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Historia Militar
Luis Jorge Fontana (1846-1920) "El Territoriano"
José Luis Muñoz Azpiri (h)

En la historia existen figuras que definen el carácter de una Nación: son los arquetipos. Bogavantes de su época, inspiraron las letras de Kipling, de London, de Verne y de Salgari. Lewis y Clark en Estados Unidos, Stanley y Livingstone en África, Burke y Wills en Australia. Nuestro país no fue ajeno al proceso de engendrar hombres míticos: Moreno, Olascoaga, Moyano y otros, integran nuestra pléyade de pioneros, pero fue Luis Jorge Fontana quien adquirió la estatura de un protagonista de los tiempos clásicos. Vaya un ejemplo, un escueto telegrama enviado al Presidente de la República: "Estoy en Rivadavia. Queda el Chaco reconocido. He perdido el brazo izquierdo en un combate con los indios, pero queda otro para firmar el plano del Chaco que he completado en esta excursión. Luis Jorge Fontana".
La respuesta no se hizo esperar, el general Roca, a la sazón Ministro de Guerra, contestó: "El misionero de la civilización y el progreso de la República marca con su sangre la huella del hombre libre a través del Gran Chaco. Su brazo mutilado señala ya y para siempre el rumbo verdadero que seguirán las generaciones en busca de territorios feraces donde reunirse para constituir grandes pueblos. Su vida ya está seriamente vinculada a la solución de uno de los más grandes problemas de la Patria: la conquista y la población del Chaco, esa gran sombra en el mapa luminoso de la República. Ardientemente felicito y anuncio su ascenso: Julio A. Roca." El coronel Luis Jorge Fontana nació en Buenos Aires el 19 de abril de 1846, una época signada por los conflictos internos y externos, donde los mejores recursos humanos de cada generación se destinaban al ejercicio de las leyes o a la disciplina de la milicia. Salvo excepciones, la investigación científica era, por lejos, una excentricidad.

Era natural que siendo hijo de un abogado –que había sido uno de los secretarios de Rosas-, tras una estimulante infancia en Carmen de Patagones, el joven Luis eligiera el camino inverso e ingresara en la Comandancia Militar De Río Negro con tan solo 13 años de edad. Pero el imponente espectáculo de la naturaleza patagónica ya le había calado el alma. La guerra del Paraguay lo sorprendió sirviendo en la Armada, donde con el grado de guardiamarina asistió a distintas acciones bélicas, siendo distinguido en ellas por el capitán Murature. Sin embargo, su verdadera vocación había despertado en la contemplación de las infinitas llanuras de la Patagonia, a las cuales, años más tarde, regresaría para fundar pueblos, establecer colonias y relevar un territorio –para el hombre blanco– absolutamente desconocido. De regreso a la vida civil fue discípulo de Germán Bursmeister, bajo cuya dirección profundizó sus conocimientos en física, astronomía y ciencias naturales.
Trabajó en el Museo de Buenos Aires y en 1870 integró una comisión que reconoció los ríos Limay y Neuquén. Bursmeister ya lo consideraba "suficientemente iniciado en los misterios de las ciencias naturales", siendo en esta ocasión que se vio obligado a involucrarse en varios combates con los indios.
Revistó luego en las filas de ejército y fue Secretario de la Gobernación del Chaco, exploró el Bermejo e hizo relevamientos de la zona que por entonces disputábamos con el Paraguay.

En 1879 fundó la ciudad de Formosa y un año más tarde realizó una exploración entre esta localidad y Salta. Es en 1881 cuando hace aparición "El Gran Chaco", con prólogo de Nicolás Avellaneda, tal vez, su principal obra. En 1882 exploró el Pilcomayo y dos años después se convirtió en el primer gobernador del Chubut. Diez años fue la duración de su fecunda gestión, donde ejerció con similar pericia el manejo del sable, el microscopio, el sextante y el teodolito. Recorrió en viaje de exploración más de mil setecientas leguas de la región, abarcando desde Rawson a la cordillera y desde el río Chubut hasta el límite de Santa Cruz.
No en vano su biógrafo, Lorenzo Amaya, lo bautizó con el acertado título de "Territoriano".

