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/ abril 2009 |






HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Noveno
Mujeres de Ley |

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y
LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Décimosegundo
Altos
Hornos Zapla |






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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Noveno
Mujeres de Ley |
de la Redacción
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En estas cuatro mujeres del siglo XX simbolizamos a solteras
y casadas, viudas y separadas, madres e hijas, abuelas, tías,
sobrinas y nietas, de todas las profesiones y actividades, que
a lo largo y a lo ancho de país trabajan, sueñan,
estudian, educan y viven por un mundo mejor y más humano.
María Eva Duarte de Perón, Alicia Moreau de Justo,
Florentina Gómez Miranda y Emma Day de Oliva, son los
paradigmas que presentamos, a modo de homenaje. |
MARÍA
EVA DUARTE DE PERÓN
Abanderada de los humildes |
En familia,
la llamaban Chola. En aquellos años de la niñez
y primera adolescencia, nada hacía presagiar el
singular futuro que le esperaba. María Eva Duarte
había nacido en Los Toldos, provincia de Buenos
Aires, en 1919. Hija natural de Juana Ibarburen y de un
arrendatario de ese apellido, era una chica como tantas.
Sin embargo, ya desde temprano, la vida se encargaría
de ir marcando su carácter indomable. Cuando en
1926 murió su padre, padeció una dura discriminación
que le impidió, a ella y a sus hermanas, acercarse
al velatorio. A los 15 años dejó el secundario
y la tranquilidad provinciana. Viajó a la Capital
Federal. Allí estaba su hermano Juan -Juancito-
que cumplía con el servicio militar obligatorio.
En la gran ciudad, poco a poco, se interesó e ingresó
en el ambiente del espectáculo. Logró participar
en radioteatros de la época y frente al micrófono,
personificó a heroínas de la historia. Esa
misma mujer, de voz endulzada y meliflua que viajaba a
través del éter, en aquellos lacrimógenos
novelones, en menos de seis años se convirtió
en el emblema y símbolo del movimiento peronista.
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Encuentro decisivo
En enero de 1944 se produjo el terremoto en
San Juan con miles de muertos y heridos. Este hecho hizo brotar
el germen de la solidaridad en el corazón de Eva. Con
sus compañeros de la radio pensó en hacer una
colecta por las calles de la ciudad de Buenos Aires, representando
las novelas que emitían diariamente. Con esa iniciativa,
fueron recibidos por el entonces secretario de trabajo y Previsión
Social del gobierno del general Edelmiro Farrel, coronel Juan
Domingo Perón. Éste no sólo los apoyó
sino que los invitó al acto que por las víctimas
del desastre se realizaría días más tarde,
en el Luna Park. El 22 de enero de 1944 a instancias del coronel
Juan Mercante, se produjo el definitivo encuentro entre ambos
y el “flechazo” que los uniría para siempre.
El tenía 49 años y ella, 26. Se casaron un año
después.
El 17 de octubre
El 8 de octubre de 1945, luego de promover
importantes mejoras sociales, como la sanción del estatuto
del peón, Perón fue forzado a renunciar. Un
sector militar que respondía a intereses conservadores
y de las compañías extranjeras, lo mandó
arrestar y confinar en la isla Martín García.
Con su carácter apasionado e indómito, el 17
de ese mes, Evita abogó y logró su liberación.
Al mismo tiempo, se producía la manifestación
popular que pasaría a llamarse “Día de
la lealtad” en apoyo del futuro líder justicialista.
Esta demostración lo llevaría al poder en las
elecciones de 1946.
Ella se puso a su lado. De inmediato, llamó la atención
por su compromiso social. Asumió un decisivo rol que
pronto la llevó a convertirse en el “alma del
movimiento”. Como las damas de la Sociedad de Beneficencia
le habían negado la presidencia honoraria de la entidad,
que por tradición se otorgaba a la primera dama del
país, creó la Fundación Eva Perón,
que así se llamó a partir del 29 de septiembre
de 1950.
Nace Evita
Con una actividad casi sin límites, Evita -como ya
la conocían todos-, puso en marcha una extraordinaria
labor en favor de los más necesitados. En poco tiempo
se convirtió en la “abanderada de los humildes”.
Fue nervio y alma del movimiento. Miles de escuelas, hospitales,
residencias para estudiantes y ancianos, orfanatos, viviendas
para obreros, refugios para madres solteras y colonias de
vacaciones para niños salieron de su decidida acción
social. Como así también campeonatos de fútbol
infantiles, la ciudad de los niños en Gonnet y la ayuda
para ancianos, enfermos y desprotegidos.
