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159 / septiembre 2009

REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO
Honras al Libertador José de San Martín en el 159º aniversario de su paso a la inmortalidad

CONFERENCIA DE EJÉRCITOS AMERICANOS
Representantes de los Ejércitos del continente se reunieron en nuestro país

CAPELLANÍA MAYOR DEL EJÉRCITO
Las personas siempre buscan a Dios

ESTADO MAYOR GENERAL DEL EJÉRCITO
Nueva edición del Curso de Comunicación Institucional

INVITADA ESPECIAL
Una Abuela de Plaza de Mayo participó en el Seminario

Defensa: un Ministerio en acción / Tercera parte

MENDOZA
Ganó el espíritu de la montaña

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL
El Primer Plan Quinquenal

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Décimocuarto
Cipriano Reyes, un luchador

SERVICIO METEOROLOGICO NACIONAL
El clima y nosotros

LA FLOTA PATRIOTA
La Expedición Libertadora del Perú

TODO TERRENO
Nuevo Seminario de Violencia intrafamiliar
Tercera Feria del Libro
Apertura del Curso Conjunto de Pilotos
Curso de Ética y Transparencia en la Administración Pública

MUSEO HISTORICO DEL EJERCITO-CIUDADELA
Aquí vive la música

CORONEL ARGENTINO DEL VALLE LARRABURE
In Memoriam de un soldado argentino

2DA SECCION
EMANUEL “MANU” GINÓBILI

Más allá del deporte

SOLIDARIDAD
En Lobos con los Granaderos
Salvataje en Horcones

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Décimocuarto
Cipriano Reyes, un luchador
por Lauro S. Noro

Dirigente sindical de la industria de la carne y político argentino, Cipriano Reyes fundó el Partido Laborista. Desempeñó un influyente papel en el nacimiento del peronismo y en la movilización obrera del 17 de octubre de 1945. Dueño de una azarosa existencia, comprometida y signada por luchas sindicales, atentados, torturas, años de prisión y el cruel olvido, nunca resignó sus banderas de lucha.
 
“Yo hice el 17 de Octubre”, repetía Cipriano Reyes una y otra vez hasta el día de su muerte, a los 96 años, en 2001. Un humilde hogar en la localidad de Lincoln, provincia de Buenos Aires, lo había visto nacer el 7 de agosto de 1906. Hijo de un artista de
circo uruguayo, su mamá le enseñó a leer, el valor de la historia y la poesía. Pocos después, con su familia se trasladaron a Buenos Aires. Con apenas 12 años tuvo que empezar trabajar. En la fábrica de vidrios La Asunción, en Parque de los Patricios, soportó a patrones “negreros” como los llamaba y a dar los primeros pasos en el campo gremial. Los sucesos de la Semana Trágica de 1919 causaron un fuerte impacto en aquel adolescente. De la mano de sus “maestros” anarquistas se fue formando el futuro líder sindical. En 1921, ya en Zárate con sus padres y sus siete hermanos, entró en el frigorífico Armour rodeado por gremialistas comunistas, anarquistas y socialistas. “Yo me sentía muy unido afectivamente a ellos, pero no compartía su ideología”, confesaría.

Lucha por el poder
En 1942 se instaló en Berisso para ingresar en el frigorífico Anglo. Como fundador de un sindicato independiente peleó durante tres años por una serie de reivindicaciones que derivaron en importantes victorias obreras. Una semilla que daría impensados frutos. Sin embargo, nada le fue fácil. A tiros enfrentó al gremio comunista de los frigoríficos en manos de José Peter y a los rompehuelgas de la patronal y a la respuesta policial. Siempre había cuestionado la falta de ideas de los partidarios pro-soviéticos sobre la realidad del trabajo y la cultura en la Argentina.
En aquella ciudad y en Ensenada se convirtió en líder de miles de operarios de la poderosa Federación Obrera de la Industria de la Carne (FOIC). Los paros estaban a la orden del día y los conflictos prolongados y ásperos incluyeron tiroteos de los “cosacos” (la policía montada) sobre las casas de zinc de los barrios y permanentes detenciones. La lucha dio frutos: aumento de salarios, salubridad en el trabajo, descanso, cese de despidos, reconocimiento de horas extras, frenos a la prepotencia patronal, que no sabía de embarazos ni enfermedades, organización y fuerza para los reclamos, ampliada con vínculos con polos obreros en Avellaneda y Lanús.
Según sus rivales, Cipriano era un jefe de bandas violentas y un luchador infatigable para sus colegas de las fábricas. Se destacaba por su capacidad, valentía y ascendiente. El sindicato autónomo que lideraba constituía el sector más activo y dinámico del trabajo organizado en la Argentina. Su influencia llegó hasta las oficinas de la Secretaría de Trabajo y Previsión.

 

El 17 de octubre

La historia del 17 de octubre de 1945 contada por el propio Cipriano Reyes dista de la que difundió el peronismo. En ella, la principal agitadora fue Evita y a quien se mostró recorriendo las fábricas de Avellaneda para convocar a los obreros para exigir la libertad de Perón. El líder de la carne se atrevió a cuestionar esa versión. Según sus palabras, el gremio había decidido movilizarse el 16 octubre. La marcha fue postergada un día y así, salieron a la madrugada para llegar a las 4 de la tarde a la Plaza. “Teníamos cinco mil activistas organizados y cada uno de ellos podía traer a otros cinco, o sea que de movida contábamos con 25 mil personas. En la mitad del camino ya éramos como 50 mil”. Se sumaron obreros de los barrios fabriles del sur, hasta convertirse en la masa que copó la histórica plaza.
Los hechos se habían precipitado con la detención de Perón. Desde el 13 de octubre hubo una gran agitación en Berisso con concentraciones y choques con la policía. Los trabajadores se lanzaron a las calles. La dirigencia de la carne con Cipriano a la cabeza trabajaba arduamente para lanzar una gran marcha a Plaza de Mayo. El 16 decide la huelga general sin el apoyo de la CGT, pero con el acuerdo de los zafreros de Tucumán y otros gremios del interior del país junto con portuarios, metalúrgicos, madereros, textiles, etc, de los barrios fabriles de Capital y alrededores, especialmente del sur.
El 17 de octubre a la madrugada, Berisso marcha en dos columnas con los obreros de Ensenada a la Plaza de Mayo con sus compañeros de Avellaneda y Lanús arrastrando al cinturón industrial de la zona. Lo demás, es historia conocida.

