
junio 2008 |






EL EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL
/ CAPÍTULO TERCERO
La fábrica militar de Aviones |






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EL
EJÉRCITO ARGENTINO Y LA PRODUCCIÓN NACIONAL
/ CAPÍTULO TERCERO
La fábrica militar
de Aviones |
Por Lauro S. Noro
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| Desarrollo
de la Aeronáutica Argentina durante el gobierno
del General Juan Domingo Perón. |
| En 1926
el entonces Ministro de Guerra, General Agustín
P. Justo, presidió el acto de colocación
de la piedra fundamental de la Fábrica Militar
de Aviones (FMA), en la provincia de Córdoba. Y
un año después, el 10 de octubre de 1927,
inició sus trabajos con la dirección del
Mayor de artillería (R) e Ingeniero Aeronáutico
Francisco de Arteaga. Hasta 1933 se construyeron los aeroplanos
Avro 504-K Gosport, el Dewoitine D-21 (hecho íntegramente
en el |
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| PERON con Kurt Tank y Cámpora
luego del primer vuelo del Pulqui II en Buenos Aires. |
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país)
y el Ae C2 Tenga Confianza, con hélices de madera extraída
de árboles autóctonos y con motor Lorraine Dietrich
de 460 HP.
Un salto tecnológico se produjo en 1940 con la fabricación
del caza de metal Curtiss Hawk y otras máquinas, como
el IAe-22 DL (tan caro a los afectos de los pilotos del Ejército
de entonces). El Gaucho, el Mañque, El Boyero y el
Focke Wulf 44 Jilguero. La FMA ocupaba a 193 personas en un
predio de más de seis mil metros cuadrados.
Las alas de Perón
Con la llegada del Coronel Perón al
Ministerio de Guerra, la FMA desarrolló su etapa más
brillante. El futuro Presidente de la Nación no sólo
promovió a las industrias privadas para apoyar su trabajo,
sino que también creó la Secretaría de
Aeronáutica, donde incluyó al Instituto Aerotécnico.
Así nació la Fuerza Aérea Argentina.
Y con el Plan Quinquenal le dio un trascendente impulso a
la actividad aérea. “…Buscamos obtener
una efectiva industrialización aeronáutica…”
“…Se construirá un mínimo tipo de
aviones que sirvan para un máximo de propósitos...”
“…Este Instituto orientará también
la investigación y construirá los prototipos
de aeromóviles a reacción. A tal fin, contratará
los técnicos indispensables o enviará al extranjero
al personal que deba capacitarse…”, establecía
entre sus objetivos.
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| TAPA de la Revista Nacional de Aeronaútica
donde muestran el planeador biplaza IA - 34 Clen Antú
I (Rayo de Sol), del que se construyeron cinco unidades |
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Aviso publicitario del Aladelta IA37,
en 1954
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Con esos ambiciosos postulados, en 1946 y luego de catorce meses de iniciado
el proyecto en las mesas de dibujo, voló el IA-24 Calquín
(réplica del caza inglés Mosquito, con motores
Prat & Whitney) y se fabricó el propulsor radial
El Indio. Con el auge de los aviones a chorro, luego de la
Segunda Guerra Mundial, el gobierno argentino convocó
a un equipo de técnicos encabezados por el Ingeniero
francés Emile Dewoitine. Al poco tiempo puso en el
aire el IA-27 Pulqui I, que nos ubicó como el primer
país sudamericano en contar con esa tecnología
y el octavo en el mundo. Corría 1947. Mientras tanto,
el ingeniero italiano Cesare Pallavecino desarrollaba el caza
bimotor IA-30 Ñancú; además eran producidos
por empresas privadas el IA-31 Chingolo y el IA-32 Colibrí.
También se creó la Escuela de Ingeniería
Aeronáutica y la de Aprendices. Y dos años después,
la de Paracaídas, que llevó a más de
seis mil personas la mano de obra ocupada.
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El
Pulqui II
Sin embargo el salto tecnológico estaba por darse. El
gobierno consiguió traer al país al profesor alemán
Kurt Tank, creador del famoso caza Focke Wolf 190, a parte de
su equipo de especialistas y técnicos y a los pilotos
de guerra Adolf Galland, Hans Ulrich Rudel y Otto Behrens, ases
de su país. En 1950 se produjo el milagro. En la pista
de pruebas de Córdoba carreteó y se elevó
por primera vez el IA-33 Pulqui II, una joya de avanzada en
su tiempo. Asombró a propios y extraños. El 8
de febrero de 1951 sobrevoló el Aeroparque de la Ciudad
de Buenos Aires frente a una multitud y a autoridades civiles
y militares encabezadas por Perón. Cinco versiones vieron
la luz desde entonces, que culminaron con la que hoy puede admirarse
en el Museo Nacional de Aeronáutica, en Morón.
Esta última siguió volando hasta 1960, año
en que se decretó su completa desactivación. Como
los demás proyectos. |
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Argentina
año verde
Hacia 1952 el complejo tomó el nombre de Industrias
Aeronáuticas y Mecánicas del Estado (IAME).
Autos, motos, tractores y aviones salieron de sus talleres,
de 130.000 metros cuadrados de superficie y donde trabajaban
nueve mil operarios, con el apoyo de 200 empresas subsidiarias.
Entre sus desarrollos se destacaron el bimotor multipropósito
Huanquero, la bomba voladora teledirigida PAT-1, el proyectil
aire-aire AM1 (similar a los Sidewinder estadounidenses que
decidieron la batalla aérea en Malvinas), el transporte
pentaturbina Cóndor; las Urubú, alas volantes
Horten; un túnel de viento de última generación;
el IA-48 caza interceptor supersónico, el avión
de transporte Naranjero sin cola y varios planeadores…¡Todo
hace 55 años!
En 1953 el IAME estaba compuesto por diez fábricas:
aviones, motores de aviación, motores a reacción,
instrumentos y equipos, paracaídas, hélices
y accesorios, máquinas herramientas, automóviles,
tractores y motos.
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| SATISFACCION. Trepado sobre el ala
del Pulqui II y luego de su primer vuelo en Buenos Aires,
Perón admira las bondades de la aeronave |
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En esta reseña histórica
no podemos olvidar a los hombres: Brigadier Juan Ignacio San
Martín, ingeniero aeronáutico y alma mater de
la industria automotriz; el Brigadier César Ojeda, que
contrató a los técnicos extranjeros (ambos habían
llegado al grado de Mayor en el Ejército); el Brigadier
Bartolomé de la Colina (había llegado a Coronel
en el Ejército y fue el primer Ministro de Aeronáutica)
y los pilotos Edmundo Weiss, Jorge Conan Doyle, Rogelio Balado
y Nelio González.
Hoy la Fábrica Militar de Aviones está en manos
de la empresa privada Lockheed Martin Aircraft Argentina S.A.
En sus talleres se construye el entrenador supersónico
IA-63 Pampa.  |
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