas de las fábricas.
Se destacaba por su capacidad, valentía y ascendiente.
El sindicato autónomo que lideraba constituía
el sector más activo y dinámico del trabajo
organizado en la Argentina. Su influencia llegó hasta
las oficinas de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
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El
17 de octubre
La historia del 17 de octubre de 1945 contada por el propio
Cipriano Reyes dista de la que difundió el peronismo.
En ella, la principal agitadora fue Evita y a quien se
mostró recorriendo las fábricas de Avellaneda
para convocar a los obreros para exigir la libertad de
Perón. El líder de la carne se atrevió
a cuestionar esa versión. Según sus palabras,
el gremio había decidido movilizarse el 16 octubre.
La marcha fue postergada un día y así, salieron
a la madrugada para llegar a las 4 de la tarde a la Plaza.
“Teníamos cinco mil activistas organizados
y cada uno de ellos podía traer a otros cinco,
o sea que de movida contábamos con 25 mil personas.
En la mitad del camino ya éramos como 50 mil”.
Se sumaron obreros de los barrios fabriles del sur, hasta
convertirse en la masa que copó la histórica
plaza.
Los hechos se habían precipitado con la detención
de Perón. Desde el 13 de octubre hubo una gran
agitación en Berisso con concentraciones y choques
con la policía. Los trabajadores se lanzaron a
las calles. La dirigencia de la carne con Cipriano a la
cabeza trabajaba arduamente para lanzar una gran marcha
a Plaza de Mayo. El 16 decide la huelga general sin el
apoyo de la CGT, pero con el acuerdo de los zafreros de
Tucumán y otros gremios del interior del país
junto con portuarios, metalúrgicos, madereros,
textiles, etc, de los barrios fabriles de Capital y alrededores,
especialmente del sur.
El 17 de octubre a la madrugada, Berisso marcha en dos
columnas con los obreros de Ensenada a la Plaza de Mayo
con sus compañeros de Avellaneda y Lanús
arrastrando al cinturón industrial de la zona.
Lo demás, es historia conocida. |
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Encuentro
con Perón
En 1945 en Berisso hubo una huelga de 96 días
y un gran sabotaje a los embarques de carne que derivó
en más persecuciones y hostilidad policial. Los comités
paralelos reemplazaban a la dirigencia perseguida, entre ella
a la de los hermanos Reyes y que a veces se ocultaba en los
montes de la ribera y en los islotes. Los logros alcanzados
luego de esos meses de paro tuvieron repercusión nacional.
Las empresas frigoríficas presionaban al gobierno arguyendo
la pérdida de millones de pesos y los ganaderos consideraban
intolerable el cese de las exportaciones a Europa. Cipriano
cayó detenido por la Policía Federal. Su hermano
hizo gestiones para liberarlo. Una de ellas ante el secretario
de Trabajo, el coronel Juan Perón. Salió en
libertad y de allí lo llevaron para agradecerle su
gestión. “Necesitamos hombres como usted”,
le dijo. La trascendencia de su lucha hizo que Perón
buscara en los frigoríficos a sus principales aliados
para su proyecto político. Luego de más de un
triunfo de los obreros de la carne, se paseó por Berisso
del brazo de Cipriano Reyes, en medio del calor popular.
En septiembre de ese año, durante un tiroteo con los
comunistas, cayó muerto su hermano Doralio. El entierro
desde Berisso a La Plata fue una impresionante muestra de
dolor popular que detuvo la actividad fabril de toda la zona.
Una vez más estuvo Perón para afirmar: “ahora
sí, somos soldados de una misma causa”. Entonces
y ante la escalada de presiones y críticas sobre el
gobierno, Cipriano le aseguró a Domingo Mercante ganar
la calle para defender las conquistas. En realidad, ninguno
imaginaba lo que estaban gestando.
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| Llegada
al poder
Pocos después del 17 de octubre (ver
recuadro), Cipriano Reyes, Luis Gay y otros dirigentes sindicales
fundaron el Partido Laborista de la Argentina para apoyar
la candidatura de Perón en las elecciones presidenciales
del 24 de febrero de 1946. El aporte del 80 por ciento de
los votos de la flamante fuerza política y el apoyo
de los rincones fabriles del país, fueron decisivos
para su triunfo (el resto de los sufragios llegó por
otra fuerza minoritaria, la Junta Renovadora). Reyes, por
su parte, resultó elegido diputado nacional por la
provincia de Buenos Aires. Pero, a pocas semanas de la victoria,
el 23 de mayo, el presidente electo declaró ilegal
toda fuerza del movimiento que no se plegara a su Partido
Unico de la Revolución, germen del Partido Peronista.
Como era de esperarse, Cipriano se opuso a la orden frente
al verticalismo peronista. “Me asaltaron el sindicato.
Perón quería que todos los gremios dependieran
de la CGT y nosotros no aceptamos”, reveló años
después. Pasó a la oposición. No sabía
callarse la boca. “Frankenstein político”,
le decía al más adelante denominado Partido
Justicialista.
Ocaso y muerte política
Durante dos años y desde su banca siguió
denunciando el autoritarismo de un gobierno al que acusaba
de traición. Perón trató de seducirlo
con la presidencia de la Cámara de Diputados. “No
sirvo para tocar la campanilla”, le contestó.
El 17 de octubre de 1946 su grupo rebelde festejó el
Día del Pueblo, en La Plata y en la plaza del Congreso,
desafiando el primer Día de la Lealtad oficialista
celebrado en Plaza de Mayo. No anduvo con chiquitas. En su
discurso expresó que ninguno de los que estaban en
los balcones de la Casa Rosada -a pocas cuadras de allí-,
y que se atribuía el mérito de esa jornada,
había tenido el más humilde papel en su gestación
ya que habían estado escondidos, y en el caso de Perón,
acorralado por las dudas hasta último momento.
Tanta oposición le hizo pagar un duro costo. En 1947,
en La Plata y a la salida de su domicilio, Reyes sufrió
su cuarto atentado. En uno de ellos ya habían muerto
seis trabajadores. Esta vez resultó malamente herido
en una pierna y asesinado su chofer Carlos Fontán,
obrero de los taxis y padre de tres hijos. Denunció
el hecho en el Congreso. Definió al gobierno como “los
bárbaros del siglo”. La vendetta no quedó
ahí. Los locales partidarios laboristas fueron asaltados
a mano armada en distintos puntos del país. El 24 de
agosto de 1948, el jefe de Policía anunció la
detención de 20 personas bajo la acusación de
organizar un complot para atentar contra Perón y su
esposa en la función de gala del Teatro Colón,
el 12 de octubre. Como cabecilla apareció Cipriano
Reyes, Fue encarcelado durante siete años y liberado
en 1955. Sufrió torturas y vejámenes junto a
su hermano Héctor. Uno de sus compañeros de
martirio, Luis García Velloso, quedó ciego en
prisión. Una vez liberado, nada fue igual y el Partido
Laborista no volvió a ser el que fue. Sin embargo,
nunca dejó de manifestar la firme postura frente al
uso arbitrario del poder y el desprecio por sus aduladores.

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