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Se nombró Dr. Ramón Carillo a la sala de Neurología

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HOSPITAL MILITAR CENTRAL
Se nombró Dr. Ramón Carillo a la sala de Neurología
por Lucía Tornero

Sólo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo”. Bajo esta premisa basó su trabajo y dedicación el Doctor Ramón Carrillo, el santiagueño que llegó a convertirse en el primer Ministro de Salud Pública del país durante la presidencia de Juan Domingo Perón y a quien la Ministra de Defensa Doctora Nilda Garré, por una propuesta de la Secretaría General del Ejército, a través de su Secretario, General de Brigada Hugo Domingo Bruera, le rindió el debido homenaje al designar bajo su nombre la sala de neurocirugía del Hospital Militar Central.

En un sencillo y muy emotivo acto, el hijo del recordado médico, Licenciado Facundo Carrillo, junto al Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General de División Luis Alberto Pozzi, y la Ministra de Defensa, descubrieron el cuadro alusivo que, a partir de ese instante, estará colgado en la entrada de la sala. Luego, el Jefe del Ejército destacó en sus palabras a Carrillo como alguien que “combinó rigor científico con sensibilidad ante el dolor del otro” y expresó: “Por su visión y acción como hombre público y médico, concretamos hoy un acto de estricta justicia histórica, que va a servir de ejemplo para las generaciones aquí presentes”.

EL GENERAL Bruera junto al Licenciado Facundo Carrillo, hijo del doctor Carrillo

Por su lado, la Ministra de Defensa realizó un seguimiento por la carrera y vida de Carrillo, quien fundó el Instituto Nacional de Neurocirugía y la Escuela de Postgraduados de Medicina, además de haber sido becado por la Universidad de Buenos Aires para realizar estudios de posgrado y trabajos de investigación en Holanda, Francia y Alemania, alcanzando la titularidad de la cátedra de Neurocirugía en 1942. “Estuvo a cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía de este Hospital Militar Central desde 1939 y ya miraba el país a través de la geografía social que la estadística, la clínica y el contacto personal le daban sobre el panorama de enfermedades infecciosas, la desnutrición y del bajísimo perfil sanitario de la población”. Recordó además los programas diseñados y ejecutados para enfrentar las “enfermedades sociales” como la fiebre amarilla, el mal de Chagas, el paludismo y la tuberculosis, junto a los que Carrillo organizó el servicio nacional de salud, que coordinó y compatibilizó con los esfuerzos provinciales y municipales. “Así fueron estructuradas las normas de arquitectura sanitaria, las licitaciones y los

formularios administrativos y estadísticos. Y, por primera vez, se fundó en el país una fábrica estatal de medicamentos, pese a las presiones de la industria privada del sector”.
En nombre del Ejército, el General Pozzi entregó un presente recordatorio al hijo de Carrillo, quien a su vez obsequió al entonces Director del HMC, el Coronel Mayor Edgardo Stella, un libro hecho especialmente para la ocasión por la empresa ALUBAR (ver recuadro). Y así quedó en evidencia que este gran hombre no fue olvidado, y que su legado fue el disparador de una lucha que, aún sigue vigente, porque como dijo en una de sus célebres frases: “Frente a las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos, los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.
 

El único que fue dos veces ministro de Perón

Con sólo mencionar el nombre de su padre se muestra más que dispuesto a desplegar un sinfín de anécdotas sobre el Doctor Ramón Carrillo, un hombre cuyo legado por excelencia, a los ojos de su hijo, fue: “La autoexigencia y que no importa de donde vengamos; primero, reconocer las ventajas que tenemos al nacer”. El Licenciado Facundo Carrillo tenía dos años cuando murió su padre; su vivencia fue a través de su madre, sus tíos, su hermano. “Lo sentimos como un prócer, lo conocimos a través de su obra, de los comentarios. Para nosotros, el mejor homenaje es que no sólo se lo recuerde por su obra sino y sobre todo, que se trate de imitar a este hombre que hizo tanto y que vino desde Santiago del Estero siendo un ‘cabecita negra’ como lo era, porque le decían ‘el negro Carrillo’. Es lo que a mi hermano y a mi nos guía”. Relata cómo conoció a personas muy humildes que le hablaban de su padre. “Era gente muy agradecida. Piense que mi padre fue la máxima autoridad de salud durante 9 años seguidos, el único ministro que Perón repitió en sus dos gobiernos. Durante todo ese tiempo, los empleados no le hicieron ni un solo día de huelga. A pesar de que el sindicato decidía parar, decían que al Doctor Carrillo no se lo harían”. Una anécdota teñida de humor cuenta cómo a Carrillo, en un encuentro con personal del ministerio que servía el café, le dijeron que no le conocían la cara al ministro. “Un día, entró en la cocina un negro como nosotros y nos dijo: ‘Qué tal muchachos, ¿hace calor, no?’. Y se puso a charlar con y pidió: ‘¿No me dan un cafecito?’. ‘No tendríamos que
dárselo’, le contestamos. ‘Sólo un cafecito, pero del que toman ustedes y no el que le sirven al ministro, eh’. Y se lo servimos”, relató el hijo del ministro. Un mes después, en un acto, de una forma elegante, diplomática y simpática les dijo: ‘A mi me mandan un café horrible, sírvanme del que toman ustedes’. Cuando lo reconocieron, no lo podían creer. A partir de ahí, le mandaban el buen café”. Las palabras del Licenciado Carrillo subrayan el carácter de este doctor humilde, que jamás se enojaba con sus empleados, aunque sí consigo mismo. Era un agradecido a la vida y eso le producía un compromiso. Recordamos sus palabras: “No importa cuanto queramos ser profesionalmente, nunca olvidemos que enfrente tenemos una persona que sufre, que tiene sus problemas, un drama que no conocemos. Primero hay que escucharlo”.

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