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| 60° ANIVERSARIO
DE SU FALLECIMIENTO |
Gral. Manuel Savio
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La Escuela Superior Técnica del Ejército
y la Dirección de Fabricaciones Militares son las dos
grandes instituciones que dan forma física y perdurabilidad
a la gran obra desarrollada por el General de División
Manuel Nicolás Savio a lo largo de su existencia. Una
vida corta, si tenemos en cuenta que falleció a los 56
años de edad, cuando estaba en pleno desarrollo de su
actividad creativa y había consolidado buena parte de
sus inquietudes en beneficio de la industria militar y civil
de la nación, haciendo prevalecer sus objetivos básicos
y funda-mentales: independencia, economía y soberanía.
La sensibilidad docente y la vocación industrialista
fueron, como tantas veces se ha dicho, los rasgos sobresalientes
del General Savio.
Había nacido en Buenos Aires el 15 de marzo de 1893.
Era hijo de Sebastián Savio, inmi-grante italiano, y
de María Gazzano, de nacionalidad argentina.
Se casó a los 21 años con Alicia Dorrego, también
argentina, hija de españoles.
Cursó estudios en el Colegio Nacional Central de la Universidad
de Buenos Aires y en el Co-legio Militar de la Nación
, del cual egresó como Subteniente a fines de 1910. Ascendió
a Teniente Primero en 1915, a Capitán en 1920, a Mayor
en 1925 y a Teniente Coronel en 1929. El 18 de julio de 1931,
recibió su diploma de ingeniero militar.
Su siempre ascendente y brillante carrera incluyó también
estas promociones: a Coronel en 1936, a General de Brigada en
1942 y, finalmente, a General de División, galón
que recibió el 31 de diciembre de 1946. A lo largo de
su proficua carrera militar, en 1917 fue instructor de cadetes
en el Colegio Militar y en ese establecimiento, desde 1920,
fue titular de la cá-tedra de Metalurgia y Acción
de Explosivos.
Cumplió luego diversos destinos. Y regresó a la
docencia en 1930 para reestructurar el Curso Superior del Colegio
Militar y sobre esa base organizar la Escuela Superior Técnica
del Ejército. Su labor se complementó con la instrucción
militar impartida por la Escuela Superior de Guerra y enriqueció,
de manera trascendente, la industrialización castrense
que realizaba la Escuela de Mecánica, reestructurada
por el también ilustre ingeniero mili-tar Enrique Mosconi.
En tanto la Escuela de Mecánica se dedicaba a capacitar
operarios, la Escuela Superior Téc-nica se abocó
a la tarea de formar ingenieros militares con avanzada especialización
teórica y práctica. Para llevar adelante sus planes,
Savio aplicó con gran lucidez las experiencias de la
visita que realizó al continente europeo en 1923, como
miembro de la Comisión de Adquisiciones del Ejército.
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Antes
de reiniciar su labor docente en la Escuela Superior Técnica,
había sido secretario general de los Ferrocarriles del
Estado, cargo que debió dejar en 1930 para ponerse al
frente del Instituto.
En 1933, luego de haber traducido del francés diversas
obras del Capitán de Artillería Du-mez sobre fabricaciones
mecánicas, organización general de las fábricas
y organización del trabajo, escribió su primer
obra titulada Movilización Industrial.
Luego le siguieron los libros Política Argentina del
Acero (1942), Política de la Producción Metalúrgica
Argentina (1942) y el grupo de Conceptos que fundamentaron el
proyecto de ley de Fabricaciones Militares, en 1944. También
fue autor de otros trabajos, como ser la ley de creación
de la Dirección General de Fabricaciones Militares, Nro.
12.709; el Plan Si-derúrgico Argentino, ley Nro. 12.987;
el proyecto de ley para desarrollar en el país un plan
de producción de caucho natural y sintético y
el proyecto de protección y fomento de las industrias
de las materias primas básicas. |
En 1937, asumió la titularidad de la
Dirección de Fábricas Militares, creada el 24
de diciem-bre de 1936. Savio recibió entonces la Fábrica
de Munición de Armas Portátiles de Puerto Borghi,
recién habilitada; la de Material de Comunicaciones,
en organización; la de Aceros, en construcción
y, en proyecto desde una década atrás, la de Pólvora
y Explosivos de Villa María, que sacó a licitación
junto con la de Munición de Artillería de Río
Tercero.
Savio enfatizó la necesidad de evitar la dispersión
de los esfuerzos y concentrarlos en ar-mónica y coherente
concepción. Así nació el proyecto de ley
orgánica de la Dirección de Fabricaciones Militares
que el 11 de mayo de 1938 elevó a la consideración
del Poder Eje-cutivo Nacional. Savio pasó a ser, por
esos años, titular del Cuartel Maestre General del In-terior
y sus inquietudes volcadas en el proyecto alcanzaron sanción
legal cuando, al conjuro de la Segunda Guerra Mundial, se convirtieron
en "peligros inmediatos" los riesgos que él
había señalado con anterioridad como "probables
y cercanos".
El presidente Ortiz respaldó las ideas del General Savio
al elevar el proyecto a la considera-ción del Poder Legislativo
y otro tanto hizo luego su sucesor, el doctor Castillo. El proyecto
fue tratado cinco veces y, finalmente, el día 9 de septiembre
de 1941, se promulgó la ley mediante la cual se creó
y estableció el régimen orgánico de la
Dirección General de Fabri-caciones Militares, entidad
que comenzó a funcionar como organismo autárquico
el 10 de septiembre de 1941, con la firma del decreto Nro. 102.621.
El primer directorio lo encabezó el entonces Coronel
de Ingenieros Manuel Nicolás Savio como presidente y
director general.
