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CULTURA
Güemes el otro grande
Por Sandra Pien

Gálvez narra la vida pública y privada de este gran héroe del Norte argentino, una figura poco conocida y rayana en el mito: su nacimiento en el seno de una rica familia salteña, los audaces pasos en la Reconquista de Buenos Aires durante 1806, el ascendiente que supo ejercer sobre sus gauchos mal armados, que daban la vida por él; la bravura con la que enfrentó y frenó a las fuerzas invasoras.
 

Fue una tarde propicia para hablar de Güemes. Una tarde de gloria de fines de la primavera, en el patio ajardinado del Club del Progreso, en el corazón y la locura del centro de Buenos Aires, Sarmiento al 1300, y sin embargo, adentro, se enseñoreaba un ambiente apacible, enmaderado y sencillo; y un estallido de sol aguardaba más al fondo. Allí nos esperaba, allí donde las raíces aéreas de un gomero centenario intentan seducir a las baldosas, y más allá un tilo y los trinos de los pájaros, allí la historiadora y escritora Lucía Gálvez me cuenta sobre su nuevo libro, Martín Güemes, baluarte de la Independencia, de Editorial Aguilar.
Viene de una estirpe de argentinos destacados; es nieta de dos grandes escritores, del injustamente olvidado novelista Manuel Gálvez y de Delfina Bunge de Gálvez. Lucía Gálvez es historiadora, graduada con diploma de honor en la Universidad de Buenos Aires. Es miembro de número de la Academia de Historia de la Ciudad de Buenos Aires, preside el Instituto Histórico de la Manzana de las Luces y participa en la Comisión de Cultura del Club del Progreso. Es autora, entre otros, de los libros Las mil y una historias de América; Jesuitas: de la Tierra sin Mal al Paraíso; Historia de la Casa Rosada, Delfina Bunge: diarios íntimos de una época brillante; Las mujeres y la patria, Mujeres de la conquista. Hablamos de quien protagonizó el primer abordaje a caballo de la historia, de a quien se lo designa como “la espada fundadora de la Independencia argentina”, del único general argentino que murió en combate contra el enemigo.


 
¿Por qué Güemes?
Yo le tengo mucha simpatía a la figura de Güemes, desde el colegio primario; sin entender mucho lo que pasaba, ya me caía bien. Pero lo que realmente me llevó hacia él fue la figura de su esposa. Comencé a investigar a Carmen Puch para mi libro Historias de amor de la historia argentina, y a través de ella comenzó a agrandarse la figura de Güemes.Ya en cartas uno se da cuenta de que era un tipo muy culto, y que había abrazado con devoción la carrera militar desde los 13 años; de su idealismo, de un valor a toda prueba, hasta la intrepidez, que fue lo que le causó la muerte. Porque él estaba acostumbrado a pasar entre las balas, lo hacía naturalmente, y el día de su muerte una bala se le hundió en la cadera y le salió por la ingle, herida que luego derivó en una gangrena. Debe haber muerto con mucho sufrimiento, esos diez días mientras estaba muriendo en La Horqueta fueron patéticos.
 
¿Muere a los 36 años, no?
Sí, entre sus cerros tan amados, rodeado de sus gauchos y con el recuerdo de su amada, se fue apagando la vida del General; tuvo una dolorosa agonía. Pero en esos días aprovechó para decir lo que tenía que decir, porque incluso hasta allí fueron a tratar de sobornarlo. Y ésa fue la segunda vez. Porque querían comprarlo, coimearlo, para que él y su familia viajaran a España y vivieran bien de por vida, y de paso, que Salta y todo el Norte cayesen en manos realistas. La primera vez, furioso, le había enviado una carta respondiéndole al general español Olañeta, su más encarnizado enemigo, y la segunda vez, mortalmente herido ya, cuando aparecieron dos parlamentarios allí en la Cruz, mandó a decir indignado que de ninguna manera aceptaría, y ahí mismo le dijo al Coronel Vidt, su segundo en el ejército: “Coronel Vidt, ¡tome usted el mando de las tropas y marche inmediatamente a poner sitio en la ciudad, y no me descanse hasta no arrojar fuera de la patria al enemigo!”.Saludó a los parlamentarios enviados con un seco: “Señores, están ustedes despachados”. Y le costó a Vidt sacar a los españoles, hasta que una bala terminó con la vida de Olañeta en 1825 y ahí finaliza esa resistencia.

Es un héroe paradigmático...
A los 20 años está acá peleando en las Invasiones Inglesas, esa carga a caballo a un buque inglés, y hasta las aventuras amorosas, que le atribuyen. Pero con eso creo que se les fue la mano; se le ha hecho fama de aventurero, de don Juan. Pero el amor de su vida fue Carmen, su mujer, y su vida familiar era un bastión; era muy cariñoso con la familia, con sus hijos.

