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154 / abril 2009

DOCTOR RAÚL RICARDO ALFONSÍN
Multitudinaria despedida del pueblo al ex Presidente

ENTREVISTA A JULIO PIUMATO
Reflexiones sobre Derechos Humanos

PERSONALIDADES
Un concierto por la vida

Prevención contra el Dengue

JUNÍN DE LOS ÁNDES
Ante el desafío de escalar el Lanín

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Noveno
Mujeres de Ley

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Décimosegundo
Altos Hornos Zapla

RESERVISTAS DEL EJÉRCITO
Nuevo sistema de instrucción

EN EL MAR ARGENTINO
Navegando en la Fragata Libertad

PERSONALIDADES / ENTREVISTA A LITTO NEBBIA
Referente del arte nacional

COMODORO RIVADAVIA
Inicio del ciclo lectivo en el Liceo Militar General Roca

2DA SECCION
Cartas a Malvinas

35º FERIA DEL LIBRO
“Pensar con libros” será el lema de esta nueva edición

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Noveno
Mujeres de Ley
de la Redacción

En estas cuatro mujeres del siglo XX simbolizamos a solteras y casadas, viudas y separadas, madres e hijas, abuelas, tías, sobrinas y nietas, de todas las profesiones y actividades, que a lo largo y a lo ancho de país trabajan, sueñan, estudian, educan y viven por un mundo mejor y más humano. María Eva Duarte de Perón, Alicia Moreau de Justo, Florentina Gómez Miranda y Emma Day de Oliva, son los paradigmas que presentamos, a modo de homenaje.
 
 

MARÍA EVA DUARTE DE PERÓN
Abanderada de los humildes

En familia, la llamaban Chola. En aquellos años de la niñez y primera adolescencia, nada hacía presagiar el singular futuro que le esperaba. María Eva Duarte había nacido en Los Toldos, provincia de Buenos Aires, en 1919. Hija natural de Juana Ibarburen y de un arrendatario de ese apellido, era una chica como tantas. Sin embargo, ya desde temprano, la vida se encargaría de ir marcando su carácter indomable. Cuando en 1926 murió su padre, padeció una dura discriminación que le impidió, a ella y a sus hermanas, acercarse al velatorio. A los 15 años dejó el secundario y la tranquilidad provinciana. Viajó a la Capital Federal. Allí estaba su hermano Juan -Juancito- que cumplía con el servicio militar obligatorio. En la gran ciudad, poco a poco, se interesó e ingresó en el ambiente del espectáculo. Logró participar en radioteatros de la época y frente al micrófono, personificó a heroínas de la historia. Esa misma mujer, de voz endulzada y meliflua que viajaba a través del éter, en aquellos lacrimógenos novelones, en menos de seis años se convirtió en el emblema y símbolo del movimiento peronista.

Encuentro decisivo
En enero de 1944 se produjo el terremoto en San Juan con miles de muertos y heridos. Este hecho hizo brotar el germen de la solidaridad en el corazón de Eva. Con sus compañeros de la radio pensó en hacer una colecta por las calles de la ciudad de Buenos Aires, representando las novelas que emitían diariamente. Con esa iniciativa, fueron recibidos por el entonces secretario de trabajo y Previsión Social del gobierno del general Edelmiro Farrel, coronel Juan Domingo Perón. Éste no sólo los apoyó sino que los invitó al acto que por las víctimas del desastre se realizaría días más tarde, en el Luna Park. El 22 de enero de 1944 a instancias del coronel Juan Mercante, se produjo el definitivo encuentro entre ambos y el “flechazo” que los uniría para siempre. El tenía 49 años y ella, 26. Se casaron un año después.

El 17 de octubre
El 8 de octubre de 1945, luego de promover importantes mejoras sociales, como la sanción del estatuto del peón, Perón fue forzado a renunciar. Un sector militar que respondía a intereses conservadores y de las compañías extranjeras, lo mandó arrestar y confinar en la isla Martín García. Con su carácter apasionado e indómito, el 17 de ese mes, Evita abogó y logró su liberación. Al mismo tiempo, se producía la manifestación popular que pasaría a llamarse “Día de la lealtad” en apoyo del futuro líder justicialista. Esta demostración lo llevaría al poder en las elecciones de 1946.
Ella se puso a su lado. De inmediato, llamó la atención por su compromiso social. Asumió un decisivo rol que pronto la llevó a convertirse en el “alma del movimiento”. Como las damas de la Sociedad de Beneficencia le habían negado la presidencia honoraria de la entidad, que por tradición se otorgaba a la primera dama del país, creó la Fundación Eva Perón, que así se llamó a partir del 29 de septiembre de 1950.

