
noviembre 2008 |




EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL
/ Capítulo Octavo
La obra del General Mosconi |




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EL
EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL
/ Capítulo Octavo
La obra del General Mosconi |
Por Lauro S. Noro |
| Con
la idea de que para ser libre un país debía
autoabastecerse, el General Enrique Mosconi asumió
la presidencia de Yacimientos Petrolíferos Fiscales,
YPF. No sólo desarrolló una intensa y fructífera
labor, sino que luchó a brazo partido contra los
intereses económicos foráneos que buscaban
someter al país. El golpe de septiembre de 1930
detuvo su inmensa y monumental obra patriótica. |
| Una
gran indignación marcó su destino. En
1921, como director del Servicio Aeronáutico
del Ejército, el entonces Teniente Coronel Enrique
Mosconi, iba camino a su despacho cuando se cruzó
con el Mayor Jorge Crespo, titular de la Escuela de
Aviación Militar. Mostraba signos de preocupación.
“La Wico (empresa subsidiaria de la Standard Oil,
de los Estados Unidos y única que vendía
nafta de aviación en el país), me ha
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informado
que no nos venderá más combustible, si antes
no se hace efectivo el pago de la compra”, le dijo.
Ante su sorpresa por lo que estaba escuchando, preguntó,
aunque conocía la respuesta, si tenían alguna
factura impaga con ella. “No, respondió y no
sólo eso sino que les pagamos antes de los 25 días
fijados por contrato”.
La situación era complicada. El combustible que le
compraban se utilizaba en prácticas y vuelos de entrenamiento.
¿Y si tuviesen que utilizarlo para que los aviones
argentinos enfrentaran a escuadras enemigas? Ya había
alertado sobre el peligro de depender del petróleo
importado para defender a la Nación. Y a pesar de ser
tildado de “exagerado nacionalismo”, ni lerdo
ni perezoso, Mosconi fue a pedir explicaciones al responsable
de tal orden.
-¿Es cierto que sólo se nos entregará
nafta contra el pago al contado?, preguntó sin siquiera
tomar asiento en la oficina del gerente.
-Así es. Es la costumbre de nuestra compañía,
le contestó, mientras daba una larga pitada a un enorme
cigarro.
-Debo decirle que el Servicio Aeronáutico del Ejército
no le debe ni un sólo centavo, que se trata de una
solvente repartición militar y que depende del Ministerio
de Guerra. Por eso, me sorprenden sus palabras y exigencias
y las considero impertinentes y no las acepto. Dio media vuelta
y se fue. Aquella imagen de ese hombre, fumando indolente
frente a su reclamo, le impuso un juramento que iba a cumplir
a rajatabla: terminar con la influencia del poderoso trust.
Pero, ¿cómo? ¿con qué? ¿con
quién?
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Llegada
a YPF
En 1922, antes de dejar la presidencia de la Nación,
Hipólito Yrigoyen había creado por decreto,
la Dirección Nacional de Yacimientos Petrolíferos
Fiscales (YPF). Con la llegada de Marcelo T. de Alvear a la
primera magistratura, se avecinaba la hora de Mosconi. Conocedor
de sus afanes por la aviación nacional y en la tarea
de elegir a sus futuros ministros, aseguran que el mandatario
habría dicho: “Quizás, este coronel del
que tanto se está hablando sea el hombre indicado para
el cargo”. Aún en duda, consultó con el
recién designado Ministro de Guerra, el Coronel Agustín
P. Justo. “¿Lo nombro a Mosconi al frente de
YPF o le ofrezco el Ministerio de Obras Públicas?”
A lo que su interlocutor, sugirió: “¿no
le objetarán que su gabinete tenga demasiados ministros
militares? Sería más acertado que se hiciera
cargo de YPF”. El 19 de octubre de aquel año,
fue nombrado al frente del organismo.
Asumió el cargo con dos metas: producir combustible
líquido en cantidad y calidad para eliminar la dependencia
con las empresas extranjeras y dirigir el mercado de consumo
y llevar los precios a un nivel conveniente y equitativo.
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Los
números hablan
Apenas instalado en las oficinas del viejo edificio de la
calle Balcarce, los resultados comenzaron a aparecer. No pasaron
cinco meses y ya se destilaba nafta nacional para la aviación.
Las deudas por la venta de combustibles a distintas reparticiones
públicas, eran enormes, sobre todo, la del Ministerio
de Marina. Luego de intensas negociaciones, logró cobrarlas.
También, fijó tarifas oficiales para las ventas,
suprimiendo diferentes cotizaciones del fluido; adquirió
dos nuevos buques petroleros; puso en marcha el montaje de
tanques de almacenamiento en Rosario y Concepción del
Uruguay y amplió la capacidad de tres de ellos, en
Dársena Sur.
En una gira de inspección conoció el deficiente
estado de los yacimientos petrolíferos de Comodoro
Rivadavia y Plaza Huincul. Comprendió que se debía
a la falta de una ley orgánica que determinase los
caracteres de esa explotación fiscal y de un eficaz
manejo de la nueva industria. Las tareas de perforación
que iban muy bien, debieron suspenderse por no contar con
el espacio para almacenar el producto y además, había
una deficiente organización de ventas. “Mis primeros
tiempos en YPF fueron muy duros principalmente por la cuestión
económica que superamos haciendo una extrema limitación
de gastos y de personal”, confesaba.
La destilería de
La Plata
Una vez logrado el ordenamiento técnico y administrativo
de YPF, Mosconi se fijó otras metas. Una de ellas,
la construcción de una destilería. Llamó
a concurso en mayo de 1923 y se adjudicaron las obras a la
empresa norteamericana Bethlehem Stell Cª. Como era de
esperarse, el poderoso grupo Rockefeller la atacó para
que no siguiera adelante con el proyecto. Sin embargo, sus
directivos no sólo se negaron sino que argumentaron
su decisión: “este país será un
gran mercado para los Ford, Chevrolet y Buick; nuestros autos
podrán inundar las lejanas pampas y aunque la Argentina
produzca naftas, los usuarios la comprarán en los surtidores
de la Standard Oil y la Royal Dutch”. El 14 de enero
de 1925 comenzaron las obras y el 23 de diciembre de ese año,
se inauguró oficialmente la Destilería Fiscal
de La Plata que por convenio, quedó en manos de la
empresa argentina el 1º de febrero de 1927. Tiempo después,
hizo lo propio con una instalación para “crackear”
fueloil, producir nafta y gasoil, que empezó a funcionar
en 1929.
La producción subió a más del doble.
El pago de las obras quedó saldado con las utilidades
que recibían. También, funcionaba una planta
de gas, piletas separadoras de aceites, una fábrica
de latas para 18 litros (se hacían mil por hora), otra
de cajones para hacer 4000 por jornada de ocho horas.
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Surtidores
como hongos
Con estos avances, se resolvieron los problemas de venta al
consumidor final y obligó a YPF a poner en marcha numerosos
medios de distribución y habilitar miles de agencias.
Cuando Mosconi llegó a la empresa, contaba con…
¡un solo surtidor en todo el país! Pero, sin
solución de continuidad, empezaron a aparecer los nuevos
surtidores con la sigla YPF en su capucha blanca, enmarcada
con un doble círculo celeste y blanco, hasta en los
lugares más apartados. Ahora, los de Shell y la Wico
tendrían compañía. En 1930, cuando dejó
el cargo, había 2320.
Sin embargo, la lucha contra las multinacionales se hizo cada
vez más severa. En 1926, Mosconi denunció al
gobierno de la provincia de Salta que buscaba favorecer a
la Standard Oil para explotar ella sola, el petróleo
en su territorio. Una dura y larga contienda emprendió
el tozudo director de YPF, para evitar que aquella lograse
su objetivo. Como era de esperarse, se llenó de enemigos.
En un principio, la partida pareció
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Agua
y pan
En la ciudad de Comodoro Rivadavia que conoció
Mosconi, faltaba agua y el pan era malo y caro. Con drásticas
medias revirtió esos inconvenientes. Hasta se enfrentó
con los pocos panaderos de la zona que escondían
la harina para elevar el precio y de esa manera, manejar
el negocio y aumentar el precio a su antojo. No tardó
en instalar una panadería mecánica y acabó
con el problema: pan más barato y de mejor calidad.
En la parte educacional, hizo construir el colegio Deán
Funes, dirigido por los salesianos, que iba a tener gran
influencia en la zona. Y como la vida en el yacimiento
era dura y difícil, estableció bonificaciones
por paternidad, maternidad, antigüedad, constancia,
récord de perforación, etcétera.
La meta era clara. “Seguíamos peleando por
hacer realidad un sueño: ¡conseguir de nuestra
propias entrañas petróleo para los argentinos!”,
sostenía. |