Lo componían, además, vocales: ingenieros Carlos
José Alonso y José Padilla y Tenientes Coroneles
Carlos José Martínez y Julio Pedro Hennekens.
Los integrantes del directorio asumieron sus funciones el 23
de octubre de 1941.
En su creación, Fabricaciones contaba con cinco establecimientos:
Fábrica Militar de Equi-pos (ex Taller de Arsenal), Fábrica
de Material de Comunicaciones (ex Laboratorio del Arma de Comunicaciones),
Fábrica de Aviones (transferida por la Aviación
Militar ), Fábrica de Acero y Pólvora y Fábrica
de Explosivos de Villa María, estas dos últimas,
inauguradas por Savio en 1937 y 1938 respectivamente.
En el mes de octubre de 1941 se efectúa un planteo militar
al presidente Ramón Castillo; el oficial comprometido
de mayor jerarquía, según la versión de
José María Rosa, era el en-tonces coronel Manuel
Savio.
Los que entrevistan a Castillo son los tenientes coroneles Franklin
Lucero, Gregorio Tauber y Joaquín Saurí, en representación
de las guarniciones de Campo de Mayo, Palermo y Li-niers.
Le presentaron un planteo de ocho puntos, de los cuales Castillo
accedió al mantenimiento de la neutralidad en la Guerra
, la clausura del Consejo Deliberante de Buenos Aires y la declaración
del estado de sitio. Según José M. Rosa, de este
planteo a Castillo surgió el G.O.U.;si bien Savio no
perteneció a esa logia militar, tanto Lucero como Tauber
y Saurí tuvieron roles protagónicos en el proceso
iniciado el 4 de junio de 1943, del que el G.O.U. fue inspirador.
Savio, que no era peronista, pero mantuvo varias reuniones con
Perón con el cual coincidían en muchos temas.
Es ascendido a general de división el 31 de diciembre
de 1946. Impulsa el Plan Siderúrgico Argentino, que obtiene
el apoyo de Perón y de su mi-nistro de guerra el general
José Humberto Sosa Molina.
En julio de 1943, a menos de siete años de su establecimiento
como organismo autárquico y siempre con la conducción
del General Savio, Fabricaciones Militares contaba ya con doce
plantas. A las nombradas se sumaron: la de Fabricaciones Militares
de Armas Portátiles "Domingo Matheu" (inaugurada
el 3 de octubre de 1942), la de Tolueno Sintético (31
de di-ciembre de 1942), la de Munición de Artillería
Río Tercero (21 de mayo de 1943), la de Mu-nición
de Artillería "Borghi", hoy "Fray Luis
Beltrán" (8 de octubre de 1943), la de Vainas y
Conductores Eléctricos E.C.A. (15 de julio de 1944),
la de Munición de Armas Portátiles "San Francisco"
(diciembre de 1944), la de Materiales Pirotécnicos (30
de abril de 1945) y la de los Altos Hornos Zapla, habilitados
el 23 de enero de 1943 en la provincia de Jujuy.
Por otro lado, con el aporte de grupos empresarios, Savio organizó
las siguientes socieda-des mixtas: Industrias Químicas
Nacionales (11 de agosto de 1943), Elaboración del cromo
y sus derivados (19 de junio de 1944), Atanor, Compañía
Nacional para la Industria Quími-ca (30 de junio de 1944),
Aceros Especiales (13 de Junio de 1944) y Siderurgia Argentina.
Sobre el final de esta sucinta reseña histórica,
cabe hacer especial mención del Plan Side-rúrgico
Argentino, que inspiró su pensamiento en dirección
de los grandes objetivos de la Nación. La muerte de Savio,
el 31 de julio de 1948, sorprendió y consternó
al país. Un sin-cope cardíaco acabó con
la vida de un hombre cuyo objetivo vivencial fue la grandeza
y so-beranía de su patria.
Ante su deceso, el desaparecido diario El Mundo dijo en sus
páginas: "Con la muerte del General Savio pierden
nuestras Fuerzas Armadas a uno de sus oficiales superiores más
ca-paces y brillantes y el país, a un técnico
y organizador de relevantes condiciones, especial-mente en los
campos industriales siderúrgicos, donde se le consideraba
un valor singular.” A todo esto, el diario Crítica
agregaba: "El país pierde también a un eminente
ciudadano que buscó afanosamente la consolidación
de su independencia y de su soberanía a través
de la creación de poderosas industrias nacionales mantenidas
con recursos extraídos de nuestro propio suelo."
En el Parlamento, a su vez, el diputado J. R. Pastor expresaba:
"Porque el Ejército de nues-tro país ha perdido
a uno de sus conductores dilectos; porque la República
ha perdido tam-bién a un ciudadano que la honraba y porque
la sociedad argentina ha perdido a un hom-bre culto y superior,
con toda la emoción de mi alma y con profundo sentido
de dolor, co-mo el experimentado por cualquier ciudadano del
país, adhiero a este homenaje que vamos a rendir, más
que en nombre de la Cámara de Diputados de la Nación
, en nombre de toda la ciudadanía argentina."
El General Savio fue un varón ilustre. Su vida rompió
los moldes comunes para transfor-marse en un ejemplo. Su personalidad
no admite elogios fáciles, sino que exige penetrar en
los múltiples rasgos que hicieron de él un jefe
militar destacado, un creador vigoroso y un acendrado patriota.
Políticos, industriales, comerciantes, hombres de ciencia,
profesionales y ciudadanos comu-nes coinciden unánimemente
en la valoración de las virtudes que adornaron la existencia
de este del militar argentino con profunda vocación nacional.

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