causa de la
sintomatología. Hay que tener en cuenta que el trastorno
por pánico es un problema universal, es decir, que
se presenta en todas las culturas, razas y niveles socioeconómicos.
Se estima que uno de cada 30 personas padece la enfermedad,
con lo que habría más de un millón de
afectados en nuestro país. En el servicio de psiquiatría
del HMC hay un alto porcentaje de pacientes que consultan
por este motivo, y muchos de ellos han pasado primero por
la guardia y nos han sido derivados.
¿Hay gente que sea más propensa a sufrir ataques
de pánico?
Sí, hay gente que tiene el sistema de alarma
del cerebro hipersensible, es decir, que en ella el umbral
para que se dispare la respuesta de alarma es más bajo.
¿Existe algún tratamiento? ¿De qué
tipo?
El cuadro de pánico, una vez iniciado, se prolonga
casi invariablemente y si no es tratado correctamente termina
produciendo un cuadro de depresión secundaria. El tratamiento
a seguir depende de la gravedad del caso. En aquellos más
serios, se hace un tratamiento combinado de medicación
y psicoterapia, y en los casos más leves, solamente
con la psicoterapia se puede tratar, especialmente la cognitivo
- conductual que da más resultado.
¿Se pueden curar los ataques de pánico?
Efectivamente. De acuerdo con el Instituto Nacional
para la Salud de EEUU (NIH), el tratamiento reduce o previene
por completo los ataques de pánico en un 70 a 90 por
ciento de la gente que los padece. En muchos de los casos,
entre los 3 y los 6 meses hay remisión total de los
síntomas físicos.
¿Cómo describen los pacientes las sensaciones
experimentadas antes un episodio?
A continuación, extraigo un fragmento de un
discurso de un paciente frente a la sensación de pánico
explicada muy claramente: “De manera súbita y
totalmente inesperada, me sentí atacado por una sensación
de falta de aire, palpitaciones, opresión en el pecho,
un nudo en la garganta y un sudor frío recorrió
todo mi cuerpo. Aterrorizado, pensé que iba a desmayarme,
a perder el control o quizás morir. El ataque duró
unos cuantos minutos, que me parecieron un siglo. Fui a un
servicio de guardia, suponiendo que sufría un ataque
al corazón. Me hicieron varios exámenes y estudios,
pero no descubrieron nada. Los días siguientes volví
a tener nuevas crisis y mi miedo era cada vez mayor. Comencé
a sentirme inseguro, ansioso por lo que me podría pasar
y totalmente desamparado ante la posibilidad de sufrir un
nuevo ataque. Dejé de hacer las actividades que hasta
ese momento consideraba normales, me volví dependiente
de mis familiares para desplazarme. 
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