A fines de 1949 aparecieron los primeros síntomas del
cáncer uterino que la llevó a la muerte. No
desistió en la tarea. El 22 de agosto de 1951, en un
multitudinario acto organizado por la CGT, le ofrecieron la
candidatura a vicepresidenta de la Nación para acompañar
a su esposo el General Perón en los comicios que se
avecinaban para su reelección. Finalmente renunció
al ofrecimiento el 31 de agosto. Ya en su lecho de enferma
y como propulsora del voto femenino, sufragó desde
la cama, muy debilitada. Murió el 26 de julio de 1952,
a los 33 años.
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ALICIA
MOREAU DE JUSTO
Líder de los derechos de la mujer |
Desde muy joven
mamó el germen del compromiso político. Alicia
Moreau de Justo, que nació en Londres el 11 de octubre
de 1885, muy pronto siguió los pasos de su padre, Armando,
un revolucionario francés. Llegaron a la Argentina en
1890, con su madre, María Denanpont. Una vez en Buenos
Aires, él integró grupos socialistas que organizaban
el movimiento obrero argentino. Su hija solía acompañarlo
a esas reuniones y actividades. En el Colegio Normal Nº
1, donde cursó la secundaria, recibió una influencia
decisiva de Hipólito Yrigoyen, que era su profesor de
Filosofía.
En 1906, a los 21 años, fundó el movimiento feminista
en la Argentina y de la mano de Sara Justo, Elvira Rawson Dellepiane
y Julieta Lantieri, entre otras, creó el Centro Feminista
de Argentina y el Comité Pro-Sufragio Femenino. Un año
después ingresó a la Facultad de Medicina de la
Universidad de Buenos Aires, donde se graduó como médica
en 1913. Damas rojas
Con Berta W. de Gerchunoff, su padre y otros
militantes, le dieron forma al Ateneo Popular para promover
la extensión secundaria y universitaria. En 1919 participó
en el Congreso Internacional de Obreras, en Washington, en el
que se relacionó con el movimiento por el sufragio femenino.
En el Congreso Internacional de Médicas fue electa para
integrar el comité ejecutivo de la Asociación
Internacional de Mujeres Médicas. Al año siguiente
integró la Unión Feminista Nacional (UFN) para
apoyar la sanción de leyes sobre los derechos de la mujer,
de protección del trabajo femenino y combatir la trata
de blancas. Por estas acciones, sus integrantes fueron llamadas
las “damas rojas”.
En 1921 decidió afiliarse al Partido Socialista y al
año siguiente se casó con su fundador, Juan B.
Justo, que murió siete años después. Tuvieron
tres hijos, Juan, Luis y Alicia. Por esas décadas se
convirtió en la primera mujer argentina en ocupar un
cargo político cuando integró el comité
ejecutivo del Partido Socialista. |
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Desde su seno nacieron
las Agrupaciones Femeninas. En 1932 elaboró un proyecto de
ley de sufragio femenino, que finalmente no prosperó en la
Cámara de Senadores. En la década 1930-1940 organizó
campañas en apoyo de la república española, sobre
todo durante la Guerra Civil. Férrea
opositora
Con la aparición del peronismo y en los dos
primeros gobiernos justicialistas, manifestó una clara oposición
al régimen. Aunque con la sanción de la ley del voto
femenino, en 1947, expresó: “!Qué bueno!, aunque
venga del gobierno peronista”. Cuatro años más
tarde, cuando las mujeres argentinas pudieron votar y ser votadas
para cargos nacionales, integró la lista de diputados nacionales
junto con otras mujeres socialistas. Con el golpe militar de 1955,
el Partido Socialista se dividió en dos grupos: un ala conservadora
que apoyaba al gobierno militar, encabezada por Américo Ghioldi,
y otra más popular, por Alfredo Palacios y Alicia Moreau de
Justo. En 1956 fue nombrada directora del periódico La Vanguardia,
que tenía un tiraje de 90.000 ejemplares, al que le imprimió
un contenido crítico al gobierno militar, duramente cuestionado
como populista por el ala conservadora del partido. Con la ruptura
de ambos grupos, se formaron el Partido Socialista Argentino, con
ella, Palacios, José Luis Romero, Carlos Sánchez Viamonte,
a la cabeza y el Partido Socialista Democrático. En 1972, cuando
el PSA se fusionó con otros grupos socialistas para conformar
el Partido Socialista Popular, se alejó para formar la Confederación
Socialista Argentina, con Héctor Polino, Alfredo Bravo y Elena
Tchalidy.
Muchas veces acompañó a la Madres de Plaza de Mayo en
sus rondas semanales y fue una de las fundadoras de la Asamblea Permanente
por los Derechos Humanos (APDH). En 1982 se opuso a la Guerra de las
Malvinas. En 1985 cumplió una centuria y en el homenaje que
se le rindió donde estuvo rodeada por dirigentes de todo el
espectro político argentino, dio su último discurso
público, dirigido especialmente a los jóvenes y mujeres.
