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2DA SECCION |
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PERSONALIDADES |
por Cecilia Figueira Tibiletti |
| Gabriela
Sánchez, 46 años, casada, mamá de
dos niñas, entrenadora y jugadora de Liceo Militar.
Quince años capitana del Seleccionado Argentino
de Hockey sobre césped. Medalla de Oro en los Panamericanos
de Indianápolis 87 y Mar del Plata 95. Subcampeona
Mundial de Dublín 94. Escolta de la abanderada
Carolina Mariani en la Ceremonia de Apertura de los Juegos
Olímpicos de Atlanta en 1996. Ganó el Olimpia
de Plata en 1988, otorgado hasta ese momento sólo
a hombres. |
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| GABRIELA Sánchez retorna al
club Liceo Militar luego de afrontar una cirugía
de cáncer de mama. Ese día su equipo ganó
el partido gracias a sus dos zgoles. Todos la recibieron
con gran emoción. |
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| Desde los
ocho años formó parte del equipo del Club Mitre,
donde fue Tricampeona del Torneo Metropolitano. Desde 2003
coordina, entrena y compite en la 1ra de Liceo Militar, vistiendo
la camiseta con los colores amarillo, azul y blanco. Enseña
hockey a las ligas inferiores del Círculo de Ex Cadetes
del Liceo Militar y a los alumnos del Liceo Militar San Martín.
Un currículo impresionante, pero esta mujer no sólo
es un ejemplo de logros deportivos. Gabriela Sánchez
es un ejemplo de vida, de entereza. Una leona que peleó
el gran partido de la vida... y lo ganó.
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| LAS chicas pertenecientes a la escuelita
de hockey que Gabriela dirige |
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| Gabriela
es una persona inquieta, hay que seguirla mientras va
dando instrucciones de juego, saluda a todas la nenas,
los padres le hacen preguntas, corre con unas jugadoras
que recién se incorporan y jamás deja
la sonrisa de lado. Comenzó a jugar en la colonia
de vacaciones del Club Mitre y a los 16 años
entrenaba a uno de los equipos de menores del club.
“Siempre me gustó enseñar
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| -afirma con
énfasis- pero cuando estuve en la Selección
no podía hacer el Profesorado de Educación Física,
en esa época no tenías ninguna concesión”.
Melina Terrón es actualmente la capitana de Liceo Militar
y entrenadora de las menores. Sostiene que Gabriela le inculcó
el amor por el deporte: “Ella es un ejemplo de vida.
Como entrenadora busca formar personas y después moldea
futuras jugadoras. Eso es lo que nos transmite a las entrenadoras
y que a su vez le transmitimos a las nenas. Tiene una fuerza
interna que contagia, es una luchadora innata”.
En el año 2001 el Círculo de Ex Cadetes (CEC)
la convoca para formar una escuelita de hockey de mujeres.
En 2002 se proyectó la cancha en el club ya que no
existía hasta ese momento por ser un club de rugby.
Al año siguiente las mismas chicas empujaron a Gabriela
a solicitar la afiliación en la Asociación de
Hockey e ingresaron a la federación como categoría
G, pudiendo competir en torneos nacionales.
La jugadora
Dentro del mundo del hockey escariñosamente reconocida.
La recuerdan como la máquina imparable, la mediocampista
que llegaba a convertir dos o tres goles por partido. Los
equipos contrarios no sabían cómo pararla, tenía
una fuerza física tal que podía esquivar con
dribblings a dos marcaciones, hacer un pase corto a sus compañeras
libres de marcas y el resultado era gol seguro. Cuenta entre
risas que en el 83, Mitre estaba en la B y tenían miedo
al descenso. Un partido clave era contra San Fernando. “Ganamos.
-le asegura a SOLDADOS- Cuando termina el partido, se acerca
nuestro entrenador y me dice ‘Claudia Gutiérrez
(jugadora de la selección en ese tiempo) puso tu nombre
en el botín y lo pisó durante todo el partido
para que no agarres una bocha’ -y acota con nostalgia-
lo peor es que ese partido jugué horriblemente”.
Hoy en día forma parte de las once de Liceo Militar
y sigue goleando, todos los sábados sale a la cancha
con la misma garra que la primera vez. En 1996 deja el legado
a las Leonas, habiendo luchado por los derechos de los jugadores,
consiguiendo becas mayores de la Dirección de Deportes
de la Nación. Consiguió conseciones para que
los jugadores pudieran estudiar en las Universidades bajo
convenios que les permitieran cumplir con su compromiso de
representar al país en los diferentes campeonatos.
En síntesis, abrió camino. Según confesó,
el único sueño incumplido fue no haber ganado
una medalla olímpica. Un objetivo a concretar: “Que
alguna jugadora de Liceo Militar llegue a la Selección”.
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Lucha y coraje
Hace tres años, en un control médico anual,
le detectan dos nódulos en las mamas. “Para
mí fue terrible la noticia -comparte con SOLDADOS-.
Siempre fui una persona muy cuidadosa de mi cuerpo, desde
la dieta de alimentos, el descanso, el |
vendaje
para el entrenamiento o cómo me recuperaba de una
lesión. Fui de la idea de que si había algo
malo, prefería que los médicos lo descubrieran
porque sino no tenés opción”.
El médico realiza una biopsia con resultado positivo
y deciden operarla. “Me habían dicho que
de los cánceres posibles era el más leve.
Cuando me operan descubren que el tumor era mayor al descubierto
en los estudios”. Ella consideraba la operación
como el trámite final para recuperarse totalmente.
Al consultar con una patóloga del Instituto Raffo,
recibe la triste noticia de que le deben practicar una
mastectomía. La entereza de Gabriela fue tal que
si bien la junta de médicos se negaba a realizar
la operación, aconsejada por la patóloga,
toma la decisión. “Gracias a Dios confié
ciegamente en ella -asegura-. Durante la cirugía
se dieron cuenta de que debían sustraerme las mamas
y todos los ganglios de la axila porque tenía toda
el área tomada”. A partir del 2 de junio
del mismo año,comienza el tratamiento de quimioterapia
y rehabilitación. Las chicas del equipo recordaron
con lágrimas esos momentos: “Era increíble,
durante el tratamiento jamás dejó de venir
a los partidos. Nos hacía falta en los entrenamientos,
tratábamos de seguir porque ella nos demostró
que se podía continuar. Pero creó un vacío
que no era fácil llenar”. Melina recuerda
que en una charla con el equipo ella se sacó el
sombrero y mostró los efectos de la quimio. Las
miró a todas y les dijo: “Esto es lo que
hay, pero estoy peleándola y voy a salir adelante”.
Gabriela sostiene que en ningún momento pensó
que moriría ahí y que aprendió a
luchar por su vida gracias a una jugadora veterana de
Hurlingham, Eliane, quien había contraído
cáncer. “Cuando la vi, me dijo ‘mirá,
yo sigo jugando porque si me muero ya no lo voy a poder
hacer. El pelo te va a volver a crecer’. Eliane
me contagió sus ganas de vivir”. Esta leona
de alma vuelve a jugar el 18 de agosto de 2007, sale a
la cancha y ganan por dos goles convertidos por ella.
La enfermedad me sirvió para entender que todos
tenemos una misión, hay que enfrentar la vida con
coraje y en eso me ayudó mucho el hockey y el apoyo
de mi familia.
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