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Dr., ¿qué son los ansiolíticos?
Los ansiolíticos, tranquilizantes menores
o benzodiacepinas aparecen en el mercado a fines de los años
‘50, comienzos de los ‘60, como fármacos
hipnóticos y/o sedantes. Vienen a reemplazar a los
barbitúricos, que hasta ese momento cumplían
dichas funciones, y al observar que éstos poseían
mayor especificidad de acción y un rango de seguridad
también más grande (ya que es casi imposible
alcanzar una dosis depresora del sistema nervioso central
que coloque en riesgo la vida del paciente), junto con un
amplio espectro de acción, fueron, poco a poco, ganando
una enorme popularidad.
¿Cómo funcionan?
Las funciones principales que hoy se conocen son:
la ansiolítica, la sedante, la miorrelajante, la anticonvulsiva,
la hipnótica y la última, como coadyuvante para
el tratamiento de ciertos tipos de dolor. Este gran campo
de patologías, más un rápido comienzo
de acción, bajo costo y fácil elaboración,
los transformaron en poco tiempo en excelentes fármacos
dentro del arsenal terapéutico y, como era de esperar,
por consiguente, adquirieron una gran popularidad. Con el
paso del tiempo, el advenimiento de nuevas técnicas
de laboratorio, imágenes funcionales que pueden localizar
los sitios de acción y mayor conocimiento de las áreas
involucradas en la conducta humana, comenzaron a delimitarse,
también de un modo más exacto, no sólo
las indicaciones, sino también los riesgos que pueden
conllevar el uso indiscriminado y/o el no control periódico.
Dado que fueron y continúan siendo uno de los grupos
farmacológicos más recetados y teniendo en cuenta
que en ciertos ámbitos (como los no hospitalarios)
puede generarse un deficiente seguimiento del paciente por
parte de los médicos, comienzan a observarse ciertos
efectos secundarios realmente indeseables, aunque el paciente
no necesariamente abuse de ellos.
Debemos aclarar que los ansiolíticos son, también,
capaces de generar tanto dependencia física como psíquica,
y, una vez aceptado esto, estar atentos a todo lo que nos
pueda referir el paciente, en especial a partir de la sexta
a octava semana de ingesta.
¿Qué pasa cuando alguien se automedica un ansiolítico?
La automedicación es uno de los peores males
de nuestra época, y esto es aplicable a todos los fármacos.
Específicamente con las benzodiacepinas o tranquilizantes,
los efectos adversos más frecuentes con los que nos
encontramos a diario son:
• Cansancio, apatía y desgano diurno, producidos
por excesiva relajación muscular.
• Alteraciones amnésicas, en especial la de la
llamada memoria a corto plazo, y que tendrían su explicación
en alteraciones de la arquitectura del sueño normal,
acortando fases, tanto REM como no REM, que impedirían
los pasos necesarios para que los recuerdos del día
sean fijados y pasen a su posterior almacenamiento en distintas
áreas corticales.
• Irritabilidad, cambios de carácter y muchas
veces cuadros paradojales de agresividad, que serían
producto de una “liberación parcial subcortical
cerebral”, por efecto mismo, como es lógico,
de haber una menor “supervisión” de la
corteza cerebral, la que se hallaría en esos momentos
inhibida por el uso de tranquilizantes; de ahí que
se lo llame paradojal, ya que estos fármacos son -como
lo dijimos al principio- altamente efectivos en cuadros de
agresividad. Este efecto indeseable es muy común de
observar tanto en gente joven, en pacientes añosos,
como así también en cuadros de ciertos lesionados
cerebrales.
¿Pueden dejarse de consumir de golpe?
Nunca, excepto en caso de intoxicación o intolerancia
al fármaco. De no ser éste el caso, deberá
hacerse en forma gradual y bajo la estrecha vigilancia médica,
por los efectos indeseables que pudiesen llegar a aparecer.
¿Qué es el síndrome de abstinencia?
Digamos, primero, que a partir de la sexta u octava
semana de comenzar la administración, estos fármacos
en todos los casos comienzan a producir una modificación,
tanto en la cantidad como en la densidad de los receptores
de membrana de la neurona, denominada down regulation; esto
se asocia con la llamada “tolerancia farmacológica”,
o sea que, para lograr el mismo efecto que se conseguía
al comienzo, se deben usar dosis crecientes. De no aumentar
la dosis, comienza nuevamente a aumentar la cantidad de receptores
de membrana produciéndose la llamada up regulation.
Este mecanismo se relaciona con el llamado síndrome
de abstinencia, que suele ser muy desagradable al sujeto por
todas sus manifestaciones, tanto psíquicas como físicas,
que van desde aumento de los miedos en forma incomprensible
hasta cuadros de agitación, síntomas depresivos,
de irritabilidad, aumento de frecuencia cardíaca, etc.
¿Consejos, reflexiones?
El primer punto que debe quedar claro es que son
fármacos muy útiles si están correctamente
indicados y son controlados en forma periódica por
el profesional médico.
El segundo punto importante es tener presente que generan
sintomatología indeseable, pudiendo llegar hasta la
adicción, ya que la dependencia que se genera es tanto
física como psíquica. Y el último punto,
y quizás el más importante de todos, es aceptar
que el cerebro es un órgano en constante cambio a lo
largo de toda la vida (esto es llamado plasticidad neuronal)
y, por tanto, de una manera global debemos admitir que los
síntomas también van variando con el transcurso
de cualquier tratamiento. Por lo tanto, el control y la revisión
de ellos debe ser permanente. 
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