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HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL
Capítulo Tercero
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HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Tercero
La lucha de Scalabrini Ortiz
por Lauro S. Noro

Quería saber por qué en la Argentina, en el país de vacas y cereales, de grandes extensiones y regiones fértiles, había hambre. Descubrió que Inglaterra se llevaba todas las ganancias y el esfuerzo de los argentinos. Entonces, Raúl Scalabrini Ortiz puso todo su esfuerzo y empeño para defender nuestro patrimonio. Con Perón vio coronados sus sueños. Silenciado por la prensa oficial, despreciado por las editoriales, combatido por conservadores y liberales e ignorado por la izquierda, su prédica tiene hoy renovada particular vigencia.
 

Le gustaba boxear y lo hacía bien. Quizás esa actividad fue premonitoria para Raúl Scalabrini Ortiz. La lucha, el soportar golpes y no desfallecer en el toma y daca del deporte de los puños, marcaron su vida. Había nacido el 14 de febrero de 1898, en Paraná, Entre Ríos. En sus genes latía un espíritu inquieto que lo dirigió ya de joven y en Buenos Aires hacia ideas de izquierda. Sin embargo dos cosas insumían su atención: la carrera de agrimensor, cuyo título alcanzó, y la literatura. En 1923 publicó su primer libro, La Manga, y se vinculó con el grupo literario Florida. Por aquellos años tomó contacto con un grupo nacionalista que publicaba La Nueva República y poco después entró a trabajar en la revista Martín Fierro, donde se destacó por sus artículos polémicos y un humor ingenioso. También escribían allí, entre otros, Macedonio Fernández, Conrado Nalé Roxlo, Luis Cané, Ricardo Güiraldes, Jorge Luis Borges, Nora Lange y Leopoldo Marechal.

 

Contra la dependencia
En 1929 con el derrumbe de la bolsa en Wall Street nació la Década Infame. En la Argentina cayeron los precios de las exportaciones, se devaluó el peso y creció la desocupación. Y el 6 de septiembre de 1930 un golpe militar derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. Scalabrini Ortiz comprendió el carácter reaccionario de las Fuerzas que se habían confabulado contra el líder radical. Comenzó a criticar a la dictadura desde Noticias Gráficas. En 1932 concluyó en que la Argentina era una colonia inglesa. Un minucioso estudio del pacto Roca-Runciman le hizo descubrir la ruta de esa dominación: ferrocarriles-frigoríficos-seguros-barcos británicos. Y con la compra de manufacturas inglesas se impedía el desarrollo de la industria nacional.
Al año siguiente cayó detenido y enviado a la isla Martín García por participar en el levantamiento radical. Debió optar por el exilio. Antes de partir a Italia, el 23 de enero de 1934 se casó con Mercedes Coraleras, esposado y en compañía de la policía en el Registro Civil. Poco se quedó en la península itálica y recaló en Alemania. Escribió varios artículos que luego dieron formas al libro Política británica en el Río de la Plata: “Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen”, escribió en el prólogo.
A fines de 1934 regresó al país. En el semanario Señales volvió a cuestionar el sistema entreguista que dominaba en el país. Allí conoció a Arturo Jauretche, joven radical yrigoyenista con quien estableció una amistad que duró hasta su muerte. A su lado empezó a colaborar con FORJA, donde redactó los famosos cuadernos que abordaban los temas centrales de la dependencia argentina. En febrero de 1943 se retiró de la agrupación para dedicarse a la investigación, a escribir y a su profesión de agrimensor. Tenía cinco hijos que alimentar.

 

Neutralidad a ultranza
No fue complaciente con la manera cómo enseñaban en las escuelas la historia oficial argentina: “Es una obra de imaginación en que los hechos han sido consciente y deliberadamente deformados, falseados y encadenados de acuerdo con un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea de los principales acontecimientos ocurridos en este continente”. En ese sentido los hechos que investigó mostraron el efecto nefasto del endeudamiento externo y, sobre todo, los resultados del préstamo de Rivadavia con la casa inglesa Baring Brothers.

De su propio bolsillo financió y editó el diario Reconquista, que apareció el 15 de noviembre de 1939. A punto de desatarse la Segunda Guerra Mundial, Scalabrini Ortiz redactó un documento oponiéndose a que la Argentina tomara partido por alguna de las potencias en pugna. Hizo de la neutralidad una bandera: “No os dejéis arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, subleváos. Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los patrones extranjeros”, proclamó en su editorial. El periódico no recibía publicidad y sólo vivió 41 días. Rechazó una oferta de la embajada alemana para financiar su continuidad y el 25 de diciembre de 1939 escribió en el último número: “El silencio es mortífero para las ideas. Abate toda pretensión de autonomía, coarta la inventiva, impide el análisis, sofoca la crítica, detiene el mutuo intercambio de pensamientos”.