Nace Evita
Con una actividad casi sin límites, Evita -como ya la conocían todos-, puso en marcha una extraordinaria labor en favor de los más necesitados. En poco tiempo se convirtió en la “abanderada de los humildes”. Fue nervio y alma del movimiento. Miles de escuelas, hospitales, residencias para estudiantes y ancianos, orfanatos, viviendas para obreros, refugios para madres solteras y colonias de vacaciones para niños salieron de su decidida acción social. Como así también campeonatos de fútbol infantiles, la ciudad de los niños en Gonnet y la ayuda para ancianos, enfermos y desprotegidos.
A fines de 1949 aparecieron los primeros síntomas del cáncer uterino que la llevó a la muerte. No desistió en la tarea. El 22 de agosto de 1951, en un multitudinario acto organizado por la CGT, le ofrecieron la candidatura a vicepresidenta de la Nación para acompañar a su esposo el General Perón en los comicios que se avecinaban para su reelección. Finalmente renunció al ofrecimiento el 31 de agosto. Ya en su lecho de enferma y como propulsora del voto femenino, sufragó desde la cama, muy debilitada. Murió el 26 de julio de 1952, a los 33 años.

 
 

ALICIA MOREAU DE JUSTO
Líder de los derechos de la mujer

Desde muy joven mamó el germen del compromiso político. Alicia Moreau de Justo, que nació en Londres el 11 de octubre de 1885, muy pronto siguió los pasos de su padre, Armando, un revolucionario francés. Llegaron a la Argentina en 1890, con su madre, María Denanpont. Una vez en Buenos Aires, él integró grupos socialistas que organizaban el movimiento obrero argentino. Su hija solía acompañarlo a esas reuniones y actividades. En el Colegio Normal Nº 1, donde cursó la secundaria, recibió una influencia decisiva de Hipólito Yrigoyen, que era su profesor de Filosofía.
En 1906, a los 21 años, fundó el movimiento feminista en la Argentina y de la mano de Sara Justo, Elvira Rawson Dellepiane y Julieta Lantieri, entre otras, creó el Centro Feminista de Argentina y el Comité Pro-Sufragio Femenino. Un año después ingresó a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó como médica en 1913.

Damas rojas
Con Berta W. de Gerchunoff, su padre y otros militantes, le dieron forma al Ateneo Popular para promover la extensión secundaria y universitaria. En 1919 participó en el Congreso Internacional de Obreras, en Washington, en el que se relacionó con el movimiento por el sufragio femenino. En el Congreso Internacional de Médicas fue electa para integrar el comité ejecutivo de la Asociación Internacional de Mujeres Médicas. Al año siguiente integró la Unión Feminista Nacional (UFN) para apoyar la sanción de leyes sobre los derechos de la mujer, de protección del trabajo femenino y combatir la trata de blancas. Por estas acciones, sus integrantes fueron llamadas las “damas rojas”.
En 1921 decidió afiliarse al Partido Socialista y al año siguiente se casó con su fundador, Juan B. Justo, que murió siete años después. Tuvieron tres hijos, Juan, Luis y Alicia. Por esas décadas se convirtió en la primera mujer argentina en ocupar un cargo político cuando integró el comité ejecutivo del Partido Socialista.
Desde su seno nacieron las Agrupaciones Femeninas. En 1932 elaboró un proyecto de ley de sufragio femenino, que finalmente no prosperó en la Cámara de Senadores. En la década 1930-1940 organizó campañas en apoyo de la república española, sobre todo durante la Guerra Civil.

Férrea opositora
Con la aparición del peronismo y en los dos primeros gobiernos justicialistas, manifestó una clara oposición al régimen. Aunque con la sanción de la ley del voto femenino, en 1947, expresó: “!Qué bueno!, aunque venga del gobierno peronista”. Cuatro años más tarde, cuando las mujeres argentinas pudieron votar y ser votadas para cargos nacionales, integró la lista de diputados nacionales junto con otras mujeres socialistas. Con el golpe militar de 1955, el Partido Socialista se dividió en dos grupos: un ala conservadora que apoyaba al gobierno militar, encabezada por Américo Ghioldi, y otra más popular, por Alfredo Palacios y Alicia Moreau de Justo. En 1956 fue nombrada directora del periódico La Vanguardia, que tenía un tiraje de 90.000 ejemplares, al que le imprimió un contenido crítico al gobierno militar, duramente cuestionado como populista por el ala conservadora del partido. Con la ruptura de ambos grupos, se formaron el Partido Socialista Argentino, con ella, Palacios, José Luis Romero, Carlos Sánchez Viamonte, a la cabeza y el Partido Socialista Democrático. En 1972, cuando el PSA se fusionó con otros grupos socialistas para conformar el Partido Socialista Popular, se alejó para formar la Confederación Socialista Argentina, con Héctor Polino, Alfredo Bravo y Elena Tchalidy.
Muchas veces acompañó a la Madres de Plaza de Mayo en sus rondas semanales y fue una de las fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH). En 1982 se opuso a la Guerra de las Malvinas. En 1985 cumplió una centuria y en el homenaje que se le rindió donde estuvo rodeada por dirigentes de todo el espectro político argentino, dio su último discurso público, dirigido especialmente a los jóvenes y mujeres. Falleció el 12 de mayo de 1986, a los 101 años.
 