Designado para comandar una expedición hacia la cordillera, en busca de la región misteriosa y paradisíaca que los indios habían descrito verbalmente a los galeses que vivían en la colonia de Gaiman, cerca de la costa atlántica, Fontana nos relata en su "Viaje de exploración en la Patagonia Austral" las características de aquella legendaria expedición en la cual tomaron parte seis rifleros de la Compañía del Chubut, dos alemanes, un norteamericano y diecinueve galeses. En octubre de 1885 marcharon siguiendo el curso del río Chubut a través de la desolada meseta central, realizando interesantes observaciones sobre la fauna y la flora, el clima y toda característica que hiciera viable el asentamiento humano. Luego de innumerables esfuerzos, descubrieron el valle que Fontana denominó "16 de octubre". Fontana entregó las tierras a los colonos galeses en febrero de 1888. Dar tierra en heredad parecía la premisa básica de un gobierno que practicaba al pie de la letra el apotegma alberdiano "gobernar es poblar". Los beneficiarios luego de algunas dificultades iniciales, no tardaron en adaptarse a la nueva región y el valle comenzó a prosperar. Tras encabezar una de las comisiones demarcadoras de límites con Chile, se estableció en 1900 en la localidad de Desamparados, San Juan. Fue allí, sucesivamente, jefe de milicias, del Registro Civil y de Policía, director del Museo Provincial y presidente del Consejo General de Educación. Fundó y dirigió el diario "La Ley" y creo el primer observatorio de la provincia.

Sus principales trabajos escritos, aparte del citado "El Gran Chaco", fueron: "El arte de embalsamar y las momias egipcias y peruanas del museo público" (1870); "Nociones de fisiología botánica aplicada a la agricultura" (1874); "Explicación al plano general del Gran Chaco" (1882); " Viaje de exploración al río Pilcomayo" (1883); "Viaje de exploración a la Patagonia Austral" (1886); "Estudio sobre el caballo fósil" con prólogo del general Mitre; "Horas zoológicas" ; "Sismología antigua y moderna" ; "El clima de San Juan" ; "Los cuadrúpedos y las aves de la región andina" ; "Enumeración sistemática de las aves" (Mendoza, La Rioja y Catamarca 1908), "Ad Ovo" (trabajo sobre prehistoria, que editó en San Juan en 1912); "Fisiografía vegetal", y otros estudios, de diversa índole científica, que no conservó la propia familia del autor, ni existen tampoco en la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.

Fragmento del libro de Lorenzo Amaya, “Fontana el Territoriano” , Buenos Aires, Talleres Gráficos Luis Gotelli, Buenos Aires, 1935 (Edición del autor, de 1080 ejemplares, con los primeros 80, numerados)


CAPÍTULO V. La expedición Fontana a la cordillera.

“Los alrededores del Chubut al S. y al N. son los más pobres que es dable concebir. Es un retazo de la Tierra Maldita que imaginó Darwin, nevada en invierno y abrasadora en verano; y no es imposible que su recuerdo contribuyese no poco a que el sabio viajero hiciese extensiva a toda la Patagonia este nombre que aplicó con tanta injusticia.

