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/ mayo 2009 |


MARÍA LUCILA “PIMPI”
COLOMBO
“La conquista de la equidad social requiere
un cambio cultural” |















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MARÍA
LUCILA “PIMPI” COLOMBO
“La conquista de la equidad social requiere un cambio
cultural” |
por Lucía Tornero |
Le dicen
Pimpi desde que tiene memoria, por Pimpinela Escarlata,
un personaje de la literatura. María Lucila Colombo
es la Subsecretaria de Defensa al Consumidor y a pesar
de haber estudiado Matemática en la Universidad,
la vocación política es inherente a ella
y se asomaba desde sus 17 años. Se la escucha atenta
y amable, de hablar cordial y sereno, cada tanto deslizando
el notable acento de su Tucumán natal. Allá
por los años ´70, comenzaba a manifestarse
su afán de lucha por los derechos de las mujeres.
La funcionaria, quien estuvo a cargo de la titularidad
del Consejo de la Mujer, fue también Secretaria
General del Sindicato de Amas de Casa, labor que para
ella es motivo de interminable orgullo.
¿Cómo se inició en la política
y en la lucha por los derechos de las mujeres?
Una profesora de la secundaria me marcó
mucho el gusto por la historia. A los 17 años me
inicié en la militancia política, incluso
antes de ingresar en la universidad. Empecé en
la Izquierda Nacional en el ´72 y luchábamos
para que Perón vuelva. En el año ´75
se instaló en el mundo la reflexión por
los derechos de las mujeres. Entonces, con mis compañeras
empezamos a discutir cuáles eran las causas de
la discriminación de la |
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| mujer y nos
dimos cuenta de que todas compartimos las responsabilidades
en el hogar y esas tareas carecen de valoración social
y económica. Así, empezamos a trabajar la idea
de que debíamos luchar por el reconocimiento del trabajo
doméstico, por los salarios para las amas de casa.
Pusimos en marcha la propuesta de armar un sindicato de amas
de casa, la verdad, sin tener mucha fe de que realmente funcionaría.
Sin embargo, ya llevamos 26 años. Desde la muerte de
Eva Perón, nadie se había vuelto a acordar de
las mujeres y sobre todo de las que trabajan en casa. En el
libro “La razón de mi vida”, de Evita,
hay una artículo que se llama “Una idea”.
Hace referencia a la necesidad de que el Estado respalde la
tarea que cada mujer hace al sostener su familia y propone
que se les pague medio salario mínimo, a partir de
que tienen su primer hijo. De una manera casi jocosa, allí
dice en un momento que “si el Estado no se ocupa de
respaldar el trabajo en el hogar, sólo las mujeres
mediocres se van a querer casar, porque todas aquellas que
tengan alguna oportunidad de desarrollarse, van a querer volcarse
al trabajo remunerado”.
¿Cuándo se formó el Sindicato de Amas
de Casa (SACRA)?
Lo conformamos en 1983. Nacimos en Tucumán,
lo fuimos formando en distintas provincias con la consigna
de que no debía estar restringido a los límites
partidarios, sino que debía ser una propuesta nacional.
¡Fue impresionante! Afiliamos a más de 500 mil
mujeres, llevando nuestro mensaje, que consistía en
recuperar aquello que hizo Eva de luchar por la mujer, participando
en la vida pública y por sus derechos en la vida privada,
para erradicar la violencia, para tener derecho a la salud,
para que su rol en el hogar esté protegido y sea en
sí mismo motivo de derecho y que podamos ser protagonistas
en la toma de decisiones. La discusión de los derechos
de las mujeres no es incompatible ni contradictoria con la
valoración de su trabajo en el hogar; hablar de familia
no es un concepto que colisione con el de derecho de las mujeres,
sino que necesitamos que el Estado considere la realidad de
que la gran mayoría estamos a cargo de nuestra familia,
muchas veces en soledad.
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Los roles y responsabilidades entre el hombre y la mujer en
la familia son todavía muy desiguales. ¿Cualés
serían soluciones para una relación más
equitativa?
No es posible imaginarse una sociedad con equidad que no tome
en cuenta la gran inequidad que hay en el interior de la familia.
Hoy, el rol de proveedores lo tienen tanto el varón como
la mujer. Pero el rol de cuidador, tradicionalmente de la mujer,
lo sigue teniendo ella. Hay una visión en el conjunto
de la sociedad en que es muy lenta en el cambio de la inclusión
de los varones en las responsabilidades familiares. Todo nuestro
mensaje, desde el Consejo de la Mujer, planteaba que la conquista
de la equidad requiere un cambio cultural muy profundo y un
compromiso |
importante por
parte de la sociedad. Desde el SACRA, instalamos esta idea.
No queremos pelear por nuestros derechos, renegando de lo que
somos y hacemos. Las tareas femeninas son las menos valoradas
socialmente, pero no quiere decir que sean menos valiosas.
Participó en el Consejo de Política de Género
del Ministerio de Defensa. ¿A qué reflexiones
arribaron?
