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155 / mayo 2009

CHACO
Soldados de los Pueblos Originarios

MARÍA LUCILA “PIMPI” COLOMBO
“La conquista de la equidad social requiere un cambio cultural”

DIRECCION DE BIENESTAR
Primer Seminario de Violencia Intrafamiliar

CHACO
Agua para Charata

SEPPRE
Los camaradas sean unidos

INTELIGENCIA MILITAR DE COMBATE
Factor decisivo en la Victoria

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL. / Capitulo Décimotercero
El versátil jeep IKA

RESERVISTAS DEL EJÉRCITO
La Compañía Buenos Aires

17 DE MAYO - DÍA DE LA ARMADA
Operaciones Conjuntas a principios del Siglo XIX

BATALLÓN DE INGENIEROS 601
Curso Básico de Técnicas en Desminado Humanitario

TANDIL
Música, desfile y color

HISTORIAS DE VIDA
Aquel Soldado Toba
Los campos de Tuyut

CUARTA JORNADA DE CAPACITACIÓN
Trabajo para personas con capacidades diferentes

LA REVOLUCION DE MAYO DE 1809 EN EL ALTO PERÚ / Hacia el bicentenario de la Patria Nota XV
El primer grito de libertad en América del Sur

2DA SECCION
CONFERENCIA DE EJÉRCITOS AMERICANOS

Ciclos de Operaciones de Mantenimiento de Paz

HACIA EL BICENTENARIO
Una casa para afianzar la identidad


¿Qué tendrá ese petiso?
MARÍA LUCILA “PIMPI” COLOMBO
“La conquista de la equidad social requiere un cambio cultural”
por Lucía Tornero

Le dicen Pimpi desde que tiene memoria, por Pimpinela Escarlata, un personaje de la literatura. María Lucila Colombo es la Subsecretaria de Defensa al Consumidor y a pesar de haber estudiado Matemática en la Universidad, la vocación política es inherente a ella y se asomaba desde sus 17 años. Se la escucha atenta y amable, de hablar cordial y sereno, cada tanto deslizando el notable acento de su Tucumán natal. Allá por los años ´70, comenzaba a manifestarse su afán de lucha por los derechos de las mujeres. La funcionaria, quien estuvo a cargo de la titularidad del Consejo de la Mujer, fue también Secretaria General del Sindicato de Amas de Casa, labor que para ella es motivo de interminable orgullo.

¿Cómo se inició en la política y en la lucha por los derechos de las mujeres?
Una profesora de la secundaria me marcó mucho el gusto por la historia. A los 17 años me inicié en la militancia política, incluso antes de ingresar en la universidad. Empecé en la Izquierda Nacional en el ´72 y luchábamos para que Perón vuelva. En el año ´75 se instaló en el mundo la reflexión por los derechos de las mujeres. Entonces, con mis compañeras empezamos a discutir cuáles eran las causas de la discriminación de la

mujer y nos dimos cuenta de que todas compartimos las responsabilidades en el hogar y esas tareas carecen de valoración social y económica. Así, empezamos a trabajar la idea de que debíamos luchar por el reconocimiento del trabajo doméstico, por los salarios para las amas de casa. Pusimos en marcha la propuesta de armar un sindicato de amas de casa, la verdad, sin tener mucha fe de que realmente funcionaría. Sin embargo, ya llevamos 26 años. Desde la muerte de Eva Perón, nadie se había vuelto a acordar de las mujeres y sobre todo de las que trabajan en casa. En el libro “La razón de mi vida”, de Evita, hay una artículo que se llama “Una idea”. Hace referencia a la necesidad de que el Estado respalde la tarea que cada mujer hace al sostener su familia y propone que se les pague medio salario mínimo, a partir de que tienen su primer hijo. De una manera casi jocosa, allí dice en un momento que “si el Estado no se ocupa de respaldar el trabajo en el hogar, sólo las mujeres mediocres se van a querer casar, porque todas aquellas que tengan alguna oportunidad de desarrollarse, van a querer volcarse al trabajo remunerado”.

¿Cuándo se formó el Sindicato de Amas de Casa (SACRA)?
Lo conformamos en 1983. Nacimos en Tucumán, lo fuimos formando en distintas provincias con la consigna de que no debía estar restringido a los límites partidarios, sino que debía ser una propuesta nacional. ¡Fue impresionante! Afiliamos a más de 500 mil mujeres, llevando nuestro mensaje, que consistía en recuperar aquello que hizo Eva de luchar por la mujer, participando en la vida pública y por sus derechos en la vida privada, para erradicar la violencia, para tener derecho a la salud, para que su rol en el hogar esté protegido y sea en sí mismo motivo de derecho y que podamos ser protagonistas en la toma de decisiones. La discusión de los derechos de las mujeres no es incompatible ni contradictoria con la valoración de su trabajo en el hogar; hablar de familia no es un concepto que colisione con el de derecho de las mujeres, sino que necesitamos que el Estado considere la realidad de que la gran mayoría estamos a cargo de nuestra familia, muchas veces en soledad.

 
Los roles y responsabilidades entre el hombre y la mujer en la familia son todavía muy desiguales. ¿Cualés serían soluciones para una relación más equitativa?
No es posible imaginarse una sociedad con equidad que no tome en cuenta la gran inequidad que hay en el interior de la familia. Hoy, el rol de proveedores lo tienen tanto el varón como la mujer. Pero el rol de cuidador, tradicionalmente de la mujer, lo sigue teniendo ella. Hay una visión en el conjunto de la sociedad en que es muy lenta en el cambio de la inclusión de los varones en las responsabilidades familiares. Todo nuestro mensaje, desde el Consejo de la Mujer, planteaba que la conquista de la equidad requiere un cambio cultural muy profundo y un compromiso
importante por parte de la sociedad. Desde el SACRA, instalamos esta idea. No queremos pelear por nuestros derechos, renegando de lo que somos y hacemos. Las tareas femeninas son las menos valoradas socialmente, pero no quiere decir que sean menos valiosas.