Perón y un sueño cumplido
El 10 de junio de 1944 Scalabrini Ortiz concurrió a una conferencia que brindó el coronel Juan Domingo Perón en La Plata, donde éste condenó al capital extranjero y defendió el desarrollo de


La chinche flaca

En 1944 el representante británico en la Argentina, sir Montague Eddy, le propuso a Scalabrini Ortiz ayuda económica para que cesara con su cruzada nacionalista. El escritor le respondió que eso era imposible porque seguía la “política de la chinche flaca”. Norberto Galasso relata la anécdota en la Vida de Scalabrini Ortiz (Ediciones del Mar Dulce, Buenos Aires, 1970): “Ante el estupor del flemático inglés que no comprendía su respuesta. Scalabrini le explicó cuál era esa política que seguía en su vida. “Usted debe haber dormido en esas pocilgas que se llamaban hoteles. Habrá luchado alguna noche contra los fastidiosos insectos y observado qué difícil es matar a una chinche que todavía no ha chupado sangre. Usted la aprieta entre los dedos, la refriega y la chinche continúa como si le hubieran hecho una caricia. En cambio, si la chinche ha comido y tiene su panza hinchada, basta una pequeña presión para exterminarla. Bueno, yo sigo la política de la chinche flaca y es por eso que usted nada puede contra mí ni nada puede hacer a mi favor”

la industria nacional. Luego de la exposición, le hizo saber a Perón sobre la necesidad de nacionalizar los ferrocarriles, medida que efectivamente llevó a cabo en su gobierno. Con entusiasmo, presenció el 17 de octubre de 1945: “Era el subsuelo de la patria sublevado. El cimiento básico de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca desnudez original. Lo que había soñado e intuido durante muchos años estaba allí presente, corpóreo, tenso, multifacetado, pero único en el espíritu conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan, que iniciaban sus tareas de reivindicación”, manifestó en un escrito.
El 13 de febrero de 1947 el gobierno nacionalizó los ferrocarriles, la histórica medida que había contado en Scalabrini Ortiz con su más entusiasta propulsor. Desde su inicio apoyó al gobierno popular, pero con espíritu crítico alertando que importantes sectores económicos aun continuaban en manos extranjeras. Sus anhelos se habían cumplido. Pero… Luego, con la denominada “Revolución Libertadora”, Scalabrini y Jauretche volvieron a hacer sentir su voz. En una esquina del centro Scalabrini se encontró con Marechal y le dijo: “Hay que empezar a hacer todo de nuevo...” Esta vez, lo hizo desde el diario El Líder, de la CGT. Ambos denunciaron y criticaron el Plan Prebisch del ministro de Economía. Por supuesto, la publicación fue cerrada por la dictadura, pero Scalabrini insistió y editó El Federalista, que tuvo poca vida. Corría enero de 1956 y no encontraba el medio donde expresarse. El fracaso del levantamiento del General Valle y su posterior fusilamiento, produjeron una honda huella en su espíritu. Por fortuna, en julio de ese año volvió a la política activa cuando Rogelio Frigerio le ofreció escribir en la revista Qué. Desde esa tribuna no cejó en su lucha contra el colonialismo del gobierno. Y con Jauretche, comenzó a trabajar por la candidatura de quien consideraban la opción más progresista permitida por el gobierno, la de Arturo Frondizi, líder de la Unión Cívica Radical Intransigente. Aunque disentían con algunos de sus postulados.

 

Scalabrini Ortiz dixit...

“Estos asuntos de economía y finanzas son tan simples que están al alcance de cualquier niño. Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda. Si no la entiende es que están tratando de robarle. Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a defender la Patria en el orden inmaterial de los conceptos económicos y financieros”.
“Todo lo que nos rodea es falso e irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo, es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera”.
“¡Creer! He allí toda la magia de la vida”.
“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido, pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre. Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir: se lucha con la gleba para extraer un puñado de trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no lucha se estanca, como el agua. El que se estanca, se pudre”.

Desilusión y muerte
El lider radical triunfó en la elecciones de 1958, con los votos peronistas luego de un pacto con Perón. Las cláusulas de los contratos petroleros con participación del capital extranjero terminaron por romper la relación de Scalabrini Ortiz con el frondizismo. En su último artículo en Qué, propuso aplicar al petróleo la experiencia ferroviaria, y renunció a la dirección de la revista. Desde esa separación y ya atacado por el cáncer, dejó de actuar públicamente. El golpe para sus ilusiones se produjo el 31 de diciembre de 1958, cuando Frondizi anunció la adhesión de la Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y luego, en enero de 1959, con el acuerdo con los banqueros de Wall Street; mientras los tanques derrumbaban las verjas del frigorífico municipal, en la ciudad de Buenos Aires, para sofocar a los obreros en huelga. No pudo hacer nada. Estaba vencido por la enfermedad. Murió el 30 de mayo de 1959 a los 61 años. En el cementerio, Jauretche lo despidió con estas palabras: “Raúl Scalabrini Ortiz, tú sabes que somos vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos han tomado de lo argentino. Por eso hemos venido, más que a despedirte, a decirte: ¡Gracias, Hermano!”.
 
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