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perdida. Los
sobornos que la empresa yanki repartió entre funcionarios
del gobierno provincial, terratenientes y periodistas dieron
resultados. Empezó a explorar. Al poco tiempo, la mano
cambió y un nuevo gobernador que pensaba como Mosconi,
revocó los permisos de cateo y allanó el camino
para que YPF se afincase en suelo salteño. Pero, los
enemigos del país acechaban en el horizonte.
El golpe del 30
En 1929, durante el segundo gobierno de Irigoyen, se creó
el Instituto Nacional de Petróleo con la Universidad
de Buenos Aires. Por ese entonces, YPF también fijó
el precio de la nafta en todo el territorio con una sustancial
rebaja. Las empresas extranjeras tuvieron que hacer lo mismo.
En Comodoro, se construyó el oleoducto desde las perforaciones
de Cañadón Perdido y fue proyectado el tramo
Plaza Huincul-Bahía Blanca, a través de más
de 600 kilómetros.
El debate para sancionar la ley de nacionalización
del petróleo, se dio a principios de 1930. La Cámara
de Diputados había dado el sí; la de Senadores,
de mayoría conservadora, el no. El presidente, se rumoreaba,
iba a convocar a extraordinarias para tratar el tema. No pasó
nada. Antes de caer derrocado, suscribió un acuerdo
con la Unión Soviética para intercambiar productos;
entre ellos, petróleo y a buen precio. Fue el principio
del fin. El 6 de septiembre, el golpe de Uriburu frenó
todo. El 9, Mosconi renunció a su cargo y fue detenido
con sus amigos, el General Alonso Baldrich y Arturo Orzábal
Quintana. Tres días después y de intensos interrogatorios,
fueron liberados. Meses más tarde, el ex presidente
de YPF fue apresado nuevamente, acusado de comunista. Recuperó
la libertad, luego de cinco días de aislamiento. El
9 de diciembre, antes de ser casi desterrado a Europa, escribió:
¡Qué profunda pena me causa este estado de cosas!
¡Pobre país! ¡Nosotros, desconfiándonos
recíprocamente, organizando persecuciones, enconos,
dando rienda suelta a los odios y rencores e por cuanto tiempo!
El progreso se detiene ¡Qué espectáculo
distinto si todos trabajáramos por el bien común!.
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