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/ febrero 2009 |










2DA SECCION
HOSPITAL MILITAR CENTRAL
Se nombró Dr. Ramón Carillo
a la sala de Neurología |

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HOSPITAL
MILITAR CENTRAL Se
nombró Dr. Ramón Carillo a la sala de Neurología |
por Lucía Tornero |
Sólo
sirven las conquistas científicas sobre la
salud si éstas son accesibles al pueblo”.
Bajo esta premisa basó su trabajo y dedicación
el Doctor Ramón Carrillo, el santiagueño
que llegó a convertirse en el primer Ministro
de Salud Pública del país durante
la presidencia de Juan Domingo Perón y a
quien la Ministra de Defensa Doctora Nilda Garré,
por una propuesta de la Secretaría General
del Ejército, a través de su Secretario,
General de Brigada Hugo Domingo Bruera, le rindió
el debido homenaje al designar bajo su nombre la
sala de neurocirugía del Hospital Militar
Central.
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| En
un sencillo y muy emotivo acto, el hijo del recordado
médico, Licenciado Facundo Carrillo, junto al
Jefe del Estado Mayor General del Ejército, General
de División Luis Alberto Pozzi, y la Ministra
de Defensa, descubrieron el cuadro alusivo que, a partir
de ese instante, estará colgado en la entrada
de la sala. Luego, el Jefe del Ejército destacó
en sus palabras a Carrillo como alguien que “combinó
rigor científico con sensibilidad ante el dolor
del otro” y expresó: “Por su visión
y acción como hombre público y médico,
concretamos hoy un acto de estricta justicia histórica,
que va a servir de ejemplo para las generaciones aquí
presentes”.
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| EL GENERAL Bruera junto al Licenciado
Facundo Carrillo, hijo del doctor Carrillo |
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Por su lado, la Ministra de Defensa realizó
un seguimiento por la carrera y vida de Carrillo, quien
fundó el Instituto Nacional de Neurocirugía
y la Escuela de Postgraduados de Medicina, además
de haber sido becado por la Universidad de Buenos Aires
para realizar estudios de posgrado y trabajos de investigación
en Holanda, Francia y Alemania, alcanzando la titularidad
de la cátedra de Neurocirugía en 1942.
“Estuvo a cargo del Servicio de Neurología
y Neurocirugía de este Hospital Militar Central
desde 1939 y ya miraba el país a través
de la geografía social que la estadística,
la clínica y el contacto personal le daban sobre
el panorama de enfermedades infecciosas, la desnutrición
y del bajísimo perfil sanitario de la población”.
Recordó además los programas diseñados
y ejecutados para enfrentar las “enfermedades
sociales” como la fiebre amarilla, el mal de Chagas,
el paludismo y la tuberculosis, junto a los que Carrillo
organizó el servicio nacional de salud, que coordinó
y compatibilizó con los esfuerzos provinciales
y municipales. “Así fueron estructuradas
las normas de arquitectura sanitaria, las licitaciones
y los
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formularios
administrativos y estadísticos. Y, por primera
vez, se fundó en el país una fábrica
estatal de medicamentos, pese a las presiones de la industria
privada del sector”.
En nombre del Ejército, el General Pozzi entregó
un presente recordatorio al hijo de Carrillo, quien a
su vez obsequió al entonces Director del HMC, el
Coronel Mayor Edgardo Stella, un libro hecho especialmente
para la ocasión por la empresa ALUBAR (ver recuadro).
Y así quedó en evidencia que este gran hombre
no fue olvidado, y que su legado fue el disparador de
una lucha que, aún sigue vigente, porque como dijo
en una de sus célebres frases: “Frente a
las enfermedades que genera la miseria, frente a la tristeza,
la angustia y el infortunio social de los pueblos, los
microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres
causas”.  |

El
único que fue dos veces ministro de Perón
Con sólo mencionar el nombre de su padre
se muestra más que dispuesto a desplegar
un sinfín de anécdotas sobre el Doctor
Ramón Carrillo, un hombre cuyo legado por
excelencia, a los ojos de su hijo, fue: “La
autoexigencia y que no importa de donde vengamos;
primero, reconocer las ventajas que tenemos al nacer”.
El Licenciado Facundo Carrillo tenía dos
años cuando murió su padre; su vivencia
fue a través de su madre, sus tíos,
su hermano. “Lo sentimos como un prócer,
lo conocimos a través de su obra, de los
comentarios. Para nosotros, el mejor homenaje es
que no sólo se lo recuerde por su obra sino
y sobre todo, que se trate de imitar a este hombre
que hizo tanto y que vino desde Santiago del Estero
siendo un ‘cabecita negra’ como lo era,
porque le decían ‘el negro Carrillo’.
Es lo que a mi hermano y a mi nos guía”.
Relata cómo conoció a personas muy
humildes que le hablaban de su padre. “Era
gente muy agradecida. Piense que mi padre fue la
máxima autoridad de salud durante 9 años
seguidos, el único ministro que Perón
repitió en sus dos gobiernos. Durante todo
ese tiempo, los empleados no le hicieron ni un solo
día de huelga. A pesar de que el sindicato
decidía parar, decían que al Doctor
Carrillo no se lo harían”. Una anécdota
teñida de humor cuenta cómo a Carrillo,
en un encuentro con personal del ministerio que
servía el café, le dijeron que no
le conocían la cara al ministro. “Un
día, entró en la cocina un negro como
nosotros y nos dijo: ‘Qué tal muchachos,
¿hace calor, no?’. Y se puso a charlar
con y pidió: ‘¿No me dan un
cafecito?’. ‘No tendríamos que
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| dárselo’,
le contestamos. ‘Sólo un cafecito,
pero del que toman ustedes y no el que le sirven
al ministro, eh’. Y se lo servimos”,
relató el hijo del ministro. Un mes después,
en un acto, de una forma elegante, diplomática
y simpática les dijo: ‘A mi me mandan
un café horrible, sírvanme del que
toman ustedes’. Cuando lo reconocieron, no
lo podían creer. A partir de ahí,
le mandaban el buen café”. Las palabras
del Licenciado Carrillo subrayan el carácter
de este doctor humilde, que jamás se enojaba
con sus empleados, aunque sí consigo mismo.
Era un agradecido a la vida y eso le producía
un compromiso. Recordamos sus palabras: “No
importa cuanto queramos ser profesionalmente, nunca
olvidemos que enfrente tenemos una persona que sufre,
que tiene sus problemas, un drama que no conocemos.
Primero hay que escucharlo”. |
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