Forma parte de
nuestra memoria de soldados. Ya es, cómo negarlo, igual
que Chacabuco y Maipú o cualquier otra batalla de nuestra
historia, por la sencilla razón de que hay sangre de
la Patria comprometida.
Es un mandato irrenunciable en cuyo cumplimiento se ha visto
que coinciden todos los argentinos, sin distinción de
colores políticos ni divisas partidarias. Reclamar las
Malvinas es hoy el mejor y más completo ejemplo de una
política de Estado.
Por eso, si para nosotros valorar esta campaña es una
preocupación constante vemos que, cuando llega el mes
de abril, esa memoria se convierte en acciones de homenaje a
los que lucharon y cayeron por esas queridas islas del Atlántico
Sur, marcándonos el camino. Y brotan por todo el territorio
del país los monumentos y las flores y se suman los minutos
de silencio, sencillo tributo de respeto profundo a nuestros
héroes; dondequiera se levanta una bandera, allí
están los compatriotas reunidos en la recordación.
En nuestra edición del mes ése es el tono y también
la suma de imágenes y reseñas informativas que
provienen de todos los rumbos del vasto suelo argentino. Reunirlas
en estas páginas que están en tus manos, lector,
es nuestra forma de honrar la fecha.
Así ves que desfilan en ellas desde la más alta
magistratura de la Nación hasta el más humilde
ex combatiente, incluyendo los niños que aprenden de
la historia viva en un museo de las glorias de la Patria. También
y como una perfecta metáfora de la inmortalidad de estos
valores atesorados por nuestro pueblo, está ese chango
salteño que desfila el 2 de abril junto a su padre, un
veterano de guerra.
Es la trasmisión del testimonio entre generaciones, una
clave de la nacionalidad, eso que nos identifica a diario, lo
que nos hace sentir pertenencia y, en ocasiones como ésta,
nos conmueve.  |