
febrero 2008 |









CULTURA
Güemes
el otro grande |

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CULTURA
Güemes el otro grande |
Por Sandra Pien |
| Gálvez
narra la vida pública y privada de este gran héroe
del Norte argentino, una figura poco conocida y rayana
en el mito: su nacimiento en el seno de una rica familia
salteña, los audaces pasos en la Reconquista de
Buenos Aires durante 1806, el ascendiente que supo ejercer
sobre sus gauchos mal armados, que daban la vida por él;
la bravura con la que enfrentó y frenó a
las fuerzas invasoras. |
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| Fue una tarde
propicia para hablar de Güemes. Una tarde de gloria de
fines de la primavera, en el patio ajardinado del Club del
Progreso, en el corazón y la locura del centro de Buenos
Aires, Sarmiento al 1300, y sin embargo, adentro, se enseñoreaba
un ambiente apacible, enmaderado y sencillo; y un estallido
de sol aguardaba más al fondo. Allí nos esperaba,
allí donde las raíces aéreas de un gomero
centenario intentan seducir a las baldosas, y más allá
un tilo y los trinos de los pájaros, allí la
historiadora y escritora Lucía Gálvez me cuenta
sobre su nuevo libro, Martín Güemes, baluarte
de la Independencia, de Editorial Aguilar.
Viene de una estirpe de argentinos destacados; es nieta de
dos grandes escritores, del injustamente olvidado novelista
Manuel Gálvez y de Delfina Bunge de Gálvez.
Lucía Gálvez es historiadora, graduada con diploma
de honor en la Universidad de Buenos Aires. Es miembro de
número de la Academia de Historia de la Ciudad de Buenos
Aires, preside el Instituto Histórico de la Manzana
de las Luces y participa en la Comisión de Cultura
del Club del Progreso. Es autora, entre otros, de los libros
Las mil y una historias de América; Jesuitas: de
la Tierra sin Mal al Paraíso; Historia de la Casa Rosada,
Delfina Bunge: diarios íntimos de una época
brillante; Las mujeres y la patria, Mujeres de la conquista.
Hablamos de quien protagonizó el primer abordaje a
caballo de la historia, de a quien se lo designa como “la
espada fundadora de la Independencia argentina”, del
único general argentino que murió en combate
contra el enemigo.
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¿Por qué Güemes?
Yo le tengo mucha simpatía a la figura
de Güemes, desde el colegio primario; sin entender
mucho lo que pasaba, ya me caía bien. Pero lo que
realmente me llevó hacia él fue la figura
de su esposa. Comencé a investigar a Carmen Puch
para mi libro Historias de amor de la historia argentina,
y a través de ella comenzó a agrandarse
la figura de Güemes.Ya en cartas uno se da cuenta
de que era un tipo muy culto, y que había abrazado
con devoción la carrera militar desde los 13 años;
de su idealismo, de un valor a toda prueba, hasta la intrepidez,
que fue lo que le causó la muerte. Porque él
estaba acostumbrado a pasar entre las balas, lo hacía
naturalmente, y el día de su muerte una bala se
le hundió en la cadera y le salió por la
ingle, herida que luego derivó en una gangrena.
Debe haber muerto con mucho sufrimiento, esos diez días
mientras estaba muriendo en La Horqueta fueron patéticos. |
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¿Muere a los 36 años, no?
Sí, entre sus cerros tan amados, rodeado de sus gauchos
y con el recuerdo de su amada, se fue apagando la vida del General;
tuvo una dolorosa agonía. Pero en esos días aprovechó
para decir lo que tenía que decir, porque incluso hasta
allí fueron a tratar de sobornarlo. Y ésa fue
la segunda vez. Porque querían comprarlo, coimearlo,
para que él y su familia viajaran a España y vivieran
bien de por vida, y de paso, que Salta y todo el Norte cayesen
en manos realistas. La primera vez, furioso, le había
enviado una carta respondiéndole al general español
Olañeta, su más encarnizado enemigo, y la segunda
vez, mortalmente herido ya, cuando aparecieron dos parlamentarios
allí en la Cruz, mandó a decir indignado que de
ninguna manera aceptaría, y ahí mismo le dijo
al Coronel Vidt, su segundo en el ejército: “Coronel
Vidt, ¡tome usted el mando de las tropas y marche inmediatamente
a poner sitio en la ciudad, y no me descanse hasta no arrojar
fuera de la patria al enemigo!”.Saludó a los parlamentarios
enviados con un seco: “Señores, están ustedes
despachados”. Y le costó a Vidt sacar a los españoles,
hasta que una bala terminó con la vida de Olañeta
en 1825 y ahí finaliza esa resistencia.
Es un héroe paradigmático...
