
octubre 2008 |


HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo
Cuarto
El legado de Ramón Carrillo |








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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Cuarto
El legado de Ramón Carrillo |
Por Lauro S. Noro |
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1946 y 1954, con el apoyo de la Fundación Eva Perón
y como Ministro de Salud, Ramón Carrillo levantó
hospitales, institutos de especialización, centros materno-infantiles,
escuelas técnicas, laboratorios e instituciones de diagnóstico,
hogares-escuela, centros sanitarios y de salud en todas las
provincias. Encabezó exitosas campañas contra
el paludismo, sífilis, tifus y tuberculosis entre otras
enfermedades, a las que erradicó definitivamente. Y muchos
otros emprendimientos en favor de la salud y bienestar de sus
compatriotas. |
| En el Hospital
Militar Central el doctor Ramón Carrillo se dio de
cara con la paupérrima realidad sanitaria del país.
Y lo hizo de una manera muy simple. Como Jefe del Servicio
de Neurología y Neurocirugía y con las historias
clínicas de los aspirantes al servicio militar obligatorio,
procedentes de toda la Argentina, comprobó la prevalencia
de enfermedades vinculadas con la pobreza, sobre todo en las
provincias más postergadas. De esa manera, confirmó
los recuerdos e imágenes que mostraban el estado de
postergación en que se encontraba gran parte del interior
argentino.
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| Juan Perón junto a Ramón
Carrillo |
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Sus estudios estadísticos dieron un resultado escalofriante:
el país sólo contaba con el 45 por ciento de
las camas necesarias y distribuidas de manera desigual. En
algunas regiones y por cada mil habitantes, eran del cero
por ciento. Un hecho que lo marcó para siempre.
Decisivo encuentro
En 1944, conoció al Coronel Juan Domingo Perón
cuando iba a atenderse en ese hospital por una afección
pulmonar. Con él mantuvo numerosas conversaciones.
El tema era recurrente: la problemática nacional y
la carencia de planes y servicios de salud. Así, se
forjó una relación y una amistad que sería
decisiva para el futuro de la salud en la Argentina.
Dos años más tarde y ya como Presidente de la
Nación, ni lerdo ni perezoso, Perón lo llamó
a su despacho y lo comprometió. “Mire Carrillo,
me parece increíble que tengamos un Ministerio de Ganadería
que se ocupe de cuidar a las vacas y no haya un organismo
de igual jerarquía para cuidar la salud de la gente”.
Después de las elecciones del 24 de febrero de 1946,
el Negro Carrillo, como lo llamaban, pasó a ocupar
un importante lugar en la estructura del gobierno justicialista.
El 23 de mayo, se creó la secretaría de Salud
Pública, con rango de ministerio (pasaría a
serlo en 1949). El 29, por decreto del Poder Ejecutivo, fue
designado secretario de Salud Pública, cargo que asumiría
el 4 de junio de 1946 y que conservaría hasta el 16
de junio de 1954. Al iniciar sus funciones, encontró
una gran desorganización, con instalaciones sanitarias
inadecuadas y falta de camas, equipamiento médico,
insumos y personal capacitado. Elaboró un plan de más
de cuatro mil páginas que llamó Plan Analítico
de Salud Pública. Había previsto hasta el más
mínimo de los detalles.
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Vida
ejemplar
Ramón era el mayor de once hermanos, bisnieto de Marcos
Carrillo, oficial español prisionero del General Manuel
Belgrano luego de la batalla de Salta. Había nacido
en Santiago del Estero, el 7 de marzo de 1906. A los 22 años
se recibió de médico con honores. En 1930, por
sus altas calificaciones y calidad de sus trabajos, ganó
la beca de la Universidad de Buenos Aires para perfeccionarse
durante tres años en Europa, donde se codeó
con los mejores especialistas del mundo.
De regresó a Buenos Aires, en plena Década Infame,
pudo apreciar el sistemático saqueo y destrucción
que sufría su patria, en un período caracterizado
por la profunda decadencia moral de la dirigencia, la corrupción,
el negociado, la enajenación del patrimonio nacional
y el empobrecimiento de una gran mayoría. Entonces,
adhirió al pensamiento nacionalista en auge en aquella
época. Se vinculó con su compañero de
estudios primarios Homero Manzi y otros hombres, como Arturo
Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y los autores teatrales
y de tango Armando Discépolo y Enrique Santos Discépolo,
representantes de la cultura y de las nuevas ideas nacionales.
El respaldo de Evita
Desde el comienzo Carrillo abrazó la causa de la salud
pública con fervor. Pero no hubiera podido hacer nada
de no haber contado con el aval, amistad y colaboración
de Evita. Todos los proyectos que salían del ministerio
de Salud eran tomados y llevados a cabo por la Fundación
Eva Perón. Juntos poblaron el país de
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Sencillo,
afable y culto
¿Cómo era Carrillo? Jorge Farías
Gómez, su coterráneo, lo recuerda: “Ramón
era negro y puede decirse que era feo y hasta muy feo,
lo cual de primera intención no se concilia con
la idea de que era atractivo para las mujeres. Pero sabía
interesarlas con su talento, inteligencia, comprensión
y su variado repertorio de conocimientos”. Se casó
con Susana Pomar cuando ya era ministro, apadrinado por
Perón y su esposa, Eva Duarte. Corría 1946.
Tenía 40 años y Susana, 21, a quien había
conocido como alumna en un colegio donde dictaba clases.
“El laboratorio y el microscopio fueron sus compañeros
inseparables.Vivía deslumbrado por la belleza y
la grandiosidad del mundo. Poseía una memoria extraordinaria,
casi fotográfica y su ‘gran pasión’
fueron los libros, a los que consideraba como su mejor
tesoro de trabajo. Si bien formó una biblioteca
especializada en medicina, historia, filosofía
y filosofía de las ciencias, también tenía
todo tipo de libros, hasta novelas policiales, que siempre
fueron uno de sus pasatiempos”, lo describió
un familiar.
“Con los amigos no médicos, vivía
la bohemia literaria y filosófica de los cafetines
de Buenos Aires. Se distendía y disfrutaba. Muchos
eran periodistas, escritores, pintores, poetas y músicos.
Generalmente, se reunían en un salón que
les facilitaba Natalio Botana, una parte de las oficinas
del diario Crítica. No era su costumbre trasnochar;
madrugaba por sus tareas hospitalarias y el ejercicio
de su profesión”, recordaba uno de ellos.
Leía a Enrique Banchs, José Pedroni, Horacio
Quiroga y Leopoldo Lugones. Tenía una definida
inclinación por la pintura argentina y formó
una completa pinacoteca. |