Falleció el 12 de mayo de 1986, a los 101 años. |
EMMA
DAY DE OLIVA
Por sobre todo, docente |
No pasó
desapercibida. En los ámbitos donde actuó, Emma
Day de Oliva impuso su avasallante personalidad. Amante de la
cultura, educadora, escritora y feminista, había nacido
en la isla Martín García el 26 de mayo de 1883.
Hija del coronel Ricardo A. Day, comandante de la guarnición
de ese lugar, en su infancia fue llevada a Europa y posteriormente
a Estados Unidos, donde su padre cumplió funciones diplomáticas.
De regreso en la Argentina, estudió en la Escuela Normal
de Profesoras Nº 1 Roque Sáenz Peña, donde
se graduó como profesora de Ciencias y Lenguas, título
que le permitiría, durante 40 años, dictar cátedras
en el citado instituto, en el Normal Nº 8 y en los colegios
Julio A. Roca, Urquiza y Ward, que fundó junto con la
Escuela Argentina Modelo. En pleno gobierno de Hipólito
Yrigoyen y coherente con sus principios, siendo titular de la
cátedra de Letras, criticó al director del establecimiento
donde ejercía y al día siguiente fue dejada cesante.
Dos semanas después publicó Pasatiempos de una
Cesante.
Infatigable defensora de la democracia, propulsó los
derechos de la mujer desde las filas del Partido Socialista,
junto con Elvira Rawson de Dellepiane, Sara Justo y Alicia Moreau
de Justo, entre otras. Encabezó numerosas campañas
feministas, haciéndose oír en fogosas arengas
y además, integró las comisiones directivas de
la Asociación Pro Derechos de la Mujer, la Liga de Amas
de Casa, el Club de Madres, la Cruzada Femenina, la Liga de
Madres de Familia y la Asociación de Recreos Infantiles.
En la cárcel
Lo suyo era la docencia. La ejerció en todos lados, hasta
en la cárcel. Su hija, Alicia Oliva Day de Anzorena (81),
relata una anécdota que la retrata tal cual era. “Una
mañana salió de su casa, de Villanueva 1175, en
el barrio de Belgrano, para ir a Plaza Once. Trajecito sastre
negro, sombrerito con tul que cubría sus canas |
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que peinó desde
muy joven, guantes y carterita pellizco. En ella, llevaba un silbato
que utilizaba para alertar a los guardias que vigilaban la cuadra
donde vivía. Bajó del colectivo y se encontró
con una manifestación que escuchaba un discurso peronista.
Pidiendo permiso, llegó hasta donde estaba quien arengaba a
la multitud. Entonces, sacó el silbato y lo hizo sonar estrepitosamente.
Como era lógico, la sacaron de allí y a las dos cuadras
la obligaron a regresar”. Por supuesto, tozuda como buena descendiente
de ingleses, repitió el episodio. Esta vez, en un coche privado
la depositaron en su casa acompañada por una larga comitiva,
con la orden de trasladarla a Coordinación Federal, que dirigía
el Coronel Jorge Osinde. Desde allí, junto con su hermana Queta,
fue conducida a la cárcel de mujeres, en la calle Humberto
1º, donde compartieron celdas con prostitutas, asesinas, lesbianas,
etcétera. “A las convictas les daba clases de historia,
castellano, geografía y arte y…¡hasta había
organizado un levantamiento! para recibir al jefe del instituto”,
agrega Alicia. Pasaron siete meses detenidas. Amplia
cultura
Por su iniciativa se creó el Colegio Huérfanos Militares
Dámaso Centeno, publicó trabajos sobre educación
y se contó entre las fundadoras del Capítulo Argentino
de la Unión de Mujeres Americanas (UMARA) del que fue la primera
presidenta. El 16 de diciembre de 1966 se despidió del cargo.
Los integrantes de la entidad dejaron asentadas en un libro palabras
de admiración por su gestión. Una de ellas llegó
a Buenos Aires y pidió dejar su testimonio. “Se lamentó
por no haber conocido personalmente a mi madre ya que su fama había
traspasado nuestro país. Se plegó a aquellas felicitaciones
y dejó su valiosa identificación: Indira Ghandi”,
completa con emoción.
