
septiembre 2008 |






HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL
Capítulo Tercero
La lucha de Scalabrini Ortiz |





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HISTORIAS
DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Tercero
La lucha de Scalabrini Ortiz |
por Lauro S. Noro |
| Quería
saber por qué en la Argentina, en el país de vacas
y cereales, de grandes extensiones y regiones fértiles,
había hambre. Descubrió que Inglaterra se llevaba
todas las ganancias y el esfuerzo de los argentinos. Entonces,
Raúl Scalabrini Ortiz puso todo su esfuerzo y empeño
para defender nuestro patrimonio. Con Perón vio coronados
sus sueños. Silenciado por la prensa oficial, despreciado
por las editoriales, combatido por conservadores y liberales
e ignorado por la izquierda, su prédica tiene hoy renovada
particular vigencia. |
| Le gustaba
boxear y lo hacía bien. Quizás esa actividad
fue premonitoria para Raúl Scalabrini Ortiz. La lucha,
el soportar golpes y no desfallecer en el toma y daca del
deporte de los puños, marcaron su vida. Había
nacido el 14 de febrero de 1898, en Paraná, Entre Ríos.
En sus genes latía un espíritu inquieto que
lo dirigió ya de joven y en Buenos Aires hacia ideas
de izquierda. Sin embargo dos cosas insumían su atención:
la carrera de agrimensor, cuyo título alcanzó,
y la literatura. En 1923 publicó su primer libro, La
Manga, y se vinculó con el grupo literario Florida.
Por aquellos años tomó contacto con un grupo
nacionalista que publicaba La Nueva República y poco
después entró a trabajar en la revista Martín
Fierro, donde se destacó por sus artículos polémicos
y un humor ingenioso. También escribían allí,
entre otros, Macedonio Fernández, Conrado Nalé
Roxlo, Luis Cané, Ricardo Güiraldes, Jorge Luis
Borges, Nora Lange y Leopoldo Marechal.
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Contra
la dependencia
En 1929 con el derrumbe de la bolsa en Wall Street nació
la Década Infame. En la Argentina cayeron los precios
de las exportaciones, se devaluó el peso y creció
la desocupación. Y el 6 de septiembre de 1930 un golpe
militar derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen.
Scalabrini Ortiz comprendió el carácter reaccionario
de las Fuerzas que se habían confabulado contra el
líder radical. Comenzó a criticar a la dictadura
desde Noticias Gráficas. En 1932 concluyó en
que la Argentina era una colonia inglesa. Un minucioso estudio
del pacto Roca-Runciman le hizo descubrir la ruta de esa dominación:
ferrocarriles-frigoríficos-seguros-barcos británicos.
Y con la compra de manufacturas inglesas se impedía
el desarrollo de la industria nacional.
Al año siguiente cayó detenido y enviado a la
isla Martín García por participar en el levantamiento
radical. Debió optar por el exilio. Antes de partir
a Italia, el 23 de enero de 1934 se casó con Mercedes
Coraleras, esposado y en compañía de la policía
en el Registro Civil. Poco se quedó en la península
itálica y recaló en Alemania. Escribió
varios artículos que luego dieron formas al libro Política
británica en el Río de la Plata: “Todo
lo que nos rodea es falso o irreal. Falsas las creencias económicas
con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que
nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen”,
escribió en el prólogo.
A fines de 1934 regresó al país. En el semanario
Señales volvió a cuestionar el sistema entreguista
que dominaba en el país. Allí conoció
a Arturo Jauretche, joven radical yrigoyenista con quien estableció
una amistad que duró hasta su muerte. A su lado empezó
a colaborar con FORJA, donde redactó los famosos cuadernos
que abordaban los temas centrales de la dependencia argentina.
En febrero de 1943 se retiró de la agrupación
para dedicarse a la investigación, a escribir y a su
profesión de agrimensor. Tenía cinco hijos que
alimentar.
