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Electric Canberra fue diseñado en Gran Bretaña hacia 1949 como el primer bombardero liviano a reacción de la Real Fuerza Aérea Británica (RAF).
Con prestaciones excepcionales para la época, era más veloz y con un mayor techo de altitud que los cazas rivales contemporáneos.
En pleno desarrollo de la Guerra Fría los prototipos del Canberra protagonizaron un vuelo épico de reconocimiento sobre la Unión Soviética sobrevolando instalaciones secretas enclavadas en el interior del territorio, hasta entonces, nunca fotografiadas, mientras los cazas interceptores rusos Mig-17 se veían impotentes al tratar de alcanzarlos, en una estruendosa demostración de la superioridad del nuevo avión británico.
Desde entonces el Canberra fue desarrollado en versiones sucesivas cada vez más perfeccionadas para bombardeo, interdicción nocturna y todo tiempo, reconocimiento fotográfico a gran altitud, inteligencia electrónica, remolque de blancos y entrenamiento, siendo exportado a dieciocho países, incluso a Estados Unidos que fabricó su propia versión con la denominación Martin B-57. La NASA utilizó dos Canberra WB-57 para investigaciones de vuelo a gran altitud.
Estas legendarias aeronaves han entrado en combate en la crisis de Suez en 1956, Vietnam, los enfrentamientos entre India y Paquistán, el conflicto entre Perú y Ecuador y la Guerra de Malvinas.
En 1968 la
Fuerza Aérea Argentina adquirió doce Canberra, diez bombarderos del modelo BMK-62 y dos entrenadores TMK-64 que arribaron al país entre 1970 y 1971, prestando servicio desde entonces en la Segunda Brigada Aérea con asiento en Paraná, Entre Ríos, demostrando ser un sistema de armas versátil, robusto y confiable.
Movilizados durante el conflicto austral en 1978, estos aviones retornarían al sur del territorio patrio para cubrirse de gloria en la gesta de Malvinas en 1982.
Usando como base operativa a Trelew, y armados con bombas de 454kg. los Canberra realizaron ataques diurnos y nocturnos sobre las posiciones británicas, operando en condiciones climáticas desfavorables y en la oscuridad de la noche, acechados por los Harriers y fragatas misilísticas, ganándose el respeto de sus enemigos mientras sus bombas alcanzaban blancos británicos en la zona de San Carlos, Monte Kent, y Monte Harriet, donde el propio comando inglés del General Jeremie Moore estuvo a punto de ser alcanzado por los Canberra argentinos.
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