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/ agosto 2009 |





CON LOS CASCOS AZULES
Negociar es la clave |














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CON
LOS CASCOS AZULES
Negociar es la clave |
por Lauro Noro
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nuevo grupo de cascos azules argentinos partió
hacia la República de Haití para integrar
la misión de paz dispuesta por la ONU en ese país
centroamericano. Los 500 efectivos del Ejército,
la Armada y la Fuerza Aérea, entre hombres y mujeres,
permanecerán seis meses en la localidad de Gonaives,
formando el Batallón Conjunto Argentino (BCA) y
en Puerto Príncipe, en el Hospital Reubicable de
la FAA. |
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| En el Centro
Argentino de Entrenamiento Conjunto para Operaciones de Paz
(CAECOPAZ), en Campo de Mayo y con una formación que
presidió el Comandante Operacional Conjunto de las
Fuerzas Armadas, General de Brigada Daniel Camponovo, fueron
despedidos los cascos azules del contingente Haití
XI, bajo el comando del Capitán de Navío Rubén
Galliusi. El Teniente Coronel Ernesto D’Ambra se desempeñará
como jefe del Batallón Conjunto Argentino y el Comodoro
Daniel Desimone estará a cargo del hospital reubicable.
Cabe señalar que desde 2004 la Argentina aporta efectivos
militares a la Misión de Estabilización de Naciones
Unidas en Haití (MINUSTAH). En la actualidad, 14 soldados
cumplen funciones en el cuartel general; 443, del Ejército
e Infantería de Marina en el BAC; 76, en el citado
nosocomio y 41, en una unidad aérea con dos helicópteros.
Entrenamiento
En una recorrida por las amplias instalaciones del Centro
que depende del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas
(EMCO), SOLDADOS pudo comprobar el grado de entrenamiento
de quienes acaban de partir hacia su destino caribeño.
Desde principios de año, se los preparó para
enfrentar todo tipo de situaciones, especialmente en la relación
con la población civil. Oficiales, suboficiales y soldados
voluntarios del Ejército, la Armada, la Fuerza Aérea,
Gendarmería y Policía Federal, con diferentes
especialidades, recibieron nociones de cómo manejarse
en un medio donde el uso de las armas es el último
recurso a utilizar y echar mano a la negociación y
la palabra para resolver problemas. En ese sentido, recibieron
clases de profesionales y docentes civiles, licenciados en
ciencias de la educación, instructores en idiomas extranjeros,
especialistas en psicología, asesores en relaciones
internacionales, profesores de ecuación física,
traductores y ex cascos azules que forman la plantilla del
Centro. La tarea no sólo apunta a educar y entrenar
al personal militar que se desempeñará como
peacekeeper (custodio de la paz), sino que recibe apoyo psicológico
(y también a su familia), antes de partir y al regreso
de la misión, luego de pasar seis meses lejos del hogar
y de sus afectos.
Claro, todo esto es posible gracias a que el complejo tiene
capacidad para alojar a 350 personas y darle de comer a 500.
Además, está apoyado en unidades vecinas como
el Hospital Militar de Campo de Mayo, el Regimiento de Asalto
Aéreo, el Batallón de Ingenieros, la Agrupación
de Aviación del Ejército y la Brigada Aérea
de Morón, entre otros. Como dato complementario, desde
su creación ya pasaron 1400 soldados extranjeros por
sus aulas.
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| Teniente Coronel Ernesto D’Ambra |
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Con
todo realismo
A pocas cuadras de la plaza de armas, llaman la atención
unas precarias viviendas y casuchas de distintos colores.
Es el “Petit París”, una réplica
de un barrio de Gonaives, Haití, que donó e
hizo construir la embajada de Francia en nuestro país.
Entre sus callejuelas con todo tipo de dificultades, asentamientos,
basura acumulada, escombros, malezas, árboles caídos,
etcétera, los cascos azules simulan diferentes situaciones
copiadas de la realidad. En ese momento, el cronista presenció
una áspera negociación entre los soldados y
líderes de la comunidad para revisar una casa en la
que se suponía, se escondían armas. El empeño
no fue fácil. Gritos, insultos, piedrazos y provocaciones,
pusieron en alerta a los hombres de la UN. Sin embargo, las
armas nunca se blandieron para ser disparadas. Con paciencia
y echando mano a toda la verba posible, fueron calmando los
ánimos.
Un poco más adelante, en un check-point montado por
el contingente argentino, un auto es detenido. De buenas maneras,
los cascos azules piden a sus ocupantes que bajen del vehículo.
Un par revisa sus documentos y los palpan de armas con corrección,
mientras otros, con un detector magnético buscan explosivos
debajo del chasis. Sin embargo, la cosa se complica. Aparece
una veintena de jóvenes que
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insisten en
superar el control para copar un lugar donde están
entregando alimentos. El líder amenaza con una pistola.
En francés, insulta y provoca a los efectivos. Estos
tratan de calmarlo. No hay caso. El resto de los exaltados
avanza con palos y cuchillos. Ante una orden, los soldados
toman posición. El que los manda, está listo
para efectuar tres disparos al aire antes de utilizar la fuerza
de los fusiles. Hay tensión. Cuando todo parece perdido,
aparece un tanque con las siglas de la UN. La imagen del cañón
y de la ametralladora calibre 50 ponen las cosas en su lugar.
La calma vuelve. Los revoltosos entran en razón y todo
termina.
Estas prácticas son acompañadas por intensas
clases teóricas.
Testimonios
La idea que prima en todo el ámbito de lugar es que
los soldados logren la mejor preparación. Cuando lleguen
al lugar de la misión sepan qué hacer y no encontrarse
con situaciones desconocidas. “Van con una noción
de las cosas y con esas representaciones comprenderán
mejor las que les tocará vivir. Por eso, las simulaciones
de disturbios, entrega de alimentos, escolta de vehículos
para dar seguridad, etcétera. También, se ejercitan
en la toma de decisiones desde los niveles de compañías
o batallones y que incluye la elevación de informes
a la UN sobre la misión. De esa manera, con un sistema
informático y desde un pequeño incidente que
se presente en el entrenamiento, siguen todo el canal de la
cadena de mandos”, explica el Coronel Raúl Bertoia,
comandante de CAECOPAZ.
Con las lecciones aprendidas a través de los años
en distintas misiones donde participaron los cascos azules
argentinos, buscan optimizar el entrenamiento. Por ejemplo,
es valioso el aporte de quienes soportaron inundaciones y
huracanes. Eso genera clases, charlas e informes. “La
clave está en la autopreparación y el entrenamiento
que se imparte aquí. Se forma un grupo de gente muy
homogéneo y además, con gente que ha estado
en diversas misiones trabajando como observadores militares,
instructores y cascos azules. De esa manera, vuelcan la experiencia
para los futuros contingentes”, agrega el Suboficial
Mayor Roberto Di Natale, encargado del Centro. Por otro lado,
el Teniente Coronel Alcides Faría (42), casado, dos
hijos, oficial del ejército del Brasil, que estuvo
en Chipre en 2000 con la Fuerza de Tareas 15 de la Argentina
(“acá llegué en 2008 y me desempeño
como instructor) destaca las virtudes del latino para relacionarse
con la población. “Las características
culturales del argentino y del brasileño nos permiten
reaccionar e interactuar fácilmente más allá
del idioma. Entendemos a la gente, sabemos manejarla, tenemos
las señales, los gestos. Para nosotros nos es mucho
más sencillo que por ejemplo para un contingente alemán.
Sus caderas no son tan flexibles como las nuestras. Nuestros
soldados se relacionan muy bien con los locales”, expresa.
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