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Neutralidad
a ultranza
No fue complaciente con la manera cómo enseñaban
en las escuelas la historia oficial argentina: “Es una
obra de imaginación en que los hechos han sido consciente
y deliberadamente deformados, falseados y encadenados de acuerdo
con un plan preconcebido que tiende a disimular la obra de
intriga cumplida por la diplomacia inglesa, promotora subterránea
de los principales acontecimientos ocurridos en este continente”.
En ese sentido los hechos que investigó mostraron el
efecto nefasto del endeudamiento externo y, sobre todo, los
resultados del préstamo de Rivadavia con la casa inglesa
Baring Brothers.
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De
su propio bolsillo financió y editó el diario
Reconquista, que apareció el 15 de noviembre de 1939.
A punto de desatarse la Segunda Guerra Mundial, Scalabrini
Ortiz redactó un documento oponiéndose a que
la Argentina tomara partido por alguna de las potencias en
pugna. Hizo de la neutralidad una bandera: “No os dejéis
arrastrar a la catástrofe. Si os empujan, subleváos.
Muramos por la libertad de la Patria y no al servicio de los
patrones extranjeros”, proclamó en su editorial.
El periódico no recibía publicidad y sólo
vivió 41 días. Rechazó una oferta de
la embajada alemana para financiar su continuidad y el 25
de diciembre de 1939 escribió en el último número:
“El silencio es mortífero para las ideas. Abate
toda pretensión de autonomía, coarta la inventiva,
impide el análisis, sofoca la crítica, detiene
el mutuo intercambio de pensamientos”.
Perón y un sueño
cumplido
El 10 de junio de 1944 Scalabrini Ortiz concurrió a
una conferencia que brindó el coronel Juan Domingo
Perón en La Plata, donde éste condenó
al capital extranjero y defendió el desarrollo de
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La
chinche flaca
En 1944 el representante británico en la Argentina,
sir Montague Eddy, le propuso a Scalabrini Ortiz ayuda
económica para que cesara con su cruzada nacionalista.
El escritor le respondió que eso era imposible
porque seguía la “política de la chinche
flaca”. Norberto Galasso relata la anécdota
en la Vida de Scalabrini Ortiz (Ediciones del Mar Dulce,
Buenos Aires, 1970): “Ante el estupor del flemático
inglés que no comprendía su respuesta. Scalabrini
le explicó cuál era esa política
que seguía en su vida. “Usted debe haber
dormido en esas pocilgas que se llamaban hoteles. Habrá
luchado alguna noche contra los fastidiosos insectos y
observado qué difícil es matar a una chinche
que todavía no ha chupado sangre. Usted la aprieta
entre los dedos, la refriega y la chinche continúa
como si le hubieran hecho una caricia. En cambio, si la
chinche ha comido y tiene su panza hinchada, basta una
pequeña presión para exterminarla. Bueno,
yo sigo la política de la chinche flaca y es por
eso que usted nada puede contra mí ni nada puede
hacer a mi favor” |

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la industria
nacional. Luego de la exposición, le hizo saber a Perón
sobre la necesidad de nacionalizar los ferrocarriles, medida
que efectivamente llevó a cabo en su gobierno. Con
entusiasmo, presenció el 17 de octubre de 1945: “Era
el subsuelo de la patria sublevado. El cimiento básico
de la Nación que asomaba por primera vez en su tosca
desnudez original. Lo que había soñado e intuido
durante muchos años estaba allí presente, corpóreo,
tenso, multifacetado, pero único en el espíritu
conjunto. Eran los hombres que están solos y esperan,
que iniciaban sus tareas de reivindicación”,
manifestó en un escrito.
El 13 de febrero de 1947 el gobierno nacionalizó los
ferrocarriles, la histórica medida que había
contado en Scalabrini Ortiz con su más entusiasta propulsor.
