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158 / agosto 2009

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Una instancia imprescindible

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ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ARMADA
Sumergibles y submarinos

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Ataques de pánico

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ARMADA
Sumergibles y submarinos
por Capitán de Navío (RE) Tomás Merino

En septiembre de 1811 ante el bloqueo del puerto de Buenos Aires por las fuerzas navales españolas, Samuel William Taber, de origen estadounidense, demostrando su adhesión a la causa de Mayo presentó a la Junta Gubernativa los planos de una máquina submarina destinada a la destrucción de los buques enemigos.
Desde aquel remoto antecedente, las décadas de 1870 y 1880 vieron el

desarrollo de la defensa del Río de la Plata sobre la base del torpedo automóvil y se realizaron los primeros bosquejos y análisis tácticos y estratégicos de oficiales navales argentinos. En 1877 Manuel García Mansilla fue el primer oficial naval argentino que evaluó a los submarinos con criterio nacional. Como resultado de toda esa actividad intelectual y del muy destacado desempeño de unidades submarinas en la Primera Guerra Mundial, a principios de 1917 fueron enviados a Estados Unidos varios oficiales para adquirir conocimientos en las armas que se utilizaban en el conflicto en desarrollo, en particular sobre los submarinos. Durante los años siguientes Ferrer, Lajous y Repetto insistieron en la necesidad de adquirir submarinos. Finalmente, en septiembre de 1926 es sancionada la Ley 11378, denominada Ley de Armamento, que entre otras previsiones de despliegue y equipamiento para la Armada, permitía encarar la compra de sumergibles.

Primera Generación
En octubre de 1927 fue firmado el decreto que autorizaba la adquisición de tres submarinos a construir en los Astilleros Tosi de Tarento en el puerto de Taranto (los “tarantinos”). En 1931 fue botado el “Santa Fe” - S1” y en 1932, el “Santiago del Estero – S2” y el “Salta – S3”. La vida de los tripulantes a bordo era muy sacrificada. Los espacios reducidos y optimizados para el éxito de las tareas operativas obligaban a dar múltiples usos a las áreas asignadas a la tripulación. Otra gran limitación era la falta de agua dulce, ya que los tanques sólo permitían disponer, en navegaciones prolongadas, de unos pocos litros por día para cada submarinista. Estaban diseñados como sumergibles para navegar normalmente en superficie y ante requerimientos operativos hacer inmersión por breves períodos.
El día del Ejército de 1937 se sumerge en el “Santiago del Estero” el Presidente de la República, General Agustín P. Justo. Este submarino mantuvo por mucho tiempo el record de inmersión, alcanzando los 114 metros de profundidad durante las pruebas de recepción en el Golfo de Taranto.

Segunda Generación
El 1º de abril de 1960, mediante la firma de un convenio Estados Unidos de América y la Argentina, fueron cedidos a nuestro país dos submarinos de la clase Flota. Estos habían sido botados en 1945 y 1946. Representaron un importante avance con respecto a los “tarantinos”, pues se les habían incorporado numerosas modificaciones fruto de la experiencia de la Segunda Guerra Mundial, con la contra que seguían siendo sumergibles. La vida a bordo no era muy diferente a la ya conocida en los “tarantinos”.

 

Tercera Generación
Para reemplazar a las unidades tipo Flota de la segunda generación, la Armada adquirió en el año 1971 en EEUU otras dos unidades, ahora del tipo Guppy. Estos lograron la capacidad de operar sin la necesidad de salir a superficie para renovar el aire y recargar las baterías eléctricas, pudiéndose técnicamente considerarlos submarinos. A pesar de disponer del snorkel, su utilización operativa inicial no fue muy diferente a la ya conocida con los Tarantinos y los Flota.
En diciembre de 1978 ambos submarinos partieron hacia las áreas de patrulla asignadas en la zona del conflicto por la crisis en el Canal de Beagle. La oportuna intervención del Papa Juan Pablo II evitó el inicio de las hostilidades, y los submarinos fueron replegados a la Base Naval de Mar del Plata.

El “Santa Fe” en 1982 participó en la Operación Rosario de recuperación de las Islas Malvinas y luego operó durante la Guerra de Malvinas en las Islas Georgias del Sur, donde sin posibilidades de ir a inmersión se enfrentó a fuerzas aeronavales británicas, siendo finalmente capturado. En 1985 se hundió cuando era remolcado hacia el Reino Unido, en medio de un violento temporal en el Atlántico Sur. Por participar en el conflicto del Teatro de Operaciones Atlántico Sur recibió la condecoración “Operaciones de Combate”.

Cuarta Generación
Por medio de un contrato aprobado por decreto, en junio de 1969 se autorizó la construcción de dos unidades submarinas Tipo 209 en un astillero de Alemania. Llegaron a la Argentina en secciones donde fueron ensamblados y soldados en los Talleres Navales Dársena Norte. El “Salta” (S-31) fue botado en 1972, y el “San Luis” (S-32) en 1973. Ambos son submarinos oceánicos para ataque y destrucción de unidades de combate, de superficie, submarinos y buques mercantes, mediante el uso de torpedos. Pueden realizar, además, importantes tareas como son las de reconocimiento, minado y transporte de fuerzas de operaciones especiales. Su incorporación representó un importante cambio en el concepto de utilización operativa de los submarinos en la Armada. Desde su diseño estuvieron previstos para permanecer en forma permanente sumergidos, requiriendo estar en superficie tan solo para salir y entrar a puerto.

Quinta Generación
Los submarinos “Santa Cruz” y “San Juan” fueron construidos en el astillero Thyssen NordSeewerke de Emdem, Alemania. Son navíos oceánicos, con propulsión diésel eléctrica convencional y sistema snorkel, concebidos para ataques contra fuerzas de superficie, submarinos, tráfico mercante, operaciones de minado y lanzamiento y recuperación de fuerzas especiales.
El cambio sustancial fue la posibilidad de que sus tripulantes tuviesen mejores condiciones de vida a bordo. Las limitaciones de agua dulce disminuyeron con la incorporación de nuevos destiladores de baja temperatura, los cuales han producido un importante cambio en las costumbres y hábitos de los submarinistas.

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