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TCNL CORNELIO
SAAVEDRA |
Hacia
el bicentenario de la Patria • Nota IV |
| Ese
soldado que presidió el primer gobierno patrio |
Armando S. Fernández
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| Truena
la fusilería en las calles de Buenos Aires. Dos
columnas inglesas al mando del Teniente Coronel Dennis
Pack (un perjuro oficial que, luego de la derrota de 1806,
había prometido no volver a empuñar su sable
contra el pueblo porteño) y el General Cadogan,
avanzan por las que hoy son las calles Perú y Bolívar
hacia la Plaza Mayor. Es el 5 de julio de 1807 y esas
tropas que comanda el General Whitelocke están
lanzadas a la batalla final para conquistar la ciudad..
De pronto, una muralla de fuego detiene el avance inglés.
Los fusiles a chispa de los efectivos del Regimiento de
Patricios emiten una granizada de balas, conformando una
barrera infranqueable, en la cual se estrellan una y otra
vez, las intentonas británicas. Y en medio del
fragor de la batalla, se oye la voz de un hombre, que
sable en mano, y sin hacer caso de los proyectiles enemigos
que cruzan los aires, ordena con sus gritos, a los tiradores.
Ese hombre es el jefe del primer regimiento criollo formado
el año anterior. Se llama Cornelio Saavedra. Y
está destinado a desempeñar un papel fundamental,
dos años después, en los fulgurantes días
de mayo de 1810, cuando los patriotas emitan, desde el
histórico Cabildo, el primer grito libertario de
una nueva nación. |
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Un
hombre, un destino
Cornelio Judas Tadeo Saavedra nació en la Villa Imperial
de Potosí, (hoy Bolivia) el centro minero más
rico de Sudamérica. Era el último de los hijos
del matrimonio conformado por don Santiago Felipe de Saavedra
y doña María Teresa Rodríguez Michel.
En 1767 la familia Saavedra se estableció en Buenos
Aires. En 1773, Cornelio ingresaba al Real Colegio de San
Carlos. En 1797 iniciaba su carrera política al ser
nombrado regidor del cabildo porteño, en 1801 ya era
alcalde de segundo voto y juez de menores del Cabildo. En
1804 se desempeñaba como segundo cónsul del
Consulado de Buenos Aires. Faltaba ya muy poco para que un
acontecimiento fundamental de nuestra historia patria tuviera
lugar. En 1806 las tropas inglesas ocupaban Buenos Aires y
se producía la posterior Reconquista, en la cual, Saavedra,
como un vecino más, tomó las armas.
1808 - El nacimiento de
una conciencia patriótica
Las dos derrotas propinadas a los invasores británicos
y otros sucesos que sacudían a la vieja Europa (La
invasión francesa a España, el encarcelamiento
del rey Fernando VII) provocaron conmoción en las colonias
de Sudamérica y fueron el génesis de las ideas
libertarias. En 1808, gobernando Santiago de Liniers como
virrey, Saavedra participaba en las reuniones de la jabonería
de Vieytes y en la casa de Rodríguez Peña, sitios
en donde los anhelos de independencia iban tomando forma.
Saavedra, jerarquizado por ser héroe de la Defensa
y Comandante de Patricios, envió proclamas a todos
los cabildos del virreinato e Hispanoamérica, reclamando
la preeminencia que le correspondía a su regimiento,
expresando en tales mensajes “El derecho que nos asiste
por ser hijos y dueños de este suelo”.
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También
el primer jefe de un regimiento legendario
Una de las consecuencias que tuvo la Primera Invasión
Inglesa, fue la de que se conformara este Regimiento compuesto
exclusivamente por criollos. Y entonces, el Teniente Coronel
Cornelio Saavedra fue aclamado como su jefe. El mismo diría
en sus memorias: “Ese fue el origen de mi carrera militar.
El inminente peligro de la Patria. El riesgo que amenazaba
nuestras vidas y propiedades y la honrosa distinción
que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome,
a muchos otros paisanos suyos, para jefe y comandante…”.
Y al frente de sus inmortales Patricios libró encarnizados
combates contra el invasor venido de tierras lejanas, derrotándolo
completamente. Para ese entonces, el prestigio de Cornelio
Saavedra era tan grande como el del propio Santiago de Liniers,
jefe máximo de las fuerzas criollas y españolas.
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El
legado de un soldado
El grito libertario de mayo de l810 tuvo en Cornelio Saavedra
a uno de sus actores fundamentales. Sus Patricios apuntalaron
con sus bayonetas, la decisión de los patriotas de
cortar vínculos con el poder español y fue nombrado
Presidente de la Primera Junta de Gobierno Patrio. Pero vendrían
las luchas políticas y Saavedra, enfrentado con el
sector de Mariano Moreno, comenzó a padecer. Luego
del desastre de Huaqui fue enviado al Norte y estando en Salta,
un nuevo poder, el Triunvirato, le comunicó su separación
del Ejército y de la Presidencia de la Primera Junta.
Sus fieles Patricios no lo olvidaron y se rebelaron, reclamando
a su indiscutido jefe. La rebelión fue ahogada en sangre
y la suerte de Saavedra quedó sellada. Debió
refugiarse en Chile, pero en 1814 volvió a la Patria,
pues las tropas realistas amenazaban Coquimbo. Su segunda
esposa (había enviudado) doña Saturnina Otárola,
logró que el entonces Gobernador Intendente de Cuyo,
José de San Martín, le diera protección,
fijándole residencia en San Juan. En 1815 el Cabildo
le devolvió su grado militar y en 1818 el Director
Pueyrredón le otorgó el grado de Brigadier General
de la Nación. En 1822 se retiró del Ejército,
pero ya anciano ofrecería sus servicios para participar
en la guerra contra el Imperio del Brasil. Murió en
Buenos Aires el 29 de marzo de 1829.
La creación del
Ejército Nacional
Muy cerca en el tiempo de la formación de la Primera
Junta de Gobierno Patrio tuvo lugar por decreto de la misma,
con fecha 29 de mayo de 1810, la creación del Ejército
Argentino. Así ligado a las raíces de la Patria,
aquellos hombres de uniforme afrontarían muy pronto
las primeras batallas por nuestra Independencia primero y
contra todo enemigo de la Nación siempre. Desde aquella
primera batalla de Suipacha en 1810 hasta la Guerra de las
Malvinas, nuestro Ejército dio sobradas pruebas de
coraje, entrega y sacrificio, sin otra aspiración que
la de defender la tierra natal.
El héroe que no
fue olvidado
“El Primer Comandante del Regimiento de Infantería
1 Patricios, el Primer Presidente de un Gobierno Patrio, sólo
pudo quedar olvidado en su fallecimiento, por las calamitosas
circunstancias en que el país se hallaba. Pero ahora
que ellas han terminado, sería una ingratitud negar
a tan eminente ciudadano, el tributo de honor debido a su
mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes,
las que supo consagrar enteras al servicio de la Patria”.
Tales palabras corresponden al Gobernador de Buenos Aires,
Juan José Viamonte quien, en diciembre de 1829, hizo
trasladar los restos del héroe al cementerio de la
Recoleta. 
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| PRÓXIMA
NOTA: Juana Azurduy |
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