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/ abril 2009 |





JUNÍN DE LOS ÁNDES
Ante el desafío de escalar el Lanín |

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO
NACIONAL / Capítulo Noveno
Mujeres
de Ley |

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y
LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Décimosegundo
Altos
Hornos Zapla |






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JUNÍN
DE LOS ÁNDES
Ante el desafío de escalar el Lanín |
Texto y fotos de Pablo Senarega, Enviado Especial de SOLDADOS
a Junín de los Andes, Provincia de Nuequén
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En el centro de la provincia de Neuquén, en el
límite con Chile, se encuentra el Volcán
Lanín, de 3.776 metros de altura. Allí estuvo
presente SOLDADOS, junto con una patrulla del Regimiento
de Infantería de Montaña 26, con el objetivo
de alcanzar la cumbre. |
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| Luego de
19 horas de viaje llegamos a Junín de los Andes, una
ciudad patagónica que nació en 1883 junto con
un fuerte del Ejército. Allí, desde 1943 se
encuentra el Regimiento de Infantería de Montaña
26. Precisamente, era con su gente que íbamos a encontrarnos.
El encuentro formal se dio un lunes que, curiosamente para
la época del año, amaneció con cero grado.
Pero lo frío del tiempo fue compensado por la calidez
de la gente del RIM 26.
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El
Teniente Coronel Carlos Freites (46) nos dio la bienvenida y
nos contó acerca de las misiones y principales actividades
que realiza la unidad. Entre las más destacables -señaló-
se encuentran las de participación de patrullas de rescate
(en integración con Parques Nacionales y bomberos voluntarios)
y las de apoyo a la comunidad. El Regimiento brinda asistencia
a poblados alejados y está siempre listo a prestar ayuda
en casos de evacuaciones (siempre desde tareas centralizadas
por la municipalidad). Todas éstas, dada la capacidad
técnica de la especialidad de montaña, adquiridas
en el constante entrenamiento operacional. La ubicación
estratégica, a sólo 60 km del volcán Lanín,
permite al personal un alto nivel de entrenamiento en condiciones
adversas, como así también realizar esquí
de combate. El soldado de montaña debe tener “el
fino instinto del terreno, la astucia del ciervo y la furia
del jabalí”, expresa entusiasmado el Teniente Coronel
Freites.
Luego de la bienvenida, el jefe del Regimiento nos integró
a una patrulla comandada por el Sargento Ayudante Roberto Guerra.
El objetivo: escalar el volcán Lanín. El primer
paso fue equiparnos adecuadamente. Para ello, nos proveyeron
de mochila, hidratador, casco, grampones, arnés, además
de verificar si el equipo con que contábamos era adecuado
para la expedición.
Partimos a la mañana siguiente junto a la patrulla que
finalmente quedó conformada por nueve personas. Una vez
en la base del volcán, comimos algo, nos equipamos y
comenzamos la caminata. En los primeros cuarenta minutos cruzamos
por un bosque achaparrado de ñires, donde encontramos
frutos comestibles como michai, ligüeñe y piñón.
La marcha continúo por un arenal volcánico, zona
que en invierno se cubre de nieve y que el regimiento utiliza
para entrenar en trabajo de montaña, cueva de nieve,
paso patinado y esquí de fondo. |
| LA PATRULLA completa de izquierda
a derecha y de arriba a abajo: el periodista de SOLDADOS
Pablo Senarega, Cabo 1ro Mariano Groso, Cabo 1ro Alejandro
Vilte Barboza, Sargento Ayudante Roberto Guerra, Cabo
1ro Nelson Torres, Soldado Voluntario José Prieto,
Cabo Walter Acuña, Cabo Jesús Garcia, Soldado
Voluntario Eugenio Calfuman, Cabo 1ro Darío Fuentealba
y el periodista José Tolomei |
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Luego cruzamos
varios arroyos para encarar después la “espina
de pescado”, una enorme rampa de arena volcánica
en la cual nos azotó el viento por unos cincuenta minutos.
La marcha se hizo más dura a medida que ascendíamos,
pero los hombres parecían no sentir cansancio. Hacia
la tercera hora de marcha entramos en el llamado “camino
de mulas”. Allí el suelo era más rocoso
y el ascenso más escarpado.
Nos detuvimos en una zona de vivac para emprender luego el último
tramo de marcha del día, de unos cuarenta minutos, hasta
arribar al refugio del RIM 26 situado a 2.200 metros sobre el
nivel del mar. |
| TENIENTE Coronel Carlos Freites, Jefe
del Regimiento de Infantería 26 |
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La pequeña construcción
de fibra de vidrio parecía un hotel en medio de lo inhóspito
del terreno. La temperatura bajaba rápidamente a medida
que se ocultaba el sol y la actividad se fue confinando más
y más al interior del refugio. Es en estos momentos en
los que el grupo comienza a volverse más unido, ya no
sólo se comparte el lugar, sino también la comida,
las anécdotas. Los hombres duros se ablandan y dejan
salir sentimientos, creencias y recuerdos. Finalmente nos fuimos
durmiendo uno a uno con la esperanza de encarar la cumbre al
día siguiente.
Durante la madrugada, los más experimentados evaluaron
la situación. El pronóstico no era favorable,
la cima del Lanín estaba cubierta por mal tiempo, por
lo que la cumbre quedaría para otra ocasión.
Con las primeras luces de la mañana, los integrantes
de la patrulla se formaron frente al sencillo mástil
e izaron la bandera argentina con un sentimiento íntimo
en cada uno ellos, pero común al grupo.
Luego del desayuno, emprendimos el descenso por el majestuoso
paisaje andino, el acarreo era más traicionero de lo
que aparentaba y me tocó ser el primero en caer. Luego
me seguirían algunos otros, pero afortunadamente sin
más consecuencias que algún raspón.
De regreso al Regimiento, nos recibió el Teniente Coronel
Freites: “Recuerden, la montaña siempre está
ahí”. El no haber alcanzado la cumbre fue apenas
un detalle, nos llevábamos con nosotros una experiencia
inolvidable, por la naturaleza del lugar y de su gente.
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