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enero 2008

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MALVINAS 25 AÑOS / Nota X y última
1982–2007 UNA DE CABALLERÍA
Ruidos de blindados en Puerto Argentino


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MALVINAS 25 años

Nota X y última 1982 – 2007
 
UNA DE CABALLERÍA
Ruidos de blindados en Puerto Argentino
Armando S. Fernández

En la penumbra de una historia que acaba de cumplir 25 años permanece el desempeño de los hombres del Arma de Caballería del Ejército Argentino durante el conflicto del Atlántico Sur. Pero, al igual que sus camaradas de otras armas, especialidades y servicios, también ellos escribieron páginas de coraje en el terreno de combate de la áspera turba malvinera.
 
El 9 de abril de l982, desde las entrañas de un C-130 Hércules, salieron dos vehículos blindados Panhard. Eran los primeros vehículos de ese tipo que llegaban a Malvinas e iban al mando del entonces Subteniente
Gustavo Adolfo Tamaño. En tres posteriores vuelos sucesivos se le uniría el Subteniente Fernando Chércoles con otros seis vehículos más. Los azorados policemen de las islas, contemplaron, al igual que los pobladores, el paso de los blindados a rueda, por las calles de Puerto Argentino. Estos vehículos, reforzados por elementos del Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 9, conformaron las secciones “Cobra” y “Aguila”. El 16 de abril, junto a otros elementos de la Brigada de Xma Infantería Mecanizada, arribó a las islas el Escuadrón de Exploración de Caballería Blindado 10, que más tarde y a las órdenes del entonces Capitán Rodrigo Soloaga combatiría bravamente al sur del Monte Longdon.
 

“El valor de mi enemigo me honra”

No fue precisamente la turba malvinera, el escenario ideal para el accionar de los blindados a rueda, pero el alma de los hombres de Caballería no está en sus vehículos, sino en el temple de los tripulantes. Así lo demostraron los efectivos del Escuadrón de Exploración de Caballería 10, al mando del entonces Capitán Rodrigo Soloaga. Sus tropas, “desmontadas” (de a pie), se vieron empeñadas, por la fuerza de las circunstancias, en un duro y desigual combate contra el enemigo británico y tuvieron seis bajas mortales entre el 11 y 13 de junio. Junto a sus camaradas de batalla, una fracción del Regimiento de Infantería 4, al mando del Capitán López Paterson y efectivos del Regimiento de Infantería 7, debieron batirse sin tregua, bajo la luz de las bengalas y las trazadoras de las ametralladoras propias y enemigas. Monte Longdon y Wireless Ridge fueron los teatros de combate, donde aquellos soldados argentinos, soportando el hostigamiento de la artillería británica, y dirigiendo el fuego de la artillería nacional, dieron singular ejemplo de coraje y sacrificio.
Y seguramente hicieron recordar al adversario inglés aquel viejo proverbio que enuncia: “el valor de mi enemigo me honra”.

El Mayor Domingo Carullo fue puesto al frente del Escuadrón Blindado, que ocupaba la zona de Moody Brook. A partir del 1º de mayo, el escuadrón fue sometido a ataques aéreos y navales británicos. Las primeras bajas se experimentaron el 10 de junio, bajo el fuego de la artillería enemiga. Allí resultaron heridos los soldados Gerardo Mancisidor y Juan Carlos Acosta. El 12 de junio, el Escuadrón Panhard que ocupaba posiciones de combate al oeste de Puerto Argentino, fue duramente castigado por la artillería británica. En este ataque fueron heridos el Subteniente Tamaño, el Cabo Primero Alegre y el Soldado Conscripto Iglesias. Los vehículos argentinos se replegaron, pero retornaron al combate por la tarde y sus cañones rompieron fuego sobre la infantería inglesa que avanzaba. Una y otra vez se replegaron y otras tantas veces volvieron, para proteger a la infantería argentina que se replegaba ante el embate inglés. Bajo un infierno de lodo, proyectiles que caían y humo de pólvora, los Panhard combatieron hasta agotar sus municiones. El 14 de junio, rodando sobre un blanco manto de nieve que cubría el paisaje malvinero, el Escuadrón Panhard se desplegaba aprestándose a cubrir el repliegue del Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM-5), cuando llegó la orden de cese del fuego.
 

Se detuvieron los motores y sus tripulantes; los ya legendarios “boinas negras” se cuadraron y saludaron, junto a sus vehículos, cuyos blindajes estaban acribillados por las esquirlas de la artillería enemiga. La batalla había concluido y ellos, como tantos otros combatientes, habían dado lo mejor de sí desde sus puestos de combate.

 
Y ALLÍ ESTÁ. Desde hace un cuarto de siglo, su cañón de 90 mm apunta hacia Wireless Ridge, el último lugar hacia el que disparó, cumpliendo órdenes de fuego. El viejo auto blindado Panhard, perteneciente al “3 de Fierro”, ya no es más que un montón de chapa oxidada. Pero las marcas del combate lo ennoblecen todavía y el viento del Atlántico Sur sigue acunando su sueño
 

Fin de la Serie del 25º Aniversario

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