A mediados del año 1885 partió Fontana desde Buenos Aires, camino de su nuevo destino. Trece días después, arriba a la capital del Chubut, instala en ella la gobernación y pasa el invierno, como él mismo lo refiere, aclimatándose al país, en practicar pequeñas excursiones por la costa del mar, en conocer a los habitantes, en estudiar sus necesidades y costumbres , “y buscando datos y elementos para la expedición que proyectaba al interior del país”. Hacía dos años, según se vio, que los primeros colonos galenses (sic) habíanse establecido con varia fortuna, sobre el valle del Chubut, en las tierras próximas al mar. Los indios Tehuelches, que años tras año, en la estación benigna, llegaban a las poblaciones de la costa para comerciar con los colonos, mentaban las delicias de la de la región cordillerana, su clima templado y saludable, sus pastizales abundantes, sus árboles corpulentos, su gran variedad de frutas silvestres, todo ello entre lagos, ríos y arroyos de belleza sin par… Esos relatos de los aborígenes, y las referencias orales que pasaban de unos a otros, acerca del viaje que Musters realizó desde Punta Arenas hasta el Río Negro, fueron encendiendo la imaginación de los jóvenes galenses , que llegaron a concebir la región andina como una nueva Tierra de Promisión. En junio de 1885, apenas asentado el Gobernador en Rawson, se celebra un meeting , de los colonos, los cuales delegaron en Don Juan Thomas, la misión de apersonarse a Fontana para solicitar permiso, cabalgaduras y provisiones, a fin de efectuar un amplio reconocimiento hacia el Oeste. Con excelente espíritu práctico, esa autorización fue denegada, porque no conociendo el Gobernador el país, ignoraba las dificultades y peligros a que se hallaban expuestas las personas que integrasen esa expedición. Les recordó, asimismo, al agradecerles sus buenos propósitos, lo acontecido en otras empresas análogas que partieron hacia la cordillera y fueron atacadas y casi exterminadas por los indios. Por lo demás, dado el carácter oficial que Fontana investía, toda responsabilidad recaería sobre él si ocurriera un desastre semejante. Por último, hizo presente al delegado de los colonos que el gobierno argentino le había confiado la exploración del Territorio del Chubut, a cuyo fin aguardaba del Río Negro los elementos adecuados. Para entonces, pues, contando con las debidas seguridades, no tendría inconvenientes en aceptar los servicios de los colonos, asignándoles en la expedición oficial la participación de que eran dignos por su decisión y la espontaneidad de sus ofrecimientos. Al iniciarse la primavera, vuelve el delegado de los colonos para reiterar su empeño. La estación propicia para expedicionar ya estaba próxima; los elementos oficiales tardaban en llegar; y el entusiasmo de los galenses , acrecido en una espera de veinte años, se hallaba en su máximo de exaltación. Ellos contaban, por aportes individuales, con los elementos básicos para el viaje. De suerte que del Gobernador sólo se requería que tomara el comando de la expedición y proporcionara una parte del armamento y municiones. Los colonos habían reunido seis mil pesos, y contaban con la caballada suficiente. Fontana, militar hecho a la acción, aceptó de plano el ofrecimiento, y dio cuenta al gobierno, agregándole que se encontraba listo para partir. El consentimiento oficial no demoró. Entre tanto, febrilmente, iban concertándose los preparativos, cuya ordenación estuvo en gran parte a cargo de los Sres. Juan Thomas, Gregorio Mayo y del Ingeniero Guillermo Katerfeld, que desempeñaba el puesto de Agrimensor de la Gobernación. De este modo, surgió el Campamento de Las Piedras, sobre el extremo occidental de la colonia. Allí se concentraron los hombres más animosos, a los cuales se les impartía instrucción militar, especialmente en prácticas de tiro. Las fuerzas expedicionarias constaban de 30 jinetes armados de sable y fusil Rémington, con 100 tiros por hombre; 260 caballos, 20 cargueros con víveres para tres meses, 2 cargueros con instrumentos científicos y herramientas para minas, además de un botiquín con remedios y material para curaciones. Llevaban, además, algunas mulas de refuerzo. La caravana estaba integrada por 19 galenses , 6 argentinos (Fontana, Derbes, Franco, Miguens, Calvo y Roberto Jones, este último, el primer varón de origen galés nacido en el valle del Chubut), 2 alemanes, un americano, un portugués y el expedicionario desconocido… Más de una vez, en los años de su retiro en Desamparados, próximo a la ciudad de San Juan, Fontana se complacía en rememorar aquel batallón organizado en el Campamento de Las Piedras. Compuesto por civiles, colonos venidos de Gales en su mayor parte, aquel conjunto de hombres, carecía de uniforme. Cada cual vestía con lo propio. Los únicos trajes militares que se veían eran los del Comandante Fontana y del Sargento Franco. Entre la tropa se encontraban gentes de levita, de saco, de jaquet, de poncho. Se percibían sombreros duros, galeras de alta copa y chambergos de toda índole. Entre tal abigarramiento de colores y tan completa disparidad de vestimentas, existía empero, una fuerte solidaridad espiritual: la que infundían la disciplina y el respeto al Jefe, además del común anhelo de realizar, por fin, empresa tanto tiempo soñada… Cuando Fontana regresó del Chubut, después de realizar su expedición a la cordillera, el Instituto Geográfico Argentino ofreció una recepción pública en su honor. Presidió el acto el ministro del Interior y Fontana hizo un relato de aquel viaje. Refiriéndose a la indumentaria de sus compañeros de expedición, decía: … “el trage (sic) de confección europea alternaba en estrambótico consorcio con los productos de la industria indígena: por debajo de un poncho, asomaba el faldón de un jaquet, los quillangos suplían a los capotes impermeables, y á guisa de cinturón, ostentaba la mayoría, hasta tres pares de pesadas boleadoras.” (“Boletín, tomo VII, pág. 150). Agregó Fontana que al iniciar la marcha ya iba pensando en el fracaso de la expedición. “¿Cómo era posible, se pregunta, que estos pacíficos agricultores con tendencias cultas y artísticas que había visto en los meetings y en torneos de inteligencia, celebrando fiestas en que se premiaba el canto y la poesía, pudiesen hacer un uso adecuado de todos esos adminículos, privativos de la excepcional naturaleza del gaucho o del indio?” Pero él mismo nos ofrece la razón de su extrañeza: “¡Ah!, es que olvidaba que mis compañeros eran antiguos residentes del Chubut, y en este desierto inconmensurable de nuestro territorio, el medio imponía sello característico al hombre.Carlos M. Moyano, “A través de la Patagonia ” (folleto), Buenos Aires, “ La Tribuna Nacional ”, 1881, pág 39.Como no existía aún en Rawson ninguna casa adecuada a tal destino, Fontana dispuso instalar provisoriamente las dependencias oficiales en la chacra de don Gregorio Mayo.El ex Gobernador Tello da la nómina de las treinta personas que formaron parte de la caravana: el Jefe, Teniente Coronel Luis Jorge Fontana y los señores: Juan Murray Thomas, Gregorio Mayo, Juan Katerfeld, Pedro Derbes, Ricardo Franco, Juan Evans, Antonio Miguens, Tomás Davies, Hermann Fáesing, Jaime Wagner, Joaquín Richards, Ricardo Jones, Juan Enrique Jones, Ramón Calvo, Roberto Jones, Zacarías Jones, Juan Wyn, Evan Davies, Juan Thomas Jones, Enrique Davies, Juan Owen, David Roberts, Guillermo Lloyd Jones, Tomás P. Jones, Juan Davies y otra persona cuyo apellido no se recuerda. (Cuando los siglos pasen y este nombre se haya perdido definitivamente en la amplitud del tiempo, hasta ese mérito tendrá aquella expedición que contó también, como las grandes epopeyas, con su anónimo colaborador). Tello, en su completa enunciación, cita el nombre de Joaquín Richards, que debió ser confundido, sin duda, con el de Richard Jenkins; y se olvidó mencionar a James J. Thomas y Edgard Jones Bagillt, que integraron la expedición en 1885.

