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JUEGOS OLIMPICOS
Un soldado con sueños olímpicos
Por Lauro S. Noro

Entró en el Ejército como voluntario técnico para dedicarse por entero al deporte. Carlos Espeleta así lo hizo y hoy cosecha los frutos de su sacrificio y entrega. Beijing, en la lejana China, lo espera. Y sueña con estar entre los mejores pesistas del mundo.

 
Es soldado voluntario técnico y levantador de pesas. Carlos Espeleta (24) va por una medalla olímpica. El 31 de mayo pasado, logró la clasificación para los Juegos Olímpicos de Beijing 2008, en la categoría hasta 77 kilos. Hasta ahí, la noticia. Sin embargo, este rosarino, morrudo, de buen físico, nada exagerado para el deporte que practica, atesora una historia íntimamente ligada con el Ejército, al que representará en el magno torneo. En 2002, vio la oportunidad para ingresar en sus filas cuando la Fuerza abrió sus puertas para formar equipos deportivos; entre ellos, uno de pesas. Ahora, pertenece al departamento de Educación Física de la Dirección de Educación Operacional y Doctrina que depende del COEDOC y cuyo jefe es el Coronel Héctor Aprile.
La historia con los fierros empezó a los 11 años, en el Club Provincial de su ciudad natal. “Al principio, levantaba poquito y lo tomaba como un juego. Con los años, me fui metiendo y participando en competencias nacionales e internacionales. Hasta me dieron una beca para practicar en el Cenard (Centro de Entrenamiento de Alto Rendimiento) que me consiguió el entonces entrenador nacional de la Federación Argentina de Pesas, el bielorruso León Gomtcharenko”. El tope de su categoría es de 165 kilos. Y su mejor registro fue de 155 en envión y 181 en fuerza. “Pero, en los entrenamientos llegó a los 190. Y a la hora de competir, no afloja y siempre mejora. Es de esos chicos que saca de la galera una buena marca, lo que llamamos el tiro imposible”, asegura Hugo Palacios, el entrenador de toda la vida.
 

Un sueño cercano
Llegó al selectivo por las marcas que fue atesorando: campeón panamericano juvenil, en Chile, en 2004; tercero en el ránking panamericano de adultos y octavo en el campeonato mundial, en Bielorrusia. “Me preparé mucho para ese torneo y salió todo bien. Incluso, pude practicar en Mendoza con permiso de mis superiores”. Con su técnica, le ganó a los seis mejores pesistas del país. “La puja fue muy fuerte con Hugo Catalán, de Santa Fe, que estaba muy bien entrenado”. Cuando piensa en China, sabe lo que quiere. “Tengo que ir a sorprender y para eso debo entrenar muchísimo en el tiempo que todavía falta y tratar de superar mis mejores marcas. Van a estar los ‘top’ del mundo y como yo lo soy en mi país, voy con mucha confianza para lograr un buen resultado. Quiero posicionarme a nivel mundial y estar entre los doce mejores. Anímicamente estoy muy bien y con muchas ganas de ir y dar lo mejor”, completa.
No deja de destacar el constante apoyo de su familia, amigos y la gente que está detrás suyo, como masajistas y nutricionistas. “Han sacrificado cosas para que yo llegue”. Tiene en claro que la clave del éxito está en el entrenamiento y el sacrificio, pero también, en la tarea del entrenador. “Me marca los errores y me empuja a no decaer”.

 
Un chico agradecido
En la entrevista con SOLDADOS y luego de un duro ir y venir con las pesas, arriba y abajo, una y otra vez, se muestra distendido, amable y sonriente. Luce un buzo con la inscripción “Ejército Argentino”, que se pone para la foto. Habla de su relación con la institución. “Estoy muy agradecido por todas las facilidades y posibilidades que me dio. Siempre se preocuparon por las cosas básicas que necesitaba. Me siento orgulloso de representarlo. Si no hubiese
CARLOS ESPELETA entrenando en el Cenard (Centro de Entrenamientos de Alto Rendimiento)
sido por el Ejército tal vez no estaría entrenado como lo hice para llegar a los Juegos Olímpicos. Me da una herramienta de estructura y económica que me ayuda el ciento por ciento como deportista para competir dentro y fuera del país, me proveyó de indumentaria y sobre todo, me dio espacio para entrenar. Jamás me lo negaron. Sabía que practicando en la Fuerza iba a tener la posibilidad de algo seguro todos los meses y el respeto para hacer lo mío”. También, menciona al Capitán Claudio Gillone que lo ayudó y entrenó durante mucho tiempo. “Aparte -expresa- me pagan un sueldo que me ayuda más que las becas del Estado. Tengo más beneficios como soldado que por ser atleta olímpico. Y tengo una obra social”.
 
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