Quedaron perfilados tres grandes troncos. Uno que podría
definirse como lo gremial, aquellas cosas que tienen que ver
con el derecho de la mujer a acceder al ascenso en la Fuerza,
como por ejemplo, que las mujeres de la Armada puedan embarcarse,
la consideración para los ascensos y para ser titulares
de vivienda. Era clarísimo que había una cantidad
de reivindicaciones vinculadas a la carrera. Otra parte tenía
que ver con el tema de la violencia, el acoso, al incorporarse
la mujer en un ambiente muy vertical, predominantemente de varones.
El tercer tronco era lo vinculado con las cuestiones familiares.
Por ejemplo, las mujeres no se podían casar con oficiales
de rango superior, tenían que pedir permiso para contraer
matrimonio, si eran madres solteras podían quedar fuera
de la Fuerza; el hecho de no tener los mismos beneficios que
el varón respecto de las atenciones familiares, de los
desplazamientos, los destinos en el exterior. No planteamos
que la lucha es contra el marido para compartir las tareas de
la casa, no queremos establecer la batalla de los sexos dentro
del matrimonio, sino que la valoración de la tarea doméstica
y las formas de resolución tienen que ser más
colectivas, más sociales. Es una problemática
que atañe a mujeres y varones, no es una lucha de mujeres
contra varones. Desde el sindicato, somos muy defensoras del
derecho de las mujeres, pero nunca hemos sido una organización
anti-varón. Se puede construir una equidad social. Todavía
en las Fuerzas Armadas quedan algunos resabios, pero creo que
se está haciendo un gran esfuerzo por modificarlo que
puede aportar una riqueza y ensanchar la potencialidad de las
Fuerzas Armadas de una manera espectacular.
¿Cómo ve el creciente rol de las mujeres en la
FFAA?
Es espectacular. Creo que les abre a las mujeres oportunidades
que antes no tenían. Las organizaciones son construcciones
sociales, hechas por nosotros, así que las normas se
pueden cambiar, en la medida que sumen y amplíen el panorama.
A la institución la enriquece y se derriba el mito de
que hay mundos exclusivos de mujeres y de varones. Ni el mundo
de lo íntimo, lo personal, lo sensible, lo familiar,
lo privado es solamente de mujeres ni el mundo del poder, de
lo público, del dinero es solamente del varón.
Ir construyendo esa interacción en instituciones muy
verticales y muy estructuradas, es un gran desafío. En
mi experiencia, cuando se convive con el varón, uno se
forma de una manera más completa, más equilibrada.
En ninguno de los extremos hay posibilidad de máximo
desarrollo de la potencialidad humana. En cambio, en la sabia
interacción donde unos y otros nos ponemos límites
y buscamos el mayor despliegue, es donde las sociedades se desarrollan
mejor, de una manera mas armónica. Creo que en las Fuerzas
Armadas, se incorporaron las mujeres y después se reflexionó
sobre lo que eso significaba en la cultura institucional. Creo
que ayudó mucho la presencia de una ministra de Defensa,
que enmarca claramente que esto no es una moda, ni un hecho
pasajero, sino un concepto diferente desde los derechos de cómo
debe pensarse la institución.
¿Cómo ve la iniciativa de organizar seminarios
de violencia intrafamiliar en el ámbito de las Fuerzas
Armadas?
Es muy importante, porque el tema de la violencia está
culturalmente muy naturalizado. Últimamente, se discute
mucho sobre la inseguridad y la violencia urbana y se habla
muy poco del incumplimiento de la ley y de los hechos de violencia
que ocurren entre personas que son familia, que conviven, que
se quieren. Por lo tanto, se toma poco registro de que permitir
que se naturalice la violencia en el interior de la familia
es como una garantía de que se naturalice en la calle.
El hecho de empezar a discutir esas cosas es importantísimo.
La erradicación de la violencia debe empezar por casa.
El próximo paso sería discutir por qué
en nuestra legislación la violencia sexual, por ejemplo,
es un delito público de acción privada. Quiere
decir que si alguien es atacado y no realiza la denuncia, el
agresor puede quedar impune y la policía no va a actuar.
La víctima decide si quiere denunciar o no, si se siente
avergonzada o no. El que debe sentirse avergonzado es quien
vulnera la ley. No debería haber ninguna razón
por la que sea requerida la denuncia para que actúen
las autoridades. La razón por la que eso todavía
subsiste es que, implícitamente, hemos naturalizado el
hecho de que la mujer o varón, víctimas de violencia
sexual, deban sentirse avergonzados.
¿Qué valores concretos defiende?
Lo primordial es que mujeres y varones tenemos derecho a construirnos
con equidad y que la condición irrenunciable para eso
es que se valore la tarea en su casa, que desarrollan millones
de mujeres anónimamente. La condición es que construyamos
organización social. No hay nadie que pueda sola, que
por su cuenta pueda resolver el problema de ser discriminada,
de ser víctima de violencia, de batallar en su trabajo
para ser reconocida y valorada. Necesitamos transformar la visión
de creer que es natural la cosificación de la mujer y
la cultura desigual.
¿Se considera feminista?
Todas las palabras dependen de cómo se construyen y cómo
se interpretan. Si feminismo es rechazar la vinculación
de las mujeres con las cuestiones familiares, copiar el modelo
masculino para construir la libertad o emancipación o
la autonomía, no somos feministas. Si feminismo es hacer
una revolución social por la equidad entre varones y
mujeres, somos más feministas que cualquiera. Por eso
siempre digo, si Eva Perón era feminista, yo también.
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