A medida que fuimos internándonos se fueron presentando ocasiones en que pude apreciar, lleno de estupor, la destreza de mis bravos compañeros y la evidencia elocuente de los hechos que se producían ante mi vista, me obligaron a cambiar diametralmente de opinión: el galense monta a caballo como el árabe, bolea avestruces y guanacos como el indio y maneja el rémington como un soldado de nuestro ejército; sobrio y moderado, por lo demás, la disciplina actúa en el fondo de su carácter”. (“Boletín” citado págs. 150 y 151).
Da una idea cabal de la organización de aquellos expedicionarios, el comunicado que Fontana hizo conocer a sus hombres en vísperas de iniciar la marcha. Una radiante mañana de Octubre, cuando ya la primavera patagónica se dejaba sentir en la brisa tibia y en la tierra reverdecida, la población de Rawson se despertó al estampido de tres descargas de fusilería. Eran las salvas con que se saludaba a la bandera argentina. Fontana iba al frente de ese núcleo de varones fuertes; a su vera marchaba el Sargento Franco, de uniforme también, haciendo flamear los colores de la Patria. Detrás de ellos, en correcta formación, por orden jerárquico, se alinearon aquellos extranjeros animosos, venidos del otro lado del mar para radicarse en esas playas áridas de la Patagonia legendaria, y convertirse en los precursores de la colonización del Chubut.
La pequeña población debió emocionarse, sin duda, ante aquel desfile nunca presentido; aclamó jubilosa a los expedicionarios, alentándolos sin cesar con sus vivas y sus aplausos, hasta que la columna de jinetes, al trote de sus cabalgaduras, fue perdiéndose en el horizonte, envuelta en la dorada luz de aquella mañana primavera…

 …El capítulo continúa con el relato de los acontecimientos de la marcha, desde la costa atlántica a la cordillera, reconociendo el vasto territorio, dejando asentadas en la nueva cartografía que se iba confeccionando las anotaciones de los descubrimientos, la toponimia y aspectos topográficos que permitían tener un claro conocimiento gráfico de las enormes extensiones que iban incorporando en forma fehaciente a la soberanía nacional. No faltan episodios de encuentros con los indígenas, anotaciones científicas, producto de la curiosa inteligencia de Fontana, acerca de plantas, hallazgo de cavernas y restos arqueológicos, que revelan la personalidad del Comandante. Deja anotaciones de la fertilidad de los valles que encontraban, los cursos de agua que recorrían o atravesaban y de infinidad de detalles que constituirían la primera descripción geográfica del nuevo territorio…

…Explorador inquieto y esforzado, espíritu e intelecto al servicio de una pasión, vocación de servicio… Un hombre de la generación del '80…

 

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