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noviembre 2007

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SALUD
Ansiolíticos
Por Sandra Pien

Del latín, anxia = angustia, se trata de los vulgarmente denominados tranquilizantes o sedantes, que deben ser recetados bajo riguroso control médico psiquiátrico. Sin embargo, en la sociedad actual, se consumen en cantidad y sin control; se abusa de ellos. Con un especialista del Hospital Militar Central, dialogamos sobre el mal uso y excesos de estas sustancias y el síndrome de abstinencia que provocan cuando su consumo se corta abruptamente y sin control medico.

Dr., ¿qué son los ansiolíticos?
Los ansiolíticos, tranquilizantes menores o benzodiacepinas aparecen en el mercado a fines de los años ‘50, comienzos de los ‘60, como fármacos hipnóticos y/o sedantes. Vienen a reemplazar a los barbitúricos, que hasta ese momento cumplían dichas funciones, y al observar que éstos poseían mayor especificidad de acción y un rango de seguridad también más grande (ya que es casi imposible alcanzar una dosis depresora del sistema nervioso central que coloque en riesgo la vida del paciente), junto con un amplio espectro de acción, fueron, poco a poco, ganando una enorme popularidad.

¿Cómo funcionan?
Las funciones principales que hoy se conocen son: la ansiolítica, la sedante, la miorrelajante, la anticonvulsiva, la hipnótica y la última, como coadyuvante para el tratamiento de ciertos tipos de dolor. Este gran campo de patologías, más un rápido comienzo de acción, bajo costo y fácil elaboración, los transformaron en poco tiempo en excelentes fármacos dentro del arsenal terapéutico y, como era de esperar, por consiguente, adquirieron una gran popularidad. Con el paso del tiempo, el advenimiento de nuevas técnicas de laboratorio, imágenes funcionales que pueden localizar los sitios de acción y mayor conocimiento de las áreas involucradas en la conducta humana, comenzaron a delimitarse, también de un modo más exacto, no sólo las indicaciones, sino también los riesgos que pueden conllevar el uso indiscriminado y/o el no control periódico.
Dado que fueron y continúan siendo uno de los grupos farmacológicos más recetados y teniendo en cuenta que en ciertos ámbitos (como los no hospitalarios) puede generarse un deficiente seguimiento del paciente por parte de los médicos, comienzan a observarse ciertos efectos secundarios realmente indeseables, aunque el paciente no necesariamente abuse de ellos.
Debemos aclarar que los ansiolíticos son, también, capaces de generar tanto dependencia física como psíquica, y, una vez aceptado esto, estar atentos a todo lo que nos pueda referir el paciente, en especial a partir de la sexta a octava semana de ingesta.

¿Qué pasa cuando alguien se automedica un ansiolítico?
La automedicación es uno de los peores males de nuestra época, y esto es aplicable a todos los fármacos. Específicamente con las benzodiacepinas o tranquilizantes, los efectos adversos más frecuentes con los que nos encontramos a diario son:
• Cansancio, apatía y desgano diurno, producidos por excesiva relajación muscular.
• Alteraciones amnésicas, en especial la de la llamada memoria a corto plazo, y que tendrían su explicación en alteraciones de la arquitectura del sueño normal, acortando fases, tanto REM como no REM, que impedirían los pasos necesarios para que los recuerdos del día sean fijados y pasen a su posterior almacenamiento en distintas áreas corticales.
• Irritabilidad, cambios de carácter y muchas veces cuadros paradojales de agresividad, que serían producto de una “liberación parcial subcortical cerebral”, por efecto mismo, como es lógico, de haber una menor “supervisión” de la corteza cerebral, la que se hallaría en esos momentos inhibida por el uso de tranquilizantes; de ahí que se lo llame paradojal, ya que estos fármacos son -como lo dijimos al principio- altamente efectivos en cuadros de agresividad. Este efecto indeseable es muy común de observar tanto en gente joven, en pacientes añosos, como así también en cuadros de ciertos lesionados cerebrales.

¿Pueden dejarse de consumir de golpe?
Nunca, excepto en caso de intoxicación o intolerancia al fármaco. De no ser éste el caso, deberá hacerse en forma gradual y bajo la estrecha vigilancia médica, por los efectos indeseables que pudiesen llegar a aparecer.

¿Qué es el síndrome de abstinencia?
Digamos, primero, que a partir de la sexta u octava semana de comenzar la administración, estos fármacos en todos los casos comienzan a producir una modificación, tanto en la cantidad como en la densidad de los receptores de membrana de la neurona, denominada down regulation; esto se asocia con la llamada “tolerancia farmacológica”, o sea que, para lograr el mismo efecto que se conseguía al comienzo, se deben usar dosis crecientes. De no aumentar la dosis, comienza nuevamente a aumentar la cantidad de receptores de membrana produciéndose la llamada up regulation. Este mecanismo se relaciona con el llamado síndrome de abstinencia, que suele ser muy desagradable al sujeto por todas sus manifestaciones, tanto psíquicas como físicas, que van desde aumento de los miedos en forma incomprensible hasta cuadros de agitación, síntomas depresivos, de irritabilidad, aumento de frecuencia cardíaca, etc.

¿Consejos, reflexiones?
El primer punto que debe quedar claro es que son fármacos muy útiles si están correctamente indicados y son controlados en forma periódica por el profesional médico.
El segundo punto importante es tener presente que generan sintomatología indeseable, pudiendo llegar hasta la adicción, ya que la dependencia que se genera es tanto física como psíquica. Y el último punto, y quizás el más importante de todos, es aceptar que el cerebro es un órgano en constante cambio a lo largo de toda la vida (esto es llamado plasticidad neuronal) y, por tanto, de una manera global debemos admitir que los síntomas también van variando con el transcurso de cualquier tratamiento. Por lo tanto, el control y la revisión de ellos debe ser permanente.

 
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