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junio 2008

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TCNL JUANA AZURDUY / Hacia el bicentenario de la Patria • Nota V
La indomable heroína que combatió por el Alto Perú


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TCNL JUANA AZURDUY

Hacia el bicentenario de la Patria Nota V
 
La indomable heroína que combatió por el Alto Perú
Por Armando S. Fernández

El 25 de mayo de l862, en una fecha en que los argentinos recordábamos un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo, fallecía en su humilde vivienda del barrio de Coripata, Chuquisaca, República de Bolivia, una anciana de casi ochenta y dos años. Sus restos fueron sepultados en una fosa común de indigentes y su funeral costó sólo un peso. Se llamaba Juana Azurduy de Padilla y personificó un momento único en la historia de las guerras que independizaron Latinoamérica del poder español. Belgrano, Güemes y Bolívar la admiraron y lució en sus hombros las jinetas de teniente coronela de milicias.
 

Apareció sobre el lomo de su caballo como una Némesis vomitada por el infierno, descargando su sable a diestra y siniestra, derribando enemigos y dando gritos que helaban la sangre. Cualquiera hubiese pensado que se trataba de la mítica reina griega Hipólita conduciendo a la batalla a sus amazonas, tan valientes y feroces como ella. Pero esta Hipólita tenía piel cobriza y había nacido en el Altiplano. La sorpresa y el desastre se abatieron sobre las fuerzas realistas, en la localidad de El Villar. Juana Azurduy lanzó su cabalgadura sobre el abanderado de la formación y atravesó de lado a lado, con su chuza, al soldado español que portaba el estandarte del rey. No había terminado de caer el estandarte cuando lo arrebataba y perforaba las líneas enemigas con un inacabable alarido de victoria. De los cercanos pastizales emergieron Manuel Asencio Padilla y sus milicianos para completar la debacle de la tropa realista. Quince muertos, numerosos heridos y todo su bagaje de armas dejaron en el campo de combate los soldados de la tropa del rey. Era una victoria más en la terrible “Guerra de las Republiquetas”, desarrollada en el nordeste de Bolivia, luego de las derrotas patriotas de Vilcapugio y Ayohuma.

EN EL COMBATE de El Villar, Juana Azurduy ganó sus jinetas de Teniente Coronel por pedido del General Manuel Belgrano, Jefe del Ejército del Norte, al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón.

Por su valor en este combate, el General Manuel Belgrano, Jefe del Ejército del Norte, envió un oficio fechado el 26 de junio de l816 a Juan Martín de Pueyrredón, Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Pueyrredón respondió con un decreto fechado el 13 de agosto de 1816, en el que confería a la valerosa guerrera el grado de teniente coronela de milicias.

La génesis de una heroína

Juana nació en el cantón de Toroca, en las cercanías de Chuquisaca, el 12 de julio de l780. Su familia tenía buen pasar y ella aprendió pronto las lenguas indígenas quechua y aymará. Muy apegada a su padre, Matías Azurduy, heredó de éste su carácter bravío y no se perdía de acompañarlo en las tareas de campo. Aprendió a montar, a arrojar el lazo con destreza y a manejar todo tipo de armas. De su madre, Eulalia Bermúdez, heredó la singular belleza de las nativas. Al perder a sus padres, quedó con su hermana Rosalía bajo la tutela de unos tíos, quienes demostraron estar más ocupados en apoderarse de la herencia de las huérfanas que en cuidarlas. La rebeldía de Juana hizo que fuera enviada a un convento, pero los hábitos no estaban hechos para ella y terminó expulsada. Para entonces había madurado en espléndida mujer y se enamoró de Manuel Asencio Padilla, hijo de un hacendado amigo de su difunto padre. Se casaron el 8 de marzo de l805 y tuvieron cinco hijos, cuatro de ellos habrían de morir de fiebres palúdicas en los crueles años de guerra que siguieron.

 
El camino de la guerra

Con la caída de Fernando VII y bajo la ocupación de España por parte de las tropas napoleónicas, se produjo el 25 de mayo de l809 la Revolución de Potosí. Padilla, al frente de los indios chayanta se sumó a la lucha, pero los patriotas fueron derrotados. La casa de los Padilla fue confiscada por los realistas y los esposos debieron huir y ocultarse. Padilla organizó milicias y se convirtió en la pesadilla de las tropas españolas. Juana, fiel a su hombre, cabalgó a su lado en cien combates. Los indígenas la llamaban “Pachamama” (Madre tierra) y la adoraban.
El mismo General Martín Miguel de Güemes le dio la bienvenida varias veces en tierra salteña. En 1814 los Padilla vencieron a los realistas en los combates de Tarvita y Pomabamba. El virrey Pezuela le puso precio a la cabeza de ambos. En medio del combate de Pintatora, el 2 de agosto de l814, Juana dio a luz a su quinta hija, Luisa, y la entregó a una india. Sería la única que sobreviviría a sus hermanitos. En la noche del 14 de setiembre de l816 el Coronel Aguilera sorprendió a las milicias del Capitán Padilla con una emboscada en un paraje denominado La Laguna. Padilla fue ultimado y su cabeza plantada en una pica “para escarmiento de todo rebelde”. Loca de dolor, Juana, al frente de sus milicias
Las amazonas de la libertad

Juana Azurduy formó y adiestró a un escuadrón único en la historia de las guerras por la independencia latinoamericana. Una fuerza combativa conformada por mujeres nativas, a las que su jefa denominó “Las leales”. Durante el combate de La Laguna, donde pereció el Capitán Padilla, una de estas guerreras fue decapitada, creyendo el Coronel Aguilera que se trataba de Juana Azurduy, quien, felizmente, no se encontraba en el campamento en el momento de la emboscada realista
recuperó la cabeza de su esposo y le dio cristiana sepultura. Llegaron malos tiempos para los patriotas altoperuanos. Juana, acosada por el enemigo, se puso a las órdenes de Güemes y combatió junto a sus gauchos. Al morir el gran salteño, en una emboscada en 1821, la indómita guerrera regresó a buscar a su hija que por entonces tenía seis años. En 1825 se declaró la independencia de Bolivia y el Mariscal José Antonio de Sucre le otorgó una pensión. Entre muchos otros prestigiosos guerreros de la independencia, el General Simón Bolívar se presentó en su humilde hogar para expresar su homenaje y reconocimiento a tan grande luchadora. En 1857 el gobierno de José María Linares la despojó de su pensión. Falleció, como ya dijimos, el 25 de mayo de l862 en Chuquisaca, en medio de la más extrema pobreza. Hoy el Regimiento de Infantería de Monte 28, que tiene su asiento de paz en Tartagal, Salta, lleva el nombre de “Teniente Coronel Juana Azurduy de Padilla”, como homenaje a esa heroína cuya leyenda venció el olvido.
 
PRÓXIMA NOTA: La invasión de Napoleón a España en 1808
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