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COSTUMBRES EN
EL RÍO DE LA PLATA / La Vida en el Buenos Aires Colonial
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Hacia
el bicentenario de la Patria • Nota XI |
| Aquella
Santa María del Buen Ayre |
Por Armando S. Fernández
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| El
rey de España Carlos III creó por Decreto
de Real Cédula del 1º de agosto de 1776 el
Virreinato del Río de la Plata con cabecera en
la ciudad de la Santa María del Buen Ayre, a la
que otorgó dominio sobre el Paraguay, Tucumán,
Mendoza, San Juan de Pico, Potosí, Santa Cruz de
la Sierra y Charcas. Por ese entonces Buenos Aires ya
tenía cinco mil habitantes. Y, andando el tiempo,
llegarían los virreyes. |
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| ¿Cómo
eran entonces los usos y costumbres en aquel enclave criollo
y español, que atrajo la codicia británica en
1806 y 1807 y que tres años después, en 1810,
produjo un cataclismo político en toda América
del Sur con su Revolución de Mayo? |
| En noviembre
de 1783 el Virrey Vértiz inauguraba con el pomposo
nombre de Casa de Comedias, un lugar que estaba emplazado
bajo un galpón de techo de paja con 26 varas de frente
por 25 de fondo y que el vulgo dio en llamar Teatro de la
Ranchería (allí estaba, en una velada de gala,
disfrutando el Virrey Sobremonte de la obra teatral “El
sí de las niñas” de Leandro Fernández
de Moratín, cuando le llegó la mala noticia
del primer desembarco inglés en 1806). Era uno de los
sitios selectos frecuentados por la gente pudiente de la época.
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Entretanto,
la gente del pueblo prefería divertirse con las corridas
de toros en la Plaza de Montserrat, o en la de El Retiro (inaugurada
el 14 de octubre de l801), cuando no, asistiendo a las riñas
de gallos o bailando gatos y pericones en cualquier galpón
de adobe y techos de caña. En cuanto al trazado urbano,
la Plaza Mayor dominaba la escena y allí se alzaban el
Cabildo, la Catedral, y |
| cerca, las
iglesias de San Francisco (la primera parroquia de la ciudad),
la de San Ignacio, la de Santo Domingo y no lejos de ésta,
la de San Juan. En el puerto descendían desde los barcos,
pasando por la Aduana, todo tipo de mercaderías y también
pasajeros. La Plaza del Mercado y la Recova de la Plaza Mayor
eran sitios bullentes donde todo se compraba y se vendía.
Las damas pudientes de la época se movían entre
el vocerío de los vendedores ambulantes. Las seguían
sus esclavos negros o mulatos, que cargaban lo que ellas iban
comprando. En las casas, las mujeres elaboraban todo, desde
los vestidos, los cortinados y por supuesto, la cocina. |
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Las campanas parroquiales llamaban diariamente a la oración,
era la hora del rosario, la oración comunitaria que
habitualmente conducía la dueña de casa. Las
tertulias, reuniones donde los concurrentes hablaban de política,
se interpretaba música y se bailaban mazurcas y minués,
o se declamaba poesía, se extendían desde las
ocho hasta las once de la noche. Y después de estas
veladas, las familias regresaban a las casas, iluminados por
un negrito farolero. El viajero Concolorcorvo apuntaba que
“las mujeres de esta ciudad son las más pulidas
de las americanas españolas, y comparables a las sevillanas.
He visto ‘sarao’ (reunión de gran gala)
en que asistieron ochenta de ellas, vestidas y peinadas a
la moda. En cuanto a los hombres, estos son circunspectos
y de buenos ingenios (amables)”. Era cierto por entonces
que la mayor parte de las señoras principales
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| no daban
utilidad a los sastres, pues ellas mismas cortaban, cosían
y adornaban sus vestidos a la perfección, ya que eran
ingeniosas y delicadas costureras. Sin embargo, la condición
social de la mujer, hacía que ella estuviera sujeta
a la voluntad de sus padres, de su esposo y también,
si cabían las circunstancias, de sus hijos. La rebelión
de Mariquita Sánchez quien acudió a la autoridad
del virrey, para que no la obligaran a casarse con quien sus
padres habían dispuesto (y ella no quería, pues
estaba enamorada del Alférez de Marina Jacobo Thompson)
fue un hecho anormal, y muy comentado en la población,
en aquellas épocas. En aquel mundo de rígidas
y rutinarias costumbres, la población criolla ocupaba
un nivel inferior
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en
la escala social. Estaban los “gauderios” (gauchos),
negros y mulatos. Serían estos, la masa mayoritaria del
pueblo, los que, guiados por los líderes patriotas combatirían
por su ciudad contra los ingleses y los que, después
del 25 de mayo de l810, integrarían las expediciones
que lucharían contra el poder español, por nuestra
Independencia. Este era, en apretada síntesis, el mundo
de aquel Buenos Aires colonial, crisol de razas desde donde
iba a proyectarse hacía toda América del Sur,
una llama de libertad que ya no podría ser apagada.
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¿Fundó
Juan de Garay la ciudad de Buenos Aires?
Es generalmente aceptado que Buenos Aires tuvo dos fundaciones;
la primera, a cargo de Pedro de Mendoza y la segunda fundación
corrió por cuenta de Juan de Garay - foto der.
- (11 de junio de 1580). Pero la realidad es otra, según
el historiador José María Rosa, que sostiene
que técnicamente no fue así, señalando
que en homenaje a la festividad cristiana que se celebraba,
el día que arribó al Riachuelo, Garay llamó
al lugar Ciudad de la Trinidad. Así consta en los
documentos oficiales que envió al rey de España.
Sin embargo, prevalecería el nombre del cercano
puerto que a casi doscientos años de historia nacional
es la capital de nuestro país: Santa María
de los Buenos Aires. |
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| ESTA SERIE DE
NOTAS CONTINUARA EL AÑO PROXIMO |
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