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Capítulo Segundo
Un exponente de la geopolítica argentina

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HISTORIAS DEL PENSAMIENTO POLITICO NACIONAL / Capítulo Segundo
Un exponente de la geopolítica argentina
de la Redacción

El historiador José María Rosa lo calificó como el “último general de la Patria”. Juan Enrique Guglialmelli, a quien nos referimos, es uno de los pocos miembros de las Fuerzas Armadas que más allá de las proclamas militares o programas coyunturales, se atrevió a escribir sus ideas sobre la estrategia en materia de desarrollo, seguridad y geopolítica en resguardo del interés nacional. Su prédica continúa hoy vigente, que volcó en los libros 120 días en el Gobierno (1970) y Geopolítica del Cono Sur (1979).
 

Murió joven, a los 61 años. Sin embargo, los desvelos de Juan Enrique Guglialmelli por una Argentina libre y soberana lo hicieron transitar múltiples caminos. Entre ellos, el militar, al que asomó en marzo de 1935. Con una larga trayectoria en el Ejército y ya con el grado de coronel, condujo el Vto Cuerpo del Ejército. Más tarde abrazó la vertiente desarrollista que despuntó con Juan Domingo Perón y reinó con Arturo Frondizi, a quien acompañó durante su presidencia como Secretario de Enlace y Coordinación. Desde allí manejó el concepto de desarrollo más allá de una mera visión socio-económica. Como Director de la Escuela Superior de Guerra, del Instituto de Estudios Estratégicos y de las Relaciones Internacionales y de la revista Estrategia (de la que editó 74 números durante 14 años), elaboró una “doctrina de la estrategia nacional”, a la que vinculaba con el desarrollo integral con independencia. ¿Qué significaba con esto? “Me refiero al desarrollo económico-social, cultural y espiritual y que con independencia lleva a la ruptura de las cuatro formas esenciales de dependencia: económica, política, cultural e ideológica”, sostenía.

 

Seguridad y desarrollo
El diagnóstico que Guglialmelli hacía del mundo y del rol de la Argentina dentro de su órbita estaba fuertemente influido por los conceptos de Rogelio Frigerio. En consecuencia, pensaba que debía apostarse al desarrollo de las industrias de base para que el país pudiese tener gravitación internacional. Con el General Osiris Villegas, enfatizó la importancia del desarrollo científico y tecnológico, especialmente en sectores como la energía nuclear, la electrónica o la cibernética. El objetivo apuntaba a acelerar la transición de un país agrícola-ganadero dependiente a un país industrializado y soberano. Por ende, en incrementar el despegue de la industria pesada, química, petroquímica y siderúrgica, con los postulados de Enrique Mosconi y Domingo Savio. Como parte de una estrategia de industrialización cada vez más creciente y autónoma frente al neocolonialismo que buscaba reeditar la división internacional del trabajo y ubicar a los países periféricos como productores primarios o de industrias obsoletas. En consecuencia, para ambos militares política de desarrollo y seguridad eran conceptos interdependientes que formaban parte de la política nacional.

Integración nacional y regional
En ese transitar, también sostenía la conveniencia de la integración nacional como paso previo a la integración regional. Guglialmelli la suscribió con una clara crítica a la corriente liberal. “Si esa primera intención constituye un objetivo político, existirá un conflicto con quienes dentro y fuera del país propugnan lo contrario. Se podrá replicar a la aparentemente simple y razonable proposición de la complementación regional que nos induce a cambiar con un vecino su cobre, que tenemos, por nuestros cereales y carne; a postergar la explotación de Sierra Grande porque podemos importar mineral de hierro de otras partes; a limitar nuestra siderurgia a la laminación pues podemos adquirir arrabio en otras partes; a redimensionar nuestra industria automotriz, como lo aconsejan los técnicos internacionales, para adquirir partes a las industrias nacientes de países limítrofes. Detrás de estas inocentes propuestas, fundadas en la economicidad y la solidaridad regional, se esconde en verdad la filosofía del estancamiento, la defensa del statu quo, el negocio de los monopolios internacionales, la renuncia a nuestro desarrollo independiente”.
Además, proponía superar alternativas anacrónicas, como la rivalidad argentino-brasileña y la actitud imperial-hegemónica brasileña y estimular la cooperación bilateral. “Unica alternativa que permitiría a ambos países aumentar su capacidad de negociación frente a los organismos económicos y financieros internacionales”, revelaba.

