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TCNL JUANA AZURDUY |
Hacia
el bicentenario de la Patria • Nota V |
| La
indomable heroína que combatió por el Alto Perú |
Por Armando S. Fernández
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| El
25 de mayo de l862, en una fecha en que los argentinos
recordábamos un nuevo aniversario de la Revolución
de Mayo, fallecía en su humilde vivienda del barrio
de Coripata, Chuquisaca, República de Bolivia,
una anciana de casi ochenta y dos años. Sus restos
fueron sepultados en una fosa común de indigentes
y su funeral costó sólo un peso. Se llamaba
Juana Azurduy de Padilla y personificó un momento
único en la historia de las guerras que independizaron
Latinoamérica del poder español. Belgrano,
Güemes y Bolívar la admiraron y lució
en sus hombros las jinetas de teniente coronela de milicias. |
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Apareció
sobre el lomo de su caballo como una Némesis vomitada
por el infierno, descargando su sable a diestra y siniestra,
derribando enemigos y dando gritos que helaban la sangre.
Cualquiera hubiese pensado que se trataba de la mítica
reina griega Hipólita conduciendo a la batalla a sus
amazonas, tan valientes y feroces como ella. Pero esta Hipólita
tenía piel cobriza y había nacido en el Altiplano.
La sorpresa y el desastre se abatieron sobre las fuerzas realistas,
en la localidad de El Villar. Juana Azurduy lanzó su
cabalgadura sobre el abanderado de la formación y atravesó
de lado a lado, con su chuza, al soldado español que
portaba el estandarte del rey. No había terminado de
caer el estandarte cuando lo arrebataba y perforaba las líneas
enemigas con un inacabable alarido de victoria. De los cercanos
pastizales emergieron Manuel Asencio Padilla y sus milicianos
para completar la debacle de la tropa realista. Quince muertos,
numerosos heridos y todo su bagaje de armas dejaron en el
campo de combate los soldados de la tropa del rey. Era una
victoria más en la terrible “Guerra de las Republiquetas”,
desarrollada en el nordeste de Bolivia, luego de las derrotas
patriotas de Vilcapugio y Ayohuma.
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| EN EL COMBATE de El Villar, Juana
Azurduy ganó sus jinetas de Teniente Coronel por
pedido del General Manuel Belgrano, Jefe del Ejército
del Norte, al Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón. |
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Por
su valor en este combate, el General Manuel Belgrano, Jefe
del Ejército del Norte, envió un oficio fechado
el 26 de junio de l816 a Juan Martín de Pueyrredón,
Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de
la Plata. Pueyrredón respondió con un decreto
fechado el 13 de agosto de 1816, en el que confería
a la valerosa guerrera el grado de teniente coronela de milicias.
La génesis de una
heroína
Juana nació en el cantón de Toroca, en las cercanías
de Chuquisaca, el 12 de julio de l780. Su familia tenía
buen pasar y ella aprendió pronto las lenguas indígenas
quechua y aymará. Muy apegada a su padre, Matías
Azurduy, heredó de éste su carácter bravío
y no se perdía de acompañarlo en las tareas
de campo. Aprendió a montar, a arrojar el lazo con
destreza y a manejar todo tipo de armas. De su madre, Eulalia
Bermúdez, heredó la singular belleza de las
nativas. Al perder a sus padres, quedó con su hermana
Rosalía bajo la tutela de unos tíos, quienes
demostraron estar más ocupados en apoderarse de la
herencia de las huérfanas que en cuidarlas. La rebeldía
de Juana hizo que fuera enviada a un convento, pero los hábitos
no estaban hechos para ella y terminó expulsada. Para
entonces había madurado en espléndida mujer
y se enamoró de Manuel Asencio Padilla, hijo de un
hacendado amigo de su difunto padre. Se casaron el 8 de marzo
de l805 y tuvieron cinco hijos, cuatro de ellos habrían
de morir de fiebres palúdicas en los crueles años
de guerra que siguieron.
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El
camino de la guerra
Con la caída de Fernando VII y bajo la ocupación
de España por parte de las tropas napoleónicas,
se produjo el 25 de mayo de l809 la Revolución de Potosí.
Padilla, al frente de los indios chayanta se sumó a la
lucha, pero los patriotas fueron derrotados. La casa de los
Padilla fue confiscada por los realistas y los esposos debieron
huir y ocultarse. Padilla organizó milicias y se convirtió
en la pesadilla de las tropas españolas. Juana, fiel
a su hombre, cabalgó a su lado en cien combates. Los
indígenas la llamaban “Pachamama” (Madre
tierra) y la adoraban. |
| El
mismo General Martín Miguel de Güemes le dio la
bienvenida varias veces en tierra salteña. En 1814 los
Padilla vencieron a los realistas en los combates de Tarvita
y Pomabamba. El virrey Pezuela le puso precio a la cabeza de
ambos. En medio del combate de Pintatora, el 2 de agosto de
l814, Juana dio a luz a su quinta hija, Luisa, y la entregó
a una india. Sería la única que sobreviviría
a sus hermanitos. En la noche del 14 de setiembre de l816 el
Coronel Aguilera sorprendió a las milicias del Capitán
Padilla con una emboscada en un paraje denominado La Laguna.
Padilla fue ultimado y su cabeza plantada en una pica “para
escarmiento de todo rebelde”. Loca de dolor, Juana, al
frente de sus milicias |
Las
amazonas de la libertad
Juana Azurduy formó y adiestró a un escuadrón
único en la historia de las guerras por la independencia
latinoamericana. Una fuerza combativa conformada por mujeres
nativas, a las que su jefa denominó “Las
leales”. Durante el combate de La Laguna, donde
pereció el Capitán Padilla, una de estas
guerreras fue decapitada, creyendo el Coronel Aguilera
que se trataba de Juana Azurduy, quien, felizmente, no
se encontraba en el campamento en el momento de la emboscada
realista |
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recuperó
la cabeza de su esposo y le dio cristiana sepultura. Llegaron
malos tiempos para los patriotas altoperuanos. Juana, acosada
por el enemigo, se puso a las órdenes de Güemes
y combatió junto a sus gauchos. Al morir el gran salteño,
en una emboscada en 1821, la indómita guerrera regresó
a buscar a su hija que por entonces tenía seis años.
En 1825 se declaró la independencia de Bolivia y el Mariscal
José Antonio de Sucre le otorgó una pensión.
Entre muchos otros prestigiosos guerreros de la independencia,
el General Simón Bolívar se presentó en
su humilde hogar para expresar su homenaje y reconocimiento
a tan grande luchadora. En 1857 el gobierno de José María
Linares la despojó de su pensión. Falleció,
como ya dijimos, el 25 de mayo de l862 en Chuquisaca, en medio
de la más extrema pobreza. Hoy el Regimiento de Infantería
de Monte 28, que tiene su asiento de paz en Tartagal, Salta,
lleva el nombre de “Teniente Coronel Juana Azurduy de
Padilla”, como homenaje a esa heroína cuya leyenda
venció el olvido.
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| PRÓXIMA
NOTA: La invasión de Napoleón a España
en 1808 |
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