A los 20 años está acá peleando en las
Invasiones Inglesas, esa carga a caballo a un buque inglés,
y hasta las aventuras amorosas, que le atribuyen. Pero con eso
creo que se les fue la mano; se le ha hecho fama de aventurero,
de don Juan. Pero el amor de su vida fue Carmen, su mujer, y
su vida familiar era un bastión; era muy cariñoso
con la familia, con sus hijos.
Ése es un Güemes muy poco conocido, en realidad
prevalece la idea romántica del don Juan. Incluso hay
una noticia confusa, dicen que murió de un tiro de un
marido celoso mientras escapaba por un balcón desde la
casa de una amante.
Eso fue para denigrarlo, porque cuando los enemigos no pueden
combatir a una persona como él, lo ridiculizan. Lo trataron
de ridiculizar, pero la situación fue muy distinta; escapa
de la casa de su hermana, metiéndose entre las balas,
decidiendo defenderse con y entre sus soldados, no escapando
por la parte de atrás de la casa ni saliendo de la cama
de una amante. Ése fue un invento del siglo XX, pura
mentira, porque son cuatro los testimonios de la muerte de Güemes,
cuatro testigos de excepción: Dionisio Puch, su primer
biógrafo; el Coronel Vidt, Martín Otero y Macacha,
su hermana. Es tan canalla eso, tan canalla; lo terrible es
que sólo le pueden endilgar que era gaucho y que lo mató
un marido celoso, un disparate.
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Me interesó la referencia que hacés a
la puesta en el canon a partir de Mitre, por la insistencia
de Vicente Fidel López en defenderlo, porque es una figura
importante que sirvió para consolidar la independencia.
Y por qué no estaba? Esa es la pregunta que uno debe
hacerse. Algunos sostienen que porque no era porteño.
¿Vos creés que por eso?
No, eso es lo que dicen los salteños; yo no estoy de
acuerdo con la versión de la persecución de los
porteños a los salteños, de ninguna manera. Eso
lo explica muy bien Gregorio Caro Figueroa en sus trabajos:
los primeros homenajes que se le hicieron a Güemes, los
hicieron los porteños. Y Mitre, es cierto que en la Historia
de Belgrano lo comenta muy por encima; pero después,
cuando lo conoce más, le hace un enorme elogio. Y otra
cosa que yo destaco en el libro es que los porteños estaban
al tanto de todo porque leían La Gaceta de Buenos
Ayres, y este periódico siempre resaltaba los triunfos
de Güemes, así que no hay esa inquina hacia el provinciano;
quizá un poco de olvido, sí. Lo que pasa es que
habían pasado 70 años desde la muerte de Güemes
hasta que Mitre escribe. Lo mismo ocurrió con San Martín
y Belgrano; fue Mitre quien “inventó”, podríamos
decir, nuestra historia. Y fue muy importante, fue quien nos
dio esa mitología de héroes, que es necesaria;
es más, yo creo que es necesario rescatar también
a los anteriores, a los de la conquista. A mí me encanta
esa época de los siglos XVI y XVII, la de los fundadores
y, la de los indígenas; son héroes fundacionales,
que se necesitan. Y con ellos tenemos todavía una deuda,
un vacío en la historia. Con Güemes tenemos también
una deuda, que se está pagando, pero es como para ponerlo
al lado de los dos grandes; yo creo que son los tres grandes.
¿Y sabés además qué es lo que los
une? Su visión de una América grande, la idea
de una patria latinoamericana; sí, veían en grande,
pensaban en grande.
¿Por qué recordarlo?
No hay que separar a nadie de la historia, ni olvidar: a Rosas,
porque evitó la balcanización del país;
a Urquiza, porque posibilitó la constitución,
la hegemonía, y que llegara Mitre; pero es la segunda
etapa. La primera son esos tres anteriores, pero Güemes
está un poquito olvidado u opacado. Aunque era muy amigo
tanto de Belgrano como de San Martín, y San Martín
no hubiera podido realizar su campaña si no hubiera sido
por Güemes.
Porque más allá de sus errores y aciertos, la
vida de Martín Miguel de Güemes fue un paradigma
de patriotismo y tenacidad. En el sitial de honor de nuestros
héroes, tiene que estar codo a codo junto a San Martín
y Belgrano. Son nuestros tres grandes. Nunca se dejó
llevar por el desaliento, a pesar de los obstáculos y
de las dificultades constantes que se le presentaron, y que,
según sus propias palabras, tanto gravitaron sobre él
y sobre las decisiones que debió tomar. Sus objetivos
siempre fueron claros: asegurar la independencia de nuestras
Provincias Unidas, defender la dignidad de su gobierno y los
sagrados derechos de la Patria. Hacia ellos fue sin dudarlo,
pese a la incomprensión que tantas veces encontró
entre sus compatriotas. En estos tiempos de valores morales
tergiversados es bueno recordar que los héroes existieron,
fueron aquellos que, como San Martín, Belgrano y Güemes,
tuvieron claros sus ideales y se arriesgaron por ellos hasta
el sacrificio. Merecen ser recordados.  |
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