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/ febrero 2009 |





HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Séptimo
Romero, filósofo y maestro |






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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Séptimo
Romero, filósofo
y maestro |
Por Lauro S. Noro |
| Uno
de sus biógrafos lo llamó “el zapador
que tendió un puente entre el Ejército y
la cultura”. Es la síntesis de la vida, obra
y pensamiento de Francisco Romero. En el respeto por los
semejantes, la defensa de la libertad y el intercambio
de las ideas, afirmó el camino de la educación
como instrumento básico del crecimiento humano.
No vaciló en inculcar en sus alumnos un pensamiento
independiente y disciplinado. Ése es su legado |
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Más
allá de sus dotes como poeta, escritor y filósofo,
Francisco Romero hizo gala de sus sólidos principios
sobre la dignidad humana. Como teniente primero no vaciló
en denunciar al jefe del Batallón donde revistaba por
denigrar y maltratar a sus subordinados. Desde entonces luchó
contra la injusticia y la ofensa a la libertad y que en nombre
de cualquier poder menospreciase a las personas. En su momento
fue considerado como el mayor filósofo viviente de
habla española, luego de la muerte de Ortega y Gasset.
En el Ejército
La ciudad de Sevilla, España, lo vio nacer en
1891. A los 13 años Francisco Romero llegó con
su familia a la Argentina. En el último año
del bachillerato un amigo de su padre, el profesor Carlos
Stura, del Colegio Militar de la Nación, lo persuadió
para que siguiera la carrera de las armas. Así lo hizo.
Egresó en 1912 como subteniente de ingenieros y, a
la par de los estudios superiores técnicos, en 1917
ingresó en la facultad de Filosofía y Letras.
En 1928 fue designado profesor suplente en la Universidad
de Buenos Aires y al año siguiente, de la Universidad
de La Plata. Dos años más tarde, al sustituir
en la UBA a su maestro y amigo Alejandro Korn, se retiró
del Ejército. En sus filas conoció y admiró
al General Enrique Mosconi. Luego, en 1932, actuó como
titular de cátedra en el Instituto del Profesorado,
en Buenos Aires, y en 1936, en la Universidad de La Plata.
En ambos cargos se desempeñó hasta 1946, a los
que renunció por sus discrepancias con el gobierno
peronista e incluso fue encarcelado por sus opiniones políticas.
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| ROMERO a cargo de una práctica
de tiro. En los informes de su legajo se destaca su capacidad
como instructor |
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Maestro
como pocos
Uno de los hechos más destacados de
su vida fue la amistad con Alejandro Korn, a quien Romero
conoció en 1920. Apreció su sabiduría
y, sobre todo, la obra renovadora de la filosofía que
emprendió en la Argentina. Fue su discípulo
y continuador. Korn había leído las contribuciones
filosóficas de su joven alumno y advertido la capacidad
para proseguir con la empresa que había iniciado. Gracias
a su insistencia, logró que Romero se dedicase definitivamente
a la filosofía y, específicamente, a la docencia.
Esa ligazón continuaría cada vez con mayor firmeza
e identificación hasta la muerte del maestro, en 1936.
Como era de suponerlo, acabó sustituyéndolo
en la docencia universitaria. En esa actividad, hasta José
Ortega y Gasset destacó su trabajo, “dada la
serenidad y cuidadosa información de este excelente
profesor”, expresó.
En el Colegio Libre de Estudios Superiores, Romero desenvolvió
una considerable labor. Casi desde su fundación, en
1931, dictó conferencias y cursos para difundir y esclarecer
las ideas filosóficas en América y en instituciones
culturales de Buenos Aires y otros lugares de la Argentina.
“Romero
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ejerció
su magisterio tanto en la cátedra como desde la editorial
y su casa, al mantener nutrida correspondencia con muchísimos
estudiosos. Recuerdo vívidamente sus esquelas, escritas
en hojitas con membrete de Editorial Losada. Eran claras,
breves e iban al grano”, recuerda el filósofo
Mario Bunge.
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Obra prolífica
Ya desde 1908 y a los 17 años, escribió
los primeros apuntes sobre literatura, filosofía y
filología. Luego, a partir de 1916, desplegó
su actividad con artículos en prosa y poesía
aparecidos en las revistas El Hogar y Mundo Argentino. En
1920, dedicado de lleno a la vida filosófica, editó
y redactó en la revista Nosotros una sección
de información filosófica donde comentaba autores
y doctrinas desconocidas en América, como el historicismo,
la fenomenología y el intuicionismo. Algunas de estas
notas merecieron elogiosos comentarios de personalidades del
mundo filosófico europeo. Además, colaboró
en Valoraciones, Sagitario, La Vida Literaria, Síntesis,
Sur, el diario La Nación y en diversas revistas universitarias.
Sin dejar de contar, por supuesto, sus aportes en publicaciones
extranjeras como Philosophy and Phenomenological Research,
La Nueva Democracia y The Personalist, de los Estados Unidos;
Cuadernos Americanos y Filosofía y Letras, de México;
revista de filosofía de Cuba y Chile y de la Universidad
de Antioquía e Ideas, de Colombia, entre otras.
Con sus libros Romero mantuvo una labor de divulgación
de la filosofía contemporánea. Elaboró
sus puntos de vista dentro de una exposición informativa
y crítica y donde el hombre y la cultura aparecían
como infaltables objetos para la meditación de los
problemas
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Mosconi,
jefe y mentor
De su tiempo como oficial ayudante en el Servicio Aeronáutico
del Ejército, en la Aviación Militar Argentina,
Romero recuerda la relación que mantuvo con el
entonces Coronel Mosconi, luego de revistar en Tucumán.
“Lo más importante de mi carrera militar
fue cuando presté servicio a su lado. Varón
severísimo, incansable en el trabajo, de una extraordinaria
inteligencia y una incomparable austeridad. Uno de los
más grandes hombres de la Argentina en los últimos
tiempos, que un día por la ingratitud y el olvido
se desplomó. Yo había perdido a mi padre
hacía poco. Le tomé un gran cariño
y él me lo cobró a mí, e inconscientemente
hice algo así como una superposición de
dos personas. Me siento incapaz de expresar en pocas palabras
lo que era este hombre. Conocerlo ha sido una de las experiencias
más profundas y luminosas de mi vida”. También
reconoció como sus maestros y que influyeron en
su personalidad al profesor de idioma y literatura Alfredo
Ferreira y a Alejandro Korn. |

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del conocimiento,
la libertad, la conducta ética y la significación
de la persona. Fue principal animador de la biblioteca filosófica
de Editorial Losada y la dirección de la revista, con
traducciones y ediciones de originales en lengua española.
También, fundó y dirigió la revista Realidad,
con el apoyo económico e intelectual de valiosos hombres
de letras hispanoamericanos y españoles.
Hombre de armas, escritor, filósofo, editorialista,
por derecho propio Romero está considerado como una
de las primeras figuras de la filosofía en Hispanoamérica.
Murió en 1962, a los 71 años. “La grandeza
de Romero -concluye Bunge-, reside en su actuación
antes que en su exigua y heterogénea obra escrita.
Consistió en alentar a muchos jóvenes de toda
Latinoamérica a que persistiesen en su amor por la
más fascinante y ambivalente de todas las indisciplinas.
A que se formasen en una amplia cultura. Y a que no se hicieran
cómplices del poder arbitrario” . 
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