 

Regionalización y autonomía
Entre sus más significativos aportes -que lo convirtieron en el mayor exponente de la geopolítica argentina-, Guglialmelli contribuyó a la institucionalización de la regionalización de la República Argentina, aplicada allá, por 1967, para el desarrollo socio-económico del país. “Dichas pautas de regionalización toman al territorio nacional como una unidad política indivisible y como referencia ineludible a los grandes intereses nacionales y a la vez, consideran las diversas caracterizaciones sociales, culturales, geográficas, políticas y económicas, priorizando el interés nacional”, decía al hablar del tema.
En 1970, durante los cuatro escasos meses que se desempeñó como secretario del Consejo Nacional de Desarrollo (CONADE), en el gobierno del general Roberto Marcelo Levingston, bregó por devolverle a las FFAA la iniciativa de un desarrollo nacional populista. Al no tener apoyo para una lucha frontal contra la falta de autonomía en el desarrollo económico-social y en el cual aquellas debían asumir la vanguardia ofensiva contra los monopolios responsables del subdesarrollo nacional, renunció. Guglialmelli defendía la tesis de que una distribución de la riqueza era posible al mismo tiempo que se creaban las bases para un crecimiento más acelerado.
Cuatro años más tarde, durante la inauguración de la Central Atómica Atucha I, cuya construcción se inició en la década del ‘70, en el tercer gobierno de Perón, allí también se advirtió la clara influencia de Guglialmelli y su propuesta de un Plan Atómico Nacional. Más tarde puesto en marcha por el contralmirante Carlos Castro Madero, alma mater de su desarrollo y que por impericia y carencia de visión estratégica de sus predecesores, frenaron el desarrollo nuclear argentino.

Patriota moderno
Cuando era comandante del Vto Cuerpo, en la Patagonia, trabó relación con el entonces obispo de Neuquén, monseñor Jaime de Nevares. En una carta, de junio de 1994, el prelado se refirió a Guglialmelli: “siempre me dejó la impresión de una capacidad superior, con valores que se


Vida recta y austera

A poco de enterarse del fallecimiento del general Guglialmelli, José María Rosa escribió un editorial -bajo el título “Un soldado”-, donde destacó rasgos de su personalidad. “Era un militar de honda y difícil vocación. Amó al Ejército como pocos y le dolía que el descrédito de un accionar reñido con la lógica y la historia llevara a los últimos jefes al desastre económico, la reprobación de los argentinos y el desprestigio mundial de nuestras Fuerzas Armadas…”
“…No era peronista. No era de ningún partido (se llamaba solamente “nacional”), pero su pensamiento y acción lo acercaban a nosotros…” “…Solamente la acción del enemigo -se lo hemos oído decir-, ha creado la falsa antinomia de militares con el derecho a gobernar por el privilegio de portar las armas que le confió la Nación y por el otro, los civiles -todos los civiles-, obligados a obedecer las genialidades y hasta bélicas, de la facción dominante…” “…Lamentaba que la incomprensión del país y de su historia hubieran confundido a las Fuerzas Armadas, llevándolas a transitar el camino señalado por el enemigo…”
“…Las enseñanzas geopolíticas de Estrategia (la revista que editó y dirigió) dejarán para las generaciones futuras la figura de un general sanmartiniano que prefirió seguir el camino áspero que lleva a los astros, ejerciendo la enseñanza y la polémica en un medio poco propicio para ello y no la ruta fácil de los ascensos por favor; insobornable, de vida recta y austera y clara conciencia de patria; tan distinto a quienes llenan los periódicos con imputaciones de peculado y comprensibles injurias de taberna…”
“…Su obra lo coloca en el panteón de nuestros soldados contemporáneos, junto a Perón, Mosconi y Savio y a tantos más, que atinaron a encontrar la Nación pese a los vericuetos de las ordenanzas militares”

traslucían a través de la sencillez de su trato y de su lenguaje directo sin empaques intelectualoides, no obstante ser un hombre de estudio que lo llevó a fundar la excelente revista Estrategia”, “es el recuerdo de una figura que dejó la estela de hombre de bien y simpatía”.
El 9 de junio de 1993, en el Centro de Estudios Nacionales y a diez años de su muerte, el doctor Arturo Frondizi se refirió a Guglialmelli. “Fue un patriota regido por la ley moral y un argentino insobornable. Hoy sigue viviendo entre nosotros gracias a sus magníficas condiciones como ser humano y a la vigencia permanente de su aporte doctrinario y de sus experiencias en el campo militar y político... Su ejemplo me obliga a no desfallecer en la lucha que venimos emprendiendo desde hace muchos años para lograr un destino de grandeza para nuestra Patria. El enemigo trasnacional es muy poderoso y cuenta con importantes e influyentes vernáculos. Gugliamelli sabe que la pelea sigue abierta y que no desertaremos”.
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