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salud pública,
gratuita e indiscriminada. El andar del Tren Sanitario fue parte
fundamental de esa tarea para liquidar enfermedades. En sólo
dos años erradicó el paludismo, la sífilis,
las venéreas, el tifus y la brucelosis y llevó
la vacunación antivariólica y antidiftérica
hasta los pueblos más aislados y distantes.
Entre sus numerosas obras, aumentó el número de
camas de 66.300, en 1946 a 132.000, en 1954. Creó 234
hospitales y policlínicas gratuitos. Disminuyó
los índices de mortalidad por tuberculosis de 130 a 36
por cien mil y el infantil del 90 al 56 por mil. |

Carrillo
textual
“Mientras los médicos sigamos viendo enfermedades
y olvidemos al enfermo como una unidad biológica,
psicológica y social, seremos simples zapateros
remendones de la personalidad humana”.
“Debemos pensar que el enfermo es un hombre que
es también un padre de familia, un individuo que
trabaja y que sufre; y que todas esas circunstancias influyen,
a veces, mucho más que una determinada cantidad
de glucosa en la sangre. Así humanizaremos la medicina”.
“En una sociedad no deben ni pueden existir clases
sociales definidas por índices económicos.
El hombre no es un ser económico. Lo económico
hace en él a su necesidad, no a su dignidad”.
“Todos los hombres tienen igual derecho a la vida
y a la salud”.
“No puede haber política sanitaria sin política
social”.
“De nada sirven las conquistas de la técnica
médica si ésta no puede llegar al pueblo
por los medios adecuados”.
“Frente a las enfermedades que produce la miseria,
frente a la tristeza y el infortunio social de los pueblos,
los microbios, como causa de enfermedad, son unas pobres
causas”.
“El Hospital debe ser un hogar y no una antesala
de la muerte. Los servicios médicos constituyen
un esencial derecho del hombre y por ello, junto con la
historia clínica del enfermo se levanta la historia
social del hombre”.
“La medicina moderna tiende a ocuparse de la salud
y de los sanos y el objetivo principal es ya no curar
al enfermo sino evitar estar enfermo. No sólo debe
curar enfermos sino enseñar al pueblo a vivir,
a vivir en salud y tratar que la vida se prolongue y sea
digna de ser vivida”.
“La caridad es una virtud cristiana admirable, pero
no puede ser la base de una doctrina para el gobierno
de la salud pública”. |

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También
promovió la construcción de centros de salud
espaciosos, luminosos y funcionales. Creó una cátedra
de arquitectura hospitalaria y organizó cursos de instrumentación
quirúrgica, enfermería, administración
hospitalaria, hemoterapia, radiología, anestesiología,
alimentación y muchos otros. Y dio prioridad al desarrollo
de la medicina preventiva, a la organización hospitalaria.
Pretendía que los hospitales no fueran casas de enfermedad
sino de salud y sobre todo, bregaba para evitar que el sano
se enfermase. Durante su gestión se desarrollaron las
obras sociales. El presupuesto en salud se incrementó
diez veces y también, ideó los Torneos Infantiles
Evita, que además de promover el deporte, permitieron
un completo chequeo médico de muchos niños y
jóvenes.
Exilio y muerte
Con el derrocamiento de Perón, se convirtió
en otro exiliado y perseguido y al no poder volver a la Argentina,
fue empleado como médico por una empresa minera de
los Estados Unidos en el Amazonas. Cuando venció su
contrato, permaneció en el nordeste de Brasil, en Belem
do Pará, ejerciendo como médico rural, atendiendo
gratis en un hospital, hasta que sufrió un accidente
cerebrovascular que lo llevó a la muerte, el 20 de
diciembre de 1956, sumido en la total pobreza. Había
cumplido 50 años. En 1972 sus restos fueron repatriados
y enterrados en su tierra natal.
“…No tengo odios y he juzgado y tratado a los
hombres siempre por su lado bueno, buscando el rincón
que en cada uno de nosotros alberga el soplo divino”,
alcanzó a decir alguna vez.  |
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