Hija dilecta de su padre, jugaba al tenis, esquiaba, patinaba sobre
hielo, montaba a caballo y recorría los barrios porteños
en bicicleta. Hablaba francés, inglés, italiano, alemán,
griego y latín. “Era muy rigurosa y estricta, de carácter
amable, pero firme en sus convicciones. Le gustaba mucho la música
clásica. Organizaba cuanto curso podía, divulgando ideas
de libertad y justicia. Estimulaba y colaboraba con aquellos que intentaban
superarse y para nosotros, su familia, fue un estandarte por su inquebrantable
lucha. Su vida se transformó en un ejemplo cívico. Fue
la primera que bregó por el voto femenino”, recuerda
Alicia. Falleció en Buenos Aires, el 2 febrero de l969, a los
85 años. |
FLORENTINA
GÓMEZ MIRANDA
Una política de raza |
Sus dichos la
perfilan con toda claridad: “Prefiero un estadista a un
líder. El estadista deja alumnos; el líder, no,
porque ese atributo no lo adquirió”. “Si
miramos una lista, probablemente las mujeres que llegaron son
las que han tenido mayor posibilidad de que algún hombre
les haga un lugar. Algunas se lo han hecho por ellas mismas,
pero en la generalidad eso no sucede”. “La revolución
tiene que venir desde la educación. Si no hay cambio
y no es profundo y claro, la sociedad no evoluciona”.
“Para triunfar simplemente hay que tener por bandera los
ideales y por escudo la intransigencia” .“Apoyo
todas las cuestiones referidas a la mujer, sin distinción
de color, dentro de los límites de la legalidad”.
“Ahora que tenemos presencia, es necesario cortar el cordón
umbilical que une a las mujeres políticas al cerebro
de los políticos. Muchas de ellas tienen las tijeras
pero no saben que hacer y otras, las tienen, pero no quieren
usarlas”. “Mientras tenga dos piernas que me sostengan,
dos brazos para abrazar y proteger, dos manos para escribir
y acariciar, dos ojos para contemplar y leer, dos oídos
para escuchar y aprender, mientras tenga la palabra rápida
para el diálogo, para convencer; mientras tenga la mente
lista para la duda, un corazón para amar y un alma para
soñar, la política y la vida serán siempre
para mí la más apasionante de las aventuras”.
Así piensa Florentina Gómez Miranda, que nació
en Olavarría, el 14 de febrero de 1912 y donde vivió
hasta los 10 años.
Más de cien proyectos
La crónica de su intensa vida registra que en 1945, en
la Universidad Nacional de La Plata, se recibió de abogada.
En agosto de 1946 se afilió a la Unión Cívica
Radical y desde entonces ha luchado por los derechos de la mujer.
Como diputada por la UCR, entre 1984 y 1991, fue una de las
cinco mujeres en toda la Cámara.
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Durante ese lapso,
presentó más de 150 proyectos. Entre ellos, la autoridad
de los padres compartida; divorcio vincular; pensión al viudo,
a la cónyuge divorciada; la igualdad de los hijos matrimoniales
y extramatrimoniales; derecho de la mujer a seguir usando el apellido
de soltera luego de casada (cese del “señora de…”)
y pensión de la concubina y concubino.
Cuando alguien le pedía que se definiera, decía: “soy
maestra por vocación, abogada por elección y política
por pasión. Y de las tres actividades la que más me
ha servido en la vida fue la primera, aun en mi segunda profesión.
Siempre digo que no hay nadie que se parezca más al político
que un maestro; este se para frente de la clase y se expone, y el
político también. Ahora bien, cuáles son las
armas del maestro; son únicas: la palabra, el libro y la pluma.
Y el político tiene las mismas”, reflejaba en un reportaje.
Ejemplo de vida
En una época donde no era muy común que la mujer desarrollase
actividades “reservadas a los hombres”, como la que le
tocó vivir, no dudaba. “Siempre les digo a las mujeres
que todo se puede hacer si una quiere. En todos lados siembro algo,
no me van a encontrar en un renunciamiento. El único mérito
que me reconozco es la coherencia. Lo que defiendo ahora es lo mismo
que defendía a los 18 años, con la misma pasión
y convencimiento. Hoy en día me admiten mucho más y
eso es gracias a mis 96 años”, dijo. Cuando los cumplió,
no sólo había impulsado la Ley de Cupo, sino el ejemplo
de una vida política basada en ser coherente, tenaz y honesta.
Aguda observadora de la realidad, demócrata a carta cabal,
defensora de los derechos de las mujeres, jamás dudó
en y trabajar duramente por sus convicciones en el seno del Partido
Radical, “ciento por ciento machista”, aclaraba.
El hecho de ser mujer -como ella misma sostiene- no le impidió
hacer algo que se hubiera propuesto. En ese sentido, es crítica
y punzante. “Si las mujeres llegaron en mayor número
al Congreso pero siguen sin tener poder es porque “están
muy tranquilas” y además, porque no pueden trascender
el sectarismo que hay entre los partidos”. Su lema, lo repitió
con el orgullo de su transparente trayectoria: “digo lo que
pienso y hago lo que digo”.
Se hizo acreedora a numerosos premios y distinciones; entre los que
se encuentran, la Banca de Oro (1986), Premio Alicia Moreau de Justo
(1990-1999), Ciudadana Ilustre de Buenos Aires (1999) y el Dignidad
1999, de la Asamblea de los Derechos Humanos.  |
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