 

EMMA DAY DE OLIVA
Por sobre todo, docente

No pasó desapercibida. En los ámbitos donde actuó, Emma Day de Oliva impuso su avasallante personalidad. Amante de la cultura, educadora, escritora y feminista, había nacido en la isla Martín García el 26 de mayo de 1883. Hija del coronel Ricardo A. Day, comandante de la guarnición de ese lugar, en su infancia fue llevada a Europa y posteriormente a Estados Unidos, donde su padre cumplió funciones diplomáticas.
De regreso en la Argentina, estudió en la Escuela Normal de Profesoras Nº 1 Roque Sáenz Peña, donde se graduó como profesora de Ciencias y Lenguas, título que le permitiría, durante 40 años, dictar cátedras en el citado instituto, en el Normal Nº 8 y en los colegios Julio A. Roca, Urquiza y Ward, que fundó junto con la Escuela Argentina Modelo. En pleno gobierno de Hipólito Yrigoyen y coherente con sus principios, siendo titular de la cátedra de Letras, criticó al director del establecimiento donde ejercía y al día siguiente fue dejada cesante. Dos semanas después publicó Pasatiempos de una Cesante.
Infatigable defensora de la democracia, propulsó los derechos de la mujer desde las filas del Partido Socialista, junto con Elvira Rawson de Dellepiane, Sara Justo y Alicia Moreau de Justo, entre otras. Encabezó numerosas campañas feministas, haciéndose oír en fogosas arengas y además, integró las comisiones directivas de la Asociación Pro Derechos de la Mujer, la Liga de Amas de Casa, el Club de Madres, la Cruzada Femenina, la Liga de Madres de Familia y la Asociación de Recreos Infantiles.

En la cárcel
Lo suyo era la docencia. La ejerció en todos lados, hasta en la cárcel. Su hija, Alicia Oliva Day de Anzorena (81), relata una anécdota que la retrata tal cual era. “Una mañana salió de su casa, de Villanueva 1175, en el barrio de Belgrano, para ir a Plaza Once. Trajecito sastre negro, sombrerito con tul que cubría sus canas
que peinó desde muy joven, guantes y carterita pellizco. En ella, llevaba un silbato que utilizaba para alertar a los guardias que vigilaban la cuadra donde vivía. Bajó del colectivo y se encontró con una manifestación que escuchaba un discurso peronista. Pidiendo permiso, llegó hasta donde estaba quien arengaba a la multitud. Entonces, sacó el silbato y lo hizo sonar estrepitosamente. Como era lógico, la sacaron de allí y a las dos cuadras la obligaron a regresar”. Por supuesto, tozuda como buena descendiente de ingleses, repitió el episodio. Esta vez, en un coche privado la depositaron en su casa acompañada por una larga comitiva, con la orden de trasladarla a Coordinación Federal, que dirigía el Coronel Jorge Osinde. Desde allí, junto con su hermana Queta, fue conducida a la cárcel de mujeres, en la calle Humberto 1º, donde compartieron celdas con prostitutas, asesinas, lesbianas, etcétera. “A las convictas les daba clases de historia, castellano, geografía y arte y…¡hasta había organizado un levantamiento! para recibir al jefe del instituto”, agrega Alicia. Pasaron siete meses detenidas.

Amplia cultura
Por su iniciativa se creó el Colegio Huérfanos Militares Dámaso Centeno, publicó trabajos sobre educación y se contó entre las fundadoras del Capítulo Argentino de la Unión de Mujeres Americanas (UMARA) del que fue la primera presidenta. El 16 de diciembre de 1966 se despidió del cargo. Los integrantes de la entidad dejaron asentadas en un libro palabras de admiración por su gestión. Una de ellas llegó a Buenos Aires y pidió dejar su testimonio. “Se lamentó por no haber conocido personalmente a mi madre ya que su fama había traspasado nuestro país. Se plegó a aquellas felicitaciones y dejó su valiosa identificación: Indira Ghandi”, completa con emoción.
Hija dilecta de su padre, jugaba al tenis, esquiaba, patinaba sobre hielo, montaba a caballo y recorría los barrios porteños en bicicleta. Hablaba francés, inglés, italiano, alemán, griego y latín. “Era muy rigurosa y estricta, de carácter amable, pero firme en sus convicciones. Le gustaba mucho la música clásica. Organizaba cuanto curso podía, divulgando ideas de libertad y justicia. Estimulaba y colaboraba con aquellos que intentaban superarse y para nosotros, su familia, fue un estandarte por su inquebrantable lucha. Su vida se transformó en un ejemplo cívico. Fue la primera que bregó por el voto femenino”, recuerda Alicia. Falleció en Buenos Aires, el 2 febrero de l969, a los 85 años.
 