Ése es un Güemes muy poco conocido, en realidad prevalece la idea romántica del don Juan. Incluso hay una noticia confusa, dicen que murió de un tiro de un marido celoso mientras escapaba por un balcón desde la casa de una amante.
Eso fue para denigrarlo, porque cuando los enemigos no pueden combatir a una persona como él, lo ridiculizan. Lo trataron de ridiculizar, pero la situación fue muy distinta; escapa de la casa de su hermana, metiéndose entre las balas, decidiendo defenderse con y entre sus soldados, no escapando por la parte de atrás de la casa ni saliendo de la cama de una amante. Ése fue un invento del siglo XX, pura mentira, porque son cuatro los testimonios de la muerte de Güemes, cuatro testigos de excepción: Dionisio Puch, su primer biógrafo; el Coronel Vidt, Martín Otero y Macacha, su hermana. Es tan canalla eso, tan canalla; lo terrible es que sólo le pueden endilgar que era gaucho y que lo mató un marido celoso, un disparate.
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Me interesó la referencia que hacés a la puesta en el canon a partir de Mitre, por la insistencia de Vicente Fidel López en defenderlo, porque es una figura importante que sirvió para consolidar la independencia.
Y por qué no estaba? Esa es la pregunta que uno debe hacerse. Algunos sostienen que porque no era porteño.

¿Vos creés que por eso?
No, eso es lo que dicen los salteños; yo no estoy de acuerdo con la versión de la persecución de los porteños a los salteños, de ninguna manera. Eso lo explica muy bien Gregorio Caro Figueroa en sus trabajos: los primeros homenajes que se le hicieron a Güemes, los hicieron los porteños. Y Mitre, es cierto que en la Historia de Belgrano lo comenta muy por encima; pero después, cuando lo conoce más, le hace un enorme elogio. Y otra cosa que yo destaco en el libro es que los porteños estaban al tanto de todo porque leían La Gaceta de Buenos Ayres, y este periódico siempre resaltaba los triunfos de Güemes, así que no hay esa inquina hacia el provinciano; quizá un poco de olvido, sí. Lo que pasa es que habían pasado 70 años desde la muerte de Güemes hasta que Mitre escribe. Lo mismo ocurrió con San Martín y Belgrano; fue Mitre quien “inventó”, podríamos decir, nuestra historia. Y fue muy importante, fue quien nos dio esa mitología de héroes, que es necesaria; es más, yo creo que es necesario rescatar también a los anteriores, a los de la conquista. A mí me encanta esa época de los siglos XVI y XVII, la de los fundadores y, la de los indígenas; son héroes fundacionales, que se necesitan. Y con ellos tenemos todavía una deuda, un vacío en la historia. Con Güemes tenemos también una deuda, que se está pagando, pero es como para ponerlo al lado de los dos grandes; yo creo que son los tres grandes. ¿Y sabés además qué es lo que los une? Su visión de una América grande, la idea de una patria latinoamericana; sí, veían en grande, pensaban en grande.

¿Por qué recordarlo?
No hay que separar a nadie de la historia, ni olvidar: a Rosas, porque evitó la balcanización del país; a Urquiza, porque posibilitó la constitución, la hegemonía, y que llegara Mitre; pero es la segunda etapa. La primera son esos tres anteriores, pero Güemes está un poquito olvidado u opacado. Aunque era muy amigo tanto de Belgrano como de San Martín, y San Martín no hubiera podido realizar su campaña si no hubiera sido por Güemes.
Porque más allá de sus errores y aciertos, la vida de Martín Miguel de Güemes fue un paradigma de patriotismo y tenacidad. En el sitial de honor de nuestros héroes, tiene que estar codo a codo junto a San Martín y Belgrano. Son nuestros tres grandes. Nunca se dejó llevar por el desaliento, a pesar de los obstáculos y de las dificultades constantes que se le presentaron, y que, según sus propias palabras, tanto gravitaron sobre él y sobre las decisiones que debió tomar. Sus objetivos siempre fueron claros: asegurar la independencia de nuestras Provincias Unidas, defender la dignidad de su gobierno y los sagrados derechos de la Patria. Hacia ellos fue sin dudarlo, pese a la incomprensión que tantas veces encontró entre sus compatriotas. En estos tiempos de valores morales tergiversados es bueno recordar que los héroes existieron, fueron aquellos que, como San Martín, Belgrano y Güemes, tuvieron claros sus ideales y se arriesgaron por ellos hasta el sacrificio. Merecen ser recordados.
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