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diciembre 2007

MEDALLAS A LOS VETERANOS DE LA GUERRA DE MALVINAS
El Ejército reunió a sus veteranos de guerra a lo largo y ancho de todo el país y les entregó medallas recordatorias

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Positiva respuesta de los excombatientes a la convocatoria por el 25º aniversario

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A setenta años de la instalación de su sede en el actual emplazamiento de El Palomar, celebró su 138º aniversario


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Ejercicio en la llanura pampeana


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El rugby es escuela de vida en el Círculo de Ex Cadetes


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HEROES DEL AIRE
Alas Rotativas en Combate
de la Redacción

Algunos recuerdos de los helicopteristas del Ejército Argentino.
 
Tengo el orgullo de haber integrado el grupo de combate perteneciente a la unidad más condecorada de Aviación de Ejército”-dice pausadamente el Suboficial Mayor y Veterano de Guerra Daniel Horacio Marchi, Encargado de la Jefatura de la Agrupación de Ejército de Aviación 601, con base en Campo de Mayo.

Su foja de servicios detalla que Marchi egresó de la entonces Escuela General Lemos en diciembre de 1976 y, en 1977, fue destinado a la Compañía de Helicópteros de Asalto 601. La guerra del Atlántico Sur lo encontró con el grado de Sargento Mecánico de Vuelo a bordo del helicóptero Chinook CH47-C, matrícula AE 520, cuyo piloto era el Capitán Antonio Da Costa Silva, y el copiloto, el Capitán Pedro Ángel Obregón, contando como tripulante con el Cabo Primero Mecánico Alfredo Romero. La citada máquina pertenecía a la Compañía de Asalto “A” del Batallón de Aviación de Combate 601, cuyo jefe era el Teniente Primero Enrique Argentino Magnaghi. “Cruzamos con dos Chinook a Malvinas el 18 de abril”-expresa Marchi y continúa con su relato-. “Nuestro aparato, de gran porte, transportaba carga, municiones, tropas, desplazaba Unimogs y cañones de 105 mm a las posiciones que se requerían. Pero todo cambió dramáticamente el 1º de mayo, al iniciarse los ataques ingleses. Después, la mañana

del 21 de mayo en Monte Kent, resultamos sorprendidos por un duro ataque por parte de los aparatos británicos que, con pasadas rasantes y el nutrido fuego de sus cañones Aden de 30 mm, dejaron como saldo un Bell UH 1H (el EA 418) y un Chinook destruido (no el que yo tripulaba). Nos arrojamos al suelo, mientras las ráfagas de balas pasaban sobre nuestras cabezas, en aquella situación límite que nos tocó vivir. En otra ocasión, el 12 de junio, mientras cargábamos el Chinook, fuimos atacados con fuego de morteros. Recuerdo cómo temblaba el suelo de turba, ante los proyectiles que caían peligrosamente cerca de nosotros. Al rememorar esos días de misiones y combates, tengo en claro que éramos como una familia. Todos poníamos el hombro en pos de

TENIENTE CORONEL (R) Jorge Rodolfo “Picho” Svendsen, en la guerra, fue jefe de la Compañía de Helicópteros de Asalto B y piloteó un “Huey” en muchas misiones de combate
ARTILLERO de Svendsen era el entonces Cabo 1ro Martín San Miguel, alias “el Negro”. En la foto de arriba, tomada durante un reciente acto.

la meta común. Teníamos a nuestro cargo a 15 soldados conscriptos, que cumplían funciones de apoyo de vuelo, cargaban combustible, estibaban las cargas que debíamos transportar y también eran artilleros, si la ocasión lo requería, entre otras tareas. ¡Con qué ganas peleaban esos pibes! Desde aquí les rindo homenaje al coraje y la entrega que demostraron. Entre ellos, estaban el Soldado Conscripto Antonio Emilio Falcón, que posteriormente escribiría “Ángeles sobre la turba”, un trabajo excelente y pormenorizado sobre aquellos ásperos días de batalla.

Nueve UH-1H, cinco “Pumas”, dos Chinook y tres A-109 Augusta llegaron a Malvinas y ninguno regresó al continente. Varios fueron destruidos y otros resultaron capturados por el adversario inglés. Tuvimos tres bajas, que nos golpearon duro (los Tenientes Fiorito y Buschiazzo y el Sargento Di Motta). Nuestras tripulaciones y sus máquinas de combate surcaron una y otra vez los cielos de Malvinas cumpliendo las

misiones asignadas, sin aflojar, pese a las condiciones desventajosas del teatro de batalla, y, cuando los motores se silenciaron y las palas de nuestros helicópteros quedaron inmóviles, se habían ganado el merecido reposo del guerrero, que ha sabido cumplir hasta el final con su cometido. La batalla nos fue adversa, es cierto, pero los que peleamos en aquellas jornadas sentimos que no hay derrota, ni de la justa causa de nuestra soberanía ni tampoco, y mucho menos, de nuestro ánimo. Porque, mientras cualquiera de nuestras máquinas se encuentre en acción, los cielos que patrullan y defienden seguirán siendo argentinos”.

 

El Picho, el Negro y otros ases

El Teniente Coronel (R ) Jorge Rodolfo Svendsen egresó del Colegio Militar de la Nación en 1971, con la promoción 102. Durante la guerra de Malvinas combatió con el grado de Capitán. Estaba a cargo de la Compañia de Helicópteros de Asalto B y piloteaba un Bell UH 1H. Fue Svendsen, o el Picho, como lo llamaban sus camaradas, quien, entre otras hazañas y siempre acompañado por su fiel artillero, el entonces Cabo 1ro Martín San Miguel (el Negro), realizaron el salvataje del piloto naval Teniente de Navío José César Arca cuando éste se eyectó de su avión Skyhawk A-4Q y cayó al mar.
Hablando de ese tiempo de misiones de combate, Svendsen rememoró que “eran tripulaciones con gran espíritu de cuerpo y sobre todo buenos camaradas. La mayor parte del tiempo nos ocupábamos de dar apoyo logístico a las tropas, transportando combatientes, elementos y haciendo vuelos de reconocimiento. A la

noche, cuando nos reuníamos, comentábamos los sucesos de la jornada. Recuerdo a los Tenientes Fiorito y Buschiazzo y al Sargento Di Motta, que pertenecían a la Compañia A, quienes se perdieron para siempre tripulando un SA 330 Puma, matrícula AE 505, cuando buscaban sobrevivientes del pesquero Narwal, hundido por los británicos. Eran tres valientes y sentimos mucho sus pérdidas. Fueron el tributo de vidas que pagó la Aviación de Ejército durante el conflicto del Atlántico Sur”.
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