Mosconi, un
militar civilista, ingeniero, conductor de empresa que hizo
posible el ingreso de la Argentina al selecto club de naciones
que extraían e industrializaban su propio petróleo.
Y después de años de crear y conducir la empresa
más grande del país en su tiempo -YPF, Yacimientos
Petrolíferos Fiscales-, se retiró en clara disconformidad
con el golpe de Estado de 1930.
13 de diciembre de 1907
Pero remontémonos al centenario que nos convoca. Comodoro
Rivadavia nació oficialmente como ciudad en 1901, por
medio de un decreto del Poder Ejecutivo Nacional. El lugar
de su emplazamiento está ubicado a 160 kilómetros
del espejo de agua dulce más cercano: el lago Musters,
en cuyas orillas se emplazaba la colonia agrícola Ideal
-la actual localidad de Sarmiento-. Los manantiales naturales
abastecían Comodoro, pero eran insuficientes para calmar
la sed de la población. Por ello, en 1903 la Dirección
de Minas, Geología e Hidrología de la Nación
envió a Comodoro una máquina perforadora que,
tras alcanzar estérilmente los 172 mts. de profundidad,
se dio por vencida. En 1906 desembarcó en esa incipiente
ciudad una nueva máquina para hallar agua, un equipo
Fauck, especialmente adquirido en Alemania por iniciativa
de Julio Krause, jefe de la Dirección de Minas de la
Nación. La perforadora se ubicó a tres kilómetros
al norte del cerro Chenque, como indicaban los estudios de
suelo realizados. En marzo de 1907 comenzó a perforar.
Entre los trabajadores estaban José Fuchs y Humberto
Beghin, ambos técnicos llegados de Alemania. Pasaron
varios meses de infructuosos intentos. Se llegó a los
500 metros bajo tierra, pero el agua no brotaba. Krause dio
la orden de sobrepasar el límite de la máquina.
A última hora del 12 de diciembre de 1907 comenzó
a brotar un líquido aceitoso, burbujeante, con olor
a kerosene. El 13, cuando se alcanzaron los 540 metros de
profundidad, quedó confirmada la plena existencia de
hidrocarburos en una gran cuenca.
Un ejemplo sanmartiniano
Tal vez el azar, tal vez el destino, tal vez la voluntad de
decisión comulgaron en pos de un ideal, que fructificó.
Lo más valioso que nos ha dejado el General Enrique
Mosconi no es una política rígida e inamovible;
ni siquiera la Ley del Petróleo, que promovió
y difundió por toda Latinoamérica su lúcida
idea de que el subsuelo de un país es inalienable,
ubicándose así en contra de la postura de las
pujantes empresas multinacionales que ya bregaban por exprimir
toda riqueza ajena; sino un gran ejemplo de que las cosas
pueden hacerse, y bien; de que las herramientas que, como
dones, tiene un país, deben ser instrumentos hacedores
de políticas que redunden en bienestar, en salud, en
educación para su gente. Mosconi fue un gran ejemplo
de que tiene sentido pensar en grande, de que la Patria es
el bien común a todos, que nos cobija; que tenemos
el deber y el mandato irrenunciable de custodiar nuestro bien
común, para legarlo a los futuros argentinos, nuestros
hijos, y los hijos de nuestros hijos. 
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