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ACONCAGUA
Desafíos en el techo de América
por Cecilia Figueira Tibiletti

Las inclemencias del tiempo no detuvieron a la patrulla de rescate de la Compañía de Cazadores 8 en las muchas misiones que ejecutó, en salvaguarda tanto de civiles como de militares, en las alturas del coloso de los Andes
 

El viernes 16 de enero el equipo de rescate al mando del Teniente Diego Enriz efectuaba su ascensión a Nido de Cóndores, puesto de socorro permanente durante las expediciones. En el camino encontraron semiinconsciente al norteamericano Arthur Michael Delisle, deportista de 51 años, oriundo del estado de Kansas, quien ascendía en solitario. Inmediatamente se comunicaron por radio con la patrulla de rescate de alta montaña perteneciente a Guardaparques para dar el alerta; le brindaron los primeros auxilios, armaron la camilla plegable para transporte de heridos y, ya junto con los otros rescatistas, comenzaron el descenso.
Por más de una hora, el Soldado Voluntario Funes acarreó a Delisle con fractura de varias costillas que le provocó una insuficiencia respiratoria derivada en un neumotórax a causa de una piedra que le golpeó el pecho. Cerca de la zona de El Semáforo, en las cercanías de Plaza de Mulas, constataron la muerte del andinista.

 
La PATRULLA de rescate, junto a rescatistas de Guardaparque y Policía de Mendoza, trasladando al norteamericano Delisle.


El COMANDANTE de la Brigada de Montaña VIII, General de Brigada Julio Cayetano Pelagatti, junto al 2do Comandante, Coronel Carlos Pissolito, e integrantes de la patrulla de rescate en el puesto de Plaza de Mulas
 

Pero éste no fue un hecho aislado en la historia cotidiana de las patrullas de rescate. Un italiano que seguía la huella de la primera patrulla de ataque sufrió un desvanecimiento, producto de un edema pulmonar que sufrió cerca del Refugio Independencia. El Cabo 1ro Vázquez, del Grupo de Artillería de Montaña 8, quien estaba por llegar a la cumbre, lo socorrió y comenzó el descenso hacia el puesto Berlín, mientras se ponía sobre aviso a la patrulla de rescate de Guardaparques y la policía de la provincia.
Varios hombres de la Fuerza debieron ser descendidos de diversas alturas por presentar cuadros de congelamiento, mal de altura y agotamiento físico. Durante los días previstos para la aclimatación y posterior conquista de la cumbre, la patrulla de rescate tuvo un accionar permanente en la ayuda de los deportistas que presentaban diversas sintomatologías a causa de los estragos de la altura.
El General de Brigada Julio Cayetano Pelagatti, Comandante de la Brigada de Montaña VIII destacó, en una entrevista telefónica a FM Soldados, la labor de los hombres que integran la patrulla de rescate, ya que “son eximios montañeses que conocen taxativamente tanto el manejo de las técnicas de andinismo como las de primeros auxilios. Poseen determinación, valor y un sentimiento de entrega al servicio y a la preservación de la vida. Están capacitados para transportar enfermos, armando camillas plegables especiales para transportar heridos en la nieve, como sucedió con el trascendido caso de Delisle”.
Para estos hombres que actúan en rescates, no hay tempestad o cansancio que pueda desmoronarlos ya que de ellos depende la vida de los arriesgados expedicionarios que buscan la conquista del Coloso de América.

 

La cumbre: El desafío
Con mayor incertidumbre de la acostumbrada, a causa de la gran cantidad de muertes que se cobró esta temporada la montaña, los hombres de la Agrupación 2 (RIM 11, RC Expl 15, y GAM 8) partieron el 16 de enero del campamento base sito en Plaza de Mulas (4.300 metros sobre el nivel del mar) rumbo al puesto de Nido de Cóndores, a 5.365 msnm.
Sin una perspectiva favorable por parte de la meteorología, que es controlada permanentemente desde el campamento base, debieron esperar a que se abriera una ventana en el tormentoso cielo. Finalmente el clima cedió y el lunes 19 partieron a las 12.30 hs de la madrugada. Lograron llegar a la cumbre luego de doce horas de caminata, donde fueron abriendo huellas por casi mil setecientos metros en altura hasta la cima, seguidos de cordadas de andinistas civiles. Si bien las condiciones del clima habían dado un respiro a los expedicionarios, durante la travesía debieron soportar vientos leves de 30 km por hora y temperaturas que oscilaron entre los 20 y 25 grados bajo cero. El descenso es la situación más estresante para los deportistas. Muchos se preparan durante todo un año para la ascensión pero descuidan el regreso, aspecto que tiende un hilo muy fino entre la vida o la muerte. El retorno al campamento de Nido de Cóndores se realiza en un tiempo aproximado de entre dos a dos horas y media. Ese día la demora fue de casi seis horas.

El martes 20 de enero trece hombres hicieron su último esfuerzo para alcanzar la cima. Con una tormenta que se les avecinaba por sobre sus cabezas, lograron su meta con éxito. Gracias al cambio en la meteorología, el resto de las expediciones pudo llegar a la cumbre sin mayores complicaciones. Entre el 19 y el 22 de enero, treinta y cuatro hombres del Ejército conquistaron el techo de América, los 6.962 metros del cerro Aconcagua.