 

FLORENTINA GÓMEZ MIRANDA
Una política de raza

Sus dichos la perfilan con toda claridad: “Prefiero un estadista a un líder. El estadista deja alumnos; el líder, no, porque ese atributo no lo adquirió”. “Si miramos una lista, probablemente las mujeres que llegaron son las que han tenido mayor posibilidad de que algún hombre les haga un lugar. Algunas se lo han hecho por ellas mismas, pero en la generalidad eso no sucede”. “La revolución tiene que venir desde la educación. Si no hay cambio y no es profundo y claro, la sociedad no evoluciona”. “Para triunfar simplemente hay que tener por bandera los ideales y por escudo la intransigencia” .“Apoyo todas las cuestiones referidas a la mujer, sin distinción de color, dentro de los límites de la legalidad”. “Ahora que tenemos presencia, es necesario cortar el cordón umbilical que une a las mujeres políticas al cerebro de los políticos. Muchas de ellas tienen las tijeras pero no saben que hacer y otras, las tienen, pero no quieren usarlas”. “Mientras tenga dos piernas que me sostengan, dos brazos para abrazar y proteger, dos manos para escribir y acariciar, dos ojos para contemplar y leer, dos oídos para escuchar y aprender, mientras tenga la palabra rápida para el diálogo, para convencer; mientras tenga la mente lista para la duda, un corazón para amar y un alma para soñar, la política y la vida serán siempre para mí la más apasionante de las aventuras”. Así piensa Florentina Gómez Miranda, que nació en Olavarría, el 14 de febrero de 1912 y donde vivió hasta los 10 años.

Más de cien proyectos
La crónica de su intensa vida registra que en 1945, en la Universidad Nacional de La Plata, se recibió de abogada. En agosto de 1946 se afilió a la Unión Cívica Radical y desde entonces ha luchado por los derechos de la mujer. Como diputada por la UCR, entre 1984 y 1991, fue una de las cinco mujeres en toda la Cámara.
Durante ese lapso, presentó más de 150 proyectos. Entre ellos, la autoridad de los padres compartida; divorcio vincular; pensión al viudo, a la cónyuge divorciada; la igualdad de los hijos matrimoniales y extramatrimoniales; derecho de la mujer a seguir usando el apellido de soltera luego de casada (cese del “señora de…”) y pensión de la concubina y concubino.
Cuando alguien le pedía que se definiera, decía: “soy maestra por vocación, abogada por elección y política por pasión. Y de las tres actividades la que más me ha servido en la vida fue la primera, aun en mi segunda profesión. Siempre digo que no hay nadie que se parezca más al político que un maestro; este se para frente de la clase y se expone, y el político también. Ahora bien, cuáles son las armas del maestro; son únicas: la palabra, el libro y la pluma. Y el político tiene las mismas”, reflejaba en un reportaje.

Ejemplo de vida
En una época donde no era muy común que la mujer desarrollase actividades “reservadas a los hombres”, como la que le tocó vivir, no dudaba. “Siempre les digo a las mujeres que todo se puede hacer si una quiere. En todos lados siembro algo, no me van a encontrar en un renunciamiento. El único mérito que me reconozco es la coherencia. Lo que defiendo ahora es lo mismo que defendía a los 18 años, con la misma pasión y convencimiento. Hoy en día me admiten mucho más y eso es gracias a mis 96 años”, dijo. Cuando los cumplió, no sólo había impulsado la Ley de Cupo, sino el ejemplo de una vida política basada en ser coherente, tenaz y honesta.
Aguda observadora de la realidad, demócrata a carta cabal, defensora de los derechos de las mujeres, jamás dudó en y trabajar duramente por sus convicciones en el seno del Partido Radical, “ciento por ciento machista”, aclaraba.
El hecho de ser mujer -como ella misma sostiene- no le impidió hacer algo que se hubiera propuesto. En ese sentido, es crítica y punzante. “Si las mujeres llegaron en mayor número al Congreso pero siguen sin tener poder es porque “están muy tranquilas” y además, porque no pueden trascender el sectarismo que hay entre los partidos”. Su lema, lo repitió con el orgullo de su transparente trayectoria: “digo lo que pienso y hago lo que digo”.
Se hizo acreedora a numerosos premios y distinciones; entre los que se encuentran, la Banca de Oro (1986), Premio Alicia Moreau de Justo (1990-1999), Ciudadana Ilustre de Buenos Aires (1999) y el Dignidad 1999, de la Asamblea de los Derechos Humanos.
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