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casi un mes, Córdoba se vio envuelta en una pesadilla
de cenizas y fuego. La sequía que arrasó
la provincia por cerca de nueve meses desató
uno de los incendios más voraces de los últimos
años.
Más de 45.000 hectáreas fueron pulverizadas
literalmente por las llamas ya que el principal enemigo
se presentó de la mano del viento que rotaba
y desviaba la línea del incendio permanentemente.
Las zonas más afectadas fueron las rurales, por
presentar los pastizales naturales secos, regiones en
donde la mayoría de los habitantes debieron autoevacuarse
tanto por el fuego, como por las cenizas que invadieron
la provincia.
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