 

Operatividad
Como cada verano, los montañeses del Ejército aprovechan el buen clima y el mejor acceso hacia las cumbres para ascender a los principales picos del país. La más importante de ellas es la ascensión al Cerro Aconcagua, el cual encierra una mística particular por ser la montaña más alta del planeta fuera de la cadena de los Himalayas. Esta actividad tiene para los militares dos finalidades: la primera es andinística, allí se busca mantener y acrecentar la aptitud técnico-profesional del personal en lo referente a técnicas de montaña y a la adquisición de experiencia en alturas superiores a los 6.000 metros. La segunda es una finalidad estrictamente militar y se materializa en la capacidad del personal para operar en la Alta Montaña, y trabajar con cierto grado de aislamiento y en condiciones desfavorables con riesgo controlado.
La fuerza de ascensión fue dirigida por el General de Brigada Pelagatti, quien permaneció junto a las cordadas que ascenderían durante toda la expedición. Desde un punto de vista operativo, la Compañía de Cazadores de Montaña 8 fue la encargada de la logística, las comunicaciones, los apoyos sanitarios y de rescate.
El 12 de enero habían comenzado a arribar los integrantes de las primeras cordadas de asalto para iniciar su período de aclimatación, siendo controlados diariamente por médicos del Hospital Militar de Mendoza.

El rigor de la altura
Si bien los japoneses venden la expedición al techo de América, como un trekking de altura, la ruta llamada normal (Horcones) no presenta grandes dificultades técnicas. Con guías especializados y baqueanos de la zona, la travesía puede resultar fácil a la vista.
El principal enemigo en estas alturas es la falta de oxígeno que produce trastornos de conducta, somnolencia, dolores agudos de cabeza y malestar intenso de estómago. Es frecuente la presencia de principio de edema pulmonar o cerebral, síntomas que desaparecen al descender. El congelamiento de las extremidades a causa de la exposición a temperaturas extremas y la falta del equipo adecuado son considerados otros de los inconvenientes al analizar las fallas que conllevan al fracaso. La exposición a los rayos ultravioletas y los vientos arrasadores provocan muchas veces ceguera si no se tiene la precaución necesaria.
La negligencia humana está a la orden del día. El actuar en solitario es una situación frecuente y peligrosa, pero no existe actualmente legislación sobre este tema. Otro grave problema es el minimizar la importancia del traslado de la mochila que contiene los elementos de supervivencia elementales. No aceptar las propias limitaciones es quizás el error más recurrente.
La montaña resalta lo bueno y lo malo de cada persona que la transita. La desolación y el conocimiento de uno mismo son los únicos compañeros cuando el hombre afronta sus propios miedos


ASCENSION
La reina que conquistó el coloso



El Suboficial Mayor Ricardo Ezequiel González, destinado en el Regimiento de Infantería de Montaña 16, colgó la piqueta en su última cumbre al Aconcagua en el 2000. Este año, Natacha, su hija de 22 años, decidió aventurarse a conquistar la gran montaña. González, quien cuenta con once años de guía de montaña y doce cumbres en el techo de América, decidió desempolvar las botas doble propósito para acompañar y apoyar a su hija para quien esta ascensión sería la primera. Para el Suboficial Mayor ha sido una gran responsabilidad por ser su hija la persona a quien exponía a los caprichos de la montaña. “La cumbre fue una gran satisfacción, una emoción inconmensurable - dijo en una entrevista telefónica-. Cerrar una etapa habiendo ayudado a un hijo es una emoción incomparable. Como guía y montañés experimentado, el sabio consejo que brindó a Natacha fue ‘la montaña va a estar siempre. El cerro tiene su particularidad y si no se respeta, el cerro se lo cobra’”.
Natacha caminó hasta la cumbre impulsada no sólo por su padre, sino por los consejos adicionales del Sargento Ayudante Marengo, el Sargento Ayudante Ledesma y el Sargento 1ro Zugasti, todos del Regimiento de Uspallata, quienes conformaban la cordada.
Por su parte, para esta joven mendocina, que fue elegida reina de belleza del Festival de la Vendimia y del Festival de Alta Montaña, la experiencia de subir el cerro con su padre ha sido inolvidable. Nos contó la emoción que sintió cuando luego de casi doce horas de marcha, a las 12:45 horas del 22 de enero hizo su primera conquista a un cerro, y no cualquiera, la montaña más alta de toda América. “Cuando faltaban unos metros para llegar, me dejaron pasar en primer lugar. Al llegar, miembros de la Compañía de Cazadores 8 que estaban allí hicieron dos filas y comenzaron a aplaudir. No sentía nada raro, pero cuando vi llegar a mi papá comencé a llorar desconsolada, me olvidé del frío y el cansancio. Llegué a la cruz, la besé y volví a abrazar a mi padre”. Y agregó emocionada, “si bien me sentí bastante mal en varios trayectos, jamás percibí miedo porque iba con la guía de mi papá”
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