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/ mayo 2009 |







EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA
PRODUCCIÓN NACIONAL. / Capitulo Décimotercero
El versátil jeep
IKA |










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EL
EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL
/ Capitulo Décimotercero
El versátil jeep
IKA |
por Lauro S. Noro |
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Una publicidad de fines de los años ‘50 lo
bautizó como “El petiso de los mandados”.
Es que el jeep, fabricado por Industrias Kaiser Argentina,
en base al CJ5 estadounidense, estaba concebido para hacer
de todo. Desde que su inconfundible silueta se presentó
en sociedad, en la |
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| planta
Santa Isabel, de Alta Gracia, Córdoba, el 27 de abril
de 1956 y por más de dos décadas, se convirtió
en un símbolo para los fanáticos y amantes de
los fierros. Su vida en el Ejército. |
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De fácil
manejo, liviano, ágil, robusto, confiable, resistente
y noble, hasta el Ejército Argentino lo “llamó”
a sus filas. Y de acuerdo con los requerimientos de la Fuerza,
sirvió como vehículo de transporte, arma de
combate, explorador, soporte de ametralladoras y morteros,
ambulancia y con ruedas de tren, hasta arrastró vagones
por las vías. Un verdadero “gauchito”.
Entre sus “novedades” de entonces, ostentaba una
compuerta trasera, limpiaparabrisas automáticos, tapa
externa para la admisión de combustible y la característica
rueda de auxilio en su lateral derecho.
Argentino de pura cepa
Los primeros vehículos estaban hechos
con casi un 40 por ciento de materiales nacionales; entre
ellos, los cigüeñales, blocks, cabezas de cilindros,
cubre volantes y otras piezas. El montaje, que incluía
el motor, se realizó en la misma factoría cordobesa.
En el año de su nacimiento, se produjeron 3.000, con
tracción simple y doble, equipados con el motor L-151
Continental. Y así, sin solución de continuidad,
en diciembre de 1957, aquel porcentaje trepó al ciento
por ciento y su producción de todos sus elementos fue
totalmente argentina. Cuando el último jeep dejó
la línea de montaje, el 30 de marzo de 1978, se había
alcanzado la cifra de 85.441 unidades.
Cabe señalar que en 1957 se inició la fabricación
de la rural Kaiser Estanciera, la primera de su tipo producida
en la Argentina. También formó parte de las
Fuerzas Armadas y de Seguridad como vehículo de comando.
Dos años después, por un acuerdo con la fábrica
Renault, produjo bajo licencia modelos de sus automóviles.
En 1960 se transformaría en socio mayoritario de la
sociedad. Así nació IKA-Renault. En 1975, con
la compra de todo el paquete accionario, se transformó
en Renault Argentina S.A.
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Apellido ilustre
Metámonos un poco en la historia. El linaje del jeep
criollo era nada menos que el modelo de la fábrica
de automóviles Willys, una marca que pasó a
la posteridad por las acciones y hazañas de su pequeño
todo-terreno, durante la Segunda Guerra Mundial. En 1945 surgió
la serie CJ (Civilian Jeep) con el primer jeep civil CJ-2A
y que fue producido durante cuatro años. En 1948 se
introdujo el CJ-3A, muy similar al anterior pero con un pequeño
techo y que junto con el CJ-3B, se distinguió por sus
líneas rectas y chatas en los guardabarros, frente
y parrilla. Estaba basado en el jeep militar M-38A1, de 1951,
con mejoras en el motor, transmisión, tracción
y confort. Su producción se extendió hasta 1968.
Hasta que apareció el CJ-5 de perfiles redondeados
y sobre cuyo modelo fue diseñado el jeep IKA.
En los años que siguieron, la empresa estadounidense
cambió varias veces de manos. En 1953 tomó el
nombre de Kaiser Manufacturing; una década más
tarde, el de Kaiser Jeep Corporation; en 1970 pasó
a la American Motors Corporation y en 1987 fue absorbida finalmente
por la Chrysler. En nuestro medio, ya como IKA, el jeep dio
muestras acabadas de sus posibilidades en toda circunstancia,
clima y suelo. En especial, en regimientos, unidades, batallones
y brigadas donde revistó, a lo largo y ancho del país.
Estuvo en servicio hasta mediados de los ‘80, cuando
se lo reemplazó por el vehículo mediano Mercedes
Benz. También formó parte de la Armada y la
Fuerza Aérea. Para esos fines castrenses, fueron adaptadas
distintas versiones con modificaciones en la carrocería
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Convenio
de aquellos
La visión del Brigadier Juan Ignacio San Martín
fue la que posibilitó la llegada de Henry Kaiser,
de Oakland, California, Estados Unidos, a nuestro país.
Lo había seducido con una propuesta del presidente
Perón. Nada menos que crear la primera y más
grande fábrica de manufactura en serie de automóviles
en la Argentina. No dudó y en 1955 se radicó
entre nosotros. En el contrato celebrado entre ambas partes,
estaba especificado que la industria fabricaría
11.000 vehículos en 1957 y llegaría a las
40.000 unidades en 1959. El capital social sería
de 360 millones de pesos y el capital operativo, de 600
millones. De esa cantidad, 165 millones fueron suscriptos
por 8.000 inversionistas argentinos. El propio Estado
aportó 80 millones por intermedio del I.A.M.E.
y el resto, a través un préstamo del Banco
Industrial de la República Argentina. Con esa idea
se fabricarían tractores, motores diésel
y nafta y sus repuestos, motocicletas y bicicletas y la
radicación de industrias automotrices. El golpe
de septiembre de ese año frenó los convenios
pactados y hasta dejaron de fabricarse el sedán
de plástico, camionetas y automóviles especiales.
En 1956 la fábrica Mercedes Benz también
fue intervenida por decreto, paralizadas sus actividades
en la planta de Buenos Aires, despedidos 770 obreros y
empleados y sus bienes, transferidos al Estado. |
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(abierta con
toldo, cerrada y media cabina), de chasis corto y largo, pero
sin alterar el motor de cuatro cilindros. Mantuvo su tracción
en las cuatro ruedas, aunque también se construyó
una versión 4 x 2, para transitar por terrenos en mal
estado y de difícil acceso.
Industria de industrias
Como siempre ocurre en estos casos, la instalación
de Kaiser en la Argentina, propició el surgimiento
de pequeñas y medianas empresas autopartistas. Y eso
significó la creación de numerosas fuentes de
trabajo. Entre ellas, para contar con operarios para el diseño
de equipos eléctricos de los autos, con expertos para
montar una red de proveedores para la industria automotriz
y entrenar y capacitar a una legión de técnicos,
especialistas, torneros, carburistas, etcétera, con
esos fines. Había que entender sobre dínamos,
arranques, bobinas de encendido, baterías, instrumentos.
Un desarrollo que dio frutos jamás imaginados. “Se
comenzaron por fabricar con nuestra tecnología y mano
de obra los vehículos que antes importábamos.
En consecuencia, las fábricas extranjeras no tuvieron
otro camino que establecerse en el país, invirtiendo
sus capitales y trayendo su tecnología más avanzada.
Comenzó así el proceso de inversión real
de capitales con sus convenientes consecuencias para el país”,
recuerda uno de los protagonistas de ese desarrollo en aquellos
años.  |
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