Desde su inicio apoyó al gobierno popular, pero con
espíritu crítico alertando que importantes sectores
económicos aun continuaban en manos extranjeras. Sus
anhelos se habían cumplido. Pero… Luego, con
la denominada “Revolución Libertadora”,
Scalabrini y Jauretche volvieron a hacer sentir su voz. En
una esquina del centro Scalabrini se encontró con Marechal
y le dijo: “Hay que empezar a hacer todo de nuevo...”
Esta vez, lo hizo desde el diario El Líder, de la CGT.
Ambos denunciaron y criticaron el Plan Prebisch del ministro
de Economía. Por supuesto, la publicación fue
cerrada por la dictadura, pero Scalabrini insistió
y editó El Federalista, que tuvo poca vida. Corría
enero de 1956 y no encontraba el medio donde expresarse. El
fracaso del levantamiento del General Valle y su posterior
fusilamiento, produjeron una honda huella en su espíritu.
Por fortuna, en julio de ese año volvió a la
política activa cuando Rogelio Frigerio le ofreció
escribir en la revista Qué. Desde esa tribuna no cejó
en su lucha contra el colonialismo del gobierno. Y con Jauretche,
comenzó a trabajar por la candidatura de quien consideraban
la opción más progresista permitida por el gobierno,
la de Arturo Frondizi, líder de la Unión Cívica
Radical Intransigente. Aunque disentían con algunos
de sus postulados.
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Scalabrini
Ortiz dixit...
“Estos asuntos de economía y finanzas son
tan simples que están al alcance de cualquier niño.
Sólo requieren saber sumar y restar. Cuando usted
no entiende una cosa, pregunte hasta que la entienda.
Si no la entiende es que están tratando de robarle.
Cuando usted entienda eso, ya habrá aprendido a
defender la Patria en el orden inmaterial de los conceptos
económicos y financieros”.
“Todo lo que nos rodea es falso e irreal. Es falsa
la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias
económicas que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas
mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas
que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos
aseguran. Todo lo material, todo lo venal, transmisible
o reproductivo, es extranjero o está sometido a
la hegemonía financiera extranjera”.
“¡Creer! He allí toda la magia de la
vida”.
“Desalojemos de nuestra inteligencia la idea de
la facilidad. No es tarea fácil la que hemos acometido,
pero no es tarea ingrata. Luchar por un alto fin es el
goce mayor que se ofrece a la perspectiva del hombre.
Luchar es, en cierta manera, sinónimo de vivir:
se lucha con la gleba para extraer un puñado de
trigo. Se lucha con el mar para transportar de un extremo
a otro del planeta mercaderías y ansiedades. Se
lucha con la pluma. Se lucha con la espada. El que no
lucha se estanca, como el agua. El que se estanca, se
pudre”. |

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Desilusión
y muerte
El lider radical triunfó en la elecciones de 1958, con
los votos peronistas luego de un pacto con Perón. Las
cláusulas de los contratos petroleros con participación
del capital extranjero terminaron por romper la relación
de Scalabrini Ortiz con el frondizismo. En su último
artículo en Qué, propuso aplicar al petróleo
la experiencia ferroviaria, y renunció a la dirección
de la revista. Desde esa separación y ya atacado por
el cáncer, dejó de actuar públicamente.
El golpe para sus ilusiones se produjo el 31 de diciembre de
1958, cuando Frondizi anunció la adhesión de la
Argentina al Fondo Monetario Internacional (FMI) y luego, en
enero de 1959, con el acuerdo con los banqueros de Wall Street;
mientras los tanques derrumbaban las verjas del frigorífico
municipal, en la ciudad de Buenos Aires, para sofocar a los
obreros en huelga. No pudo hacer nada. Estaba vencido por la
enfermedad. Murió el 30 de mayo de 1959 a los 61 años.
En el cementerio, Jauretche lo despidió con estas palabras:
“Raúl Scalabrini Ortiz, tú sabes que somos
vencedores en esta conciencia definitiva que los argentinos
han tomado de lo argentino. Por eso hemos venido, más
que a despedirte, a decirte: ¡Gracias, Hermano!”.
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