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HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Séptimo
Romero, filósofo y maestro
Por Lauro S. Noro

Uno de sus biógrafos lo llamó “el zapador que tendió un puente entre el Ejército y la cultura”. Es la síntesis de la vida, obra y pensamiento de Francisco Romero. En el respeto por los semejantes, la defensa de la libertad y el intercambio de las ideas, afirmó el camino de la educación como instrumento básico del crecimiento humano. No vaciló en inculcar en sus alumnos un pensamiento independiente y disciplinado. Ése es su legado
 

Más allá de sus dotes como poeta, escritor y filósofo, Francisco Romero hizo gala de sus sólidos principios sobre la dignidad humana. Como teniente primero no vaciló en denunciar al jefe del Batallón donde revistaba por denigrar y maltratar a sus subordinados. Desde entonces luchó contra la injusticia y la ofensa a la libertad y que en nombre de cualquier poder menospreciase a las personas. En su momento fue considerado como el mayor filósofo viviente de habla española, luego de la muerte de Ortega y Gasset.

En el Ejército
La ciudad de Sevilla, España, lo vio nacer en 1891. A los 13 años Francisco Romero llegó con su familia a la Argentina. En el último año del bachillerato un amigo de su padre, el profesor Carlos Stura, del Colegio Militar de la Nación, lo persuadió para que siguiera la carrera de las armas. Así lo hizo. Egresó en 1912 como subteniente de ingenieros y, a la par de los estudios superiores técnicos, en 1917 ingresó en la facultad de Filosofía y Letras. En 1928 fue designado profesor suplente en la Universidad de Buenos Aires y al año siguiente, de la Universidad de La Plata. Dos años más tarde, al sustituir en la UBA a su maestro y amigo Alejandro Korn, se retiró del Ejército. En sus filas conoció y admiró al General Enrique Mosconi. Luego, en 1932, actuó como titular de cátedra en el Instituto del Profesorado, en Buenos Aires, y en 1936, en la Universidad de La Plata. En ambos cargos se desempeñó hasta 1946, a los que renunció por sus discrepancias con el gobierno peronista e incluso fue encarcelado por sus opiniones políticas.

 
ROMERO a cargo de una práctica de tiro. En los informes de su legajo se destaca su capacidad como instructor

Maestro como pocos
Uno de los hechos más destacados de su vida fue la amistad con Alejandro Korn, a quien Romero conoció en 1920. Apreció su sabiduría y, sobre todo, la obra renovadora de la filosofía que emprendió en la Argentina. Fue su discípulo y continuador. Korn había leído las contribuciones filosóficas de su joven alumno y advertido la capacidad para proseguir con la empresa que había iniciado. Gracias a su insistencia, logró que Romero se dedicase definitivamente a la filosofía y, específicamente, a la docencia. Esa ligazón continuaría cada vez con mayor firmeza e identificación hasta la muerte del maestro, en 1936. Como era de suponerlo, acabó sustituyéndolo en la docencia universitaria. En esa actividad, hasta José Ortega y Gasset destacó su trabajo, “dada la serenidad y cuidadosa información de este excelente profesor”, expresó.
En el Colegio Libre de Estudios Superiores, Romero desenvolvió una considerable labor. Casi desde su fundación, en 1931, dictó conferencias y cursos para difundir y esclarecer las ideas filosóficas en América y en instituciones culturales de Buenos Aires y otros lugares de la Argentina. “Romero

ejerció su magisterio tanto en la cátedra como desde la editorial y su casa, al mantener nutrida correspondencia con muchísimos estudiosos. Recuerdo vívidamente sus esquelas, escritas en hojitas con membrete de Editorial Losada. Eran claras, breves e iban al grano”, recuerda el filósofo Mario Bunge.

 

Obra prolífica
Ya desde 1908 y a los 17 años, escribió los primeros apuntes sobre literatura, filosofía y filología. Luego, a partir de 1916, desplegó su actividad con artículos en prosa y poesía aparecidos en las revistas El Hogar y Mundo Argentino. En 1920, dedicado de lleno a la vida filosófica, editó y redactó en la revista Nosotros una sección de información filosófica donde comentaba autores y doctrinas desconocidas en América, como el historicismo, la fenomenología y el intuicionismo. Algunas de estas notas merecieron elogiosos comentarios de personalidades del mundo filosófico europeo. Además, colaboró en Valoraciones, Sagitario, La Vida Literaria, Síntesis, Sur, el diario La Nación y en diversas revistas universitarias. Sin dejar de contar, por supuesto, sus aportes en publicaciones extranjeras como Philosophy and Phenomenological Research, La Nueva Democracia y The Personalist, de los Estados Unidos; Cuadernos Americanos y Filosofía y Letras, de México; revista de filosofía de Cuba y Chile y de la Universidad de Antioquía e Ideas, de Colombia, entre otras.
Con sus libros Romero mantuvo una labor de divulgación de la filosofía contemporánea. Elaboró sus puntos de vista dentro de una exposición informativa y crítica y donde el hombre y la cultura aparecían como infaltables objetos para la meditación de los problemas


Mosconi, jefe y mentor

De su tiempo como oficial ayudante en el Servicio Aeronáutico del Ejército, en la Aviación Militar Argentina, Romero recuerda la relación que mantuvo con el entonces Coronel Mosconi, luego de revistar en Tucumán. “Lo más importante de mi carrera militar fue cuando presté servicio a su lado. Varón severísimo, incansable en el trabajo, de una extraordinaria inteligencia y una incomparable austeridad. Uno de los más grandes hombres de la Argentina en los últimos tiempos, que un día por la ingratitud y el olvido se desplomó. Yo había perdido a mi padre hacía poco. Le tomé un gran cariño y él me lo cobró a mí, e inconscientemente hice algo así como una superposición de dos personas. Me siento incapaz de expresar en pocas palabras lo que era este hombre. Conocerlo ha sido una de las experiencias más profundas y luminosas de mi vida”. También reconoció como sus maestros y que influyeron en su personalidad al profesor de idioma y literatura Alfredo Ferreira y a Alejandro Korn.

del conocimiento, la libertad, la conducta ética y la significación de la persona. Fue principal animador de la biblioteca filosófica de Editorial Losada y la dirección de la revista, con traducciones y ediciones de originales en lengua española. También, fundó y dirigió la revista Realidad, con el apoyo económico e intelectual de valiosos hombres de letras hispanoamericanos y españoles.
Hombre de armas, escritor, filósofo, editorialista, por derecho propio Romero está considerado como una de las primeras figuras de la filosofía en Hispanoamérica. Murió en 1962, a los 71 años. “La grandeza de Romero -concluye Bunge-, reside en su actuación antes que en su exigua y heterogénea obra escrita. Consistió en alentar a muchos jóvenes de toda Latinoamérica a que persistiesen en su amor por la más fascinante y ambivalente de todas las indisciplinas. A que se formasen en una amplia cultura. Y a que no se hicieran cómplices del poder arbitrario” .

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