Home Email Contáctenos
Quienes Somos Correo de Lectores Biblioteca Soldados Números Anteriores Suscríbase
 

diciembre 2008

SENADORA MARITA PERCEVAL
El ciudadano militar un cambio cultural

150 NUMEROS EN 13 AÑOS
Nos Saludan


LUJAN
El Snowcat tiene nuevo hogar

HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Sexto
Mercante, líder con luz propia

EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL / Capítulo Noveno
Vagones a nuevo, en Río Tercero

EN EL DÍA NACIONAL DEL TANGO
Con ritmo de 2 x 4

COSTUMBRES EN EL RÍO DE LA PLATA / La Vida en el Buenos Aires Colonial / Hacia el bicentenario de la Patria • Nota XI
Aquella Santa María del Buen Ayre


2DA SECCION
EDIFICIO LIBERTADOR
Entrega de Equipamiento de Inteligencia de Combate

CULTURA
Los legionarios de la Nueva Roma
LIBROS

Purgatorio
Elogio de la cocina
Análisis de decisiones estratégicas

SALUD
Rubéola

DEPORTE / PANAMERICANO MASTER DE CICLISMO
Pasión deportiva sobre dos ruedas

SUPLEMENTO ESPECIAL
Nuevo código de disciplina para las fuerzas armadas

CALENDARIO 2009
click para ampliar

» Institucionales

» Novedades

» El Ejercito en Acción

» Cuestión de Género

» Malvinas

» Historia de Unidades

» Los Protagonistas

» Misceláneas

» Militaria

» Modelismo

» Humor

COSTUMBRES EN EL RÍO DE LA PLATA / La Vida en el Buenos Aires Colonial

Hacia el bicentenario de la Patria Nota XI
 
Aquella Santa María del Buen Ayre
Por Armando S. Fernández

El rey de España Carlos III creó por Decreto de Real Cédula del 1º de agosto de 1776 el Virreinato del Río de la Plata con cabecera en la ciudad de la Santa María del Buen Ayre, a la que otorgó dominio sobre el Paraguay, Tucumán, Mendoza, San Juan de Pico, Potosí, Santa Cruz de la Sierra y Charcas. Por ese entonces Buenos Aires ya tenía cinco mil habitantes. Y, andando el tiempo, llegarían los virreyes.
¿Cómo eran entonces los usos y costumbres en aquel enclave criollo y español, que atrajo la codicia británica en 1806 y 1807 y que tres años después, en 1810, produjo un cataclismo político en toda América del Sur con su Revolución de Mayo?
 

En noviembre de 1783 el Virrey Vértiz inauguraba con el pomposo nombre de Casa de Comedias, un lugar que estaba emplazado bajo un galpón de techo de paja con 26 varas de frente por 25 de fondo y que el vulgo dio en llamar Teatro de la Ranchería (allí estaba, en una velada de gala, disfrutando el Virrey Sobremonte de la obra teatral “El sí de las niñas” de Leandro Fernández de Moratín, cuando le llegó la mala noticia del primer desembarco inglés en 1806). Era uno de los sitios selectos frecuentados por la gente pudiente de la época.

Entretanto, la gente del pueblo prefería divertirse con las corridas de toros en la Plaza de Montserrat, o en la de El Retiro (inaugurada el 14 de octubre de l801), cuando no, asistiendo a las riñas de gallos o bailando gatos y pericones en cualquier galpón de adobe y techos de caña. En cuanto al trazado urbano, la Plaza Mayor dominaba la escena y allí se alzaban el Cabildo, la Catedral, y

cerca, las iglesias de San Francisco (la primera parroquia de la ciudad), la de San Ignacio, la de Santo Domingo y no lejos de ésta, la de San Juan. En el puerto descendían desde los barcos, pasando por la Aduana, todo tipo de mercaderías y también pasajeros. La Plaza del Mercado y la Recova de la Plaza Mayor eran sitios bullentes donde todo se compraba y se vendía. Las damas pudientes de la época se movían entre el vocerío de los vendedores ambulantes. Las seguían sus esclavos negros o mulatos, que cargaban lo que ellas iban comprando. En las casas, las mujeres elaboraban todo, desde los vestidos, los cortinados y por supuesto, la cocina.

Las campanas parroquiales llamaban diariamente a la oración, era la hora del rosario, la oración comunitaria que habitualmente conducía la dueña de casa. Las tertulias, reuniones donde los concurrentes hablaban de política, se interpretaba música y se bailaban mazurcas y minués, o se declamaba poesía, se extendían desde las ocho hasta las once de la noche. Y después de estas veladas, las familias regresaban a las casas, iluminados por un negrito farolero. El viajero Concolorcorvo apuntaba que “las mujeres de esta ciudad son las más pulidas de las americanas españolas, y comparables a las sevillanas. He visto ‘sarao’ (reunión de gran gala) en que asistieron ochenta de ellas, vestidas y peinadas a la moda. En cuanto a los hombres, estos son circunspectos y de buenos ingenios (amables)”. Era cierto por entonces que la mayor parte de las señoras principales

no daban utilidad a los sastres, pues ellas mismas cortaban, cosían y adornaban sus vestidos a la perfección, ya que eran ingeniosas y delicadas costureras. Sin embargo, la condición social de la mujer, hacía que ella estuviera sujeta a la voluntad de sus padres, de su esposo y también, si cabían las circunstancias, de sus hijos. La rebelión de Mariquita Sánchez quien acudió a la autoridad del virrey, para que no la obligaran a casarse con quien sus padres habían dispuesto (y ella no quería, pues estaba enamorada del Alférez de Marina Jacobo Thompson) fue un hecho anormal, y muy comentado en la población, en aquellas épocas. En aquel mundo de rígidas y rutinarias costumbres, la población criolla ocupaba un nivel inferior

en la escala social. Estaban los “gauderios” (gauchos), negros y mulatos. Serían estos, la masa mayoritaria del pueblo, los que, guiados por los líderes patriotas combatirían por su ciudad contra los ingleses y los que, después del 25 de mayo de l810, integrarían las expediciones que lucharían contra el poder español, por nuestra Independencia. Este era, en apretada síntesis, el mundo de aquel Buenos Aires colonial, crisol de razas desde donde iba a proyectarse hacía toda América del Sur, una llama de libertad que ya no podría ser apagada.
 

¿Fundó Juan de Garay la ciudad de Buenos Aires?

Es generalmente aceptado que Buenos Aires tuvo dos fundaciones; la primera, a cargo de Pedro de Mendoza y la segunda fundación corrió por cuenta de Juan de Garay - foto der. - (11 de junio de 1580). Pero la realidad es otra, según el historiador José María Rosa, que sostiene que técnicamente no fue así, señalando que en homenaje a la festividad cristiana que se celebraba, el día que arribó al Riachuelo, Garay llamó al lugar Ciudad de la Trinidad. Así consta en los documentos oficiales que envió al rey de España. Sin embargo, prevalecería el nombre del cercano puerto que a casi doscientos años de historia nacional es la capital de nuestro país: Santa María de los Buenos Aires.

 
ESTA SERIE DE NOTAS CONTINUARA EL AÑO PROXIMO
  © 2008 Soldados Digital webdesign » lasNancis