Encuentro con Perón
En 1945 en Berisso hubo una huelga de 96 días y un gran sabotaje a los embarques de carne que derivó en más persecuciones y hostilidad policial. Los comités paralelos reemplazaban a la dirigencia perseguida, entre ella a la de los hermanos Reyes y que a veces se ocultaba en los montes de la ribera y en los islotes. Los logros alcanzados luego de esos meses de paro tuvieron repercusión nacional. Las empresas frigoríficas presionaban al gobierno arguyendo la pérdida de millones de pesos y los ganaderos consideraban intolerable el cese de las exportaciones a Europa. Cipriano cayó detenido por la Policía Federal. Su hermano hizo gestiones para liberarlo. Una de ellas ante el secretario de Trabajo, el coronel Juan Perón. Salió en libertad y de allí lo llevaron para agradecerle su gestión. “Necesitamos hombres como usted”, le dijo. La trascendencia de su lucha hizo que Perón buscara en los frigoríficos a sus principales aliados para su proyecto político. Luego de más de un triunfo de los obreros de la carne, se paseó por Berisso del brazo de Cipriano Reyes, en medio del calor popular.
En septiembre de ese año, durante un tiroteo con los comunistas, cayó muerto su hermano Doralio. El entierro desde Berisso a La Plata fue una impresionante muestra de dolor popular que detuvo la actividad fabril de toda la zona. Una vez más estuvo Perón para afirmar: “ahora sí, somos soldados de una misma causa”. Entonces y ante la escalada de presiones y críticas sobre el gobierno, Cipriano le aseguró a Domingo Mercante ganar la calle para defender las conquistas. En realidad, ninguno imaginaba lo que estaban gestando.

 

Llegada al poder
Pocos después del 17 de octubre (ver recuadro), Cipriano Reyes, Luis Gay y otros dirigentes sindicales fundaron el Partido Laborista de la Argentina para apoyar la candidatura de Perón en las elecciones presidenciales del 24 de febrero de 1946. El aporte del 80 por ciento de los votos de la flamante fuerza política y el apoyo de los rincones fabriles del país, fueron decisivos para su triunfo (el resto de los sufragios llegó por otra fuerza minoritaria, la Junta Renovadora). Reyes, por su parte, resultó elegido diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Pero, a pocas semanas de la victoria, el 23 de mayo, el presidente electo declaró ilegal toda fuerza del movimiento que no se plegara a su Partido Unico de la Revolución, germen del Partido Peronista. Como era de esperarse, Cipriano se opuso a la orden frente al verticalismo peronista. “Me asaltaron el sindicato. Perón quería que todos los gremios dependieran de la CGT y nosotros no aceptamos”, reveló años después. Pasó a la oposición. No sabía callarse la boca. “Frankenstein político”, le decía al más adelante denominado Partido Justicialista.

Ocaso y muerte política
Durante dos años y desde su banca siguió denunciando el autoritarismo de un gobierno al que acusaba de traición. Perón trató de seducirlo con la presidencia de la Cámara de Diputados. “No sirvo para tocar la campanilla”, le contestó. El 17 de octubre de 1946 su grupo rebelde festejó el Día del Pueblo, en La Plata y en la plaza del Congreso, desafiando el primer Día de la Lealtad oficialista celebrado en Plaza de Mayo. No anduvo con chiquitas. En su discurso expresó que ninguno de los que estaban en los balcones de la Casa Rosada -a pocas cuadras de allí-, y que se atribuía el mérito de esa jornada, había tenido el más humilde papel en su gestación ya que habían estado escondidos, y en el caso de Perón, acorralado por las dudas hasta último momento.
Tanta oposición le hizo pagar un duro costo. En 1947, en La Plata y a la salida de su domicilio, Reyes sufrió su cuarto atentado. En uno de ellos ya habían muerto seis trabajadores. Esta vez resultó malamente herido en una pierna y asesinado su chofer Carlos Fontán, obrero de los taxis y padre de tres hijos. Denunció el hecho en el Congreso. Definió al gobierno como “los bárbaros del siglo”. La vendetta no quedó ahí. Los locales partidarios laboristas fueron asaltados a mano armada en distintos puntos del país. El 24 de agosto de 1948, el jefe de Policía anunció la detención de 20 personas bajo la acusación de organizar un complot para atentar contra Perón y su esposa en la función de gala del Teatro Colón, el 12 de octubre. Como cabecilla apareció Cipriano Reyes, Fue encarcelado durante siete años y liberado en 1955. Sufrió torturas y vejámenes junto a su hermano Héctor. Uno de sus compañeros de martirio, Luis García Velloso, quedó ciego en prisión. Una vez liberado, nada fue igual y el Partido Laborista no volvió a ser el que fue. Sin embargo, nunca dejó de manifestar la firme postura frente al uso arbitrario del poder y el desprecio por sus aduladores.

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