Participó en el Consejo de Política de Género del Ministerio de Defensa. ¿A qué reflexiones arribaron?
Quedaron perfilados tres grandes troncos. Uno que podría definirse como lo gremial, aquellas cosas que tienen que ver con el derecho de la mujer a acceder al ascenso en la Fuerza, como por ejemplo, que las mujeres de la Armada puedan embarcarse, la consideración para los ascensos y para ser titulares de vivienda. Era clarísimo que había una cantidad de reivindicaciones vinculadas a la carrera. Otra parte tenía que ver con el tema de la violencia, el acoso, al incorporarse la mujer en un ambiente muy vertical, predominantemente de varones. El tercer tronco era lo vinculado con las cuestiones familiares. Por ejemplo, las mujeres no se podían casar con oficiales de rango superior, tenían que pedir permiso para contraer matrimonio, si eran madres solteras podían quedar fuera de la Fuerza; el hecho de no tener los mismos beneficios que el varón respecto de las atenciones familiares, de los desplazamientos, los destinos en el exterior. No planteamos que la lucha es contra el marido para compartir las tareas de la casa, no queremos establecer la batalla de los sexos dentro del matrimonio, sino que la valoración de la tarea doméstica y las formas de resolución tienen que ser más colectivas, más sociales. Es una problemática que atañe a mujeres y varones, no es una lucha de mujeres contra varones. Desde el sindicato, somos muy defensoras del derecho de las mujeres, pero nunca hemos sido una organización anti-varón. Se puede construir una equidad social. Todavía en las Fuerzas Armadas quedan algunos resabios, pero creo que se está haciendo un gran esfuerzo por modificarlo que puede aportar una riqueza y ensanchar la potencialidad de las Fuerzas Armadas de una manera espectacular.

¿Cómo ve el creciente rol de las mujeres en la FFAA?
Es espectacular. Creo que les abre a las mujeres oportunidades que antes no tenían. Las organizaciones son construcciones sociales, hechas por nosotros, así que las normas se pueden cambiar, en la medida que sumen y amplíen el panorama. A la institución la enriquece y se derriba el mito de que hay mundos exclusivos de mujeres y de varones. Ni el mundo de lo íntimo, lo personal, lo sensible, lo familiar, lo privado es solamente de mujeres ni el mundo del poder, de lo público, del dinero es solamente del varón. Ir construyendo esa interacción en instituciones muy verticales y muy estructuradas, es un gran desafío. En mi experiencia, cuando se convive con el varón, uno se forma de una manera más completa, más equilibrada. En ninguno de los extremos hay posibilidad de máximo desarrollo de la potencialidad humana. En cambio, en la sabia interacción donde unos y otros nos ponemos límites y buscamos el mayor despliegue, es donde las sociedades se desarrollan mejor, de una manera mas armónica. Creo que en las Fuerzas Armadas, se incorporaron las mujeres y después se reflexionó sobre lo que eso significaba en la cultura institucional. Creo que ayudó mucho la presencia de una ministra de Defensa, que enmarca claramente que esto no es una moda, ni un hecho pasajero, sino un concepto diferente desde los derechos de cómo debe pensarse la institución.

¿Cómo ve la iniciativa de organizar seminarios de violencia intrafamiliar en el ámbito de las Fuerzas Armadas?
Es muy importante, porque el tema de la violencia está culturalmente muy naturalizado. Últimamente, se discute mucho sobre la inseguridad y la violencia urbana y se habla muy poco del incumplimiento de la ley y de los hechos de violencia que ocurren entre personas que son familia, que conviven, que se quieren. Por lo tanto, se toma poco registro de que permitir que se naturalice la violencia en el interior de la familia es como una garantía de que se naturalice en la calle. El hecho de empezar a discutir esas cosas es importantísimo. La erradicación de la violencia debe empezar por casa. El próximo paso sería discutir por qué en nuestra legislación la violencia sexual, por ejemplo, es un delito público de acción privada. Quiere decir que si alguien es atacado y no realiza la denuncia, el agresor puede quedar impune y la policía no va a actuar. La víctima decide si quiere denunciar o no, si se siente avergonzada o no. El que debe sentirse avergonzado es quien vulnera la ley. No debería haber ninguna razón por la que sea requerida la denuncia para que actúen las autoridades. La razón por la que eso todavía subsiste es que, implícitamente, hemos naturalizado el hecho de que la mujer o varón, víctimas de violencia sexual, deban sentirse avergonzados.

¿Qué valores concretos defiende?
Lo primordial es que mujeres y varones tenemos derecho a construirnos con equidad y que la condición irrenunciable para eso es que se valore la tarea en su casa, que desarrollan millones de mujeres anónimamente. La condición es que construyamos organización social. No hay nadie que pueda sola, que por su cuenta pueda resolver el problema de ser discriminada, de ser víctima de violencia, de batallar en su trabajo para ser reconocida y valorada. Necesitamos transformar la visión de creer que es natural la cosificación de la mujer y la cultura desigual.

¿Se considera feminista?

Todas las palabras dependen de cómo se construyen y cómo se interpretan. Si feminismo es rechazar la vinculación de las mujeres con las cuestiones familiares, copiar el modelo masculino para construir la libertad o emancipación o la autonomía, no somos feministas. Si feminismo es hacer una revolución social por la equidad entre varones y mujeres, somos más feministas que cualquiera. Por eso siempre digo, si Eva Perón era feminista, yo también.
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