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158 / agosto 2009

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Apoyo sanitario del Ejército

COMANDO OPERACIONAL DE LAS FFAA
Una instancia imprescindible

DIRECCIÓN DE BIENESTAR
La reinserción laboral de los retirados

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Inauguración de obras en el Hospital Militar Paraná

CON LOS CASCOS AZULES
Negociar es la clave

Defensa: un Ministerio en acción / Segunda parte

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL
Doctor Ricardo Gutiérrez
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UNA PUBLICACION LEGENDARIA
Los ochenta y ocho años de la revista El Soldado Argentino

LA ESPOSA DEL MILITAR
La mejor camarada

ANTECEDENTES HISTÓRICOS DE LA ARMADA
Sumergibles y submarinos

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Egreso Específico

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Lesiones y prevención del cáncer en la boca

INSTITUTO NACIONAL SANMARTINIANO
El granadero que escribió la historia de su regimiento

CAÍDO EN CUMPLIMIENTO DEL DEBER
Era soldado de la clase 1970

2DA SECCION
CABO 1RO DIEGO ELIZONDO

Nacido para ganar

GONAIVES, HAITÍ
Padrinos para Lía


HACIA EL BICENTENARIO
Un ojo en el Obelisco


MILITARIA
Anuario de gestión
del Ministerio de Defensa – 2008


HOSPITAL MILITAR CENTRAL
Ataques de pánico

LA ESPOSA DEL MILITAR
La mejor camarada
por Cecilia Figueira Tibiletti

“La esposa de militar debe ser independiente, poseer cualidades tanto de padre como de madre, ser una perfecta anfitriona para cuatro o para cuarenta personas con una hora de aviso. Saber gobernar cualquier situación de emergencia imaginable sin manual alguno. Poder realizar trabajos alegremente aún cuando esté embarazada y tenga gripe. Debe estar dispuesta a mudarse de localidad diez veces en diecisiete años. Debe tener
la suficiente cantidad de lágrimas para la alegría, la tristeza, la pena, la decepción, la soledad, el orgullo y una dedicación a todos los valores a los que ella y su marido tienen cariño” – Autor Anónimo
 

Dentro del ambiente militar, la esposa es un ícono preponderante e indiscutido que marca el camino en cada una de las acciones de estos hombres de armas. Es un camino difícil que muchas mujeres desconocen cuando se enamoran, ya que se elige a una persona independientemente de su profesión. Pero la carrera militar no es simplemente una profesión sino que es un estilo de vida que lleva consigo el desarraigo tanto familiar como geográfico. El permanente sacrificio, los cambios de casas, escuelas, amigos y trabajos son marcas indiscutidas en este modo de vida. Los cambios de destinos que abarcan tanto el interior inhóspito como para algunos el exterior, afianzan los lazos familiares y refuerzan el coraje y el carácter de estas madres, hijas e hijos del militar.

La destreza, el entrenamiento de estas mujeres para soportar los avatares de la soledad ante la ausencia prolongada del marido hacen que aún aquellas situaciones tristes, sean transformadas por ellas, en momentos que procuran la risa. Uno de los comentarios generalizado, a modo de chiste, es que no pueden competir con el rival más fuerte que poseen, el Ejército.
Laura, cuyo marido está destinado en el EMGE, cuenta que le sorprendió hasta donde llega el compromiso que tienen con la fuerza. Cierta vez estando aún de novia durante una reunión con amigos, algunos propusieron jugar al Loto porque el premio era multimillonario y recuerda entre risas el comentario de su marido:“Sería genial si lo ganamos, podríamos comprar tanques nuevos para estar mejor equipados”.
El militar entrega su vida por amor a la Patria, pero sus esposas siguen las decisiones que se toman
respecto de su vida y la de sus hijos por amor a la familia. No es tarea fácil. Alejandrina, quien vive en una unidad fronteriza hace tres año, sostiene: “Es duro el tema de vivir en lugares tan desolados, sobre todo cuando tienes niños. En este lugar no hay secundario y el primario es con cursos mixtos. Es duro pensar que quizás le puede pasar algo a tu hijo y no hay forma de llegar a la ciudad hasta después de pasadas tres horas - expresa y remata con un tono positivo-. Pero uno aprende a forjar lazos con la familia, pasa mucho más tiempo compartiendo con el marido y los hijos que en cualquier otra unidad. Se aprende a compartir con la gente con la que se está destinado, haciendo amistades que de otra manera sería imposible lograr”.
Según estudios psicológicos de la Organización Mundial de la Salud, la segunda situación de vida que produce el estrés más turbador son los momentos de mudanza. Muchas familias militares cambian de lugar por períodos cortos de tiempo, llegando a sumar hasta veinte mudanzas durante toda la carrera, sin embargo, dentro del ambiente, y pese a las protestas, terminan siendo una forma de vida. Alejandra, con respecto a este tema, argumenta:“Yo después de dos años sin movimiento, me aburro y empiezo a cambiar los muebles de lugar. Uno se acostumbra mucho a escuchar ‘Gorda, me salió el pase a la otra punta del país’ y con la mejor cara, empezar a embalar las cajas”. Mónica y Daniela, cuyos maridos están destinados en Uspallata, concuerdan en que el grave problema que se les presenta
es el tema de las diferencias en cuanto a los niveles educativos que existen de un lugar a otro. Pese a que ambas poseen hijos pequeños, es una de las grandes preocupaciones a futuro.
Hoy en día, uno de los factores más importantes dentro de la estabilidad económica familiar, es la inserción de la mujer en el ámbito laboral. Actualmente, existe una gran competencia en la búsqueda de trabajo, cada vez más complicada por la situación del país y por el paso de los años. Josefina explica: “Uno trata de ayudar porque el sueldo no alcanza y las necesidades siguen siendo las mismas. En lo económico, la vida militar es áspera, uno empieza a trabajar para colaborar y de pronto sale un pase inesperado. En mi caso ya dejé dos titularidades. Al ser docente, aunque uno viva en el mismo país, no te reconocen los sellados de otras provincias, por lo cual no te consideran la antigüedad, lo que significa que si hace veinte años que ejercés, comenzás como recién recibida. No existen los traslados interjuridiccionales, por lo que no te podés ir con tu puesto – aclara y agrega-. El tema es que uno compensa afectos, por lo cual, este aspecto muchas veces queda relevado”.
Todas las entrevistadas afirmaron que en el equilibrio de valores, el resultado es positivo. Los amigos que uno hace dentro de la “familia militar”, siempre están presentes cuando se los necesita, pese a que hayan pasado años sin tener algún contacto. Casi todas consintieron en el arraigo a los afectos que van conociendo, porque la familia grande se encuentra la mayor parte de los años de carrera alejados y hay situaciones que se comparten únicamente con esos afectos. Como aspecto negativo, el desarraigo y la postergación de los hijos es la inquietud preponderante de todas las esposas, aunque reconocen que la cantidad de “tíos” que componen el árbol genealógico de estos niños que viven su vida en el cuartel, menguan mucho la falta de contacto con las familias paternas.
La conclusión a la que arribaron la mayoría de las mujeres entrevistadas fue que no cambiarían este estilo de vida que hace que sean extraordinarias y caracterizadas por una gran fuerza para enfrentar las vicisitudes y excepcionales habilidades para solventar cualquier tipo de problemas domésticos. Todo eso y más hacen a “la esposa del militar”.
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