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MALVINAS 25 años |
Nota
X y última • 1982 – 2007 |
UNA
DE CABALLERÍA
Ruidos de blindados en
Puerto Argentino |
Armando S. Fernández
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| En
la penumbra de una historia que acaba de cumplir 25 años
permanece el desempeño de los hombres del Arma
de Caballería del Ejército Argentino durante
el conflicto del Atlántico Sur. Pero, al igual
que sus camaradas de otras armas, especialidades y servicios,
también ellos escribieron páginas de coraje
en el terreno de combate de la áspera turba malvinera. |
| El 9 de
abril de l982, desde las entrañas de un C-130 Hércules,
salieron dos vehículos blindados Panhard. Eran
los primeros vehículos de ese tipo que llegaban
a Malvinas e iban al mando del entonces Subteniente |
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| Gustavo Adolfo
Tamaño. En tres posteriores vuelos sucesivos se le uniría
el Subteniente Fernando Chércoles con otros seis vehículos
más. Los azorados policemen de las islas, contemplaron,
al igual que los pobladores, el paso de los blindados a rueda,
por las calles de Puerto Argentino. Estos vehículos,
reforzados por elementos del Escuadrón de Exploración
de Caballería Blindado 9, conformaron las secciones “Cobra”
y “Aguila”. El 16 de abril, junto a otros elementos
de la Brigada de Xma Infantería Mecanizada, arribó
a las islas el Escuadrón de Exploración de Caballería
Blindado 10, que más tarde y a las órdenes del
entonces Capitán Rodrigo Soloaga combatiría bravamente
al sur del Monte Longdon. |

“El valor de mi enemigo me honra”
No fue precisamente la turba malvinera, el escenario ideal
para el accionar de los blindados a rueda, pero el alma
de los hombres de Caballería no está en
sus vehículos, sino en el temple de los tripulantes.
Así lo demostraron los efectivos del Escuadrón
de Exploración de Caballería 10, al mando
del entonces Capitán Rodrigo Soloaga. Sus tropas,
“desmontadas” (de a pie), se vieron empeñadas,
por la fuerza de las circunstancias, en un duro y desigual
combate contra el enemigo británico y tuvieron
seis bajas mortales entre el 11 y 13 de junio. Junto a
sus camaradas de batalla, una fracción del Regimiento
de Infantería 4, al mando del Capitán López
Paterson y efectivos del Regimiento de Infantería
7, debieron batirse sin tregua, bajo la luz de las bengalas
y las trazadoras de las ametralladoras propias y enemigas.
Monte Longdon y Wireless Ridge fueron los teatros de combate,
donde aquellos soldados argentinos, soportando el hostigamiento
de la artillería británica, y dirigiendo
el fuego de la artillería nacional, dieron singular
ejemplo de coraje y sacrificio.
Y seguramente hicieron recordar al adversario inglés
aquel viejo proverbio que enuncia: “el valor de
mi enemigo me honra”.
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El
Mayor Domingo Carullo fue puesto al frente del Escuadrón
Blindado, que ocupaba la zona de Moody Brook. A partir del 1º
de mayo, el escuadrón fue sometido a ataques aéreos
y navales británicos. Las primeras bajas se experimentaron
el 10 de junio, bajo el fuego de la artillería enemiga.
Allí resultaron heridos los soldados Gerardo Mancisidor
y Juan Carlos Acosta. El 12 de junio, el Escuadrón Panhard
que ocupaba posiciones de combate al oeste de Puerto Argentino,
fue duramente castigado por la artillería británica.
En este ataque fueron heridos el Subteniente Tamaño,
el Cabo Primero Alegre y el Soldado Conscripto Iglesias. Los
vehículos argentinos se replegaron, pero retornaron al
combate por la tarde y sus cañones rompieron fuego sobre
la infantería inglesa que avanzaba. Una y otra vez se
replegaron y otras tantas veces volvieron, para proteger a la
infantería argentina que se replegaba ante el embate
inglés. Bajo un infierno de lodo, proyectiles que caían
y humo de pólvora, los Panhard combatieron hasta agotar
sus municiones. El 14 de junio, rodando sobre un blanco manto
de nieve que cubría el paisaje malvinero, el Escuadrón
Panhard se desplegaba aprestándose a cubrir el repliegue
del Batallón de Infantería de Marina 5 (BIM-5),
cuando llegó la orden de cese del fuego. |
Se
detuvieron los motores y sus tripulantes; los ya legendarios
“boinas negras” se cuadraron y saludaron, junto
a sus vehículos, cuyos blindajes estaban acribillados
por las esquirlas de la artillería enemiga. La batalla
había concluido y ellos, como tantos otros combatientes,
habían dado lo mejor de sí desde sus puestos
de combate.  |
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| Y ALLÍ
ESTÁ. Desde hace un cuarto de siglo, su cañón
de 90 mm apunta hacia Wireless Ridge, el último
lugar hacia el que disparó, cumpliendo órdenes
de fuego. El viejo auto blindado Panhard, perteneciente
al “3 de Fierro”, ya no es más que
un montón de chapa oxidada. Pero las marcas del
combate lo ennoblecen todavía y el viento del Atlántico
Sur sigue acunando su sueño |
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Fin de la Serie del 25º Aniversario
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